MA MA, película de Julio Medem


Bellísima.
Interpretación magistral de Penélope Cruz, muy bien acompañada por Luis Tosar en un papel masculino hermoso que demuestra una vez más su grandeza como actor, mira que es polifacético y jamás ha hecho una interpretación que se pueda considerar menor, es imponente a la hora de dar vida a sus protagonistas.
Asier Etxeandía, como Julián, el médico, un regalo para un actor, personaje inolvidable que se salta la estereotipada distancia que a veces daña o imposibilita la relación entre médico y paciente y por tanto se convierte en la reivindicación más deseable para un oncólogo de hospital público que sabe compartir con igualdad sus propias necesidades de amigo en un trance que genera vínculos irrompibles, en esas circunstancias la vida se expresa en toda su verdad y también en todo su esplendor.
Alex Brendemühl, el ex, con un cierre redentor que se desarrolla en una escena clave y crucial ante la presencia de Arturo (Luis Tosar) que en ese momento sabe ocupar un segundo plano.
Y la breve, pero estelar, aparición de Silvia Abascal, pasaje en el que la enfermera trata a la paciente como ella misma querría ser cuidada, y para expresarlo le basta con ese mirar oceánico y su sonrisa a caballo entre la dulzura, la comprensión y la alegría contenida y agridulce, todos sabemos que tuvo un grave percance de salud por fortuna superado. No hace falta conocer los detalles personales de las vidas de los actores y actrices del elenco y la del propio director para saber que prestaron generosamente a los personajes vivencias propias.
Julio Medem, el autor, licenciado además en medicina y cirugía, sabe llegar hasta esa parte en la que el corazón habita, en este caso la imagen es literal: vemos el interior de Magda palpitando en varias ocasiones y la manita que lo toca y acaricia sin dañarlo. Medem es experto en manejar el inconsciente e incorporar -a su cine, a su lenguaje- las imágenes de esa inmensa cavidad que es la psique sin separarlas del transcurso de la vida cotidiana, sus símbolos, oníricos quizá, los tiene como todos nosotros sin necesidad de que nos aparezcan durante el sueño, y ese lirismo real caracteriza su delicada poesía.
Por ponerle alguna pega, intuitiva por mi parte ya que no tengo fundamento en el que basarme, diría que el desenlace tal vez se prolonga en exceso y por ello pierde el ritmo de la bella composición. En mi opinión subjetiva, el karaoke sobra, (y no precisamente por la voz de Asier Etxeandía que es prodigiosa y llena de matices, y merece lucirse, y la canción en fuga de infinitivos -una versión que mejora la original de Nino Bravo- no puede ser más bonita pero tal vez redunde ya que se va a repetir en el cierre), la nana final no, cantada en susurro a tres voces masculinas, la de Arturo, Julián, y el hijo es la desembocadura perfecta en un guion-río que te lleva hasta ese mar.
Supongo que alguna variante en el texto le fue concedida a Penélope dado que produjo junto a Julio Medem. La admira como actriz y es muy flexible con los actores, pero el oficio de cada cual debe estar parcelado para que toda la maquinaria funcione y el director es él y muy brillante, por cierto. Vaya por delante que mi observación es una pequeñez sin importancia.
Me encantó el contraste de las casas, la primera hablaba de que era más el hogar de su ex marido que el de Magda, la que comparte con Arturo después es el fiel reflejo de ella.
Si me pidieran que eligiese como favorita una escena, escogería la de la celebración de los goles, cuando ella está completamente sola y se asoma por el balcón para compartir la alegría, resulta de una ternura irrepetible gracias a esos matices que sólo tienen las actrices y actores muy grandes.
Las imágenes del frío de los "desiertos" helados -una constante en su cine- con los que Medem representa la soledad y el desamor me parecen fascinadoras.
Ma ma es una película optimista que marca un camino posible, al fin y al cabo, La Vida, para serlo con mayúsculas, no depende de su duración, así que no entiendo por qué está más valorado el peso del pesimismo cuando lo difícil es tener una actitud valerosa y marcharte habiendo creado el rastro, la estela, el camino que te trasciende.

Me gustó mucho -como broche final- que se formara una maravillosa familia de hombres, la ternura y el amor son patrimonio de todos.

Un abrazo
Pili Zori

VIVIR SIN PARAR, película de Kilian Riedhof


Extraordinaria película alemana que suscita un debate ineludible y lo hace con el celofán que la comedia otorga a las verdades duras, y con la intención de que no torzamos el rostro para mirar hacia otro lado.
Vaya por delante que el largometraje es precioso, emotivo y agradabilísimo de ver.
Imagino que para algunos críticos la película resultará algo edulcorada, aunque me temo que la actitud de rechazo también esconderá ese afán de soslayar lo que de forma inmadura no queremos mirar de frente, pero todos envejeceremos y con esconder la cabeza como el avestruz no vamos a solucionar el inexorable paso del tiempo esperando que como maravilloso maná caiga del cielo el arsenal de lucidez y salud que haga que nos vayamos con dignísima dulzura como si hubiésemos apretado el botón de off.
El filme al menos se esfuerza por subrayar lo que sí y lo que no es apropiado, y lo hace con una didáctica tan sencilla como la de Epi y Blas en Barrio Sésamo. Como decían los antiguos "hasta el rabo todo es toro" y el respeto debe estar garantizado, ayudar no da derecho a mangonear ni familiar ni institucionalmente, los ritmos y los tiempos de comprensión varían con la edad y ya sabemos que la paciencia es la madre de la ciencia.
Tal y como se ha concebido el mundo de hoy es inevitable el doloroso conflicto de intereses generacionales entre "jóvenes productivos" y "ancianos invisibles" pero con el sentimiento de culpa y el subrayador amarillo que señale injustamente el egoísmo familiar, cuando en realidad la ingratitud es social no arreglamos nada, al menos la película va señalando en qué puntos se hallan los errores, ni la cabezonería del mayor creyendo que no lo es, ni el adocenamiento institucional que se permite pensar por ti sin preguntarte sin observarte, sin escuchar.

La pandemia ha sacado a la luz muchas carencias y hay que ponerse a hablar para solucionarlas entre todos, y en primer lugar -y mucho antes que la intendencia sanitaria, alimenticia e higiénica- yo colocaría los sentimientos porque como he dicho otras veces son los que guían, ellos nos llevan a las urnas, a elegir amor, estudios, a tomar decisiones... La gente tenga la edad que tenga, se enamora, necesita en cualquier lugar tener sentido de pertenencia, mantiene aspiraciones, sueños que no son delirios ni chaladuras, desea dejar logros de su paso por la tierra -considerarlos grandes o pequeños, naturalmente es subjetivo, pero lo que sí es objetivo es que en esa etapa de la existencia ya hemos hecho senda y aunque sólo seamos telón de fondo a esas alturas formamos parte de la historia-. Y sí, tan sólo en esta fase de la vida voy a admitir como apropiada la frase de "Usted no sabe quién soy yo".
Lo que no merecemos las personas en ese último tramo es tener incertidumbres y miedos apenas expresados para nosotros mismos con la silenciosa exclamación -para no molestar- de "¡Qué va a ser de mí!". Tenemos derecho a saber en todos los supuestos preventivos qué va a ser de nosotros y eso es prioritario porque nos va a tocar a todos.
Es un gustazo ver correr a este actor tan mayor y sobrehumano.
No pongo la ficha técnica porque ya la veréis en los títulos de crédito, no sé alemán y me cuesta un deletreo insufrible escribir los nombres.
Deseo que os guste, es muy bonita. La emite Amazón Prime.
Un abrazo
Pili Zori

CUADERNO DE NOTAS: El odio


Pili Zori

Pienso en las personas que tiran la piedra y también se ponen la venda, y me hastío, y si acaso estoy entre ellas sin ser consciente pues también me harto de mí.
Unos dicen que el odio proviene de los otros y los otros de los unos. Y ahí me tenéis con el desbroce para arbitrar en soledad utilizando las pocas neuronas que todavía no me patinan con tanto bufido y desgaste de armas arrojadizas, porque el ruido es agobiante y aturdidor.
A ver, -me pregunto- ¿se ha perdido la pieza que nos servía para distinguir en el examen de conciencia cuándo tenemos o no razón?, o ese examen ya no se hace y no me he enterado. No sé si continúa siendo importante conocer el detalle de quién o quiénes comienzan la pelea, porque si todos alegan que se defienden ¿dónde está quien ataca?, sin duda alguien miente, y la balanza para medir el peso del daño ¿quién la tiene? porque los agravios no están siendo equivalentes, y que el sol no se puede tapar con un dedo queda claro, no es lo mismo matar a un mosquito a cañonazos que una lucha entre dos rinocerontes (perdón por utilizar tanto lugar común).
Aquéllos están con la pataleta y el mal perder, pero si todavía faltan años para unas nuevas elecciones, no sé a qué ton ni a que son viene un ensayo tan anticipado ¿o es que sólo saben hacer eso y confían en la reiteración venga y dale, venga y dale, hasta que caiga el árbol? Y los otros con tanta lupa bajo los rayos del sol llenitos de ampollas y así no se puede, también hay diferencia entre pecas y lunares y todos sabemos verla ¿o nos hemos vuelto lelos de repente?
De modo que como los conflictos sólo se resuelven bien en las películas y no estoy hecha para argumentos con trampa ni para los malabares verbales, seguiré dando la razón a quien creo que la tiene porque en mi derecho de opinar en una urna estoy aunque sea subjetivamente, y como no me gustan las pandas de abusones ni el "A por ellos oé", ni el cuerpo a cuerpo, ni los campos de batalla, ni las cóleras contenidas o explotadas, ni las soberbias ni las iras, ni las filias ni las fobias a ultranza pues fuera auriculares porque a palabras necias oídos sordos, no creo que porque me aparte de la bulla las tertulias cambien, ni mejoren el nivel o se llenen de intelectuales pero...
Me voy a dedicar a leer el Boletín Oficial del Estado y ya sacaré mis conclusiones, y hasta aquí, porque estoy hasta las narices y eso que las llevo tapadas, y no me merezco estar así.
Os dejo como regalo un fragmento del poema Odios de Mario Benedetti:

Ya no nos queda tiempo para el odio
ni para la tirria o el desdén
los odiantes se roen a sí mismos
y mueren de metástasis de odios
es natural que los odiantes
se transformen a veces en odiosos
sin embargo no es aconsejable
odiar a los odiosos ex odiantes
ya que aquel pobre que desciende a odiar
nunca saldrá del pozo de los odios.

Un abrazo.

"LITTLE FIRES EVERYWHERE", serie de TV


¿Quiénes o qué entes abstractos imponen las formas de vida que “triunfan”?, ¿se trata de algo más que el dinero?, ¿hay que fagocitar masivamente el pensamiento para que las finanzas circulen, engorden y crezcan a sus anchas dentro de un sistema de compra y venta de almas sustituibles por la cosificación?, ¿por qué una mayoría de seres se prestan a crear y robustecer los modelos sociales de comunidades opresivas y dominantes que entierran la esencia de la persona?, ¿acaso lo que subyace en los infiernos domésticos es la agonía del enfermo que pactó con el diablo y que finalmente descubre el engaño al que se ha prestado defendiéndolo con uñas y dientes para no admitir la frustración?, ¿quién o quiénes cambian lo humano por los brillantes pero falsos oropeles?, ¿hay escapatoria?, ¿capacidad de reacción?, ¿se vislumbra otra forma de vida?
Al parecer hay que ostentar, presumir y vender el humo de un orden y bienestar interiores envueltos en un determinado aspecto lujoso y pulcro para que el cebo cace hasta a los pobres generando en ellos como único deseo artificial alcanzar el parecido y para que una vez atrapados por el señuelo dejen de volar incluso con la puerta abierta de la jaula.

Así he recibido esta serie que se desarrolla en los años 90 del s. XX en la que la discriminación racial encubierta en la condescendencia y el clasismo sigue presente en un país en el que hasta para desarrollar el talento has de venderte para poder pagar tu formación. ¿Había otra salida?, se pregunta el espectador, porque la proposición indecente a la “negra” se la hace una pareja adinerada también “negra” (espero que se sobrentienda mi ironía y que no sea necesario aclarar que para mí no hay razas, en todo caso ricos y pobres y entremedias atontados de todos los colores con deseo de escalar hacia el becerro de oro). El espectador decidirá si hay o no otra salida.

Ambas protagonistas guardan secretos y renuncias, y entienden la existencia y las prioridades de forma distinta, pero aunque el tratamiento podría parecer maniqueo e inclinado desde el principio a favor de Mía (Kerry Wagsington) otorgándole el papel de malvada a Elena (Reese Witherspoon), las dos van a ser juzgadas por sus propios hijos adolescentes, tampoco estos se irán de rositas ya que sólo conseguirán la catarsis cuando ellos mismos asuman sus propios errores, no obstante les corresponde como generación de relevo poner patas arriba un sistema familiar -que es extensivo a la comunidad de clase dirigente en la que habitan- para salvarse y también para rescatar a sus familias de su propio averno auto alimentado porque finalmente son más víctimas que culpables, y dentro del inmenso totum revolutum que se desata y desborda tan sólo queda el amor inmenso de los hijos hacia sus padres y de los padres hacia sus hijos que siempre prevalece, al menos en la mayoría de los casos ya que también hay quien repudia. De modo que, a lo hecho pecho, más tarde o más temprano hay que dar la cara porque los secretos pesan y aíslan.
La serie además del drama familiar plantea otros debates éticos muy importantes y establece las diferencias haciendo balanza por ejemplo entre ser periodista o entrometida sin escrúpulos y rebuscadora de trapos sucios y el espectador agradece los matices para poder discernir, entre prevaricar para salirte con la tuya aparentando un buen fin que justifique los medios, entre ayudar a tus amigos o valerte de ellos, entre utilizar el sexo para obtener y no para amar al otro por sí mismo sino por la vida que te ofrece... y entre tanto entre  el autoengaño: Elena cree que es una gran persona porque cumple las normas que impone el grupo social al que “pertenece”.

En mi opinión la diferencia radica en los motivos porque se puede tener una casa hermosa sin que ésta sea el fin en sí misma sino el cobijo para tu libertad y la de tus hijos.
Es difícil no tener en estos tiempos mezcla de ambas protagonistas, el mundo se ha vuelto complejo precisamente por la abundancia de trajes de camuflaje que te despistan, y es bueno hacer limpieza para ver en qué condiciones de confusión y deterioro se encuentra nuestra honestidad.

Añadiré solamente que me molesta cuando algún crítico dice como algo peyorativo: “Esto está muy visto” fijándose en el continente y no en el contenido. Claro que no hay nada nuevo bajo el sol, el arte consiste en contar lo cotidiano de modo que abra otro enfoque, un camino distinto, pero me pregunto ¿para quién está muy visto?, ¿para los talludos que llevamos a la espalda mucha vida y mucho cine? siempre nos creemos la medida del mundo, el ombligo -tengamos la edad que tengamos- sin darnos cuenta de que la gente joven lo está estrenando.

P. D. Las interpretaciones se salen, son magníficas, no hay ninguna menor y toda la composición, la dirección, fotografía, ambientación, música… me han tenido clavada en la butaca y sin aliento. No sé por qué tienen que compararla con Big Little lies, es cierto que también se desarrolla en una comunidad acomodada, estamos en los EE UU y el formato social dependiendo de qué estrato toques va a ser parecido como veíamos en American Beauty y en tantas otras, pero la similitud se reduce a la palabra Little y a que también trabajaba y producía junto a otras actrices Reese Witherspoon, asombra su generosidad ya que pudiendo elegir escoge interpretar el papel de la villana.

Un abrazo y hasta el próximo encuentro.
Pili Zori

"MADRES", serie de TV


Suelo advertir que mi blog no va de sinopsis, sino de compartir la experiencia tras haber terminado de leer un libro, de ver una película larga o corta o una serie para televisión, de desgranar en definitiva y aportar lo que me hace sentir, reflexionar…. Así que este lugar no les sirve a los presurosos, y sí vale para pasar un rato juntos manteniendo una conversación tranquila después de haber visto o leído lo mismo.
Vi la primera temporada de Madres en dos sentadas, buena señal. Sé que una película o serie me entusiasma cuando se me secan los ojos por falta de pestañeo, cuando después de verla me apetece recomendársela a alguien cercano y volver a contemplarla con él o con ella ya sin la ansiedad y sin la prisa de el “A ver qué pasa” que tantos detalles engulle y hace que se te escapen. Me gusta observar las reacciones de quien me acompaña; también compruebo mi encandilamiento cuando tengo que apagar el televisor sin más remedio y al volver al día siguiente observo que no he apuntado por cuál capítulo iba, y como en el arranque  ponen el recordatorio con fragmentos del episodio anterior y partes del siguiente pues me suelo hacer un lío, de modo que vuelvo hacia atrás y me quedo hipnotizada sabiendo de inmediato que el que he puesto ya lo he visto pero sigo ahí, sumida en el embeleso de nuevo como si me hubiera dado un aire, y puedo asegurar que me ocurre escasas veces.
Lamento que el título esté creando clichés, lo digo porque he mirado algunas entrevistas que les han hecho a actrices del elenco, y al propio creador Aitor Gabilondo, reporteros aficionados a encasillar y a patinar por la superficie de las promociones con el “Aquí te pillo y aquí te mato”, “¡Dame un titular ya!”, depredadores de los photocall que en muchos casos no se han molestado en ver ni un sólo capítulo y se añaden a la estela de los mismos lugares comunes que pronuncian los demás mandados por las cadenas de televisión o de prensa con el único objetivo de rellenar silencios. Y a pesar de que en principio el etiquetaje parece beneficioso, opino sin embargo que acota, y que predispone al espectador. Enseguida explico por qué:
Creo que el Arte, cuando lo es con mayúscula en cualquiera de sus expresiones nunca pretende ser didáctico, aunque lo sea, ni políticamente correcto puesto que sería oportunista, tampoco está de moda aunque tenga la suerte de coincidir con un momento social o histórico, o demodé si no es así, es decir, una buena obra suele ser atemporal, y unos magníficos personajes intemporales. De modo que a mi criterio –subjetivo naturalmente- el título siendo un merecido homenaje de su creador Aitor Gabilondo a las madres que pululan por los hospitales para dar apoyo, amor y cuidados cuando sus hijos enferman y están siempre al pie del cañón y en primera línea para recibir los bofetones de los diagnósticos y pronósticos, renunciando -en algunos casos- a carreras y expectativas laborales mientras sus parejas continúan con sus vidas, no es sólo un canto feminista en el que los hombres no están a la altura, y lo digo con toda la delicadeza del mundo porque aun siendo la maternidad en todas sus vertientes un gran contenido, lo que la serie cuenta es mucho más hondo y plural porque narra las relaciones familiares de forma poliédrica y desde todas las facetas y aristas, y expresa cómo el abismo de las enfermedades de larga duración de los hijos crea zanjas aparentemente insalvables en la pareja.
Madres elige el punto de vista de los pacientes y de sus familias y ahí reside -entre otras- una de las novedades más relevantes, no es por tanto una serie de género médico, y el giro, el enfoque del objetivo de la cámara sirve para que los espectadores nos sintamos bajo la piel de cada uno de los personajes, incluidos doctoras, médicos, enfermeras y camillero, y es transformador caminar con sus zapatos.
El Hospital Universitario Los Arcos, despoja y desviste de pruritos, de egos, de estatus, para dejarlos en la puerta de entrada, y dentro se crea un microcosmos que iguala y humaniza porque elimina lo superfluo. Aitor Gabilondo atesoraba la inspiración de esa historia vivida personalmente desde la infancia ya que durante muchos años tuvo que entrar y salir del hospital por graves problemas renales y fue sometido a varias y complicadas intervenciones con su madre siempre al lado. Allí asistió a la relación y el estrecho y cercano vínculo que se formaba entre las madres en las salas de espera y en los pasillos y conoció de cerca los problemas físicos y anímicos de otros chicos y chicas de su edad atenazados cruelmente por otras enfermedades.
La serie muestra a los adolescentes y su contradictoria tiranía conservadurista en el empeño de esperar que sus madres sean una roca inamovible que siempre esté colocada en el mismo lugar de sosiego emocional al que ellos puedan acudir, al que regresar o del que apartarse, dicho de otra manera: desean que ellas cumplan con el papel social encomendado y que sean al mismo tiempo la percha de los golpes en la que desahogar su desorientación sin considerar las necesidades que además tienen como mujeres.  Expresado así la serie podría parecer tendenciosa, pero no lo es porque veremos cómo se entrelazan vulnerabilidades y fortalezas de forma individual, y también de grupo, cómo en esa circunstancia común los sentimientos y vivencias compartidas generarán una amistad sincera, directa y sin subterfugios, y cómo el aprendizaje circulará entre todos ellos y gracias a todos ellos, porque ni siquiera hay distancia generacional ni separación de grupos ya que por mucho que nos adocenen y nos metan en rediles separados permanecemos unidos incluso cuando creemos no estarlo.
Zascas hay para todos porque como reza el refrán en el exceso de virtud también se halla el defecto, y la serie analiza que en esa abnegación de madre a menudo se esconde el deseo de control y al mismo tiempo de dependencia al menos así es aparentemente en el caso de Marian por su hija anoréxica Elsa, y como consecuencia surge el sentimiento de abandono mutuo que resquebraja a la pareja. La enfermedad de un hijo es una prueba de fuego y salir huyendo, aunque te quedes, es una falta muy grave, hasta ahí puedo leer.
Hay enfrentamientos, pero también encuentros, entre los chavales y entre los adultos y el aprendizaje es intensivo. 
La pediatra de psiquiatría que interpreta Aida Folch de forma magistral es para mí el desagüe en el que confluyen y desembocan las zozobras de los familiares, ella también tiene las suyas y todas juntas anegan y embalsan su vida hasta empantanarla, poco a poco ella también aprenderá el quid pro quo, la ida y vuelta, a no parapetarse detrás del oficio, a oxidar la armadura para que caiga. He escuchado a la propia actriz decir que su personaje se parece un poco al doctor House en femenino, y que como él no tiene habilidades sociales, y la verdad, me quedé de piedra, aunque parezca paradójico que yo contradiga a la intérprete que le dio vida, pienso -aunque me equivoque- que flaco favor le hace al personaje una vez fuera de la pantalla, papel que por cierto bordó, intuyo que a Aitor Gabilondo le daría una punzada que soltase tamaña tontuna, estereotipo del que seguramente él huyó, se deduce porque el personaje de la pediatra es precioso y está muy bien ubicado en el centro de la historia, es el eje alrededor del que giran los demás, el imán al que acuden, económica en palabras, pero sabiendo decir las adecuadas aunque escuezan, su ternura reside en decir la verdad que nada tiene que ver con el “sincericidio” subjetivo, y sí con la valentía de no buscar la aprobación sino la prioridad, la eficiencia y lo que es justo para defender y sanar a sus pacientes.
Los personajes masculinos no se quedan atrás, están muy bien trazados y tratados, no son sólo contrafuertes de sujeción para las estrellas. Por eso me duele un poco que esos periodistas con prisas a los que aludía al comienzo hagan que su creador casi tenga que pedir perdón por ser hombre en esas entrevistas simplonas y toscas, dichas actitudes son las que desvirtúan el concepto feminista que nunca tiene que ver con guerra de sexos, y el movimiento y la lucha a los que sin duda Aitor Gabilondo también pertenece, y un trabajo de tanta envergadura merece al menos la atención de que quienes lo realizan te respondan estando sentados y que el encuentro dure lo suficiente para desarrollar el making-of y sus porqué. Al menos a mí me quedó claro que quiso honrar a su madre porque se sentía en deuda con ella, como yo me siento con la mía que ya no está conmigo, echarle una mirada a tu adolescencia en relación con tus padres y en especial con tu madre suele producir que te mueras de vergüenza e inevitablemente el balance, la contrición, sólo sabes hacerlos demasiado tiempo después, cuando tienes dos dedos de frente.
En la serie Madres no hay personaje pequeño, el elenco funciona como un reloj suizo. Y las cuatro directoras elegidas por Aitor han dado el do de pecho. Tengo entendido que es un showrunner muy competente. La fotografía es espectacular y eso que apenas hay exteriores que ayuden a dar variedad a las escenas, las distintas luces anímicas aproximan tanto al espectador que experimenta vértigo, si me vierais  amando y odiando a intervalos a todos diríais qué mujer más voluble, y es que al igual que los personajes todos somos capaces de lo mejor y de lo peor.
En fin, no quiero desvelar demasiado, sólo diré que son bellísimas las escenas de intereses encontrados separadas tan sólo por una cortina y a un lado la muerte y al otro la vida, y el deseo más poderoso: que no sea mi hijo el que se vaya, pero se puede ir el de la amiga. La serie busca contrastes que sólo en esas circunstancias se dan y para los espectadores la catarsis a la que son sometidos es como realizar una tesis doctoral y obtener summa cum laude.
Me preocupó Belén Rueda, hace años pasó mucho tiempo en el hospital acompañando a su niña de once meses a la que finalmente perdió y con ella una alegría ingenua y sin fisuras que se borró de su rostro, después al igual que su personaje encontró otras alegrías más profundas, pero me pregunté que si sería demasiado riesgo tener que hurgar en las entrañas y extraer una situación de hospital larga y parecida. En cualquier caso es una gran actriz con cierto toque triste aunque ría, y tiene otras dos hijas que sin duda serán su motor, y su trabajo terapia y vida. Pero mis atrevidas palabras sólo son conjeturas que no tengo ningún derecho a hacer. Qué profesión de valientes, de tirarse al vacío sin red.
Dicho lo anterior que es elogioso añadiré dos pequeñas objeciones: las pelucas de Elsa y Duna, me parecieron artificiales como cascos con flequillo que restaban expresión al rostro, y el bar de atrezzo muy precario comparado con el hospital, esos dos pequeños elementos a mi criterio distorsionan y parece que corresponden a formatos distintos.
Un abrazo y hasta el próximo encuentro.

Pili Zori

CUADERNO DE NOTAS: Caceroladas


Si quieres hacer algo útil mete en la cacerola un buen cocido para quienes lo pasan mal. Y el cazo dentro del bolso Gucci para repartir la sopa cuando llegues al comedor social, sólo así podré aguantar tus o ssssea descolgados de tus resbaladizos labios rouge Chanel, y ya puestos con lo encarnado acercarte a La Cruz Roja estará bien.
Hoy he tenido un recuerdo que andaba muy escondido entre los pliegues y ecos más antiguos de mi memoria, porque lo había olvidado, o eso creía:
Siendo yo muy niña -apenas cinco o seis años- los oficios se movían por las calles cantando sus maestrías, la paragüeeera, el colchoneeeero, la silleraaa... al parecer enseguida vino el progreso con el pago en letras (mi pequeña imaginación aún no comprendía cómo las letras podían convertirse en dinero y no en palabras, pero en fin, se llamaban de cambio...) con los televisores y el colchón Flex porque dos años más tarde no quedaba ni rastro de aquellos cantes. Pero la estela del Estañador se me quedó arraigada. Hay trabajos sagrados, y aquel hombre al que los niños admiraban arreglaba pucheros,¿dónde hacer la comida si no? Me parecía asombrosa y mágica su forma de tapar agujeros.
Después, casi al poco rato como ya he dicho, ocho años como mucho cumplía yo, vinieron aquellas torres de cacerolas en reluciente color granate por fuera y gris azulado en el interior, aquel conjunto formabqa un triángulo inalcanzable de arquitectura imposible en la parte más alta de la Tómbola del Cachichi como el premio mayor, y veo entre las instantáneas fugaces de mi evocación a las mujeres del barrio de entonces en septiembre, en el tiempo de la feria, exclamar entre susurros: "¡A Juana le ha tocado la batería!, la mismita que luce en el escaparate de Rodriguez Coronado en la calle mayor", y súbitamente comprendo a mi madre que una década más tarde en su afán de ajuares se empeñaba en regalarme aquel menaje de grandes y esmaltadas flores que yo no quería.
 ¡Oh! madre, tres vidas necesitaría para pedirte perdón por las pequeñas cosas tan grandes que querías borrar de tu pasado en mi presente para compensar la balanza injusta de tu generación.
Tal vez por ella y por aquel hombre que sabía arreglar peroles odio el ruido de las caceroladas cuyo acero no se desconcha.

Pili Zori.

"UNBELIEVABLE (Creedme)", serie de TV




"Si la verdad no conviene, sencillamente no la creen" nos dice Marie (Kaitlyn Dever) esta apabullante y jovencísima actriz. "Aunque te quieran", añade.
La extraordinaria serie pone en cuestión a todo el Sistema: los dos policías del comienzo de la narración que presionan y aturden a la víctima hasta que la criatura para escabullirse opta por darles lo que cree que quieren con el anhelo de que la dejen en paz, pero no basta, hay que ensañarse y colocar a la muchacha bajo sospecha para que pague el supuesto tiempo que les ha hecho perder "mintiendo"...
Creedme (así se tradujo el título aquí) no deja títere con cabeza, en evidencia quedan los servicios sociales, las familias de acogida, ese padre no consanguíneo refugio cariñoso en apariencia que se coloca a salvo de ella y encima le pide a Marie que lo comprenda, los supuestos amigos... hasta yo misma descomponiéndome a ratos porque la cría se limitaba a acobardarse y no se expresaba, no sabía explicarse, ya ves tú... como si el problema fuera ese, arreglarlo por lo fácil. Mira cómo la terapeuta sí tuvo empatía para reconfortar y enseñarle a defenderse.
No deseo hacer spoiler aunque la serie está basada en un caso real y se conoce paso por paso todo lo acontecido. Aun así habría múltiples formas de tratarlo, sus creadores Susannah Grant, Michael Chabon y Ayelet Waldman no han podido escoger una mejor, delicada y respetuosa sin incurrir en morbosidad de ningún tipo, y sin caer en sentimentalismos ficticios y lacrimógenos que tanto dañan y estereotipan la realidad, a cambio la entrega emocional que contiene la serie rezuma verdad y ternura.
La interpretación de las dos inspectoras me entusiasmó, Karen Duvall (Merrit Weber) y Grace Rasmussen (Toni Collette), con sus métodos de investigación y la forma de interrogar -en contraste con los agentes que amedrentaron a Marie-, ambas muestran el camino correcto, pero no por ello menos arduo, queda mucho por allanar en ese ambiente de condescendencia que las mujeres todavía soportan dentro del Cuerpo de Policía, y karen y Grace lo saben, incluso han de romper las propias barreras que ellas mismas levantan al principio de la colaboración: el choque de egos que no deja de ser temor a la injerencia y a que te hagan sombra, pero enseguida consiguen unificar el valioso trabajo de ambas, entre ellas nace una relación de afecto y compañerismo profundos dentro de unas fronteras en las que resulta difícil separar y sustraer la amistad del territorio laboral.
Unbeliebable está llena de belleza dentro de esa luz neblinosa, se podría decir que la mayoría del tiempo es un hermoso nocturno a tres voces femeninas, sincronizadas y perfectas.
El resplandor y agradecido final de Marie hablando por teléfono con la inspectora Karen Duvall desde la orilla del mar y la diáfana y clara luz de la mañana que a su vez entra por el ventanal del despacho de la mujer policía es un maravilloso y refulgente broche que deja al espectador lleno de esperanza.

Pili Zori