LA AMIGA ESTUPENDA, serie de TV

 Aviso: para quienes entráis al blog a través de facebook y no hayáis visto la serie completa, puede haber detalles que desvelen pasajes de la trama. 

Mi reseña o comentario se compone de dos partes, en la primera hablo de las curiosidades que surgieron alrededor de los libros en los que se basa la serie, temas de trastienda que no influyen en la obra, y la segunda, separada por asteriscos, trata exclusivamente de la serie en sí.


Basada en la trilogía de la ¿autora? Elena Ferrante, enseguida explico las interrogaciones.

Vaya por anticipado que no conocía ni el éxito tan meteórico de las novelas ni tampoco el de la serie, de modo que me la he bebido con mirada virgen y sin estorbos circundantes externos a ella, he caminado con ansia al lado de todos los personajes y acontecimientos completamente entregada y sin salirme de la pantalla ni un segundo para analizar escenas, fotogramas, planos, diálogos, voz en off…, como suelo hacer de forma habitual.

Llevaba mucho tiempo sin sentir tanto interés apasionado por piezas de cine, para mí esta magnífica obra es absolutamente cinematográfica, pero al terminar de verla he cometido el error de buscar bibliografía de la escritora, también de los directores y equipo de cada episodio y, cómo no, del superlativo elenco de intérpretes, y me he topado con varias incertidumbres que me han desasosegado porque han hecho que me sienta engañada e ingenua, hasta que pasadas esas primeras sensaciones me dispongo a ir por trozos, como diría Jack el destripador. 

Antes de comentar la serie hablaré primero del hallazgo que supusieron los libros de Elena Ferrante como éxito sin precedentes.

EL ESCÁNDALO.

¿Acaso fue un producto editorial elaborado a propósito para mujeres lectoras, con estudio de mercado incluido y toda la veneranda que asegurase el llenado de la buchaca? 

Puestos a pensar mal...

No me parece de recibo que ahora los hombres tengan que parapetarse tras nombres femeninos para que sus libros sean leídos, como ocurrió con las mujeres escritoras en otro tiempo, ninguno, ni ellos ni ellas, tienen necesidad de recurrir hoy a ese subterfugio, es más, me parece una mofa irrespetuosa hacia todos los avances conseguidos.

¿BAJO PSEUDÓNIMO?

Al parecer se produjo un gran alboroto en su día, porque se puso en duda si Elena Ferrante era en realidad un hombre, dado que la susodicha se mantenía en el anonimato y sólo aceptaba entrevistas que pudiera responder por email sin mostrar imágenes de sí misma.

Según cuentan o especulan -porque una vez sembrada la duda ya no sabes si todo puede formar parte de la misma creación artificiosa de un producto editorial con fines exclusivamente lucrativos-, un reportero depredador y sin escrúpulos a la hora de traspasar los límites deontológicos, escarbó y siguió el rastro de las cuentas bancarias que especificaban el pago por los ejemplares de las novelas vendidas de La amiga estupenda, y afirmó que por ese medio había descubierto que la verdadera Elena Ferrante era Anita Raja, una escritora, más conocida como ensayista y traductora de obras literarias alemanas que como novelista, y esposa -atentos al dato- del aclamado narrador Doménico Starnone. 

Así fue como, supuestamente, el fisgón desbarató el misterio. Pero la falta de credibilidad de dicho "periodista", al que no nombro para no darle más cobertura porque no me parecen honestos sus métodos ya que, por lo visto, entre sus muchas virtudes, estaba la de inventarse  entrevistas morbosas con famosos, e hizo que otros investigadores, también del periodismo, finalmente confirmasen dicha identidad siguiendo la pista de las suculentas ganancias por los derechos de autor, de modo que en este caso el "lanza trolas" tuvo razón, -como es natural hablo de oídas y “leídas”-, y no me extrañaría que el rastreo, a su vez, también formase parte del engorde del producto, dado que montajes más rocambolescos y prolongados en el tiempo se han visto, que se lo pregunten si no a Tele 5 que proviene de Italia. 

En cualuier caso, la escritora es una persona privada, no una política que tenga que dar explicaciones sobre su patrimonio, y tampoco delinque por ganar dinero con su trabajo, tanto si se esconde como si se exhibe en público. Pero el mal ya estaba hecho. Es lo que tiene la pérdida de la credibilidad, que nos estropea la fe. 

No sé qué habrá de cierto o de mentira en este asunto, pero la duda y la desconfianza quedaron sembradas.

Me pregunto ¿y qué trabajo cuesta decir la verdad?, si lo escriben entre dos, o entre cuarenta y la madre, en cine se hace y aparecen en los títulos de crédito uno o más guionistas, ¿cuál es el demérito?, ¿lo de siempre?, ¿que la literatura "escrita para mujeres" no merece la pluma o la rúbrica de un renombrado varón?, ¿a qué viene este juego –si es que lo fue- que hace que el lector o espectador se sienta manipulado desde púlpitos de marketing editorial o altas esferas? Nadie es quién para situarse por encima del lector ¡qué se han creído!, un libro, como he dicho en otras ocasiones, lo puede leer igual un rey que un mendigo, intelectuales o autodidactas... 

En fin, todo el mundo puede entrar en las páginas que le plazcan sin que tengan que decidir por él o por ella lo que le va a conmover y cultivar, tenemos derecho a elegir aunque nos veamos limitados a hacerlo dentro de la oferta que hay, pero escogemos al fin y al cabo. 

FEMINISMO.

Aclaro -aunque a estas alturas no debería hacer falta- que no me molesta que un autor sepa usar voz de mujer, al igual que una escritora puede utilizar voz de hombre, al contrario, celebro ambas, y partiendo del feminismo tampoco creo que sea necesario esclarecer que la noble lucha por la igualdad incluye a los hombres, ni pienso que haya que volver a explicar que el feminismo no es una guerra de sexos, ya cansa. 

Me mosqueo mucho si creo que se han reído de mí o que han decidido a qué clase de público lector pertenezco, y si existe dicha clase, o que se crean con derecho a experimentar conmigo como pigmaliones pensando que seré previsible y decidan lo que me conviene o no. Por esa misma razón no he querido leer nada del famoso trío tramposo "Carmen Mola", en general sentó como un tiro que les salió por la culata. Aquí, en nuestro país, se firma con nombre y apellidos.

Añado que me parece genial el trabajo en equipo y que tanto para la literatura como para el cine o las series, la recopilación, la labor documental, testimonial o las historias referidas son imprescindibles como alimento y materiales de construcción para levantar la estructura y no restan valor creativo al escritor o escritora. En los talleres del Renacimiento había aprendices y ayudantes que se ocupaban del trazo grueso, de rellenar. ¿Por qué no reflejarlo, entonces?, ¿por qué ocultarse bajo pseudónimo?, ¿acaso La amiga estupenda es escritura menor para todo un señor premio Strega?, si es que el prestigioso “marido de…” tiene algo que ver, porque como ya he dicho en renglones anteriores, no afirmo, tan sólo conjeturo a tenor de lo que he leído, ¿o es que ella -la esposa de...- es menos que él y esa sombra de éxito comercial empaña la categoría del galardonado? ¡Qué hartazgo de elitismo absurdo!

Lamento ser tan mal pensada. Y como deseo equivocarme pues ahora voy a jugar a hacerlo al revés, y por ello argumentaré lo contrario a lo que he dicho antes dando paso a mis contradicciones:

¿QUIÉN SE PUEDE PERMITIR EL LUJO DE NO HACER BOLOS EN EL MUNDO DE LA LITERATURA?

He comentado que iré por partes, por ello doy un giro al despiece o una vuelta de tuerca y  seguiré especulando, esta vez a la inversa. Allá vamos con el juego;

OTRA HIPÓTESIS.

Un autor o autora pueden ser brillantísimos con el lenguaje escrito, puesto que permite que te tomes tu tiempo para pensar, corregir, subir, bajar, colocar párrafos en lugares distintos para componer, quitar, añadir…, pero no tienen por qué resultar igual de deslumbrantes con el lenguaje oral en el que los interlocutores producen interrupciones y se añaden mil aspectos  ambientales que influyen y afectan a la conversación y a la agilidad mental y verbal, hablar es más expuesto porque da vértigo, y comprendo que algunos novelistas prefieran escribir, que es lo suyo, y quedarse en su casa calladitos, tranquilos y en paz, puesto que se supone que el trabajo de promoción le corresponde a la editorial, pero en la actualidad los narradores han de ir de encuentro en encuentro como el arca del turronero, y a la gran mayoría le gusta ese contacto con sus lectores, ese periplo se le da bien y suma, pero no ocurre con todos, otros creadores son tímidos y tienen menor disponibilidad para andar de tren en tren, de bus en bus, de taxi en taxi o de aeropuerto en aeropuerto, y los bolos no tienen por qué ir incluidos en el sueldo o en los porcentajes, no somos estrellas del rock, ni reyes del mambo, el camino es de ida y vuelta y también se pueden desplazar los editores a los hogares de quienes tienen como oficio escribir, sin duda serán bien recibidos.

Así que explicado lo hipotético, voy a ser bien pensada, continuaré con la otra suposición:

Me pongo en el lugar de Anita Raja y me digo que si ella prefirió parapetarse bajo el pseudónimo de Elena Ferrante y estar tranquila en su despacho y el misterio ha favorecido su escritura, pues me alegro y retiro mis palabras anteriores pidiendo perdón. Que su narrativa sea más populachera o al contrario, más elevada -intelectual y artisticamente-, queda a criterio del lector que es soberano tanto si es avezado como si no.

***


LA AMIGA ESTUPENDA


Ahora sí, ya puedo hablar de la serie que me ha encantado incluso con las pequeñas pegas que podría ponerle en partes sociales que me parecen algo esquemáticas y resumidas, porque el global es impresionante en todos los sentidos. Una bellísima obra de arte. Algunos "fotogramas" -por no decir todos- son dignos de estar en un museo pictórico.

Retrata un tiempo en evolución desde los años cincuenta del siglo XX, tan parecido al de España -en los barrios de clase trabajadora- que la similitud apabulla, esta vez contado y protagonizado por mujeres, que desmenuzan su interior de forma descarnada, como una confesión, sin importarles si quedan bien o mal, pero con enorme ternura  comprensiva de fondo.

Contemplamos todas las relaciones de dominio y sumisión que se producían en el interior de las casas, vemos como se institucionalizaba y se aceptaba el maltrato físico y anímico porque no había otros ejemplos posibles y se admitía como normal esa conducta hegemónica, posesiva y de abuso.

Ni las madres de la serie -en especial la de Elena- entendían, al principio, como reivindicaciones las inquietudes de sus hijas, les parecían rebeldías de contestonas desobedientes e irrespetuosas que había que domar a base de bofetadas y palizones, sin comprender aún que esas hijas defendían los derechos de todas sin demasiada consciencia aún, y gran parte del malestar materno se debía a un inconfesable y contradictorio sentimiento de envidia y admiración.

Observamos la lucha de clases y también el desclasamiento cuando los hijos se avergonzaban de sus padres, cuando querían dejar atrás su origen sin salidas e intentaban entrar en otro estatus que suponían mejor, pero al conseguirlo descubrían con tristeza que para la mujer no había grandes cambios en una posición o en otra, en una ideología progresista o de izquierdas o en otra conservadora o de derechas, a ellas invariablemente se les hacía caer en más de lo mismo: quedarse relegadas a la crianza de los hijos, al cuidado de la casa, y que se buscaran la vida y el hueco para seguir estudiando si así lo deseaban como entretenimiento, o ejerciendo su carrera entre fregado y planchado. Talentos femeninos -dolorosamente perdidos- de la época, e irrecuperables en pro, a menudo, de parejas mediocres.

Dos niñas extienden su amistad durante toda la vida con un vínculo irrompible en el que se salpican de forma alternativa los recelos y los estímulos mutuos, pero bajo los pequeños odios y rivalidades siempre está el gran amor que las sostiene, una es superdotada, pero la precariedad y el pensamiento obtuso de la familia le impiden estudiar, no ve el modo de salir del pozo de la miseria, e intenta, con acierto o sin él, abrirse paso de distintas maneras, se lanza al vacío sin red, y cuando puede estudia por su cuenta porque esa es su natural inercia aunque le trunquen las iniciativas. Como reitero a menudo el arte y el talento buscan caminos y se abren paso incluso en las peores circunstancias. 

Desde niña Lila es consciente de quienes son los que ejercen el abuso de poder, representado por la familia Solara, y como una pequeña David frente a Goliat contrapone su fuerza.

Diseña zapatos innovadores, cuando en su casa le impiden seguir estudiando, pero le roban las ideas sin respeto alguno, comenzando por la maestra que revictimiza a la víctima culpabilizándo a la niña por las estrechas miras del padre, Lila sabe cuando la utilizan como moneda de cambio y se niega a ser abatida, comprada..., y nunca se doblega, el precio recibido durante toda su infancia, adolescencia y juventud son pedradas, palos y agresiones, con peligro incluso de perder la vida, para que se someta y adapte al orden establecido en el barrio separado de otras formas de vida por el simbólico túnel. Por encima los trenes van y vienen mostrando que hay otros mundos, y oportunidades que se pierden si no te subes a ellos. 

Lila observa los paseos y alardeos con el coche de los vástagos de la poderosa familia, y ve cómo se llevan a dar una vuelta a las muchachas inocentes para devolverlas mancilladas antes de que hayan podido conocer un amor límpio, y sabe por instinto lo que ocurre, posee valentía, va de frente y planta cara aunque se la partan. 

La primera vez que confía en un hombre, en el mismo día de su boda éste le derrumba los pocos sueños de ser apreciada, valorada y comprendida que le quedaban, y aunque de algún modo ella lo barruntaba, la decepción de que hasta él la utilice es irreparable, ha pisoteado la palabra dada y Lila ahora sabe que ella no ocupa el primer lugar, que la prioridad es el dinero, que no ha sido elegida por sí misma, y que su familia y ella han de ponerse al servicio de un negociante que estaba luciendo como trofeo a la más deseada del barrio. 

Ese mismo día, a su vez, Elena, a la que el padre de Nino ya le robó el candor frente al idílico e inmenso mar visto y disfrutado por vez primera como alegoría de libertad, termina de perder los ideales que sobre el amor tenía, ambas se miran a los ojos con profunda y recien estrenada tristeza, una pena nueva de esas que rompen los cimientos emocionales reduciéndolos a escombros. 

En su casa también ven los estudios como moneda de cambio para salir de la plebe, nunca son consideradas en sí. 

Elena, consigue llegar a la universidad con beca y escribir, y que su obra se publique gracias a la editorial de su suegra, privilegio que le viene dado por noviazgo y casamiento aunque su literatura sea buena, se ha arrimado a un buen árbol como se suele decir, pero no hay gran diferencia en el reparto de tareas o estimas entre el barrio alto y el bajo, ni en las imposiciones masculinas, más disimuladas bajo el refinamiento, pero con la misma brutalidad y egoísmo camuflados. 

Costó mucho que las escritoras fuesen reconocidas como voces y miradas nuevas por los "señoros" académicos y críticos que se erigían como seres superiores que debían encauzarlas según su ortodoxia, ese olimpo de dioses clasistas no estaba destinado para ellas. Y tuvieron que aguantar memeces absurdas de las que espero que hoy se arrepientan, los que aún viven, a tenor del resultado, las escritoras pisaron fuerte amparadas por un numeroso público que oxigenó y levantó el mundo editorial, pero recuerdo a la perfección los dardos envenenados que le dedicaban aquí en sus comienzos a Almudena Grandes. 

Me encantan los descubrimientos de Elena y Lila, lo que se cuentan y lo que deciden omitir, su tremenda sinceridad, tan odiosa a veces, las amas a ratos y otros las detestas. Son personajes en evolución, facetados, poliédricos, con los claroscuros extraídos de aquel tiempo, con una relación tóxica para algunos espectadores bajo el punto de vista de hoy, y humana y comprensible para otros. 

Las interpretaciones son magníficas, cada minúsculo gesto introspectivo captado por la cámara es hipnótico. La transición en el crecimiento físico y anímico apenas se nota, es una asombrosa simbiosis, salvo en la última temporada en la que los nuevos actores elegidos para la etapa de madurez, al menos a mí, me rompieron la armonía de las tres anteriores.

No nacemos enseñados, las agresiones sexuales y el conocimiento del cuerpo y del placer propios, dentro de sentimientos ambivalentes, está plasmado en la serie con destreza insuperable, ambas protagonistas se iban conociendo a sí mismas a base de caídas y tropiezos, de desilusiones muy duras, de aprender mirando a los demás para interiorizar, no para imitar, puesto que las dos son genuinas, una más instintiva, más echada para delante, en apariencia, aunque también le resulta difícil saber lo que quiere sin replegarse al deseo que despierta en los hombres usándolo mal a veces, dominante, competitiva, caprichosa, abismal e incluso malvada y oscura en algunos momentos, aunque dispuesta a asumir los errores pagando todas las consecuencias. 

La otra es la dependiente, también en apariencia, la dulce, la reflexiva, la sensata, la prudente, la que sosiega y calma, hasta que comprendemos que sus escollos son iguales o mayores, y que hace menos ruido, pero se impone del mismo modo, con la misma contundencia apasionada cuando aprende a escucharse por dentro, ambas prueban lo que se espera de ellas hasta que comienzan -tras humillaciones sutiles y también toscas- a encontrar su propia voz. 

No olvidemos esa frase clave del principio, cuando eran niñas, Lila, después de intercambiar las muñecas de cada una, tira la de Elena por el ventanuco de un sótano. Elena responde con fuerza, midiéndose en igualdad y exclama: "Lo que tu haces lo hago yo" y también arroja la muñeca de su amiga por ese abismo, finalmente veréis como esa pérdida se convierte en una ganancia al cambiar dichas muñecas por un libro, el rol de jugar a las mamás conservadoras y convencionales queda abolido, nada está escrito al azar en el guión y los símbolos son rotundos y bellísimos además de estar bien cosidos.  

Las dos provienen de un barrio pobre situado en Nápoles en el que transcurrió la infancia de una generación que ya empezaba a romper con la anterior, un microcosmos cerrado en el que se anticipan las revueltas fascistas, la potestad de las familias mafiosas, a las que se les rinde pleitesía por miedo y también por admiración hacia el poder que otorga su dinero o por deseo de tenerlo sin venderse.

Contemplamos la lucha universitaria junto a la obrera en la que también había que limar el soterrado desprecio mutuo u orgullo mal entendido, excluyente, puede que de ida y vuelta y por ambas partes, antes de saber caminar juntos puesto que a su vez el "obrerismo" se subió a la cabeza, y como dice la canción de Víctor Manuel: "O aquí cabemos todos, o no cabe ni Dios". 

Y ellas, prisioneras en cualquiera de los ámbitos dirigidos por el modo de pensar preponderante de los hombres que ellos no sabían todavía poner en cuestión, amparándose en la ley del embudo que es la que imponen los privilegiados: lo ancho para mi y lo estrecho para ti, yo sí puedo tener amantes pero tú no..., salvo honrosas excepciones, así pasaba, que ellos quedaban sumidos en la perplejidad cuando eran abandonados por desamor sembrado a pulso, hasta los modositos tan dulces al comienzo: Te poseo y te cosifico y adornas y me resuelves la vida cotidiana tal y como yo, tu marido, la entiendo, pero las decisiones las toma el esposo y tú das un paso atrás y te repliegas a ellas. 

La serie es brutalmente didáctica sin pretenderlo. 

Un mundo puesto patas arriba en la búsqueda valiente de las que se atrevieron a decir no a aquello que no querían para sus vidas aunque todavía no supieran lo que sí necesitaban. Porque tanto si trabajaban dentro o fuera de la casa, tanto si tenían bellas jaulas y hermosas joyas y bonita ropa en los armarios, como si no, la explotación resultaba similar y la necesidad de aprobación y de recibir permiso para ser, no para tener, también. 

A las claras o con trampas ellas se las ingeniaron para rebelarse tirándose sin paracaídas, porque como he dicho otras veces la represión, institucional o privada, termina por reventar a las personas por muy acoquinadas que estén a base de tenerlas bajo control, y todo tiene un límite.

Encontraremos la forma de entendernos como sociedad, metiendo también las piezas íntimas de hombres y mujeres para que el puzle se pueda terminar, sólo así podremos verle las ventajas a prosperar amándonos sin dominios ni rendiciones, buscando la comprensión y la forma de hacer equipo, pero por desgracia aún queda mucho.

Mientras tanto seguiremos escuchando la voz de las mujeres y mirándonos de verdad y sin miedo en espejos como éste, el arte sirve para pulir el azogue en el que se reflejan con nitidez cualidades y defectos, vergüenzas y también dignidades. 

Mi generación perdió mucho allanando el camino para entregarselo límpio y sin maleza a quienes vinieron después. La gratitud no está de sobra.

La serie es un hermoso lienzo de neorrealismo en color, como dice mi compañero de vida. Un lujo de sensible y delicada composición, dirigido con preciosa sutileza. Un reflejo para quienes vivimos aquel tiempo y también para los miembros de nueva generación que deseen conocer sus orígenes, es importante saber de donde vienes para llegar bien a donde vas, al fin y al cabo la vida es como un ir y venir en metro, hay que conocer sus líneas para no perdernos durante el viaje. 

Así que no os perdáis este precioso indicador del trayecto que es La amiga estupenda porque en ella se encuentran todos los recorridos sin apenas salir de la barriada, como se suele decir: "lo local es universal". 

La serie es un canto y en cierto modo un réquiem a un tiempo que no va a volver, pero que fue nuestra arcilla. 

No importa si no te rebelaste, si te conformaste, si no encontraste la salida, tu pensamiento sí lo hizo, y el pensamiento siempre es libre e influyente, no creo en la máxima que dice "Predicar con el ejemplo" porque algunas veces no se puede, como les ocurrió a las madres vencidas de las protagonistas, la libertad se saltó un turno y pasó por encima.

Un abrazo y hasta el próximo encuentro con los libros, las series o el cine.

Gracias por vuestras visitas, cuidaos mucho. Os quiero.

Pili Zori

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