"Open - Memorias", de ANDRE AGASSI

Escritas por J. R. Moehringer, Premio Pulitzer y autor de la aclamada novela autobiográfica "El bar de las grandes esperanzas".

Hago hincapié en señalar al escritor porque ignoro la razón por la que su nombre no aparece en portada, aunque Andre Agassi le cita con profundo cariño en los agradecimientos y aclara que JR no quiso figurar en ella.

Intuyo que el escritor JR Moehringer tiene elegancia de corazón para la amistad y decidió que toda la gloria se la llevase el gran tenista, pero el detalle a los lectores nos hace especular y preguntarnos si hubo demasiada gente opinando sobre el manuscrito, y al estar vivos todos los personajes reales que aparecen en el libro quizá escritor y protagonista tuvieron que morderse la lengua en algún pasaje a riesgo de que lagunas y silencios fueran en detrimento de la narrativa, aunque en estas páginas no ocurre, Moehringer es un cronista y relator tan fuera de serie que nuevamente logró una pieza artística de hermosísima orfebrería por la composición, la construcción y el contenido. Y es que sin quitar mérito a André Agassi y agradeciendo su desnudo anímico tan generoso y que nos abre el desconocido mundo -fuera de lo público- de estas figuras tan heroicas, me parece justo especificar que uno puede comprar ladrillos, pintura, fontanería, muebles, adornos, decir cómo desea que vayan colocados… pero no basta con enumerarlos y extenderlos sobre una superficie, después hay que saber ordenarlos cada uno en su lugar para que sean duraderos, además de estéticos, y que funcionen. Con este símil -posiblemente innecesario- intento decir que una cosa es contarle a alguien tu vida y otra muy distinta escribirla, quien escribe ha de saber dosificar el gotero de las sorpresas, poner las piezas referidas en los lugares de las páginas más álgidos o remansados y saber dónde han de estar los golpes de efecto, los valles, los picos…    

Desconozco las directrices de las editoriales norteamericanas en estos casos de biografías, pero deseaba decir aquello de “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Dicho lo anterior paso a hacerle las alabanzas merecidísimas a esta magnífica historia que me ha conmovido hasta mis pliegues anímicos más recónditos.


Open está escrita en primera persona y en presente para lograr así que el lector sienta que lo que ocurre en las páginas está sucediendo en ese instante y a su lado.

Para un público profano, "Open" –palabra con la doble lectura, la literal del tenis y la de abrirse íntimamente- es un logro ya que la autobiografía nos muestra cómo se refleja el estado de ánimo de Agassi en la pista, y cómo le afectan las vivencias personales a su juego, y por ello no hace falta ser entendido o experta en tenis para comprender, empatizar, compartir y sentir un enorme aprecio por Andre, y esa capacidad de llegada hace universal al libro.

A veces me pregunto si la competición de los deportes en equipo es un simulacro de la guerra, y las de los juegos individuales frente a un sólo contrincante sustituyen el cuerpo a cuerpo de la misma lid, y me planteo si quizá necesitamos competir para estar preparados como en el reino animal –ya que desde cachorros retozan para aprender a  atacar y a defenderse- por si sufrimos una posible agresión y así sobrevivir en caso de conflictos bélicos o civiles.

"Open" se mueve en la ambivalencia de los sentimientos encontrados, entre el amor y el odio al mismo tiempo y en la misma medida, y por un lado nos interrogamos sobre si es justo, cuando eres niño, que te obliguen a un entrenamiento no elegido para ser el número uno, y a la vez nos preguntamos por qué la aspiración ha de ser precisamente llegar a ese primer puesto, eliminar al otro cuando la vida social es suma e integración y en ello radica el beneficio, y además a qué precio: ¿al de una infancia robada?, ¿al de abortar los sueños propios del niño -antes incluso de que surjan- para inocularle los de los progenitores en su lugar?

Estamos habituados a ver como padres de famosos instrumentalizan a los hijos para forrarse a su costa y creen ser Pigmalión esculpiendo y moldeando la arcilla –tristes ídolos del barro de la tiranía- aunque en el caso de Emanoul Agassi, boxeador olímpico y padre de André finalmente no fue así dado que a partir del primer sueldo del hijo el tenista administró sus ganancias, sin olvidarse de su familia. Sin embargo Emanoul sí dopó a sus hijos con speed (metanfetamina) para que alcanzaran mayor rendimiento, y a Andre, al ver que destacaba desde pequeñito le construyó una máquina –que el niño llamaba dragón- y que lanzaba pelotas a una velocidad supersónica, endiablada y brutal, y elevaba la red para obligarle a no perder ningún tiro del rival.

Como es natural tenemos en cuenta que escuchamos el punto de vista de Andre, habrá quienes piensen legítimamente que si el hijo llegó tan lejos fue gracias a la exigencia de su padre, pero aquí el debate que el libro suscita es la motivación, los hijos han de realizar sus propias trayectorias, construir sus vidas, orientados si es necesario pero no dirigidos, y teniendo en cuenta siempre sus deseos, ya sé que es difícil y muy fácil sin embargo caer en la tentación de pronunciar la consabida frase “aún no sabe lo que quiere, porque no tiene edad, ya lo comprenderá más adelante”. Pero no es lo mismo crecer en el ambiente de un negocio familiar y decidir por ti seguirlo que obligado, después tras haber invertido el tiempo en él sin saber a qué otra cosa dedicarte es complicado elegir, de modo que no hay tantas opciones como parece, y volvemos a la ambivalencia: cuando son profesionales ganan mucho dinero y es natural que el hecho en sí mismo parezca el alcance de la propia meta, el fin conseguido. Sin ánimo de justificar, y llegando a este punto sí me parece bien hacer de abogado del diablo para no dejar nada en el tintero y que consideremos las circunstancias que envolvieron a Emanoul a quien imagino como emigrante en pos del sueño americano y en un entorno como Las Vegas, lleno de oropeles y luces hipnóticos que invitan a creer que los caminos para alcanzar el dinero son fáciles.   

No obstante, "Open" nos habla de la búsqueda de tu lugar en el mundo, solemos pensar que ese sitio, tu sitio es un espacio físico, geográfico o laboral, y en realidad tu lugar en el mundo has de crearlo y tiene más que ver con el amor en todas sus vertientes. 

André Agassi si ha sabido rodearse de personas que han creado con él vínculo afectivo, porque siempre tuvo la certeza de que en realidad esa clase de relaciones son las únicas que importan.  

En el caso de Agassi, vemos a  Brooke Shields, su primera esposa, ambos pertenecían a mundos distintos, ella como actriz necesitaba relacionarse, acudir a eventos y fiestas nocturnas para ver y que la vieran y así recibir contratos, él en cambio para el suyo requería concentraciones y aislamientos. Si se casaron porque consideraban que estaban en la edad de dicha apuesta, o les faltó el amor suficiente para conjugarse y acomodar el respeto a sus distintas profesiones lo ignoro, lo cierto es que cuando llegas a esos pasajes en el libro te preguntas si además de enamorarse determinadas personas necesitan crear un proyecto común que Andre sí logró sin embargo posteriormente con Steffi Graf, la comprensión en toda su hondura estaba garantizada para ambos, infancias y sufrimientos musculares y emocionales semejantes, figuras paternas obsesivas -el padre de Steffi para colmo fue condenado por malversación- pero puestos a rizar el rizo, me atrevo a decir que sería triste que los deportistas de élite sólo pudieran optar por la endogamia, lo cierto es que el sol no se puede tapar con un dedo y salta a la vista lo muchísimo que ellos se aman, y cómo finalmente juntos encontraron su lugar en el mundo, cada uno ha creado su proyecto posterior al tenis, y esas obras sí las consideran verdadero logro suyo, una elección vocacional, la de Agassi es un centro educativo para niños y niñas con pocos recursos económicos, él abandonó los estudios a los catorce años y hoy su mayor deseo es que esos niños lleguen a la universidad, y en él ha empeñado su fortuna, además de conseguir donaciones que están convirtiendo dicho centro en uno de los más prestigiosos de EE. UU.

J.R. Moehringer

Al final amas lo que sabes hacer y el tenis para ambos, Steffi y Andre, es una simbiosis inseparable de sus vidas.

Con "Open" he comprendido que este agotador juego no es tan sólo lúdico porque es un deporte que saca el interior al exterior y en ese espejo el espectador -cómodamente sentado en su sofá- puede ver los demonios y noblezas del solitario héroe que se deja el hígado y la piel en la cancha superando -en tiempo de desarrollo porque son muy jóvenes- los juicios y prejuicios, maledicencias, difamaciones, críticas destructivas y también seguidismos feroces. 

Ante tu vista como espectador está la lucha de un ser humano más expuesto que los demás, y es la primera vez que he asociado al deporte con el arte y que he visto en él, los mismos efectos, pero he necesitado el vehículo de la literatura que es mi fuente de conocimiento.

He envidiado la importancia de un buen fisioterapeuta y el compromiso que estos profesionales sienten al contemplar un cuerpo en movimiento. Gil aparece como un eje en la mitad del libro para estar en el centro de la vida de Agassi. 

Tengo la misma enfermedad o afección que André Agassi, espondilolistesis, además de una poliartrosis superlativa ella -ya que se pone pues que sea a lo grande- que ha venido a sumarse y confieso que he llorado de pura cercanía por no poder abrazarle, y sabiendo como es ese dolor me he quedado atónita ante el aguante tan tremendo que este superhombre tiene.

No deseo a Agassi que sea feliz porque ya lo es y mucho, pero sí le envío toda mi gratitud por abrir las puertas de su corazón al mundo, con el deseo de que ninguno de los mencionados en las páginas se haya sentido herido, dado que se nota el cuidadoso esmero con el que protagonista y escritor han elegido palabras y hechos, sin venganzas ni morbosidades, entre las líneas queda dicho en modo sugerido y de forma elocuente lo que falta, a buen entendedor... y en todo el libro se hace muy patente la bondad y el amor de Andre Agassi.

Un abrazo y hasta el próximo encuentro.

Pili Zori

"La verdad sobre el caso Harry Quebert", de JOËL DICKER

Pros y contras.

No suelo hacer reseñas negativas, considero que es innecesario teniendo tantas opciones de lectura. 

Anticipo que este análisis tampoco será desfavorable pero sí va a contener algunos matices.

Antes de entrar en materia he de decir que me sumergí en esta historia viendo primero en Amazón Prime la serie homónima que se basaba en el libro del joven y exitoso autor suizo Joël Dicker.

Que la dirigiera el magnífico cineasta Jean-Jacques Annaud me pareció garantía de calidad.

Después vi que en nuestra biblioteca pública habían adquirido un lote para clubes de "La verdad sobre el caso Harry Quebert". 

comprendo que hice mal, en este caso, al empezar por el guion adaptado y no por el libro ya que aunque me sienta capaz de separar ambos lenguajes, el cinematográfico y el literario, debido a la trama de esta obra conocer el desenlace de antemano a la hora de leer sí importa. Pero cómo iba a imaginar que la tendríamos en la biblioteca. 

No quiero nombrar “La verdad sobre el caso Harry Quebert” como novela negra dado que actualmente en cuanto se produce un crimen dentro de las páginas de un libro de inmediato recibe el sello y pasa al catálogo, y a mi juicio dicho título hay que ganárselo, se trata de palabras mayores si pensamos en Dashiell Hammett, Ross McDonald, Raymond Chandler, Patricia Highsmith, Juan Madrid, Giorgio Scerbanenco… por citar a algunos de los más grandes, más de uno y más de una perseguidos por el senador Joseph McCarthy cuya sádica y paranoica caza de brujas contra intelectuales y artistas causó tanto dolor y estragos irreparables a intelectuales, cineastas, guionistas, comunicadores… en la quinta década del siglo XX. Los mencionados eran escritores llenos de lirismo que tiraban de la manta social para ver y analizar sin concesiones lo que había debajo, que se pringaban entrando a los infiernos de alcantarillas y cloacas de la corrupción en cualquier ámbito, que ahondaban en lo más recóndito del alma humana, que amaban con una dignidad fuera de códigos. Aparentes perdedores que todo lo ganaban sin embargo en decoro ético y en dignidad… por ello, en mi opinión -subjetiva naturalmente, quien lo desee que rebata- autor de novela negra es un título que hay que merecer y que requiere muchas tablas, y lo expreso con tanta contundencia porque actualmente hay un batiburrillo muy grande dentro del concepto “novela negra” en el que se mezclan suspense, misterio, investigación policial… y que nace directamente de la influencia de otras lecturas, largometrajes, series, o persigue de antemano que se conviertan en rodajes de cine o televisión sin que se produzca en muchos casos la voz propia, el estilo personal… Es como una moda invasiva que prefiero llamar Thriller. 

Y me parece bien, si hay demanda… la vida es tan inconclusa que el gran público agradece que se haga justicia al menos en el cine, en la pantalla de su televisor, o entre las tapas de un libro, y que cacen a los asesinos tras una buena investigación, o un juicio sagaz con abogados defensores y fiscales eficientes porque produce una gran satisfacción. 

En realidad me disgusta separar por géneros, ya que sólo me importa que las novelas sean literatura, y no trama, trama, trama y poca hondura, con muchas vueltas de tuerca, truculencias repentinas y sexo en los momentos convenientes, mirada exterior sin introspección y que narren los hechos como en una crónica dándole que te pego a la pizarrita para dibujar las sendas hipótesis, pues para ese plan leo el periódico por la sección de sucesos. 

Si sólo me van a dibujar personajes estereotipados sin que el lector deduzca cuáles son las causas de sus comportamientos, los motivos, el por qué… entonces no estamos hablando de literatura sino de un producto con un mecanismo muy interesante que produce mucha curiosidad y un gran interés pero que tras el entretenimiento y la evasión no deja huella, además se trata de argumentos que pueden seguir patrones fáciles de aprender. En una novela tiene que haber algo más que cale a mayor profundidad, que conmueva, que no te deje fuera como a un voyeur.

Vamos ya con las de cal, que por lo visto en el dicho "Dar una de cal y otra de  arena" la cal es la buena.

Uno de los logros de Jöel Dicker es el de haber conseguido adentrarse en la mentalidad rural y más retrógrada de cierta zona de los Estados Unidos, no señalo porque no se debe generalizar ni juzgar y en todas partes hay honrosas excepciones, y el autor consigue que su mirada no resulte extranjera, y en ese sentido logra la universalidad.

La trama es perfecta, todos los cabos se atan finalmente tras haber enredado al lector en el juego de las sospechas obligándole a seguir pistas falsas y a ponerse a sí mismo en cuestión por ser mal pensado, por sacar conclusiones anticipadas sin tener toda la información que el autor dosifica con maestría si sabe utilizar el gotero. 

El retrato social de apariencias, racismo y mentalidad machista y falso puritanismo es bastante corrosivo. Aunque un tufillo a misoginia también impregna las páginas ya que la madre de Marcus al igual que la de Jenny, Tamara, están caricaturizadas en exceso al ofrecer a los hijos como mercancía para buenos casamientos y perpetuar así un sistema de vida basado en el status y el oropel de la superficie.

Los dardos contra el mundo editorial dirigido por mercachifles sin escrúpulos, y sin pajolera idea de cómo se construye el esqueleto de una obra literaria, pero sí saben apoderarse del trabajo del escritor haciendo y deshaciendo, son bastante reconocibles. 

Y el desenlace un magnífico cierre de justicia poética que a mi criterio está mejor logrado en la serie, pero ese detalle no le resta valor a la novela dado que la idea es del autor y no del cineasta.

Y ahora vienen las de arena:

Creo sin embargo que Jöel Dicker desaprovecha personajes muy potentes por entretenerse en demasía en colocar bien los hilos para demostrarnos que lo sabe hacer, y eso en mi opinión es el trabajo de campo que se le presupone a todo escritor que se precie, pero que ha de quedar fuera ya que al lector no le hace falta conocer los detalles del making off.

A veces he tenido la sensación de que el autor reunía y colocaba muy bien los ingredientes del manjar pero que después no sabía cocinarlo y que estaba haciendo un ejercicio de escritura repleto de hipótesis y vueltas de tuerca excesivas.

Los diálogos entre Nola y Harry me parecen muy flojos y es una pena porque en esa línea fronteriza de joven con mayor, de sentimientos ambivalentes, de desasosiegos y renuncias cabe todo un mundo puesto a prueba, y un magnífico debate.


Resulta que Nola es muy virginal y de repente sí sabe hacer algo que requiere experiencia sexual, en fin… 

Los golpes de efecto llegan de súbito, sin que haya dejado rastros o huellas, sin proceso evolutivo. 

El comportamiento evasivo del padre de Nola, frente a un automaltrato, por mucha impotencia que genere también es incomprensible. Pero claro el secreto que padre e hija ocultan es enorme y muy difícil de manejar.

A veces confundimos la riqueza y la extraordinaria tecnología de los Estados Unidos con mentalidad avanzada y a las pruebas me remito, ahí tenemos a Trump multitudinariamente votado y la que se avecina en pérdida de derechos duramente conquistados. el racismo y la xenofobia latentes...

Durante la lectura ha habido momentos en los que he tenido la sensación de que en realidad el autor lo que quiso escribir fue la relación iniciática de escritor joven con otro artista literario ya maduro y consagrado, y hablar de la transmisión del conocimiento. Y me pareció original ver dos novelas en una, metaliteratura y sus mecanismos, y me dije que en el fondo esa clase de relación era la parte principal y protagonista de la historia, y la desaparición y muerte de Nola el ejercicio secundario, es decir: trama y subtrama invertidas, pero si Jöel Dicker se hubiese limitado a escribir dicha relación es un tema que en este momento tn mercantil ninguna editorial le habría comprado.

Puede parecer -dados mis argumentos hasta ahora- que la novela no me ha gustado, y no es así, precisamente lo que me ocurre es que me da lástima que Jöel Dicker no haya desarrollado cada planteamiento con más profundidad y sin embargo, como ya he dicho en renglones anteriores, a cambio se haya entretenido en pesquisas laterales, ya que la amistad y la lealtad son puestas a prueba, así como la ética y las tentaciones y esos sí que eran para mí los temas esenciales. 

Me ha encantado como comienza Marcus siendo un niñato con talento -si se me permite tildarle así- que busca el camino corto, la ley del mínimo esfuerzo, que nadie le haga sombra, el enriquecimiento rápido y como finalmente crece en honradez, dignidad y compromiso salvando todos los escollos por defender una amistad apasionada. 

Ha habido momentos en los que he creído intuir que Harry Quebert era como el amigo imaginario que Jöel Dicker habría querido tener y ese pensamiento me producía una ternura infinita, los escritores tendemos a la soledad y el ensimismamiento aunque estemos rodeados de amor y buena gente, es el precio de un tipo de sensibilidad que el oficio requiere y una manera de ser que nada tiene que ver con que seamos insociables. Símplemente nuestro lenguaje esencial es escrito y escribir requiere espacios largos de concentración absoluta frente a la pantalla o al papel. 

Si me he atrevido a decir todo lo anterior es porque sé que mis opiniones no harían daño a este autor, entre otras cosas porque mi altavoz es diminuto, y porque me consta que está curado en salud de buenas y malas críticas, pero creo que en el fondo Jöel Dicker no buscaba esa clase de fama, siento que al igual que su protagonista ansiaba el prestigio, la obra maestra, y me temo que con el camino que ha elegido o le han trazado se va a forrar, y está muy bien porque podrá vivir de su escritura, pero que no era lo que quería, por suerte es muy joven y terminará pudiendo elegir, y escribir con más sosiego.

Un abrazo y hasta el próximo encuentro.

Pili Zori.

CUADERNO DE NOTAS: De nuevo Arturo Pérez Reverte

 Sigo creyendo que en el contundente artículo que os dejo debajo de mis palabras (pulsad el enlace), de nuevo Arturo Pérez Reverte tuvo y tiene toda la razón. Él descendió a los infiernos de las guerras y conoce otros códigos de honor y otras éticas que se dan cuando dicha perversión se produce y que a los demás nos pondrían a prueba, seguramente con suspenso asegurado.

No obstante subrayo que igual que existe el buen uso de la palabra y un decálogo de dignidad del reportero también dichas honestidades son aplicables a quienes utilizamos redes, ese es mi deseo al menos.

La parte buena de este abuso de navegación descontrolada es que los documentalistas de mañana tendrán un buen filón con tanta foto, y ese arsenal no es malo incluso con las imágenes de los brutos de corazón que hacen la V con los dedos, ponen morritos y levantan una pierna -como A. P. Reverte dijo en su escrito- ante la ignominia y el dolor de una catástrofe para dejar constancia de que han estado ahí.

No somos hombres o mujeres por el hecho de nacer, crecer y multiplicarnos como las setas tras la lluvia, tenemos un buen trecho para convertirnos en personas, y no es fácil lograrlo.

Hace poco en una entrevista le escuché decir refiriéndose a la amistad:

"...Son códigos que están fuera de las ideas".

Es cierto, a menudo nos sentimos muy cerca de alguien antagónico y lejos de quien se supone afín.

Mis sentimientos hacia Arturo Pérez Reverte son ambivalentes y confieso que a veces le juzgo -sin duda de forma injusta- como elitista sentencioso que se sitúa por encima y presume de grueso equipaje cultural que utiliza como arma arrojadiza, un broncas que se arroga el derecho a aleccionar como si dicho bagaje fuese la única vara de medir, el aro por el que todo el mundo ha de pasar, que cree que su canon de lecturas: "el gran saber" clásico mediterráneo, es el único y que si no lo posees corres el riesgo de recibir el castigo de su menosprecio.

En esos momentos también mis elucubraciones me dicen que se le nota como a todos nosotros, los de su misma generación, que no tuvimos enseñanza mixta de chicos y chicas juntos compartiendo pupitres, ni en primaria ni en secundaria, aquel tiempo en el que las mujeres sólo eran valoradas por su belleza estética, eran las novias de los amigos o colegas -a ellos sí había que respetarles el trofeo- sin embargo a ellas no se las consideraba como amigas o compañeras. En fin, huecos y lagunas que se rellenaron con idealizaciones a cierta distancia y que sin ser misoginia creaban mundos aparte, así venía después la desmitificación. Pero tras estas miserables evaluaciones mías -especulativas y de baja estofa- me detengo y le escucho con atención en otros encuentros y coloquios, y le contemplo cuando muestra apasionado o se le escapa lo que de verdad le conmueve y entonces la tierra tiembla sonora bajo sus pies, y es precisamente ahí donde me nace el respeto por su persona discrepe o no de lo que piensa, siente o dice, le envidie o admire, porque el aprecio genuino aparece cuando se muestran por completo los claroscuros.

Atrás quedó su beligerancia en Twitter, el insultómetro masivo, él no había medido la repercusión de ese espejo cóncavo y deformante.

En esta etapa dulce de su existencia noto que ha alcanzado la serenidad, y que su balance -con la aportación que él le ha hecho a la vida y que ella le devuelve con sobresaliente- es muy bueno profuso y fructífero y me alegro. Y de nuevo llego a la conclusión de que es un artista enorme como cuando comencé a leer sus primeros libros, y un hombre honrado y transparente con muchos más aciertos que errores, y da gusto verle sonreír con la voz acelerada y los ojos repletos de entusiasmo, palabras y reflexiones que se atropellan para salir por sus labios, tal es su infinita fluidez.

Aunque seguiré sin compartir los berrinches que pilla con los nuevos intentos de lenguaje inclusivo tales como niñes, otres... porque al menos yo no le veo ninguna intención manipuladora a la ministra de igualdad, creo que ella tan sólo desea crear o encontrar un espacio visible para un sector de la población sin que nadie tenga que rasgarse las vestiduras por ello tanto si los vocablos chirrían como si no, van vestidos de academia o de calle, y el fin me parece bueno.

Pili Zori

Éste es el enlace al artículo: https://www.zendalibros.com/turistas-la-idiotez-perez-reverte/?fbclid=IwAR3Z2T0ygXhnnr7KOu_PtLA6lwG9F19KrpPdX12i9n_ik3wYJYulbILLhNU

CUADERNO DE NOTAS: Pobres de pedir

 Continúa el síndrome del día de la marmota, la cosa no cambia, mientras haya alguien a quien echarle la culpa... pues hala, para eso están los inmigrantes. Pero si llamamos al pan pan y al vino vino en realidad lo que ocurre en los pliegues más oscuros y recónditos de los bajos instintos de quienes dicen "yo no soy racista pero..." es que desprecian al pobre, sienten una feroz fobia a la pobreza, a la penuria, a la necesidad, a la indigencia, a la carencia, a la miseria, a la estrechez... pero lo que no piensan -quienes creen ilusamente tenerlo todo resuelto- es que caer en ella es más fácil de lo que parece y entonces ¿quién te ampara si a ti te sucede?, ¿los extranjeros ricos afincados en nuestro país -también inmigrantes- a los que les haces la ola ayudando a que no paguen los impuestos correspondientes?, "pobrecitos", qué desagradecidos, qué mala educación, qué desprecio... seguro que se van a otros reinos más baratos donde no les acribillen y en los que puedan ser magnánimos? 

En fin, los derechos de la Constitución española empiezan a parecerme una novela extraordinaria de ciencia ficción peligrosa y subversiva.

En estos terrenos en los que es tan fácil que te hagan la envolvente, para orientarme y discernir bien ante cualquier conflicto social siempre me pregunto: ¿A quién le conviene? ¿Quién saca tajada? ¿A quién le interesa que continúe o que se resuelva?, el interrogante suele ser bastante clarificador y de inmediato obtienes la respuesta, otra cosa es que no la quieras ver, o saber, "Ande yo caliente..."

Lo malo es que entramos en lo más crudo del crudo invierno, como diría Shakespeare, o si te resulta más cercano Kennet Branagh, y si en las arcas no hay remanente... pues no te salva ni la caridad.

Os doy un abrazo, al menos eso de momento no se puede confiscar.

Pili Zori

CUADERNO DE NOTAS: Envidia

 Con independencia de que seas feliz con lo que tienes y de que sepas vivir sin crearte necesidades absurdas como la de sufrir por el bien ajeno -que siempre es relativo dependiendo del enfoque- bien por sentimientos de inferioridad o bien por los de superioridad, sí es obligatorio sin embargo intentar que la vida de todos mejore, al menos en igualdad de oportunidades, esa lucha en mayor o menor medida hay que ejercerla.

No estoy hablando de conformismo por ser dichoso con lo que has conseguido ni con lo que seguramente seguirás logrando, ni de falta de afán de superación y mucho menos de resignaciones, se sobreentiende.

A menudo aclaro que es diferente "pelear" por amor  a la libertad que  por odio al patrón, puede que aparentemente el resultado sea el mismo, pero la intención cuenta porque es la que de verdad transforma por dentro y por fuera.

Después siempre habrá quien comiendo un bocadillo de jamón mire con recelo al de al lado que disfruta con otro de mortadela.

Ese bajo instinto que es la envidia forma parte de todos nosotros y hace el mismo daño a quien la siente que a quienes va dirigida, y todo el que observa menos el sujeto que la padece se da cuenta de que esa animosidad, ese resquemor, esa tirria o esa rabia que está sufriendo es envidia pura y dura por mucho que la envuelva con argumentos, además de egoísmo y de falta de generosidad. 

De modo que la próxima vez que veamos que alguien ha ganado prestigio, reconocimiento, dinero, amor... si nuestra reacción es negativa y no sentimos alegría porque se nos pinza el estómago o el corazón en vez de abrir los brazos y extender una enorme y sincera sonrisa, detengámonos a discernir si el bocadillo de mortadela encima del de jamón se nos atragantaría.

Todos sumamos y somos necesarios en nuestras pequeñas o grandes exclusividades. Trataré de recordarlo.

Pili Zori

SEVEN SECONDS, serie de TV

 En los primeros episodios sientes que tal vez estás ante un tema muy manido: corrupción policial norteamericana, racismo, delitos de odio, narcotráfico… pero pones interés porque comprendes que continúa siendo necesario, sobre todo allí, en los Estados Unidos, desmenuzar y pormenorizar dichos problemas y no sobra ni estorba que analicemos las circunstancias agravantes y atenuantes desde distintos ángulos o enfoques. 

Enseguida adviertes que la falta de luz y de color -muchas  escenas son de penumbra para recalcar el estado de ánimo y la atmósfera cerrada y angustiosa- la nieve grisácea y la crudeza del despiadado invierno neoyorkino han sido elementos elegidos a propósito para subrayar la dureza. 

Que veamos la estatua de la libertad dando la espalda no puede ser más significativo, y debajo la gran mancha de sangre sobre la nieve sucia. 

Los escenarios cambian con una rotundidad hiriente, estamos en la otra cara de la lujosa Nueva York, en sus malas calles, en la lucha de gentes que quieren despojarse de la pobreza y defender la dignidad pero que viven atrapadas en invisibles callejones sin salida que no se sabe a quienes interesa conservar, tan sólo hay dos opciones, o alistarse en el ejército, o directos a la esquina para vender y comprar droga. 

“Si muero en otro país soy un héroe” -dice Seth- “si muero en las calles de mi ciudad soy un delincuente, y ninguna de las dos cosas es verdad. No son nuestras calles, éste no es nuestro país.”

Hay escenas en las que sin palabras y a través de la mirada de Seth comprendemos que no existe diferencia entre la guerra de dentro y la de fuera, y el asunto no va sólo de matarte a trabajar para apartar y sacar de ese entorno a tus hijos, la lucha no consiste sólo en abandonar el gueto de forma individual o familiar, el logro es hacer que desaparezca ese disimulado apartheid. 


El adolescente atropellado -por el conductor que no le asiste y se da a la fuga con el encubrimiento de sus compañeros policías- pasa doce horas de agonía hasta que un perro da la alarma, de nuevo el inhumano subrayado.

Ese muchacho que contemplaba los hermosos cielos desde el puente surcados por gaviotas y respiraba la libertad de su vuelo, tenía la vida por delante, qué fácil es condenar y despreciar de antemano tan sólo por ver unas botas y una bicicleta de determinadas marcas, a ese prejuicio se limita reconocer la identidad de las falsas apariencias que opacan la verdadera y singular esencia de una Persona. "Todos somos sociedad" dice una amiga mía, se ve que se nos olvida. 

Qué más da si le endiñamos el muerto a un indigente, si son la escoria, y el fallecido un pandillero, ¿qué hacía si no en ese parque, con esa bici y ese calzado? Carne de cañón.

La serie está llena de equivalencias y contrastes, adicción al alcohol en un desvalido mendigo y a su vez en una chica negra de “buena familia” que no es “de barrio” como dan por supuesto algunos al mirar su piel. 

¿Quién decide qué es una buena familia? Por desgracia la droga desbarata esas fronteras y Nadine la chiquilla del mechón  de pelo morado lo corrobora.

“Saca buena fama y échate a dormir” expresa un dicho de por aquí, y eso le pasa a los Estados Unidos, no comprendo cómo se les sigue viendo ejemplares y mira que sus artistas, en especial los cineastas señalan a grito pelado dónde están las heridas por las que supura ese país, y que conste que no me ensaño, al contrario, lo digo con mucha pena por toda la gente admirable que ha dado y sigue dando a pesar de los pesares, como decía la canción “cuando Dios hizo el edén pensó en América.” Pero para nada esa nación es tierra de oportunidades, para que el sueño americano  suceda ha de haber igualdad y en una tierra en la que se paga por la salud, la educación… por todo en definitiva, pues las oportunidades son para los de siempre, y no es “victimeo” sino realidad pura y dura.

Quizá me he convertido en una vieja anticuada, pero recuerdo a mi madre cuando, preocupada, decía mirando la pantalla del televisor -ante escenas en las que alguien abría las puertas con ganzúas para robar por ejemplo-: “Hay que ver cuánto malo enseñan las películas”, ahora pienso que en Hollywood a lo largo de décadas se han hecho tantas de acción o patrón tipo con mamporros que en la vida real serían mortales, tiros, sangres… que o bien reflejan un modo social de ser o han normalizado una violencia ficticia que de tanto verla termina por convertirse en real. Pero ahí siguen con su chauvinismo y sin pizca de autocrítica. 

A mi madre le encantaban las películas de juicios, al menos en la pantalla se hacía justicia, y en Seven Seconds también se produce un litigio magnífico con posturas perfectamente contrastadas, aunque el desenlace de esta serie no es el deseable y mi madre se habría llevado un disgusto, pero en su trascurso dicha insatisfacción fílmica nos invita a tomar conciencia, a pensar en qué habríamos hecho nosotros en las mismas circunstancias, a discernir que si quieres matar a alguien lo hagas tú, y no lo delegues ni se lo endilgues a otro, nos enseña a no ser cómplices ni encubridores ya que si amas, amas bien y apencas con las consecuencias y acompañas y esperas al cumplimiento de la condena, hay cosas que no se le pueden pedir a la pareja por mucho bebé que hayas tenido con ella o con él, no se chantajea a través de los hijos, ni los hijos son excusas que hagan que todo valga. 

De algún modo la serie deja resquicios por los que se podría salvar lo insalvable, admitiendo el daño y reparándolo ya que cada personaje acarrea sus demonios y errores, pero ese dolor no los justifica. 

Joe Fish Rinaldi es el claro ejemplo de cómo hay que ser, él también podría tener dichos fantasmas, pero los encara, y nos muestra en qué consiste exactamente la valentía, que nada tiene que ver con la chulería ni con los testículos, y rige su vida a través del sentido de la justicia, mientras palía la ansiedad masticando chicle. Por suerte hay personas así en el mundo, muchas, y es extraordinario cuando se cruzan en tu camino. 

La mancha de sangre sobre la nieve me pareció el dibujo protector  de una gaviota.

A veces pienso que si Dios existe en cualquiera de sus formas estará hasta las narices de nosotros.

Un abrazo.

Pili Zori

BORGEN, serie de TV

 He terminado de ver la serie danesa Borgen. Antes de entrar en materia confesaré que comencé a mirarla con mucha prevención, se centra, nunca mejor dicho, en la primera ministra de Dinamarca, ficticia naturalmente, que dirige un gobierno de coalición, y cuenta el día a día de la trastienda política, el espectador contempla las negociaciones y entresijos de partidos, es decir lo que los ciudadanos no vemos, y ese detalle es en sí mismo parte del atractivo.

Desde el principio sabemos que la primera ministra pertenece a "Los Moderados", formación centrista, y de entrada nos encontramos con la presentación del líder -en ese momento- de otro de los partidos, el que denominan  Obrero, que curiosamente es xenófobo, carente de ética y sin demasiados escrúpulos, entre otras lindezas que se ponen de manifiesto cuando más adelante pasa a formar parte del cuarto poder, la prensa, en su caso amarilla. Y llegados a ese punto me dije: ¡Ya estamos!, ¡la primera en la frente!, serie tendenciosa ¿y qué necesidad tengo de ver el culto a la personalidad de esta mandataria creada a propósito tan atrayente para que te identifiques y desees ser como ella en todos los sentidos, cuyos preceptos sin duda no voy a compartir?, pero  en ese instante me detuve e hice mi primera reflexión: han realizado la serie bajo este enfoque que no ocultan, me dije, quienes quieran filmar otra con distinta adscripción pues que la hagan, en cualquier caso no tengo por qué identificarme y tampoco he de ponerme a la defensiva, y una vez vistas las posiciones de todos los personajes me relajé. Hay que escuchar y observar para comprender, ¿acaso no es eso lo que me exijo siempre? Y después sacar mis propias conclusiones. 

Dentro de mis reticencias pensé también que tal vez fuera demasiado simple y didáctico el discurso de Borgen y que en la vida real las reuniones que desarrollan los políticos en despachos y salas serán más complejas, pero de inmediato recordé el nivel de zoquetismo y también de zoqueterismo –salvando enormes distancias, por supuesto- que a menudo vemos en las pantallas de los televisores de nuestro país y me alegré de que aunque el guión de Borgen fuera de trazo grueso para definir la alta política los espectadores de a pie lo agradecíamos. Y lo cierto es que la serie nos recuerda -tal vez a toda Europa- aquel tiempo en el que como sociedad tuvimos ideales, sentido ético y moral, aquella época en la que nos definíamos -cada uno en su espacio electoral- de forma diáfana, en la que la corrupción era vergonzosa e impensable en cualquier sede, la militancia algo de lo que sentirse orgulloso, y supimos convivir con todas esas cartas boca arriba y buscar y propiciar encuentros. 

Sí, existió esa época sin puertas giratorias, que ahora parece increíble. 

Mientras miraba las escenas, casi todas en interiores -Adam Price el creador es dramaturgo además de escritor y guionista- tuve que recordarme que en cada país los conceptos aunque lleven el mismo nombre cambian, hay derechas menos y más recalcitrantes, más o menos democráticas, izquierdas con mayor o menor dilema sobre si prefieren ser cabeza de ratón o cola de león, escisiones a la carta o uniones irrompibles, traiciones, lealtades, tránsfugas, cambios de nombre pero no de contenido y viceversa… y es importante conocer las diferencias. Además Dinamarca, ese país de tan sólo cinco millones de habitantes, tiene fama de ser una de las naciones más avanzadas, justas e igualitarias del mundo, y bien merecía la pena echarle un ojo a todo lo que mostrase cada capítulo en sus fondos y trasfondos sobre la forma de vivir y de afrontar las alegrías, amores, pesares y conflictos de sus gentes.

La estructura de Borgen, el ritmo, la composición y los hilos conductores son magníficos, está extraordinariamente cosida tanto en la parte pública como en la privada y en como ambas inciden entre sí. 

He estado todo el tiempo como una orate hablándole a la pantalla, debatiendo y discutiendo con los personajes sin ser consciente de la evolución o involución que cada uno de ellos junto a mí iba experimentando, en absoluto maniquea, ni estereotipada sino muy humana en sus aciertos y también en sus errores. 

Me parecía paradójico que unos políticos que luchan por la conciliación familiar no la practicasen, es ya casi un tópico aplicable al mundo entero que determinados trabajos requieran dedicación absoluta y disponibilidad las 24 horas del día, pero en mi opinión en el caso de los dirigentes es un mal ejemplo que se contrapone a la lucha de tantos años por conseguir jornadas razonables que permitan dar empleo a más gente, y a su vez acabar con las horas extras que indican dicha necesidad de aumentar plantilla, se supone que la eficacia es saber delegar y confiar en el equipo. No obstante, en algún momento la serie toca el tema de la adicción al trabajo que por muy vocacional que éste sea no está justificada. El precio no debería ser perder a la pareja, o deteriorar a la familia, ni que para las mujeres suponga una sobrecarga de culpa. 


Al parecer en Dinamarca hay tantos casamientos como divorcios, casi parece un pacto o acuerdo tácito, y tampoco termino de creerme que sea tan idílica la comodidad de que tras la separación la relación se convierta invariablemente en amistad y se ocupen, de mil amores, de los hijos –sin abogados por medio- tanto el padre como la madre y así gocen de tiempo libre una u otro, ambos con casa propia o alquilada… no sé si habrá que verlo así, el mensaje consciente o inconsciente de la serie es muy positivo y viene a decir que de todo se sale muy civilizadamente y al final se encuentra a otra pareja más apropiada, en fin, que en Copenhague no parece tan dramática la ruptura, aunque cuesta un poco creerlo, pero si es así me alegro infinitamente, comparado con el dolor de ver cada día en nuestras noticias asesinatos de mujeres pues si mirar a Dinamarca hace que cunda la emulación, bendita sea la envidia por los nórdicos… Justo es decir que también hay parejas duraderas y Borgen las señala.

Las ayudas sociales son muy dignas allí, pagan a los estudiantes una cantidad que les permite vivir con independencia, pero vuelvo a insistir en que es una población de cinco millones de habitantes, no sé si por esa causa el reparto es más fácil. Todo apunta a que se trata de una sociedad en vanguardia, aunque en todas partes cuecen habas, deseo que no se estropee.

Lo cierto es que en la serie se tocan y debaten los temas cruciales de la sociedad danesa, económicos, de integración, educación, sanidad… pero he echado de menos el Ministerio de Cultura, la cultura siempre es la gran olvidada, cuando está demostrado que el acceso a ella es precisamente lo que más transforma en justicia y equidad.

Borgen toca muy bien los medios de comunicación y avisa del peligro de convertirlos en aquella locución latina “pan y circo” tan alienante, aquí esa plaga panadera y circense desgraciadamente la tenemos desde hace mucho tiempo, y no me excluyo porque soy teleadicta, vulgar y morbosa como todo el mundo, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Hablaría sin parar de Borgen, y de ese país tan interesante, que tanta innovación ha generado: el creador de Lego, ha aportado a sendos premios nobel, al Grupo Dogma… Al ver la serie he comprendido que cada oficio requiere su talento y Birgitte Nyborg lo tiene, y aunque ahora la política está muy denostada debemos recordar que también es una ciencia importante y un don de enorme responsabilidad.

La interpretación de actores y actrices es insuperable, tan creíbles en su naturalidad, tan conmovedores al aguantar esos primeros planos invasivos, al objetivo de la cámara no se le puede engañar. 

Borgen merece muchísimo la pena. Y a su modo es auocrítica.

una década más tarde se hizo una precuela titulada Borgen, reino, poder y gloria. No os confundáis, comenzad por Borgen a secas, son tres temporadas de 10 capítulos cada una. 

Un abrazo.

Pili Zori