Félix Sánchez Baranda
Entrevista de Juan Garrido
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| Juan Garrido |
R. Llanto por un sultán, en 2003 (Entrelíneas editores) e Hija de…, en 2006 (Publicó Diputación de Guadalajara)
Muchas gracias Juan.
Pilar Zori
"Huecos de vida", de SERGIO APARICIO ERROZ
Un hermoso libro estructurado dentro del orden anímico que es diferente al cronológico. Con un brillante hilo conductor que se mueve entre los espacios de dolor y de alegría con equilibrio y reparto sutilmente simétrico. Podríamos denominar la mezcla como poesía y “prosemas” pero deseo alejarme de las etiquetas porque creo estar ante las páginas de algo nuevo y sin bautizar, genuino y lleno de pureza.
La obra fluye como un mar que contiene en sí mismo ondulaciones, olas encrespadas, picos y espumas remansadas.
Las personas acarreamos nuestra vida en mezcla, sin edades, ni compartimentos estanco cuando se trata del interior, de los recuerdos, de la memoria, nuestro máximo derecho personal.
“El diario” me ha parecido la declaración de intenciones del autor, el latido de la obra, subrayable por todas partes, por ello llamarla poemario sería acotarla, y tratar de diseccionarla entre prosa y poesía desgajarla como una cruel y torpe amputación.
Mi área de expresión no es el poema, ante ellos me arrodillo y me limito a conmoverme, pero el arte por suerte siempre abre camino para la conexión o traza nuevos senderos para que podamos encontrarnos.
***
A continuación compartiré cuál ha sido mi experiencia al tener entre mis manos Huecos de vida:
En ese lugar no hay cronología y los vertiginosos saltos hacia atrás o hacia adelante los propicia la evocación.
Nuestras vidas interiores son así y la memoria tiene su propio orden que no escribimos ni dirigimos nosotros por mucho deseo de control que tengamos.
Tampoco sabemos quién es el guionista de los avatares en la estancia vital que nos toca, ni si somos protagonistas o personajes secundarios que forman parte de un total, junto a los demás.
“Cuando todos los árboles se entrelazan, la selva del hombre transcurre en zigzag, a grandes saltos, de atrás hacia delante y de delante hacia atrás; el pasado, el presente y el futuro son hermanos de un agua en remolino, inclasificable, siempre audaz”. Nos dice Sergio Aparicio Erroz en “Los trenes de los días".
Dicha pugna paradójica de humildad y orgullo entre lo individual y lo colectivo produce un doloroso desgaste que a menudo conduce hacia abismos y avernos. Pero la buena noticia es que hay cuerda para subir, para ascender y aferrarse a la luz de nuevo, con profundos y crueles rasguños pero ya sin vértigo, sin caída libre, porque ahora sabemos lo que pasa y el logro es evitarlos. Así siento el contenido de las páginas de huecos de vida. Escribir nos defiende de las adversidades y llena los huecos.
A veces tan sólo hay que extender los brazos y alguien a cada lado te toma de las manos para reparar el descosido y entonces el sentimiento de ser comprendido se restablece en la colmena de los diversos, de los plurales, de los distintos… incluyendo los molestos zumbidos del enjambre social que antes creíamos dañinos e innecesarios, las abejas también pasan ratos solitarios entre flores, hay tiempo y lugares para ser uno y también para ser todos.
Los lectores, con mayor o menor pericia alargan dichas manos hacia los escritores, y entonces la corriente de afectividad y el agradecimiento se reanudan, se establecen y la armonía se conjuga entre todos. A pesar de que:
“…El lenguaje nos da todas las posibilidades de la agresión, con él podemos hasta disparar la infamia”. Nos dice el autor.
Sergio Aparicio Erroz tiene un nivel de empatía tan gigantesco que prácticamente se vuelca en la sensibilidad del otro sin ninguna protección y quemando todas sus naves en favor de familia, amigos, pacientes, amor… aunque después prefiera lamerse las heridas solo, y por ello la reciprocidad es obligada ante tanta entrega.
Con el pudor de quien ha sido invitado a la intimidad más recóndita he asistido al inmenso honor de poder contemplar “Huecos de vida” desde una butaca en penumbra como quien presencia las evoluciones verticales de la belleza etérea que atraviesan en el aire los artistas del Circo del sol y aunque el símil podría parecer inadecuado por las connotaciones peyorativas que a menudo reflejamos en la palabra “circo” no es así en éste caso tan digno, porque lo que he visto en dicho escenario aéreo como en el del libro de S. Aparicio Erroz ha sido la delicadeza aparentemente vulnerable de quienes oscilan y vuelan en el alambre o suben y bajan por las fuertes cuerdas -que sin embargo parecen frágiles- con sus gaseosas y livianas vestimentas en aleteo de ángeles.
Esa ha sido para mí la atmósfera vertical y acantilada que el autor de este desnudo anímico -tan generoso y valiente- ha creado con una clase de sensibilidad en susurro que nada tiene que ver con los quejidos y estridencias gritones de otros, y lo ha hecho llevando un dolor inmenso en brazos -no a cuestas- cuidadosamente abrigado como sólo quienes tienen elegancia de corazón pueden acarrearlo.
“Eso soy, un grito que de continuo resbala, un eco condenado a no contactar”.
Pero no quiero llevar a engaño, como ya he comentado en renglones anteriores en esta pieza lírica de mirada autobiográfica tan singular tristezas y alegrías conviven y se conjugan en perfecto contrapeso y en balanza fiel. En ella aparece con frecuencia el cristal, transparente y duro, pero tan frágil al caer, al romperse.
Para finalizar reitero porque lo considero relevante que no he notado cambio de registro entre prosa y poesía, sólo el fluir del mismo mar con sus remansos y ondas, sólo el vaivén en el oleaje sosegado de recuerdos, sentimientos y reflexiones que su marea le posa en la orilla, en la arena, con un sentido perfectamente ordenado pero sin cronología en el que cabe la vida entera de Sergio hasta hoy. La existencia de un alma noble que ha alcanzado la belleza y la bondad hasta en las zonas oscuras.
“La poesía es un microscopio a través del cual nos reconocemos, un transbordo hacia la nobleza”. Sergio Aparicio Erroz.
Una hermosa y delicada edición de AH (aache) le ha proporcionado alas y pies para que vuele. Deseo que los ejemplares de tu libro se multipliquen como el milagro de los panes y los peces querido Sergio digno hijo de Paulino Aparicio Ortega, gran poeta y escritor, de quien también hablaré, hoy el espacio estaba reservado para ti.
Pili Zori
"AFTER LIFE" y "DEREK", series de TV
Qué descubrimiento Ricky Gervais, director y actor protagonista de estas dos maravillas, "After Life" y "Derek".
"After Life" ha sido un quita miedos para mí: me ha eliminado el pánico a la muerte de los tuyos más que a la propia, a no estar cuidada con humanidad en una residencia -porque muestra lo fácil que es hacer agradables esos lugares- a no saber elaborar la pérdida, me ha enseñado a manejar el luto... He sentido que tomaba mi barbilla y con dulzura me obligaba a mirar de frente para decirme, mira, no pasa nada, no es difícil, esto es lo que sucede y estas son las pautas a seguir.
Tiene personajes en el elenco que son escatológicos, obsesos sexuales, iconoclastas, políticamente incorrectos, marginales... y tal vez esas situaciones con eructos y pestilencias a nosotros nos hagan retirar los ojos -cada cultura tiene sus desagües para liberar la represión- caricaturizamos de forma distinta, pero lo que me gusta es que si les quitamos el subrayado excesivo quedan personas reales que a menudo vemos por las calles, Gervais elimina la aversión y partiendo de lo patético, nos demuestra la humanidad ,la ternura y las razones que tienen para ser como son, no edulcora.
Vemos el proceso del protagonista, que pasa por negarse a aceptar la pérdida, por la rabia que siente y que impone a los otros, compasivos y estoicos, asistimos al egoísmo en el que a veces te sume el duelo, hasta que llegas a admitirlo, el proceso curativo lo propician los demás que a su vez también están evolucionando en el combate interior de sus vidas y en el de la convivencia y sus colisiones, la serie enseña a coexistir desde la sinceridad y el enfrentamiento con uno mismo para que finalmente comprendamos que los ángeles que te salvan la vida están en la tierra y no llevan alas, a veces incluso tienen cuatro patas, y nos dice que ser un ángel es fácil, basta con usar la amabilidad, que nada tiene que ver con la cortesía, los formulismos o la adulación, el contenido de la amabilidad es más profundo y requiere la escucha, la empatía y el respeto por el otro y tras buscar lo que necesita -que nunca es imposible ni difícil de alcanzar- dárselo: un abrazo, reconocimiento, atención... amor y cuidados en definitiva,. Una amiga siempre dice "Todos somos sociedad", y es cierto.
Me alegra comprobar cómo en el arte están cambiando las tornas, la maldad va perdiendo potencia, estamos hartos de ella, de la nuestra -no me excluyo- y de la de los demás, y los grandes éxitos en cine-en-serie actualmente vienen del existencialismo, en mi opinión la corriente más pura y la fuente más amplia, fidedigna y valiente que hay para obtener conocimientos. Pero es necesario desnudarse y eso cuesta."After life" es una reconciliación con la vida y sus cuatro estaciones, y tiene uno de los finales más bellos que he visto en cine, enmarcaría cada fotograma de ese desenlace con la arboleda cambiando de color.
La hondura de las metáforas, los símbolos que utiliza Gervais, las reflexiones, diálogos y conversaciones... en ese cierre de feria que ya no es de vanidades, en el carrusel de la vida, y cómo todos terminan sabiendo lo que son y lo que quieren y a quien quieren, siga con ellos o no.
Ricky Gervais me conmovió y me abrió compuertas que me hicieron llorar a mares.
Nadie es perdedor, ni pringado, ni corriente, ni antihéroe, nadie, porque en cualquier momento puedes dejar de ser un capullo, y no es difícil si obras de arte como esta te dicen cómo.
Me gustó que fuese un canto a las parejas de larga duración -crisis incluidas- al amor "doméstico" y que éste diera cuerpo al verdadero romanticismo que aquí se muestra sin tantas alharacas pero con mucha más potencia y menos afectación.
Me quedó claro que no tiene muy buen concepto de los psicólogos, al menos del que sale en la serie que no hay por donde cogerlo, será un aviso para que sepamos distinguir, en todas partes cuecen habas y hay de todo, los buenos y comprometidos profesionales del alma hacen mucha falta.Si tuviera que ponerle una pega a la serie diría que me sobró el guarreo, pero hasta eso tiene su porqué, este autor no da puntada sin hilo.
Después vi "Derek", y chapeau, qué original el formato, qué personajes tan hermosos, y qué maravilla contemplar cómo una residencia de ancianos puede ser uno de los lugares y hogares más agradables del mundo. Si no es real y sólo es deseable, pues el mensaje y el ejemplo están servidos: basta con obrar así.
Qué lujo sería tener el guion, para releerlo mil veces.
Ambas series merecen mucho la pena, y para que se os quite la preocupación al ver a los actores tan caracterizados, os recomiendo que busquéis sus fotos reales para que disfrutéis del cambio, son todos guapos.
Pili Zori
CUADERNO DE NOTAS: Recorridos
En mi opinión -subjetiva naturalmente- no se recuerda lo malo por resentimiento sino por mecanismo de autodefensa: para verlo venir de nuevo y que no te haga daño, y dicha reacción salta desde un resorte involuntario. La memoria avisa del peligro.
Muy distinto es el deseo de venganza, porque sí requiere voluntad.
A su vez pienso que en la juventud juzgamos -salvo honrosas excepciones entre las que desafortunadamente no me encuentro- en la madurez comprendemos, y en la vejez perdonamos.
Cuando eres joven siempre pareces la ofendida -hablo a título personal, desde mi trayectoria y perspectiva y así no señalo- y alcanzar la humildad tal vez sea la catarsis más dolorosa de la vida porque implica darte cuenta de los pequeños o grandes daños que tú también has infligido creyéndote cargada de razón.
Pero en su descargo diré que en la etapa joven hay muchos contaminantes -no sé si inculcados para satisfacer intereses de conveniencia social, o por instinto natural- el caso es que la idea de éxito o fracaso enturbia la juventud y la machaca con ansiedades irresolubles que hacen creer que si el individuo no destaca es porque ha caído en la mediocridad o el conformismo, y ese sentimiento es una gigantesca falacia.
Si el éxito fuese el fin a alcanzar no habría suicidios entre actores y actrices, por poner un ejemplo cercano, ni rendiciones a diabólicas sustancias, ni sufrimientos anímicos entre los "triunfadores".
En realidad no buscamos el primer puesto sino nuestro lugar en el mundo -no hablo del territorial porque donde quiera que vayas viajas contigo y no puedes huir de ti- y desde allí intentamos alcanzar conocimiento, bondad y belleza, no necesariamente estética. Pero hasta que llegamos a dicha conclusión hemos de desbrozar mucho el camino.
Para no irme más lejos y hablar de lo que no entiendo añadiré que hoy veo la literatura como un libro enorme y necesariamente inacabado que recopila los pequeños fragmentos de cada autor para crear un todo, nuestros libros son como capítulos de otro más grande.
No sabemos si los verdaderos guionistas de la vida nos han concedido un papel protagonista o de reparto -para mí no existen los intérpretes secundarios- pero la belleza como estoy insinuando consiste en formar parte, y esa es la razón por la que se dice que nadie está solo con un libro entre las manos, aunque los enlaces y pespuntes de unas páginas a otras nos parezcan invisibles.
Pili Zori
CUADERNO DE NOTAS. Caligrafías
Hoy no distinguimos la letra de los demás a causa de la tecnología, a excepción de los profesores.
Antes -hablo de mi antes, seguro que el tuyo es posterior- era una sensación íntima sobre el conocimiento profundo del otro, dado que la escritura es como la prolongación de tus huellas digitales, especiales y únicas, y atesorábamos en la mente una colección de caligrafías distintas cuya pertenencia o identidad reconocías de inmediato.
Recuerdo aquel placer infantil que me causaba embeleso al contemplar la destreza que surgía de los dedos de mi padre o de los de mi hermano cuando yo aún no sabía escribir, o la parsimonia bonita de la letra de mi madre. Ni siquiera la magia de un pincel creador se puede igualar a aquellos asombros pictóricos para mí.
Pero lo que sí evoco cada día es esa especie de mayoría de edad conquistada cuando a los siete u ocho años decidí que mis emes y enes irían siempre del revés, es decir: escritas patas arriba, como las trazaba la chica rubia de clase, y ahí siguen pareciendo ues enlazadas para bailar sardanas. Y es que la rebeldía no siempre es ruidosa.
Pili Zori



