"EL PLAN", peícula de Polo Menárguez

Aún sigo impresionada.

Dirigida por Polo Menárguez con la sobriedad de la medida exacta para que conjuguen ritmo evolutivo en progresión, junto al estado anímico individual y a la vez el de conjunto del trío de protagonistas que se va influyendo como los vasos comunicantes en el volcán contenido que busca las aberturas para estallar. El espectador intuye la tensión oculta desde el comienzo sin saber aún cuál va a ser el detonante de la erupción ni quien de los tres la va a provocar.

Defienden esta película Antonio de la Torre, Raúl Arévalo, y Chema del Barco con un lucimiento que alcanza las cotas más altas y no tiene parangón, los primeros planos, los cortos y los de detalle apabullan.

Los tres personajes -parados de larga duración tras haber trabajado en una empresa de "seguridad" valga la paradoja- permanecen atrapados en un pequeño salón opresivo y cerrado que nos remite a Buñuel, cuyas delimitaciones las marca un sofá de tres plazas oscuro, tan sólo el leve respiro -más para el espectador que para los protagonistas- de una diminuta terraza, o del ventanuco desvencijado -todo se cae- del cuarto de baño traerá aire al claustrofóbico rincón de arrinconados.

Una leve incursión al portal y un amago obligado, pero seguramente involuntario -de aparente dignidad masculina mál entendida- de ir en busca del que afrenta pero tras previo aviso telefónico para que en el fondo la amenaza quede en agua de borrajas -el alarde de quien se siente perdedor de antemano- moverá levemente en el espacio exterior la acción, aunque de immediato los tres compañeros regresarán al piso, al refugio, a la estancia de confort inamovible, hasta que la cruda y terrible realidad llame a la puerta.


Las mujeres del trío, dos esposas y una novia, Manoli, Laura y Susi, están presentes en su poderosa ausencia y son el eje alrededor del que ellos giran con su masculinidad tóxica cuya única disculpa es la de que dicha mentalidad ha sido impuesta e inculcada durante décadas, pero entre tanto las mujeres han luchado contra ese modo de pensar -me atrevo a decir que de forma didáctica y pacífica- mientras que ellos se han quedado perplejos y paralizados, por fortuna no todos, en los fotogramas de "El Plan" quedarán para siempre el magnífico director y estos actorazos que tuvieron la generosidad de encarnar lo que ellos no son y de explicar lo que no hay que ser.

El largometraje nos avisa de en qué puede desembocar este mundo nuevo y precario en el que ya no hay seguridad laboral en las voraces empresas, trabajos en los que el ser humano vale menos que la mercancía o la labor que realiza y siempre es sustituible.

Poco a poco vamos aprendiendo -ellos y nosotras- que una mujer no está obligada a amar a su marido porque la mantenga sino porque le quiere con independencia de que trabaje o no fuera del hogar, y viceversa, la vida trae muchas circunstancias que nadie tiene derecho a juzgar.

La identidad de un hombre no es su trabajo, tampoco lo es su potencia viril, y un hombre no es dueño de su mujer, ni su motivación para serlo es la de "Yo a la Susi la dejo cuando quiera y ella lo sabe", porque "la Susi" puede dejarlo a él, y dicha posibilidad hay que incorporarla en cualquier mente.

La película es una adaptación de la obra de teatro homónima escrita y dirigida por el dramaturgo Ignasi Vidal, hay que agradecer que tanto en el escenario como en la sala de butacas del cine y después en la pantalla de nuestras casas, ambos: Ignasi y Polo han conseguido que vuele el mensaje hasta el espectador masivo, y Cayetana Guillén Cuervo y su equipo también lo han hecho posible con la difusión.

Enhorabuena a todos. Nuestro cine es un orgullo nacional y hay que defenderlo.

Pili Zori.

"Tigres de cristal", de TONI HILL

 Desmenuzando el bullying.

He tenido entre mis manos una obra maestra, que me ha conmovido profundamente y que estoy segura de que se quedará en mi interior para siempre, incluso si alguna enfermedad de olvido hiciese estragos en mí, estoy convencida de que el libro seguiría en algún recóndito lugar del residuo o los rescoldos de mi lucidez porque la novela cala a mucha hondura y es imposible dejar de recordarla.

No habría podido leer “Tigres de cristal” en soledad, sin la compañía de mis amigas del club de literatura, ya que el candente tema que trata da escalofríos y nos afecta tanto a personas jóvenes con niños pequeños o con adolescentes como a abuelos con nietos para los que soñamos un futuro de bondad. 

Vivimos en un ambiente de hostigamiento feroz contagioso y pandémico en todos los estamentos, familia, colegios, institutos, universidades, trabajos, prensa, política y medios… y ese es el espejo en el que se miran nuestros hijos, ¡ese es el precioso ejemplo! –va con toda la ironía- ¿de qué sirve clamar la democracia a gritos si el trato general es de odio, explotación y derribo? 

Toni Hill tiene la valentía de explorar y denunciar que hemos de ponernos manos a la obra para desgranar las causas de nuestro deterioro social, de la deshumanización creciente, porque se sabe cómo empieza esta lacra, pero no como acaba y las consecuencias de los prejuicios, de las malas palabras, de insultos, y vejaciones siempre, siempre se pagan, por malcriar, por envidiar, por disfrutar del poder impune de hacer daño con siniestras artimañas amparados en el bulto, en la cobardía de la masa, en la jauría de las redes... porque como nos dice en la página 173: “A veces en las tragedias existe más de un culpable”.

A menudo cuando consideran que soy elogiosa en exceso frente a determinadas piezas literarias me dicen: “No deberías dar el diez con tanta rotundidad por si luego lees otra novela mejor” de inmediato respondo: “ojalá, nada me complacería más que andar engarzando sobresalientes uno detrás de otro y matrículas de honor”, pero el hallazgo ocurre muy de tarde en tarde.


“Tigres de cristal” lo tiene absolutamente todo, escrita en círculos concéntricos que abrazan, rodean y aprisionan al lector para que transite por ellos como si del cono del infierno de Dante se tratara, nos hace bajar al centro de ese averno puesto que en el eje alrededor del que gira se produjo la muerte de Joaquín, el Cromañón, un chaval de catorce años que era el terror de otro crío de doce Juampe, el moco, el ¿crimen?, ¿a manos de otros dos críos de doce?, se nos desvela desde el principio, nada más abrir las páginas porque lo que importa no es el suceso sino por qué esta historia deriva hasta él. Y también se sabe desde el comienzo que unos nacen con estrella y otros estrellados, pero no me quiero adelantar porque en este entramado todos los personajes están heridos incluso los aparentemente más privilegiados. 

La novela de altísimo contenido moral y ético es un aviso en el que se pormenorizan con meticulosidad todos los componentes del bullying, y las partes implicadas: adultos que manipulan, pecados de omisión… la sociedad entera puesta en cuestión con sus luces, con sus sombras, con sus grandezas y sus miserias.  

Tigres de cristal cose dos tiempos de modo magistral y lo hace en forma de espejos que se miran de frente: los años setenta del siglo XX y la actualidad del XXI y en esos paralelismos y en el mismo barrio retrata y psicoanaliza con mirada exterior pero también interior a la Ciudad Satélite en un alarde neorrealista y urbano, el autor narra con un enfoque pesimista que habla en sordina con más eficacia que si lo hiciera a gritos, Toni Hill es la voz de alguien que vivió en la intersección, los novelistas que ya han cruzado el umbral de los cincuenta años de edad van dando testimonio de la  transición, y ponen palabras para definir ese espacio donde antes no las había.

El propio apelativo Ciudad Satélite marcaba un estado de inferioridad con respecto al astro: Barcelona, la gran ciudad a la que había que acercarse con ropas de domingo. Esa localidad creada con premura y sin más historia que el éxodo, fue el cinturón rojo que circunvaló a la inmensa urbe en el extrarradio y alrededor del anillo de Cornellà. Allí, la clase obrera no fue al paraíso, aquella pequeña urbe dentro de la grande supuso en sí misma una ciudad concienciada sindicalmente que asentó en los años setenta del siglo XX a andaluces, extremeños y castellanos que arrancaban sus raíces con la ilusión de generar un buen futuro para sus hijos. No imagino a quienes levantaron los bloques de viviendas -a la velocidad repentina en la que nacen las setas- vaticinando que precisamente por el hecho de estar en gueto surgiría la unidad y por tanto la solidaridad, al menos la laboral, porque el autor disecciona y pasa el escáner, y no era precisamente idílica ni empática toda la vida cotidiana de aquel tiempo sumido en un machismo profundo e institucional arraigado en hombres y mujeres que iba mucho más allá del reparto de tareas. Rosi, la madre de Juampe, víctima de las agresiones de un bruto representa muchos de los infiernos domésticos consentidos e incluso aplaudidos, es de sobra conocido el desprecio del pobre hacia otros aún más desvalidos por mera y patética necesidad de destacar, de diferenciarse, la incomprensión frente a la enfermedad psíquica, y de nuevo la crueldad colectiva que permite e incorpora como costumbrismo la monstruosidad. 

Pero el autor no va a dejar títere con cabeza y tras la justa defensa que hace a las mujeres en todos los aspectos defendibles también nos deja el reproche, “¡vosotras callasteis!” por sumisión, por cobardía…

Comprendería que leyendo mis palabras exclamaseis “¡Madre mía, qué dureza!, no me apetece leerla”, y sin embargo la novela contiene toda la belleza de las tragedias griegas, y también toda la esperanza. Iago y Alena son el futuro, y resultan asombrosos los puntos de partida tan difíciles y complejos que elige el autor para preguntarle al lector ¿y tú? ¿qué harías?, ¿amor imposible entre Miriam y Víctor? Colócate ahí y siente lo que ambos sienten ¿renunciarías por decencia?, ¿por justicia hacia un hermano que no fue justo?, ¿y con él se hizo justicia antes y después? 

Me ha maravillado que eligiese a un enfermo de alzheimer para el papel máximo: desvelar el desenlace y darnos un bofetón sin mano, la paradoja es hermosa, alguien ¿sin memoria? trae al presente el pasado para redimirlo. 

El testigo de la esperanza Toni Hill se lo concede a Miriam y a Iago, personajes secundarios –en apariencia- que sin embargo serán el detonante; Miriam es la pieza fundamental que cambiará el curso de un destino abocado a desembocar en la maldad, gracias a ella hasta Víctor retomará su vida encontrando su verdadero lugar en el mundo al recuperar su oficio en el derecho penal. 

La novela nos habla de venganza, y también de culpa y de absolución ¿Se puede perdonar lo imperdonable para seguir adelante? Es que ahí está la prueba de fuego, todo lo demás es toreo de salón. 

Toni Hill
Los detalles agravantes y eximentes son cruciales a la hora de juzgar, y sin embargo sentenciamos a la ligera sin pararnos a pensar en ellos.

Jamás voy a olvidar la página 420 en la que Miriam le habla a su hijo dándole las pautas que todos necesitábamos escuchar para saber qué hacer, y que a continuación os detallo:

 -“Irás porque esa chica necesita también que alguien la defienda allí. No, no vayas pegándote con todo el mundo, simplemente sé esa voz que lleva la contraria a la masa y que lo dice en voz alta, sin esconderse. La masa es cobarde, Iago. Si tú te muestras seguro de ti mismo se callarán”.

“Dale un voto de confianza y aléjate de quienes le desean mal”.

-“¿Y si me equivoco?”.

-“No puedes equivocarte si haces lo correcto”. 

“Tigres de cristal” tiene la fuerza de un buen wéstern, la dignidad de un samurái, el honor del harakiri, y la vergüenza y el fracaso que aboca a tomar la justicia por tu mano. El lector ve un final no deseable pero sí esperable, y por ello comprende que no ha salido de las páginas con el alivio del final feliz porque el debate está servido y hay que buscar soluciones que también le implican.

Creo que esta novela deben leerla los maestros en los colegios y los adolescentes en los institutos como lectura imprescindible, y de paso las familias.

Ha sido una experiencia asombrosa ver como el escritor estudiaba a cada núcleo familiar, vinculándolos al barrio entero y poder escuchar la respiración de dicho ambiente.

Es una novela coral en la que su autor que además es psicólogo ha tocado la clave y la llave de un problema que nos devuelve la humanidad y no se ha olvidado de nadie, ahí está Marc para corroborarlo. 

Y sí, hay seres odiosos como Lara, como Joaquín, si no fuera así, si no hubiera personas que disfrutan haciendo daño no existirían los torturadores. 

Soy partidaria de la reinserción y considero que todas las personas tienen arreglo, pero también hemos de saber que críos como Joaquín y como Lara no se reparan fácilmente ni en dos días. 

No os cuento más para que la leáis con el mismo deleite y también la misma ansiedad con los que la he vivido, la he leído dos veces y creo que no me estorbaría una tercera.

Gracias señor Hill.

Pili Zori

"Open - Memorias", de ANDRE AGASSI

Escritas por J. R. Moehringer, Premio Pulitzer y autor de la aclamada novela autobiográfica "El bar de las grandes esperanzas".

Hago hincapié en señalar al escritor porque ignoro la razón por la que su nombre no aparece en portada, aunque Andre Agassi le cita con profundo cariño en los agradecimientos y aclara que JR no quiso figurar en ella.

Intuyo que el escritor JR Moehringer tiene elegancia de corazón para la amistad y decidió que toda la gloria se la llevase el gran tenista, pero el detalle a los lectores nos hace especular y preguntarnos si hubo demasiada gente opinando sobre el manuscrito, y al estar vivos todos los personajes reales que aparecen en el libro quizá escritor y protagonista tuvieron que morderse la lengua en algún pasaje a riesgo de que lagunas y silencios fueran en detrimento de la narrativa, aunque en estas páginas no ocurre, Moehringer es un cronista y relator tan fuera de serie que nuevamente logró una pieza artística de hermosísima orfebrería por la composición, la construcción y el contenido. Y es que sin quitar mérito a André Agassi y agradeciendo su desnudo anímico tan generoso y que nos abre el desconocido mundo -fuera de lo público- de estas figuras tan heroicas, me parece justo especificar que uno puede comprar ladrillos, pintura, fontanería, muebles, adornos, decir cómo desea que vayan colocados… pero no basta con enumerarlos y extenderlos sobre una superficie, después hay que saber ordenarlos cada uno en su lugar para que sean duraderos, además de estéticos, y que funcionen. Con este símil -posiblemente innecesario- intento decir que una cosa es contarle a alguien tu vida y otra muy distinta escribirla, quien escribe ha de saber dosificar el gotero de las sorpresas, poner las piezas referidas en los lugares de las páginas más álgidos o remansados y saber dónde han de estar los golpes de efecto, los valles, los picos…    

Desconozco las directrices de las editoriales norteamericanas en estos casos de biografías, pero deseaba decir aquello de “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Dicho lo anterior paso a hacerle las alabanzas merecidísimas a esta magnífica historia que me ha conmovido hasta mis pliegues anímicos más recónditos.


Open está escrita en primera persona y en presente para lograr así que el lector sienta que lo que ocurre en las páginas está sucediendo en ese instante y a su lado.

Para un público profano, "Open" –palabra con la doble lectura, la literal del tenis y la de abrirse íntimamente- es un logro ya que la autobiografía nos muestra cómo se refleja el estado de ánimo de Agassi en la pista, y cómo le afectan las vivencias personales a su juego, y por ello no hace falta ser entendido o experta en tenis para comprender, empatizar, compartir y sentir un enorme aprecio por Andre, y esa capacidad de llegada hace universal al libro.

A veces me pregunto si la competición de los deportes en equipo es un simulacro de la guerra, y las de los juegos individuales frente a un sólo contrincante sustituyen el cuerpo a cuerpo de la misma lid, y me planteo si quizá necesitamos competir para estar preparados como en el reino animal –ya que desde cachorros retozan para aprender a  atacar y a defenderse- por si sufrimos una posible agresión y así sobrevivir en caso de conflictos bélicos o civiles.

"Open" se mueve en la ambivalencia de los sentimientos encontrados, entre el amor y el odio al mismo tiempo y en la misma medida, y por un lado nos interrogamos sobre si es justo, cuando eres niño, que te obliguen a un entrenamiento no elegido para ser el número uno, y a la vez nos preguntamos por qué la aspiración ha de ser precisamente llegar a ese primer puesto, eliminar al otro cuando la vida social es suma e integración y en ello radica el beneficio, y además a qué precio: ¿al de una infancia robada?, ¿al de abortar los sueños propios del niño -antes incluso de que surjan- para inocularle los de los progenitores en su lugar?

Estamos habituados a ver como padres de famosos instrumentalizan a los hijos para forrarse a su costa y creen ser Pigmalión esculpiendo y moldeando la arcilla –tristes ídolos del barro de la tiranía- aunque en el caso de Emanoul Agassi, boxeador olímpico y padre de André finalmente no fue así dado que a partir del primer sueldo del hijo el tenista administró sus ganancias, sin olvidarse de su familia. Sin embargo Emanoul sí dopó a sus hijos con speed (metanfetamina) para que alcanzaran mayor rendimiento, y a Andre, al ver que destacaba desde pequeñito le construyó una máquina –que el niño llamaba dragón- y que lanzaba pelotas a una velocidad supersónica, endiablada y brutal, y elevaba la red para obligarle a no perder ningún tiro del rival.

Como es natural tenemos en cuenta que escuchamos el punto de vista de Andre, habrá quienes piensen legítimamente que si el hijo llegó tan lejos fue gracias a la exigencia de su padre, pero aquí el debate que el libro suscita es la motivación, los hijos han de realizar sus propias trayectorias, construir sus vidas, orientados si es necesario pero no dirigidos, y teniendo en cuenta siempre sus deseos, ya sé que es difícil y muy fácil sin embargo caer en la tentación de pronunciar la consabida frase “aún no sabe lo que quiere, porque no tiene edad, ya lo comprenderá más adelante”. Pero no es lo mismo crecer en el ambiente de un negocio familiar y decidir por ti seguirlo que obligado, después tras haber invertido el tiempo en él sin saber a qué otra cosa dedicarte es complicado elegir, de modo que no hay tantas opciones como parece, y volvemos a la ambivalencia: cuando son profesionales ganan mucho dinero y es natural que el hecho en sí mismo parezca el alcance de la propia meta, el fin conseguido. Sin ánimo de justificar, y llegando a este punto sí me parece bien hacer de abogado del diablo para no dejar nada en el tintero y que consideremos las circunstancias que envolvieron a Emanoul a quien imagino como emigrante en pos del sueño americano y en un entorno como Las Vegas, lleno de oropeles y luces hipnóticos que invitan a creer que los caminos para alcanzar el dinero son fáciles.   

No obstante, "Open" nos habla de la búsqueda de tu lugar en el mundo, solemos pensar que ese sitio, tu sitio es un espacio físico, geográfico o laboral, y en realidad tu lugar en el mundo has de crearlo y tiene más que ver con el amor en todas sus vertientes. 

André Agassi si ha sabido rodearse de personas que han creado con él vínculo afectivo, porque siempre tuvo la certeza de que en realidad esa clase de relaciones son las únicas que importan.  

En el caso de Agassi, vemos a  Brooke Shields, su primera esposa, ambos pertenecían a mundos distintos, ella como actriz necesitaba relacionarse, acudir a eventos y fiestas nocturnas para ver y que la vieran y así recibir contratos, él en cambio para el suyo requería concentraciones y aislamientos. Si se casaron porque consideraban que estaban en la edad de dicha apuesta, o les faltó el amor suficiente para conjugarse y acomodar el respeto a sus distintas profesiones lo ignoro, lo cierto es que cuando llegas a esos pasajes en el libro te preguntas si además de enamorarse determinadas personas necesitan crear un proyecto común que Andre sí logró sin embargo posteriormente con Steffi Graf, la comprensión en toda su hondura estaba garantizada para ambos, infancias y sufrimientos musculares y emocionales semejantes, figuras paternas obsesivas -el padre de Steffi para colmo fue condenado por malversación- pero puestos a rizar el rizo, me atrevo a decir que sería triste que los deportistas de élite sólo pudieran optar por la endogamia, lo cierto es que el sol no se puede tapar con un dedo y salta a la vista lo muchísimo que ellos se aman, y cómo finalmente juntos encontraron su lugar en el mundo, cada uno ha creado su proyecto posterior al tenis, y esas obras sí las consideran verdadero logro suyo, una elección vocacional, la de Agassi es un centro educativo para niños y niñas con pocos recursos económicos, él abandonó los estudios a los catorce años y hoy su mayor deseo es que esos niños lleguen a la universidad, y en él ha empeñado su fortuna, además de conseguir donaciones que están convirtiendo dicho centro en uno de los más prestigiosos de EE. UU.

J.R. Moehringer

Al final amas lo que sabes hacer y el tenis para ambos, Steffi y Andre, es una simbiosis inseparable de sus vidas.

Con "Open" he comprendido que este agotador juego no es tan sólo lúdico porque es un deporte que saca el interior al exterior y en ese espejo el espectador -cómodamente sentado en su sofá- puede ver los demonios y noblezas del solitario héroe que se deja el hígado y la piel en la cancha superando -en tiempo de desarrollo porque son muy jóvenes- los juicios y prejuicios, maledicencias, difamaciones, críticas destructivas y también seguidismos feroces. 

Ante tu vista como espectador está la lucha de un ser humano más expuesto que los demás, y es la primera vez que he asociado al deporte con el arte y que he visto en él, los mismos efectos, pero he necesitado el vehículo de la literatura que es mi fuente de conocimiento.

He envidiado la importancia de un buen fisioterapeuta y el compromiso que estos profesionales sienten al contemplar un cuerpo en movimiento. Gil aparece como un eje en la mitad del libro para estar en el centro de la vida de Agassi. 

Tengo la misma enfermedad o afección que André Agassi, espondilolistesis, además de una poliartrosis superlativa ella -ya que se pone pues que sea a lo grande- que ha venido a sumarse y confieso que he llorado de pura cercanía por no poder abrazarle, y sabiendo como es ese dolor me he quedado atónita ante el aguante tan tremendo que este superhombre tiene.

No deseo a Agassi que sea feliz porque ya lo es y mucho, pero sí le envío toda mi gratitud por abrir las puertas de su corazón al mundo, con el deseo de que ninguno de los mencionados en las páginas se haya sentido herido, dado que se nota el cuidadoso esmero con el que protagonista y escritor han elegido palabras y hechos, sin venganzas ni morbosidades, entre las líneas queda dicho en modo sugerido y de forma elocuente lo que falta, a buen entendedor... y en todo el libro se hace muy patente la bondad y el amor de Andre Agassi.

Un abrazo y hasta el próximo encuentro.

Pili Zori

"La verdad sobre el caso Harry Quebert", de JOËL DICKER

Pros y contras.

No suelo hacer reseñas negativas, considero que es innecesario teniendo tantas opciones de lectura. 

Anticipo que este análisis tampoco será desfavorable pero sí va a contener algunos matices.

Antes de entrar en materia he de decir que me sumergí en esta historia viendo primero en Amazón Prime la serie homónima que se basaba en el libro del joven y exitoso autor suizo Joël Dicker.

Que la dirigiera el magnífico cineasta Jean-Jacques Annaud me pareció garantía de calidad.

Después vi que en nuestra biblioteca pública habían adquirido un lote para clubes de "La verdad sobre el caso Harry Quebert". 

comprendo que hice mal, en este caso, al empezar por el guion adaptado y no por el libro ya que aunque me sienta capaz de separar ambos lenguajes, el cinematográfico y el literario, debido a la trama de esta obra conocer el desenlace de antemano a la hora de leer sí importa. Pero cómo iba a imaginar que la tendríamos en la biblioteca. 

No quiero nombrar “La verdad sobre el caso Harry Quebert” como novela negra dado que actualmente en cuanto se produce un crimen dentro de las páginas de un libro de inmediato recibe el sello y pasa al catálogo, y a mi juicio dicho título hay que ganárselo, se trata de palabras mayores si pensamos en Dashiell Hammett, Ross McDonald, Raymond Chandler, Patricia Highsmith, Juan Madrid, Giorgio Scerbanenco… por citar a algunos de los más grandes, más de uno y más de una perseguidos por el senador Joseph McCarthy cuya sádica y paranoica caza de brujas contra intelectuales y artistas causó tanto dolor y estragos irreparables a intelectuales, cineastas, guionistas, comunicadores… en la quinta década del siglo XX. Los mencionados eran escritores llenos de lirismo que tiraban de la manta social para ver y analizar sin concesiones lo que había debajo, que se pringaban entrando a los infiernos de alcantarillas y cloacas de la corrupción en cualquier ámbito, que ahondaban en lo más recóndito del alma humana, que amaban con una dignidad fuera de códigos. Aparentes perdedores que todo lo ganaban sin embargo en decoro ético y en dignidad… por ello, en mi opinión -subjetiva naturalmente, quien lo desee que rebata- autor de novela negra es un título que hay que merecer y que requiere muchas tablas, y lo expreso con tanta contundencia porque actualmente hay un batiburrillo muy grande dentro del concepto “novela negra” en el que se mezclan suspense, misterio, investigación policial… y que nace directamente de la influencia de otras lecturas, largometrajes, series, o persigue de antemano que se conviertan en rodajes de cine o televisión sin que se produzca en muchos casos la voz propia, el estilo personal… Es como una moda invasiva que prefiero llamar Thriller. 

Y me parece bien, si hay demanda… la vida es tan inconclusa que el gran público agradece que se haga justicia al menos en el cine, en la pantalla de su televisor, o entre las tapas de un libro, y que cacen a los asesinos tras una buena investigación, o un juicio sagaz con abogados defensores y fiscales eficientes porque produce una gran satisfacción. 

En realidad me disgusta separar por géneros, ya que sólo me importa que las novelas sean literatura, y no trama, trama, trama y poca hondura, con muchas vueltas de tuerca, truculencias repentinas y sexo en los momentos convenientes, mirada exterior sin introspección y que narren los hechos como en una crónica dándole que te pego a la pizarrita para dibujar las sendas hipótesis, pues para ese plan leo el periódico por la sección de sucesos. 

Si sólo me van a dibujar personajes estereotipados sin que el lector deduzca cuáles son las causas de sus comportamientos, los motivos, el por qué… entonces no estamos hablando de literatura sino de un producto con un mecanismo muy interesante que produce mucha curiosidad y un gran interés pero que tras el entretenimiento y la evasión no deja huella, además se trata de argumentos que pueden seguir patrones fáciles de aprender. En una novela tiene que haber algo más que cale a mayor profundidad, que conmueva, que no te deje fuera como a un voyeur.

Vamos ya con las de cal, que por lo visto en el dicho "Dar una de cal y otra de  arena" la cal es la buena.

Uno de los logros de Jöel Dicker es el de haber conseguido adentrarse en la mentalidad rural y más retrógrada de cierta zona de los Estados Unidos, no señalo porque no se debe generalizar ni juzgar y en todas partes hay honrosas excepciones, y el autor consigue que su mirada no resulte extranjera, y en ese sentido logra la universalidad.

La trama es perfecta, todos los cabos se atan finalmente tras haber enredado al lector en el juego de las sospechas obligándole a seguir pistas falsas y a ponerse a sí mismo en cuestión por ser mal pensado, por sacar conclusiones anticipadas sin tener toda la información que el autor dosifica con maestría si sabe utilizar el gotero. 

El retrato social de apariencias, racismo y mentalidad machista y falso puritanismo es bastante corrosivo. Aunque un tufillo a misoginia también impregna las páginas ya que la madre de Marcus al igual que la de Jenny, Tamara, están caricaturizadas en exceso al ofrecer a los hijos como mercancía para buenos casamientos y perpetuar así un sistema de vida basado en el status y el oropel de la superficie.

Los dardos contra el mundo editorial dirigido por mercachifles sin escrúpulos, y sin pajolera idea de cómo se construye el esqueleto de una obra literaria, pero sí saben apoderarse del trabajo del escritor haciendo y deshaciendo, son bastante reconocibles. 

Y el desenlace un magnífico cierre de justicia poética que a mi criterio está mejor logrado en la serie, pero ese detalle no le resta valor a la novela dado que la idea es del autor y no del cineasta.

Y ahora vienen las de arena:

Creo sin embargo que Jöel Dicker desaprovecha personajes muy potentes por entretenerse en demasía en colocar bien los hilos para demostrarnos que lo sabe hacer, y eso en mi opinión es el trabajo de campo que se le presupone a todo escritor que se precie, pero que ha de quedar fuera ya que al lector no le hace falta conocer los detalles del making off.

A veces he tenido la sensación de que el autor reunía y colocaba muy bien los ingredientes del manjar pero que después no sabía cocinarlo y que estaba haciendo un ejercicio de escritura repleto de hipótesis y vueltas de tuerca excesivas.

Los diálogos entre Nola y Harry me parecen muy flojos y es una pena porque en esa línea fronteriza de joven con mayor, de sentimientos ambivalentes, de desasosiegos y renuncias cabe todo un mundo puesto a prueba, y un magnífico debate.


Resulta que Nola es muy virginal y de repente sí sabe hacer algo que requiere experiencia sexual, en fin… 

Los golpes de efecto llegan de súbito, sin que haya dejado rastros o huellas, sin proceso evolutivo. 

El comportamiento evasivo del padre de Nola, frente a un automaltrato, por mucha impotencia que genere también es incomprensible. Pero claro el secreto que padre e hija ocultan es enorme y muy difícil de manejar.

A veces confundimos la riqueza y la extraordinaria tecnología de los Estados Unidos con mentalidad avanzada y a las pruebas me remito, ahí tenemos a Trump multitudinariamente votado y la que se avecina en pérdida de derechos duramente conquistados. el racismo y la xenofobia latentes...

Durante la lectura ha habido momentos en los que he tenido la sensación de que en realidad el autor lo que quiso escribir fue la relación iniciática de escritor joven con otro artista literario ya maduro y consagrado, y hablar de la transmisión del conocimiento. Y me pareció original ver dos novelas en una, metaliteratura y sus mecanismos, y me dije que en el fondo esa clase de relación era la parte principal y protagonista de la historia, y la desaparición y muerte de Nola el ejercicio secundario, es decir: trama y subtrama invertidas, pero si Jöel Dicker se hubiese limitado a escribir dicha relación es un tema que en este momento tn mercantil ninguna editorial le habría comprado.

Puede parecer -dados mis argumentos hasta ahora- que la novela no me ha gustado, y no es así, precisamente lo que me ocurre es que me da lástima que Jöel Dicker no haya desarrollado cada planteamiento con más profundidad y sin embargo, como ya he dicho en renglones anteriores, a cambio se haya entretenido en pesquisas laterales, ya que la amistad y la lealtad son puestas a prueba, así como la ética y las tentaciones y esos sí que eran para mí los temas esenciales. 

Me ha encantado como comienza Marcus siendo un niñato con talento -si se me permite tildarle así- que busca el camino corto, la ley del mínimo esfuerzo, que nadie le haga sombra, el enriquecimiento rápido y como finalmente crece en honradez, dignidad y compromiso salvando todos los escollos por defender una amistad apasionada. 

Ha habido momentos en los que he creído intuir que Harry Quebert era como el amigo imaginario que Jöel Dicker habría querido tener y ese pensamiento me producía una ternura infinita, los escritores tendemos a la soledad y el ensimismamiento aunque estemos rodeados de amor y buena gente, es el precio de un tipo de sensibilidad que el oficio requiere y una manera de ser que nada tiene que ver con que seamos insociables. Símplemente nuestro lenguaje esencial es escrito y escribir requiere espacios largos de concentración absoluta frente a la pantalla o al papel. 

Si me he atrevido a decir todo lo anterior es porque sé que mis opiniones no harían daño a este autor, entre otras cosas porque mi altavoz es diminuto, y porque me consta que está curado en salud de buenas y malas críticas, pero creo que en el fondo Jöel Dicker no buscaba esa clase de fama, siento que al igual que su protagonista ansiaba el prestigio, la obra maestra, y me temo que con el camino que ha elegido o le han trazado se va a forrar, y está muy bien porque podrá vivir de su escritura, pero que no era lo que quería, por suerte es muy joven y terminará pudiendo elegir, y escribir con más sosiego.

Un abrazo y hasta el próximo encuentro.

Pili Zori.

CUADERNO DE NOTAS: De nuevo Arturo Pérez Reverte

 Sigo creyendo que en el contundente artículo que os dejo debajo de mis palabras (pulsad el enlace), de nuevo Arturo Pérez Reverte tuvo y tiene toda la razón. Él descendió a los infiernos de las guerras y conoce otros códigos de honor y otras éticas que se dan cuando dicha perversión se produce y que a los demás nos pondrían a prueba, seguramente con suspenso asegurado.

No obstante subrayo que igual que existe el buen uso de la palabra y un decálogo de dignidad del reportero también dichas honestidades son aplicables a quienes utilizamos redes, ese es mi deseo al menos.

La parte buena de este abuso de navegación descontrolada es que los documentalistas de mañana tendrán un buen filón con tanta foto, y ese arsenal no es malo incluso con las imágenes de los brutos de corazón que hacen la V con los dedos, ponen morritos y levantan una pierna -como A. P. Reverte dijo en su escrito- ante la ignominia y el dolor de una catástrofe para dejar constancia de que han estado ahí.

No somos hombres o mujeres por el hecho de nacer, crecer y multiplicarnos como las setas tras la lluvia, tenemos un buen trecho para convertirnos en personas, y no es fácil lograrlo.

Hace poco en una entrevista le escuché decir refiriéndose a la amistad:

"...Son códigos que están fuera de las ideas".

Es cierto, a menudo nos sentimos muy cerca de alguien antagónico y lejos de quien se supone afín.

Mis sentimientos hacia Arturo Pérez Reverte son ambivalentes y confieso que a veces le juzgo -sin duda de forma injusta- como elitista sentencioso que se sitúa por encima y presume de grueso equipaje cultural que utiliza como arma arrojadiza, un broncas que se arroga el derecho a aleccionar como si dicho bagaje fuese la única vara de medir, el aro por el que todo el mundo ha de pasar, que cree que su canon de lecturas: "el gran saber" clásico mediterráneo, es el único y que si no lo posees corres el riesgo de recibir el castigo de su menosprecio.

En esos momentos también mis elucubraciones me dicen que se le nota como a todos nosotros, los de su misma generación, que no tuvimos enseñanza mixta de chicos y chicas juntos compartiendo pupitres, ni en primaria ni en secundaria, aquel tiempo en el que las mujeres sólo eran valoradas por su belleza estética, eran las novias de los amigos o colegas -a ellos sí había que respetarles el trofeo- sin embargo a ellas no se las consideraba como amigas o compañeras. En fin, huecos y lagunas que se rellenaron con idealizaciones a cierta distancia y que sin ser misoginia creaban mundos aparte, así venía después la desmitificación. Pero tras estas miserables evaluaciones mías -especulativas y de baja estofa- me detengo y le escucho con atención en otros encuentros y coloquios, y le contemplo cuando muestra apasionado o se le escapa lo que de verdad le conmueve y entonces la tierra tiembla sonora bajo sus pies, y es precisamente ahí donde me nace el respeto por su persona discrepe o no de lo que piensa, siente o dice, le envidie o admire, porque el aprecio genuino aparece cuando se muestran por completo los claroscuros.

Atrás quedó su beligerancia en Twitter, el insultómetro masivo, él no había medido la repercusión de ese espejo cóncavo y deformante.

En esta etapa dulce de su existencia noto que ha alcanzado la serenidad, y que su balance -con la aportación que él le ha hecho a la vida y que ella le devuelve con sobresaliente- es muy bueno profuso y fructífero y me alegro. Y de nuevo llego a la conclusión de que es un artista enorme como cuando comencé a leer sus primeros libros, y un hombre honrado y transparente con muchos más aciertos que errores, y da gusto verle sonreír con la voz acelerada y los ojos repletos de entusiasmo, palabras y reflexiones que se atropellan para salir por sus labios, tal es su infinita fluidez.

Aunque seguiré sin compartir los berrinches que pilla con los nuevos intentos de lenguaje inclusivo tales como niñes, otres... porque al menos yo no le veo ninguna intención manipuladora a la ministra de igualdad, creo que ella tan sólo desea crear o encontrar un espacio visible para un sector de la población sin que nadie tenga que rasgarse las vestiduras por ello tanto si los vocablos chirrían como si no, van vestidos de academia o de calle, y el fin me parece bueno.

Pili Zori

Éste es el enlace al artículo: https://www.zendalibros.com/turistas-la-idiotez-perez-reverte/?fbclid=IwAR3Z2T0ygXhnnr7KOu_PtLA6lwG9F19KrpPdX12i9n_ik3wYJYulbILLhNU

CUADERNO DE NOTAS: Pobres de pedir

 Continúa el síndrome del día de la marmota, la cosa no cambia, mientras haya alguien a quien echarle la culpa... pues hala, para eso están los inmigrantes. Pero si llamamos al pan pan y al vino vino en realidad lo que ocurre en los pliegues más oscuros y recónditos de los bajos instintos de quienes dicen "yo no soy racista pero..." es que desprecian al pobre, sienten una feroz fobia a la pobreza, a la penuria, a la necesidad, a la indigencia, a la carencia, a la miseria, a la estrechez... pero lo que no piensan -quienes creen ilusamente tenerlo todo resuelto- es que caer en ella es más fácil de lo que parece y entonces ¿quién te ampara si a ti te sucede?, ¿los extranjeros ricos afincados en nuestro país -también inmigrantes- a los que les haces la ola ayudando a que no paguen los impuestos correspondientes?, "pobrecitos", qué desagradecidos, qué mala educación, qué desprecio... seguro que se van a otros reinos más baratos donde no les acribillen y en los que puedan ser magnánimos? 

En fin, los derechos de la Constitución española empiezan a parecerme una novela extraordinaria de ciencia ficción peligrosa y subversiva.

En estos terrenos en los que es tan fácil que te hagan la envolvente, para orientarme y discernir bien ante cualquier conflicto social siempre me pregunto: ¿A quién le conviene? ¿Quién saca tajada? ¿A quién le interesa que continúe o que se resuelva?, el interrogante suele ser bastante clarificador y de inmediato obtienes la respuesta, otra cosa es que no la quieras ver, o saber, "Ande yo caliente..."

Lo malo es que entramos en lo más crudo del crudo invierno, como diría Shakespeare, o si te resulta más cercano Kennet Branagh, y si en las arcas no hay remanente... pues no te salva ni la caridad.

Os doy un abrazo, al menos eso de momento no se puede confiscar.

Pili Zori

CUADERNO DE NOTAS: Envidia

 Con independencia de que seas feliz con lo que tienes y de que sepas vivir sin crearte necesidades absurdas como la de sufrir por el bien ajeno -que siempre es relativo dependiendo del enfoque- bien por sentimientos de inferioridad o bien por los de superioridad, sí es obligatorio sin embargo intentar que la vida de todos mejore, al menos en igualdad de oportunidades, esa lucha en mayor o menor medida hay que ejercerla.

No estoy hablando de conformismo por ser dichoso con lo que has conseguido ni con lo que seguramente seguirás logrando, ni de falta de afán de superación y mucho menos de resignaciones, se sobreentiende.

A menudo aclaro que es diferente "pelear" por amor  a la libertad que  por odio al patrón, puede que aparentemente el resultado sea el mismo, pero la intención cuenta porque es la que de verdad transforma por dentro y por fuera.

Después siempre habrá quien comiendo un bocadillo de jamón mire con recelo al de al lado que disfruta con otro de mortadela.

Ese bajo instinto que es la envidia forma parte de todos nosotros y hace el mismo daño a quien la siente que a quienes va dirigida, y todo el que observa menos el sujeto que la padece se da cuenta de que esa animosidad, ese resquemor, esa tirria o esa rabia que está sufriendo es envidia pura y dura por mucho que la envuelva con argumentos, además de egoísmo y de falta de generosidad. 

De modo que la próxima vez que veamos que alguien ha ganado prestigio, reconocimiento, dinero, amor... si nuestra reacción es negativa y no sentimos alegría porque se nos pinza el estómago o el corazón en vez de abrir los brazos y extender una enorme y sincera sonrisa, detengámonos a discernir si el bocadillo de mortadela encima del de jamón se nos atragantaría.

Todos sumamos y somos necesarios en nuestras pequeñas o grandes exclusividades. Trataré de recordarlo.

Pili Zori