Hacía mucho tiempo que no leía un libro sin mirar la página por la que voy, sin pensar en cuántas hojas me quedan por leer para terminarlo, sin ir analizando al mismo tiempo y dejándome llevar por su hipnotismo tan adictivo.
Es una historia bellísima, los personajes se te meten en las entrañas y te acompañan haciéndose inolvidables, y al igual que las novelas por entregas del siglo XIX te engancha sin permitir que te distraigas puesto que el goteo de las sorpresas tiene la medida exacta, como la tensión y el ritmo sostenido e in crescendo que las va anunciando, y conseguir eso con cada una de las 569 páginas es un logro inmenso.
Para mí “Amaneció de nuevo Madrid” es una novela coral, contada por su protagonista principal que es Madrid cuya atmósfera envuelve y protege a Margarita, la criatura inocente que ha de evolucionar a la fuerza desde los catorce años de edad en los que es depositada, sin recibir explicaciones, para servir, a cambio de cama y comida, en la pensión que regenta una prima de su madre venida a menos, pero que aún conserva las ínfulas de viuda de un renombrado, dura de corazón, “importanciosa” y avara, no sólo por supervivencia, puesto que en las mismas circunstancias hay personas llenas de bondad y otras malvadas, pero Anamaría Trillo no cae en el sentimentalismo lacrimógeno y fácil, todas las facetas de cada personaje están expuestas y también las razones de por qué cada uno es el resultado que nos pone enfrente.
Los perfiles de los protagonistas son analizados con firme pulso psicoanalítico y sobre todo social.
La obra remite a los grandes maestros rusos, a Charles Dickens, a Víctor Hugo, a Alejandro Dumas, a Don Benito Pérez Galdós…, sin que por ello la escritora deje de ser fiel a su estilo y voz tan personales.
Ana María Trillo posee una mirada empática hacia todos los personajes y los muestra bajo el punto de vista de ellos, con sus claroscuros, su pasado, su presente, su evolución, involución. Gracias a ellos vemos cómo se genera la monstruosidad y también como dichos monstruos son a la vez víctimas de sí mismos, pero sobre todo del consentimiento permisivo de una crueldad institucionalizada, seres equivocados y en algunos casos sádicos y torturadores que deciden malos caminos, aquí volveré a repetir, como en otras ocasiones, que comprender no es justificar, y las consecuencias de nuestros actos, tarde o temprano llegan y de algún modo las pagamos, o eso quiero pensar, mirando a los ojos a Trump, a Putin y a Netanyahu, y a todos los demás sin excluirme.
La composición de la novela es clásica, no hay saltos hacia delante o hacia atrás (flash back, ni flash Forward), tan habituales en literatura hoy debido a ese mestizaje enriquecedor que conjunta todas las artes que se nutren entre sí, y sin embargo es enormemente visual, cinematográfica, resultaría fácil adaptarla al cine o a una serie porque lo da todo.
La documentación -que es el magma sobre el que se sostiene- no se nota ni se superpone para alardear, y podría presumir, ya lo creo que podría, pero juega a favor de obra.
Pienso que a los escritores hay que valorarnos por la creatividad, el trabajo de campo ya se da por supuesto y "Amaneció de nuevo Madrid" luce una prosa fluida, honda y llena de lirismo, lo físico y lo anímico no van por separado y la simbiosis me gusta mucho, que el interior y el exterior vayan unidos no es fácil de de escribir, y Anamaría lo hace con las pinceladas justas, sin crear postales, pero con la condensación que la buena escritura conlleva, que es expresar lo máximo en lo mínimo, no en vano la autora es poeta, y no reiterar en casi seiscientas páginas, pero sabiendo coser a los renglones al lector para recordarle sin que lo note los “por qué” que ya vaticinaba en pasajes anteriores, es todo un hallazgo.
La novela se desarrolla en la década de 1940 y es fiel a la atmósfera e idiosincrasia madrileñas. A Almudena Grandes también le ocurría y es que cuando te llevas bien con la capital ella te cuenta sus intimidades, te regala su música interna, los sabores, los misterios y secretos y te abraza. A quienes vamos a visitarla también nos sucede lo mismo, se despliega como generosa anfitriona ante nuestra mirada forastera, agradecida de que contemplemos con ojos de estreno sus mejores galas arquitectónicas, sus teatros, cines y restaurantes, museos, plazas, su originalidad..., porque ella también es "la ciudad de los prodigios" como dijo Eduardo Mendoza de Barcelona, de las corralas, de las verbenas, de la alegría, de la esperanza.
La autora tiene un oído social extraordinario, se ha introducido en la historia de aquel tiempo, y ella misma ha transitado por el universo que creó para que sus personajes lo habitaran, y dada su edad y sin haberlo vivido, por mucho que te transmitan experiencias referidas, no es sencillo despojarse del presente, y sin embargo ha clavado el espíritu, el lenguaje castizo, la línea de pensamiento, las costumbres.
Ha colocado el foco y ha creado el espejo mostrando cómo en la posguerra española se produjo la invisibilidad impuesta a las mujeres, el control y el egoísmo para anularles cualquier capacidad de decisión, y también cómo muchas extendieron hacia las demás la doctrina inventada, la sumisión sin cuestionarla, ya que ese era el único modo “correcto” y admisible de identificarse como mujer en aquella nueva sociedad que no se conformó con vencer, y que para mantenerse sometió a toda la población femenina, dejando tan sólo como única expectativa de libertad para ellas la de conseguir un buen casamiento por amor o por conveniencia, y para las pobres, el único trabajo posible era servir en “una buena casa” como internas, y de ahí venimos, unas y otras, dado que por arriba tampoco es que tuvieran mucha voz pública, las salpicaduras aún surgen hoy aunque se disimulen, y el precio es la obediencia.
A Margarita la “venden” sus propios padres, sin contar con ella, para tener una boca menos que alimentar y a partir de ahí comienza un calvario tan institucionalizado y bien visto que no admitía réplica, un trabajo esclavo, hambre, palos, agresiones y orfandad. Y lo más admirable de la situación es que ni Margarita, ni Tina, la otra chica que encuentra en la pensión de Teodora en la que ambas sirven, no albergan resentimiento ni deseos de venganza. Tina es un personaje precioso, que termina siendo todo para la recién llegada, hermana, amiga, familia…, sus almas no se corrompen, porque en todas las circunstancias, por difíciles y duras que éstas sean, abundan las buenas personas que sostienen con su paso por la existencia la alegría de vivir sin amargura tras cada amanecer, y es muy importante quien se cruza en tu camino, nos necesitamos para darnos y ayudarnos, cada cual en la medida de sus posibilidades.
Anamaría Trillo, ha reunido todas las muestras humanas de aquel tiempo no tan lejano y las ha conjugado, y el resultado es esta explosión.
Es cierto que en apariencia Margarita no elige, que se deja llevar porque no tiene otra alternativa, pero de algún modo instintivo se encauza en esa ciudad desconocida para distinguir quienes aman de verdad y quienes torturan, y su testimonio y su vida puede que sean el reflejo de un feminismo superviviente tan real como el de las mujeres que pertenecían a otras capas más cultivadas de la sociedad de aquel tiempo, el tiempo de nuestras madres y abuelas.
“Todos eran mis hijos” decía el protagonista de “La muerte de un viajante”.
Todos eran mis padres, añado.
Es la generación de Anamaría la que tiene que contarlo con su mirada limpia, por justicia y sin equidistancias, colocando cada pieza en su lugar, y si escuece nos rascamos porque los datos son reales, fidedignos y la crónica está servida.
Margarita conoce la oscuridad con un hombre que vive atrapado en su propia cárcel encubriendo, con la impostura del machote armado, cuál es su verdadera naturaleza, pero ella descubrirá la luz con otro, el canto a los libros como objetos de deseo, la fuente de conocimiento que se guarda en ellos, aprenderá que el verdadero amor disfruta del desarrollo del otro con orgullo, vive su crecimiento sin envidia, valora su vuelo sin cortarle las alas, sabrá que quien ama defiende, protege y respalda,y al fin entenderá lo que significa ser compañeros de vida.
En definitiva, Margarita descubre el amor de verdad por instinto, y es que, tal vez la vida no vaya de búsqueda sino de encuentro.
Amaneció de nuevo Madrid, es una novela profunda, inteligente y honrada, sin trampas ni recursos manidos, que escudriña el pasado que cargamos en la espalda.
Os gustará.
Un abrazo, espero que estéis muy bien, cuidaos mucho. La literatura nos sana.
Pili Zori











