CUADERNO DE NOTAS: La carne

 No pensaba decir nada, porque en términos políticos siento que gano escuchando ya que lo mío es más sentimiento que argumento, o quizá no, visto lo visto, y no tenga por qué avergonzarme de si mis opiniones subjetivas son o no relevantes.

Suelo ver primero por dentro a la gente, pertenezca o no a lo que a mí me adscribe, creo que es un buen método que garantiza mi independencia de pensamiento, y para mi desgracia y también mi suerte esos rayos x a menudo me hacen sufrir cuando contemplo manipulaciones injustas vengan de donde vengan. "No sufras por lo que otro deba" me recomendaba mi madre a menudo cuando yo era niña, pero se ve que mi ADN incluye la tendencia.

Que yo sepa, todos estamos a favor de que se trate bien a los animales, deseamos que pasten de la forma más libre que se les pueda ofrecer, que no se les hormone si no es necesario -lo digo yo que tengo hipotiroidismo- y que durante su vida no padezcan tortura y tampoco en su muerte. 

En resumen: que se recupere la misma forma de criar y cuidar sana y libre que han tenido los ganaderos de siempre, especialmente en nuestra tierra de provincias grandes y zonas hermosas de campo, rurales... Creo que este trato es una mejora y una aspiración lógica y legítima que se sostiene, vamos a decir que es buen karma para que se entienda mejor. 

No soy vegetariana, respeto que cada cual se nutra como le parezca, como al Presidente también me gustan los chuletones, pero me quedo más tranquila si sé que para llegar a mi plato no han sido inflamados, ni hacinados en vida y me parece que mi opinión está a favor de los buenos ganaderos y sus ganaderías, y por supuesto de nuestra salud, y pensaba que en esa línea nos encontrábamos todos, aunque soy urbanita y a lo peor me faltan explicaciones. Pero lo que me duele es el verdadero motivo encubierto que intuyo, y lo feo que queda usar como arma arrojadiza a un sector: 

Vuelvo a recordar de nuevo que me gustan los gobiernos de coalición, y la unidad de la izquierda con la que he soñado desde joven, es mi derecho y siempre he respetado los de los demás, y he considerado "mi gente" a personas con ideas distintas a las mías y mi cariño -me relaciono en términos afectivos, no sé hacerlo de otro modo- encuentra el puente para llegar al otro y ser bien acogida al igual que acojo. 

Considero -como he dicho otras veces- que no somos enemigos, en todo caso adversarios que buscan soluciones distintas para un mismo problema, nada más. Pero reitero que me gusta la unidad real de la izquierda no el "Apóyame ahora que te necesito, pero después te apedreo porque mi animadversión es visceral e irracional y me da por saco de antemano escuchar tus propuestas y ojalá pudiera estar sin ti." Es decepcionante, al menos para un electorado que sí piensa, y quiere ser representado en todas sus variantes y se lleva el chasco del siglo con los golpes bajos.

No se trata de ser fagocitado por el grande, tampoco de convertirse en satélite del astro. Bien es cierto que ambas partes se benefician y que la una sin la otra no habrían podido gobernar, pero la humildad es una conquista y comienza por saber que nos necesitamos y que no hay que menospreciar, sino defender -si son defendibles- a los miembros de tu equipo. 

Se ve que para que un grupo funcione -incluso en política- hay que buscar el desagüe en el que volcar las inquinas dado que no hay cosa que una más que el enemigo común al que se le aplican abstracciones porque sí, para que pague el pato, para que canalice la mala leche y el afán de hegemonía o preponderancia, y es que los contrafuertes, como he comentado otras veces, sujetan al edificio, y si los horadas y derribas cae el monumento entero por muy bonito y grande que sea, por mucho pecho de fachada que saque, y nos lleva por delante bajo cascotes y escombros. 

Sé que estos arranques míos me perjudican en un mundo que siempre va en comandita, y que el árbol solitario es sospechoso, pero sólo siendo así puedo dormir por la noche viendo muy bien el bosque. 

La única certeza que tengo clara en esta vida es el amor, y no hablo sólo del amor de pareja, porque una si sabe a quien quiere y a quien no, y por qué le quiere o por por qué no, todo lo demás es variable, cajones de sastre con envoltorios que a menudo confunden el bienestar, la diversión o la alegría con la felicidad, y no hay rosas sin espinas, y ese es nuestro verdadero motor social, sin trampas, ni oropeles, ni cartones, detesto el subterfugio.

Me gusta admirar a quienes dirigen, incluso si no son de mi cuerda,  aunque cada día es más difícil. Sin embargo en una ciudad pequeña resulta más sencillo, todo está más claro, pones rostros con los que te cruzas por la calle y les miras a los ojos y enseguida sabes. 

Lo que no soporto es la injusticia, la tergiversación, el voy a esperar a que hable alguien para llevarle la contraria porque no le aguanto, porque ahora molesta a mis intereses, en lugar de contraponer criterio propio.  

Lo único que quiero recalcar es que sería preferible escuchar algo como: "Ahora no se puede hacer tal o cual proyecto con los ganaderos porque hay dificultades" -de la índole que sean-, "pero la idea sigue en pie para el futuro y no es mala". 

Se trata de ir con la verdad limpia y diáfana por delante sin más, y no de estas dreas que tanto defraudan, contra el ministro Alberto Garzón en este caso, o contra todo el que se cruce en el camino. Qué aburrimiento con los pruritos de los Reinos de Taifas, y con comer tantos ajos que pican. 

A ver si algún día se puede votar a cada persona y unimos así a todos los magníficos versos sueltos. 

Tengo todo el derecho del mundo a echar reprimendas igual que se las puedo empaquetar a un amigo o a un familiar, lo mismo que a mí me las sueltan y no le hago la cruz a nadie, no ofenden si hay madurez, en todo caso escuecen, te rascas, te dura más o menos tiempo el dolor, piensas en ello y después sigues o no en tus trece.

No hay más que mirar mi facebook y mi vida cotidiana para comprender la diversidad de los contactos. Faltaría más.

Un abrazo.

Pili Zori

CUADERNO DE NOTAS: Jesús Calleja

 Todas las mañanas al levantarme sintonizo en el canal B Mad el programa "Volando voy" de Jesús Calleja, y de inmediato recibo la  dosis de alegría necesaria para después poder enfrentarme a las noticias de ¡Pandemia, pandemia y más pandemia!, además de al mal rollo que se ha instalado en la vida cotidiana de filas, tiendas, ambulatorios, hospital, centros oficiales... Hay un desquicio de gente borde en todas partes tan contagioso que como te descuides te sumas al efecto dominó y ya no se te despega en todo el día la pringosa hostilidad. Pero Jesús Calleja en dichos episodios es un potentísimo generador de ilusiones.

 "Volando voy" me gusta más que su otra serie "Planeta Calleja" en la que va acompañado por famosos y todo resulta más artificial, tal vez él se sienta intimidado por esa sensación de espectador-fan, y los roles sobre quién lleva la batuta no queden claros, y las celebridades a su vez no terminen de bajar la guardia  por miedo a exponerse demasiado y por ello no se entregan del todo, a pesar de que J. Calleja se presta a hacer algo que ellos dominen y él no, y de ese modo se establece el quid pro quo. Sin embargo en Volando voy Calleja está en su elemento y consigue crear una corriente de afectividad incomparable y emociones llenas de pureza, y convierte la experiencia en un canto a la tierra, singular y distinta en cada viaje, y sin apenas cerrajería en todos los pueblos los habitantes le abren el corazón y de par en par las puertas. Tiene bien pillada la medida al sentido del humor y un envidiable don de gentes que a mí me produce sentimiento de orgullo prestado y ganas de ir a los pueblos que visita, porque tras su paso por ellos se llenan de luz interna y también exterior y las personas que elige suelen dar una lección de hondura para lo que de verdad tiene importancia, gentes que eliminan lo superfluo y te dejan sin palabras.

Han intentado hacer programas similares en otras cadenas como El paisano, pero cada cual tiene su sello, para mí han resultado cómicos pero no emotivos, y más distantes y menos auténticos, además de que no indican la fuente de inspiración y me parece mal, aunque las comparaciones son odiosas y yo no debería hacerlas puesto que son formatos diferentes. 

Me apetecía recomendar ese pequeño paréntesis que te alegra el comienzo del día, o la media mañana, porque emiten varios capítulos y duran hasta las doce más o menos. Y deseaba felicitar a este hombre de precioso carácter, tan amplio de miras, que sabe peinar, que borra fronteras y que tiene una biografía hermosa cincelada por mares, selvas, hielos, y montañas que queriendo o sin querer le inculcó su padre cuando le leía libros de viajes.

Jesús Calleja es un eliminador de preocupaciones, y en este tiempo que impregna el ambiente de miedo y tristeza su actitud es un regalo impagable. 

Pili Zori

CUADERNO DE NOTAS: Estrés

 Dicen que la ansiedad se produce tanto por sentir un pánico desbordado a causa de sucesos dolorosos o trágicos que ocurren realmente, como por los imaginarios que casi nunca suceden, los mecanismos físicos y psíquicos de alarma se activan de igual forma en ambos casos y causan los mismos estragos con secuelas semejantes.

En su último artículo "Ponerte en pie" Rosa Montero narraba con extraordinario acierto y precisión -como siempre- la peripecia de un niño que creía estar ahogándose en un espacio de agua con poco volumen sin saber que hacía pie y que le bastaba con levantarse para comprobarlo, su hermana entró en esa parte del río y se lo demostró ayudándole a erguirse y tocar el suelo.

La propia autora se incluía al compartir que a veces sufre esos estados de ahogamiento por no saber que puede hacer pie. 

Somos legión los asustadizos, por suerte siempre hay alguien que se mete en el agua contigo te da la mano y su comprensión, y el miedo -al menos por un rato- se pasa.

Estos días se anuncian en televisión "remedios" farmacéuticos que combaten la ansiedad o el desajuste de cortisol debido al estrés. 

La publicidad a menudo es un buen calendario de temporada que suele indicar que estamos en tiempo de gripe o resfriado, que toca adelgazar, o dormir mejor, que, hala, a comprar colonias infantiles anti piojos... de modo que si se anuncia un fármaco para combatir angustias es que hay plaga.

Vuelvo a los primeros renglones para reiterar que si es cierto que el sufrimiento es el mismo tanto por causa de males reales como por los imaginarios, cómo es que nadie pregunta a los buenos actores y actrices que qué hacen para salir y de nuevo entrar en su vida tras haber experimentado una paliza descomunal -que dan o reciben- un tiroteo, que les empujen por un despeñadero, que los abandonen o engañen, que queden en el más abyecto ridículo frente al mundo, que caigan en la indigencia, en las drogas o en el desamor más injusto, en el alzheimer, en la riqueza, en la borrachera del éxito más apoteósico... 

Vale: actúan, hacen de otro u otra, le prestan el envase, es decir, el cuerpo, pero lo que sienten es completamente suyo y dopaminas y glucocorticoides andarán pluriempleados o sobreexplotados digo yo, y no me sirve ¡corten! ni el montaje posterior, más bien peor me lo pones si han de sentir fragmentadas y separadas por trozos las emociones.

Por tanto habría que preguntarles por el misterio de su fortaleza dado que surge de la más absoluta vulnerabilidad, a no ser que se trate de una raza especial que segrega alguna hormona exclusiva que le permite mantener su sistema inmunológico protegido al máximo. 

En fin, bromas aparte, todo este preámbulo no es más que una excusa para entregar al gremio de actores y actrices mi más rendida admiración porque estoy segura de que si se sometieran a examen médico, psíquico y neurológico todos los galenos especializados comprobarían con asombro que la acumulación de experiencia aunque sea prestada da como resultado el aumento de la confianza que no sé si es hormona o qué, pero sí una fortísima red de trapecista que quizá podrían enseñarnos a tejer. 

Y otro día esos mismos especialistas deberían centrarse en nosotros los escritores porque como se dijo en los sesenta del XX "La imaginación al poder", pero controlando que dicho poder no sea autodestructivo porque también somos "sufridores en casa" como definía el programa "Un, dos, tres", capaces de ver en un suspiro un accidente, una enfermedad incurable, y el fin del mundo si se tercia mientras el resto de los mortales disfruta tan pancho. 

¡Hay que ver! tanta serotonina desperdiciada por tener el hipocampo tan grande, la alegría se cansa puesto que si te ríes mucho te da la flojera y la adrenalina -más beligerante- se apodera de todo el espacio, por ello lo malo es más duradero.

Pili Zori

CUADERNO DE NOTAS: Mi memoria y yo

 El tiempo transcurre siempre al mismo ritmo, aunque a veces nos parezca estancado o vertiginoso. Tal vez por ello busquemos que cada año resulte reconocible por un acontecimiento nuevo y concreto de creación propia que lo distinga de los demás, quizá por esa razón unas personas viajan, otras compran, cambian de ropa aunque la que tienen esté impecable, de peinado, de tinte... -esto último suena frívolo pero es un modo de suavizar con ejemplos de superficie antes de bucear hasta el meollo más profundo de la cuestión- lo cierto es que como nunca se me ha dado bien saber el día en el que vivo no comprendo por qué ha de doler más una pérdida cuando va llegando la proximidad de la fecha en la que alguien amado se fue si las ausencias son para siempre, y los recuerdos -tristes o alegres- viajan por las venas de tu torrente anímico y sanguíneo a su antojo y el momento concreto en el que se han ido no es el que después más recuerdas y en realidad no hay unos días que conmemoren más que otros la vida o la muerte. De modo que desconozco la respuesta.

Intuyo que colocar, ordenar, clasificar... facilita o pospone las búsquedas y concede una tregua de tranquilidad gracias a ese abrir y cerrar de cajones y puertas psíquicas. Seguro que hay que educar a la memoria para que no sea un revoltijo de recuerdos que aparecen por sorpresa y desaparecen a su libre albedrío empujados por el peso de la montonera, y se ve que la mía -me refiero a mi memoria- es una malcriada a la que le gusta descender en avalancha a su antojo y por eso me interroga cuando menos lo espero:

-¿Qué ocurrió exactamente a tus trece años? No lo encuentro -levanta las palmas de las imaginarias manos-. No, no mires la efemérides ni te vayas al ordenador porque los episodios que la pantalla te chive sólo eran el papel que envolvía el exterior de entonces, te pregunto -recalca- ¿Qué te sucedió a ti? ¡Anda!, ¡anda! ¡deja! -protesta con impaciencia ante mi gesto de lentitud dubitativa- que ya busco yo, porque mientras echas la cuenta de en qué año estabas a esa edad nos pueden dar las uvas y seguro que lo he hallado antes y tú todavía continúas erre que erre en tus trece -valga la redundancia- y sin método alguno para encontrar lo que de verdad importa y yendo de rama en rama como una ardilla para exclamar ¡mira este sacapuntas! o ¡mis pinceles!, el cuaderno de dibujo, o aquel vestido verde de volantes que te hizo tu madre, o los zapatos a juego... o la tapia del colegio frente a tu casa que aún estaba en pie en 1969, o la rama horizontal y fuerte de la noguera de la que te colgabas y en la que todavía te columpiabas, o el montón de películas que viste en el televisor Taunus, y las novelas que leías cuando deberías estar estudiando... Y te entretienes, pierdes la noción del tiempo y terminas preguntándote ¿A qué venía yo aquí? ¿Qué buscaba?

Tras los instantes de evocación certera sonreímos ambas al fin: sí, aquel chico rubio de pelo lacio y ojos oscuros que llegó al barrio en verano, fue a los trece: él es el acontecimiento especial de ese año. Al final le gustó más la vecina del quinto, la de la puerta de al lado porque sus dormitorios colindaban y ya se sabe que lo de pared con pared para la imaginación nocturna es muy efervescente.

-Pero no te entretengas -me saca abrupta de la ensoñación- y vamos con lo que estamos ya sin rodeos:

-¿Dónde has metido todo lo de la pandemia? ¿Qué crees que recordarás cuando se haya ido el maldito bienio, trienio o lo que dure ir con bozal?, porque sólo me sale nuestro pequeño cantándote el feliz cumpleaños desde su confinada ventana en Madrid y acompañado y coreado a las ocho de la tarde por las demás terrazas y ventanales comunitarios -sonríe de nuevo- lo que consigue este chico... -continúa- el cervatillo que juega en la playa sin gente, las plantas de tu jardín más frondosas y verdes que nunca, la carretera general silenciosa, un hueco grande en el que no alcanzo a ver, aunque sé que no está vacío, y después el viaje posterior a la isla en medio del océano. Rebuscamos las dos -mi memoria y yo- con denuedo. Va a ser verdad eso que dicen: nunca vas sola por la vida porque siempre estás contigo misma.

Sí, ¡ahora!, aquí están los demás recuerdos, ya vienen, se encontraban debajo. ¡Uy éste, qué pena!, no lo quería evocar, ¡mira aquí hay uno mejor, sí, es bonito, y otro más! -Tira del hilo, ya salen todos entrelazados, ahora habrá que destrenzar. 

Cierro como puedo el indiscriminado alud, porque tengo tareas pendientes. Pero me entristece no poder relatarme mi propia vida de forma cronológica, así, al mandato de un chasquido de los dedos, y tener que andar desbrozando y a vueltas con el flashback que voy que vengo. Sería perfecto posponer los retazos desagradables y duros para los días en los que la fuerza te acompaña, pero no sé hacerlo y se presentan cuando quieren en los momentos más inoportunos.

Miraré en google a ver si me cuenta algún método para acomodar los cachivaches del alma, de la historia personal sin que me asalten, porque no es justo que todas las penas y todas las alegrías tengan la misma importancia, pero por favor que no sea con el sistema de Marie Kondo que "esa" se pone a tirar y se queda sola, ya le vale, así también presumo yo de la magia del orden. 

En fin, el caso es que sí me sobran algunas remembranzas, tendré que decidirme a desprenderlas, hay que pulsar el botón de reset de vez en cuando porque si no lo haces viene Diógenes pensando que todo es fiesta y fecha de guardar. O peor todavía, el depredador alzheimer que no deja títere con cabeza.

Pili Zori

"Terra alta", de JAVIER CERCAS

Una composición de espejos. En el primero aparece el terrible asesinato de la madre del protagonista Melchor Marín, una prostituta que pierde seguridad cuando va cumpliendo años y ya no ejerce dentro de su casa y ha de hacerlo en la calle, en los aledaños del camp Nou. 

La descripción del nacimiento de su hijo -a quien puso de nombre Melchor porque consideró su llegada como la de un rey mago- entre sangre, sufrimiento y alegría infinitos ya contiene cómo va a ser el ambivalente y dual destino del muchacho. 

En ese mismo azogue se refleja y engarza el segundo espejo, con el brutal crimen de los dueños de Gráficas Adell, y más adelante aparecerá el tercero que ha latido durante siete décadas bajo la alfombra del pasado. Ese es el verdadero eje alrededor del que gira esta historia y en ese punto aparentemente desplazado se halla el corazón de la novela, en un entorno en el que se produjo una de las batallas más cruentas de la guerra civil, la del Ebro. 

Para el autor presente y pasado siempre caminan juntos, y los asuntos sin resolver tarde o temprano emergen, o alguien tira de dicha alfombra para ver lo que se esconde debajo.

A Javier Cercas le gusta el yin y el yang es decir: las partes buenas que hay en lo malo y a la inversa, de hecho en uno de los diálogos que mantendrá con Olga -la mujer que le salvará del resentimiento - él dirá que hay falsos malos y ella que también existen los falsos buenos.


Cuando la ira se apodera del corazón te convierte en un blanco fácil y captable por capos y seres que se manejan bien en las sombras, Melchor cae en las drogas y también las vende y la hermosa paradoja es que en la cárcel encontrará el salvavidas: su modelo a seguir -por falta de otros- será un libro que lo contiene todo: "Los miserables" y en él verá que la redención es posible. 

Tras leerlo decide ser policía y en ese punto comenzará su dilema: ¿Es lícita la venganza cuando la justicia no nos hace justicia? 

En todas las novelas de J. Cercas surge una pregunta que el lector ha de contestar.  El autor considera que toda pieza literaria ha de tener su cuota de ambigüedad, para que en el esfuerzo de su debate interior quien lee salga transformado, y para que la pugna consigo mismo con respecto a discernir lo que está bien de lo que está mal le proporcione crecimiento.

Son importantes las personas que se cruzan en tu camino, en Terra alta hay dos seres puros: Domingo Vivales, el humilde abogado y amigo de su madre que le pinta la casa, le compra muebles y hasta le borra los antecedentes para que pueda optar a su nueva vida perteneciendo al cuerpo de policía, y Olga la bibliotecaria un compendio de amor y libros.  

Tanto Melchor como los lectores nos preguntamos si Domingo Vivales es su progenitor, y descubrimos que tras el ferviente anhelo de que lo sea al final no importa si llevan la misma sangre o no, porque es el mejor padre que un hijo adulto podría soñar. 

Por mucho que apetezca como bajo instinto el escarmiento que Melchor, siendo policía, da a los maltratadores de mujeres nadie debe tomarse la justicia por su mano, en una sociedad cuyas leyes se supone que la garantizan ya que lo contradictorio es que la novela va de segundas oportunidades y a Melchor lo reinsertaron, y la bondad o la equidad no se ejercen ni a disparos ni a puñetazos por mucho que en Los miserables se diga: "Es un hombre que hace el bien a tiros". El autor no juzga al protagonista, simplemente lo muestra en la luz y en la oscuridad.

Cambiando de tercio vamos a un detalle biográfico: La familia de J. Cercas era falangista y tengo la sensación de que en todas sus novelas desearía conjugar en un punto de encuentro humano lo inconjugable en el ideológico. 

En alguna ocasión le he oído expresar que tener la razón política no es tener la razón moral, y es cierto. 

Me gustaría decirle que tampoco hay que acarrear los errores de los padres o de generaciones anteriores, está bien estudiarlos individualmente y también en conjunto, pero sobre todo me gustaría recalcarle que allá cada cual con su conciencia.

"Nadie nos pidió perdón ni nos dio las gracias" dice el soldado de Salamina -disculpadme por citar de memoria- por defender la legalidad de La República, y con ese hermoso final en el que el periodista va citando uno a uno los nombres de los anónimos que no fueron resarcidos Javier Cercas ya ha cumplido más que de sobra. 

Su novela "Soldados de Salamina" se extendió como la pólvora por el mundo puesto que conocía la misión de su réquiem, pedir perdón es más importante de lo que parece incluso a quienes ya no están.

Si algo me ha enseñado esta novela es que buscamos dar una buena imagen de nosotros, queremos alcanzar la bondad, y la sabiduría, pero sabemos de sobra que hacemos cosas malas también, por tanto lo mejor es admitirlo y comprender que lo único que nos salva es amarnos y hay que rogar perdón cuando toca, aunque el daño infligido te parezca imperdonable.

Terra Alta es compasiva, incluso con los traidores, el protagonista sabe ponerse en el lugar del otro porque él ya ha estado ahí. Como he dicho en otras ocasiones comprender no es justificar y hay que pagar las consecuencias de lo que hayas hecho, pero es muy diferente a juzgar, y a que nos convirtamos en linchadores como si nosotros y los nuestros siempre fuéramos a a estar en el lado bueno.


Es una pena que cuando los casos llegan a la policía ya no tengan arreglo, invertir en la prevención siempre será ganancia y no pérdida. 

Terra Alta suscita un gran debate. Pero ya me he extendido bastante.

Sí añadiré a mi pesar que artísticamente le he visto pros y contras, algunas pegas que en otras obras del autor no he encontrado. La novela está muy bien armada, los enlaces en los saltos de tiempo me han parecido perfectos, el hilo cronológico y el de la evocación han sincronizado, pero me habría gustado que muchos pasajes pasaran a la acción para verlos, vivirlos y sentirlos, en su lugar sólo han sido descritos, contados.

Me habría encantado que dejase rastros o huellas sobre Armengol, el tercer espejo, que lo saque de repente aunque intuyéramos que en Méjico se cocía algo, me pareció una solución fácil. 

Me ha estorbado la cita de "Una novela es mitad de quien la lee y mitad de quien la escribe" es un lugar común que yo misma uso a menudo y que queda bien fuera de una obra literaria por coloquial empática y manida pero no dentro, y si tenemos en cuenta que la frase "Los libros nos leen" es genuina del autor y mucho más significativa y bella pues a qué viene la anterior que la dice todo el mundo y sin citar a su autor encima, que según tengo entendido fue Juan Gonzalo Rose refiriéndose a la poesía "La poesía es la unidad perfecta Mitad de quien la lee y mitad de quien la escribe".  

En fin, J. Cercas en otras piezas es más sutil, en ésta he tenido la sensación de que explica lo sobrentendido, como si alguien le pidiera que rebajase planteamientos en favor de lectores más sencillos, y además le apremiase, eso en sí mismo ya resulta ofensivo, pero bueno, son conjeturas mías.

Pili Zori

RECURSOS INHUMANOS, serie de TV

A menudo digo que no es lo mismo luchar -sindical y socialmente- por amor a la libertad que por odio al patrón.

En la segunda opción lo que puede ocurrir es que el poder cambie de manos, y que quien antes fue explotado se convierta en explotador si accede a los puestos dirigentes o de poder, dicho de modo más sencillo: que quien fue pobre sólo aspire a ser rico, y para ello se troque en imitador.

En la primera elección -aunque pierdas en el intento- el objetivo deseable habrá sido crear una vida más justa en la que las personas no valgan menos que la mercancía con la que trabajan, y la dignidad vital esté garantizada hasta su muerte como mínimo en las necesidades básicas: un salario y una pensión posterior dignos que proporcionen, techo, comida, educación, cuidados sanitarios, respeto... 


Puesto que en el pacto social cumplimos de sobra y con creces: educándonos desde la infancia para entregar nuestra fuerza de trabajo en el futuro, y acatamos las normas para participar en el bien común tal y como cuenta la serie en el brillantísimo alegato final del juicio -que es para descubrirse-.  ¿Por qué se desprecia al trabajador, tenga la cualificación que tenga, enviándole al paro cuando alcanza una edad avanzada, sumiéndole en la precariedad o directamente en la pobreza? ¿Quiénes incumplen dicho pacto entonces? ¿Quiénes delinquen? ¿A quiénes habría que juzgar?

Sin embargo a quienes se está procesando en "Recursos inhumanos" es a todos los parados y no al liberalismo económico occidental, voraz, brutal, egoísta y despectivo, ese espacio sin ley en el que apenas tiene licencia el Estado para opinar, para intervenir y en el que quien más grande la tiene gana -perdón por por la vulgaridad, pero es la que mejor cuadra en este caso-. Ese es el elenco de los que de verdad son influyentes, de la élite que quita y pone, de quienes dan permiso para respirar, "...a la derecha mi amo contabilizando el aire" decía la canción, y no hay nadie que les tosa. Es así de triste. Os pido disculpas por el argumento tan simple.

 No es la primera vez que afirmo que de poco sirve cultivar sistemas democráticos si las empresas no lo son, ya te puedes dar cabezazos contra la pared de tus derechos humanos que el muro sigue siendo feudal, con amos y vasallos de corte muy moderna, eso sí. Y es por ello que la vida ambivalente -gobiernos por un lado predicando y empresarios por otro decidiendo- se vuelve una enfermiza paradoja en la que nadie cree. 

Un tren no puede llevar vagones a distinto ritmo porque descarrila y además ¿Quién conduce en realidad nuestro ferrocarril? 

Es lo que va a ocurrir en una de estas crisis periódicas de efecto dominó que genera el capitalismo por propia idiosincrasia: un descarrilamiento masivo, y no es que quiera ponerme apocalíptica. Es lo que hay.

Pero el magnífico cineasta de origen libanés Ziad Dourey (tuve la suerte de ver su largometraje "El insulto" y comprobé que se mueve como nadie en el análisis y origen de los conflictos tanto bélicos como sociales) no se conforma con la denuncia tan bien expresada en el colofón final del juicio, no, da otra vuelta de tuerca, y nos lleva a la segunda opción de la que he hablado en  renglones anteriores: luchar por odio al patrón y no por amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad que en este caso nos canta un marsellés.

El protagonista interpretado por Eric Cantona, (un extraordinario descubrimiento, fue futbolista y tras terminar su andadura deportiva se recicló como actor, y ¡chapeau! hace un trabajo asombroso y de mucho peso), consigue que queramos estar de su parte, que veamos su deseo de venganza como legítimo, pero no lo es en absoluto, dado que aunque su jugada es maestra pierde  los principios éticos y antepone el dinero a todo lo demás, incluso a su familia con la justificación de que le corresponde por derecho, que se lo debe el mundo laboral y que cuando todo salga bien resarcirá los daños colaterales. 

Llegado a ese punto el espectador se siente mal al verse reflejado en el espejo y se pregunta si no seríamos igual de manipuladores si tuviésemos la ocasión y las circunstancias, (espero que no) de modo que nadie se va de rositas en esta historia, o así lo he visto, si el sistema te atrapa y pretendes jugar con las mismas armas para defenderte, mal asunto, la rueda del hámster girará hacia atrás o hacia delante pero entre barrotes, y nada cambiará en la jaula.

 Aunque los miembros de su familia sí son salvables y honestos, rectifico, incluida la esposa que lleva años soportando y comprendiendo estoica la deprimente relación y los cambios de humor de su marido dadas las circunstancias, finalmente tiene un desliz con un compañero de trabajo -se intuye que el amante aprovecha la situación de debilidad.

La mujer le confiesa la infidelidad al esposo dando la cara, y también abandona la nueva pero efímera relación. Él sin embargo no comparte con ella sus trapicheos, planes y andanzas, en teoría para protegerla pero también para que no le haga de pepito grillo, de conciencia -mis conclusiones naturalmente son subjetivas, cada espectador extraerá las suyas.

La serie es hipnótica, te bebes los seis capítulos sin pestañear, lo tiene todo: entramado empresarial, social, carcelario y marginal, familiar, personal... incluso la balanza del juicio con fiscal y defensora que tanto clarifica el debate en cine, y con todos esos  géneros juntos Ziad Dourei y su equipo componen un poliedro al que no le sobra una arista. El retrato panorámico es nítido y perfecto. Se trata de una serie más que recomendable.

***

Hace unos días vimos "El buen patrón" de Fernando León de Aranoa, otro autor de cine que me entusiasma, y curiosamente parece que la antena parabólica de muchos artistas se está moviendo hacia la dirección del mundo del trabajo, aunque León de Aranoa ya lo tocó de manera magistral en "Los lunes al sol", y el tema envuelve toda su obra. 

"El buen patrón" es otra maravilla, un contundente sarcasmo que retrata de forma pesimista el ámbito laboral, a pesar de las carcajadas que arranca Javier Bardem en un trabajo brillantísimo lleno de matices que sólo él es capaz de sacar del aparente y paternal empresario cuyo cinismo queda bien definido, y clarifica -por si alguien todavía albergaba dudas- el comportamiento y la caricatura de ese estereotipo engañoso y desalmado que abunda y pulula por nuestro país con ínfulas inmerecidas ya que tan sólo es un heredero de la fábrica o empresa familiar que otros en marcha pusieron.


En fin, no me gustaría que dicho pesimismo nos impregnara el alma de derrota haciéndonos creer que no hay nada que hacer para que el panorama mejore. 

Al menos tanto la serie de Dourei como la película de Aranoa lanzan un serio aviso del peligro que supone exprimir y pisotear de esa manera a las personas que contribuyen a transformar los bienes y a generar la riqueza de todo un país para que ésta se distribuya con equidad, porque no se trata de la riqueza y los bienes de una élite sin escrúpulos que cree que el mundo les pertenece y que de forma magnánima te deja vivir en él si obedeces. Llegará un momento en el que hasta el más sumiso se revuelva para defenderse.

Un abrazo.

Pili Zori.