"Gabriela, clavo y canela", de JORGE AMADO

No habíamos leído en el club literatura brasileña, la experiencia ha sido interesante a pesar de que la novela no ha entusiasmado, enseguida explico por qué, llevamos tanto tiempo de andadura entre libros que a mis compañeras no les cuesta ningún trabajo establecer las separaciones: por un lado la parte artística y por otro el debate que la lectura suscita, dichos coloquios siempre son sugestivos con independencia de que el libro guste más o guste menos. En el caso de “Gabriela clavo y canela” el exceso de personajes a muchas las confundía y eso que sobreentendían que la verdadera protagonista es la ciudad de Ilhéus en su proceso de desarrollo económico y social y que dentro del multitudinario elenco en realidad los personajes principales que componen el entramado son pocos: “las autoridades”, o personas “relevantes”, es decir lo que se ha definido siempre como “fuerzas vivas” (los coroneles, el ingeniero, el médico, el maestro, el juez, el librero…) y también daban por hecho que los demás personajes que van apareciendo en las páginas sólo sirven de apoyo para crear la atmósfera y la ambientación; que el punto de encuentro en el que todo confluye es el bar restaurante de Nacib, el brasileño de origen sirio, lugar neutral que a todos da cabida situado justo en el centro de la urbe y que el amor entre Gabriela y el sirio es el eje sobre el que la novela gira. Pero aún así a mis amigas les faltaba la imagen de algunos, y es una crítica digna de tener en cuenta porque el autor ve a los personajes en su imaginación pero ha de dar las pinceladas suficientes para que el lector los reconozca cada vez que aparezcan, con el nombre no basta aunque sean secundarios o simples figurantes, todas recordamos como Irene Nemirovsky llevaba un éxodo de gran cantidad de personas en “Suite francesa” sin crear ninguna confusión en el lector.

La novela de Jorge Amado les pareció además reiterativa en muchas páginas. Y a pesar de que supimos asomarnos a ella como quien va de visita a una ciudad y tiene el privilegio de que un ilustre guía autóctono le vaya mostrando paisajes, casas, habitantes y narrando los acontecimientos más llamativos e importantes de su historia reciente no enganchó sin que ello signifique que no le diéramos un valor enorme al hecho de poder ver con detalle cómo se va civilizando una ciudad que se configuró a tiros y a golpe de imposición por la fuerza; cómo se van puliendo y matizando las formas de pensar, las leyes…; cómo se gesta la corrupción, cómo la prosperidad requiere paz y cómo ésta se instaura aunque al principio se base en intereses más que en solidaridad. Una de nosotras le concedió al autor un mérito enorme por levantar una ciudad y meter en ella a tantos personajes, darles vida y saber llevar el orden de aparición de cada uno de ellos en el momento apropiado.

El autor dibuja con mano maestra a los personajes femeninos para que veamos las pocas opciones de libertad y desarrollo personal y laboral que tenían en el tiempo que nos refleja, -o eran esposas o eran mancebas, y en un escalafón descendente prostitutas, no había otra salida-, Jorge Amado nos sirve un contraste entre las leyes naturales y las sociales a través de Gabriela a quien representa como espíritu libre e incontaminado por intereses materiales, ella es la reivindicación de la alegría y la naturalidad instintivas, es un regalo precioso, atrevido y valiente que el autor nos hace para demostrar que se puede vivir fuera de las presiones e imposiciones sociales, la solución que el escritor busca puede compartirla o no el lector, pero lo que no puede negar es que fue un adelantado que nos dijo que la convivencia en pareja se puede vivir de muchas formas sin necesidad de hipocresía y que los compromisos que ambos adquieran sólo a ellos les competen. Gabriela no es flor para un jarrón, ni ave para jaula, Amado supo hurgar en el corazón femenino para poder explicar cómo se mutila la alegría de una mujer, cómo se le apaga el fuego: con críticas y control, con moldes en los que no cabe. El ave de paso si se queda es porque quiere.

Confieso que durante muchas páginas me impacienté muy mosqueada preguntándome si la novela iba a transcurrir todo el tiempo por la exaltación de la belleza femenina juvenil, por lo de ganarse al hombre por el estómago, -Gabriela es una cocinera extraordinaria-, por lo del reposo del guerrero, -Gabriela es fogosa, complaciente y entregada-, por lo de darle valor, a la mujer que permanece al lado de un hombre, sólo cuando su “posesión” le interesa a otros, es decir por el aguijón de los celos… En fin, que si el masculino discurso iba a ser el habitual de las bromas, macheríos y fanfarronadas de bar de algunos tíos pues yo me apeaba del barco, me reproché la falta de sentido del humor e incluso alguna animadversión envidiosa por mi juventud perdida y así anduve por los renglones despotricando hasta que llegué a Malvina y el pasaje de la brutal y humillante paliza que le propina su padre y vi cómo a pesar de todo ella no se doblega y decide que no necesita a un hombre para desarrollar la vida que desea, entonces entendí al fin el retrato que el autor estaba haciendo con las luces y las sombras y le agradecí esa mirada irónica pero tierna propia de quien ve los defectos de sus seres queridos con equidad pero no por ello deja de amarlos, vi cómo plasmaba con sus pinceles un tiempo y comprendí hacia donde estaba inclinando la balanza: siempre hacia los desfavorecidos y las mujeres lo eran en Ilhéus y desgraciadamente en muchos casos y lugares lo siguen siendo, no hay más que recorrer el mapa para comprobarlo. Amado no pone por casualidad a los transeúntes del Sertao llegando a Ilhéus, como tampoco dice por casualidad que se les llamaba esclavos, con ellos ensambla los dos mundos y Gabriela es el broche, también Clemente sueña con adquirir un terreno para tener algún día su plantación de cacao, pero todos sabemos que eso no es posible.

Una de mis compañeras refiriéndose a Malvina se preguntó con pesar por qué la rebeldía, la revolución siempre comenzaba en las clases altas, era una pregunta retórica, ella misma se respondió que porque dichas clases poseían la información.

No sólo se requieren los medios de producción también se necesita el acceso a la cultura y dicho acceso para bien o para mal pertenece a la burguesía, no obstante las mujeres de distintos estratos que salen en la novela son valerosas, Gabriela es analfabeta pero cuando ha de tomar posición asume el riesgo y tiene muy claras sus lealtades, ese detalle nos llevó a pensar con alegría que tal vez el sentido de la justicia sea innato, otra compañera subrayó que Gloria, la manceba, a su modo también se reivindica saliendo al balcón para mirar y dejarse ver frente a una sociedad que de noche la consiente y en público la repudia, y por último la madre de Malvina levantando la voz para gritarle a su marido “No mates a MI hija” también demarca el límite.

Jorge Amado fue el político más votado de Brasil, más tarde sufrió persecución y exilio por sus ideas, primero fue asilado en Argentina, después se refugió en París y finalmente fue acogido en Praga, sus libros fueron quemados, -a los represores siempre les da por la piromanía inquisitoria-, por eso es un gozo saber que hoy el aeropuerto del paraíso que es Ilhéus lleva su nombre y que podemos comer en los dos restaurantes que aparecen en la novela, sé que de algún modo Gabriela inspirará los platos que en el 2012 sirven en el Vesubio, y en él sentiremos la presencia de Nacib que tanto se parece a Jorge Amado.

Es muy hermoso el final en el que el sirio como al principio vuelve a comprar un broche para Gabriela, el pequeño adorno es una sirena, creo que ninguna imagen podría definirla mejor, pero yo quiero agregaros la mía: durante toda la lectura Gabriela me recordaba la preciosa canción de Joan Manuel Serrat “Como un gorrión”. Creo que le va como anillo al dedo, (no me refiero al de matrimonio que nunca se quiso poner sino a cualquiera de los otros que Nacib le regalaba sólo por el placer de obsequiarla para que sonriera feliz). Aquí os la dejo como regalo.


Es menuda como un soplo
y tiene el pelo marrón
y un aire entre tierno y triste
como un gorrión.

Le gusta andar por las ramas
ir de balcón en balcón
sin que nadie le eche mano
como un gorrión.

Nació libre como el viento,
no tiene amo ni patrón
y se mueve por instinto
como un gorrión.

Pajarillo pardo...
En la Carrera de San Bernardo,
quedó tu nido seco y vacío
quizá algún niño ya lo robó.

Pajarillo errante
que bebe el agua de los estanques
y de mi mano jamás comió.

Y no le vende al alpiste
su calor ni su canción
por ahí busca su lechuga
como un gorrión.

Y le da pena el canario
pero no envidia a un halcón.
Le gusta volar bajito
como un gorrión.

Y tutearse con las nubes
y dormir en el rincón
donde no llegan los gatos
como un gorrión.



Un abrazo y hasta el próximo encuentro en el que habremos leído “La niebla y la doncella” de Lorenzo Silva.

Pili Zori

Una de cine: "Más allá de la vida" (Clint Eastwood)

Me ha sorprendido leer en internet malas críticas sobre esta película, me han producido tristeza, naturalmente respeto las opiniones e impresiones de cada cual, como veis he dicho opiniones e impresiones –personales y subjetivas- porque no sé si quienes emitían dichos juicios son profesionales que manejan evaluaciones estilísticas, que conocen el lenguaje cinematográfico, el esquema argumental, la forma de situar los planos, de mover la cámara de utilizar el sonido, la dirección de actores, la actuación de los protagonistas…
Hace tiempo que me ronda por la cabeza hacer una matización que debería ser innecesaria, así que disculpad el perogrullo, en nuestro idioma utilizamos la palabra “crítica” para referirnos a un análisis, un estudio más o menos extenso, más o menos somero, más o menos académico de un “producto” artístico. Crítica viene de discernimiento, de criterio, pero me temo que el uso más extendido de esta palabra es el que le da significado de objeción, y creo que de forma inconsciente se confunde ser crítico con ser criticón, y por alguna razón siniestra el criticón cree que sus descalificaciones le confieren un barniz que le hace brillar y sobresalir elevándolo sobre una nube de vapores elitistas.


En nuestro país venimos de una educación en la que prevalece la crítica negativa por encima de la constructiva. La crítica negativa señala a la persona y no al error diciéndole que es mala, no que a veces hace cosas equivocadas, que es muy distinto. En una palabra: culpabiliza. La crítica constructiva sin embargo señala el fallo, “te has confundido de papel, o de tuerca o de tornillo…” es positiva hace que aprendas de dicho fallo para el futuro, la negativa mira hacia el pasado, “siempre estás igual, eres un desastre…” Aunque parezca una simpleza lo que acabo de exponer no lo es, porque se trata de una actitud trasladable a todos los ámbitos de nuestra vida, pareja, familia, amigos, trabajo… y el efecto dominó cambia el mundo dependiendo de cual de las dos conductas elijas: hacer trabajo de equipo a base de estimulación eficaz y asertiva o diseminar la humillación por todas partes en relaciones de poder.

Aunque no quisiera confundir, no estoy enviando el mensaje de que todo valga, soy consciente de que en el caso del cine al igual que en el de la literatura se filma y se edita mucho, pero tras la criba quedan muy pocas películas y novelas rotundas que merezcan la pena.
El trabajo de Clint Eastwood, especialmente el de los últimos años, a partir de “Los puentes de Madison” es para descubrirse una y otra vez, otro asunto es que el espectador tenga sus preferencias dentro de toda la obra de este cineasta enorme, pero sabiendo que parte de una calidad artística de gran profundidad.

Le tengo un gran respeto a la palabra escrita y me duele que a menudo muchos internautas la usen con ligereza, y no hablo de expresarse mejor o peor sino de hacerlo honestamente desde el corazón, desde la reflexión incluso cuando se escriba en clave cómica, no hay nada más serio que la comedia. Como espectadores tenemos el derecho soberano de sentir, opinar, analizar… como nos salga de las narices, ¡faltaría más!, pero también debemos escarbarnos para ver si nuestro análisis responde a unas expectativas que el cineasta no nos ha propuesto. A menudo tendemos a buscar lo conocido si nos ha sido grato, esperamos los mismos sabores que nos gustaron en las comidas y los comparamos en lugar de paladear los ingredientes nuevos, en una palabra nos desconcertamos ante lo desconocido. Pero cada evento requiere una vestimenta. “Más allá de la vida” es un encuentro íntimo, y lo apropiado es acercarse a él con ropa cómoda y sencilla, Eastwood nos invita a una velada de confidencia, de interior.
“Más allá…” es una apuesta fuerte y puede que el espectador esperara un “Entre fantasmas” que aguardara las respuestas de un intelectual de gran predicamento y en su lugar haya recibido preguntas, las mismas que él se hace, que todos nos hacemos, pero insisto en que el desafío es fuerte porque Clint Eastwood explora un territorio lleno de prejuicios y engañifas y por ello se empeña en clarificarlo diferenciando la espiritualidad de la superchería, nos muestra y define el contraste entre los cantamañanas -que hacen lecturas espiritistas colectivas valiéndose de las artimañas del pícaro- y George (Matt Damon) que vive su “don” como una desgracia que le aísla y le produce sufrimiento, (no sé si el hecho de que haya escogido a uno de los protagonistas de la serie “Entre fantasmas” como hermano de George será un guiño crítico o un enlace, porque a su modo también dicha serie intenta normalizar ese espacio de viajeros en tránsito en el que tantas culturas y religiones creen).

Puede que el tsunami que aparece al principio en la película también creara expectativas de gran film efectista de género de catástrofe, pero el error sería nuestro, del espectador, porque para mí queda claro que a Eastwood no le importa mostrar la magnitud de la ola sino la de los segundos que te pueden cambiar la vida y nos recalca la fragilidad a través de una mujer de éxito, prestigio y estabilidad vital frente a un imponderable, Marie Lelay la incisiva periodista política francesa no volverá a ser la misma, el desprestigio, la extrañeza y la mirada de aversión y lástima de sus colegas deja a la vista lo que decía en renglones anteriores: no vale que seas tú, has de ser siempre lo que se espera de ti. A pesar de que ella avala su libro y su experiencia con gran documentación médica y científica el compartimento al que es enviada es al de los chiflados con la consiguiente bajada de todos los escalafones y el arranque de las vallas publicitarias cual si fueran galones, estrellas o medallas de pronto inmerecidas. Tampoco sé si Peter Morgan, el guionista, junto a Clint Eastwood, envían una recriminación, velada o abierta, a la “vieja Europa cínica y descreída”, también los americanos, incluidos los ilustres, tienen sus prejuicios además de sus lagunas y ‘ninguneos’; para ellos Europa la forman Francia, Italia y Alemania, los demás no existimos, y no es que se me haya olvidado el Reino Unido. No. Es que los británicos son considerados “de los suyos”. Bueno, pero esta dispersión es una maldad mía anticuada y también prejuiciosa, pido perdón por este arrebato patriota que no viene a cuento, siempre hay honrosas excepciones, Arthur Miller, Woody Allen, Paul Auster y el propio Obama sí saben dónde estamos y además vienen a vernos. Retomo: la cuestión es que la editorial de Marie Lelay que tanto se ha nutrido de su talento, para la publicación de este libro le recomienda otro mercado como el americano o el inglés, ahí quería llegar con este largo inciso, como si bucear -y en este caso nunca mejor dicho lo del buceo- en esa zona frágil y fronteriza entre la vida y la muerte supusiera entrar en un terreno casposo de mediums y adivinos que la deja fuera del Olimpo de los oráculos mediáticos a los que hablar de los chismes y amoríos de un presidente francés en cambio sí les parece información de altura.

Me gusta muchísimo cómo el director hace que las tres historias desemboquen en el mismo sitio buscando un vértice en cuya punta confluyen la paz y la esperanza además del amor, me encanta que sea en un entorno con libros, cómo se reconocen, cómo la soledad y el aislamiento desaparecen cuando se establece entre ellos el mismo lenguaje porque ambos han estado en el mismo lugar. Me parece precioso que sea el niño quien les enlace. Me maravilla cómo ha captado las atmósferas, francesa e inglesa, con sus modos de vida respectivos, dando apenas cuatro pinceladas certeras, como distribuye los silencios, como economiza palabras y gestos para dejar los justos, para lograr la precisión, el equilibrio, la armonía condensando así el halo de poesía que junto a la envolvente música compuesta por él rodean como un abrazo toda la narración. No siempre la apoteosis ha de ir unida a los zambombazos, a veces un silencio es más poderoso y sonoro que cualquier explosión, las dos miradas entre Marie y George, el pequeño roce de los dedos al entregar el libro para que ella lo firme y la certeza del sentimiento de amor mutuo se producen en silencio y sin embargo dicho silencio inunda con la fuerza de un tsunami tu interior.


He leído que el equilibrio era desigual entre las tres historias. No puedo estar más en desacuerdo, casi se pueden medir con un metro las tres partes, la interpretación es igual de potente en los tres personajes, unidas por el mismo ensimismamiento, la misma tristeza e igual incomprensión, a alguien que escribe y piensa en música jamás se le escapa la simetría, incluso aunque elija un diseño aparentemente asimétrico habrá piezas que marquen la unidad, que hagan juego que formen el conjunto. Pero lo que más me maravilla es su mirada fija y valiente, no podemos olvidarnos de la edad que Clint Eastwood tiene, ¡ójalá que todos sepamos mirar de frente con la entereza, la sabiduría y la bondad con la que él mira!

Estaría toda la noche señalando y desmenuzando cada uno de los logros que la película contiene, pero me conformaré y cerraré con el broche del enorme respeto que Clint Eastwood siente por los niños que están en el umbral de la adolescencia, y también por los jóvenes, ya daba buena cuenta de ello en “Gran Torino”, fronteras poco comprendidas y tratadas a menudo con estereotipos manipuladores y manidos, la relación entre los hermanos gemelos con su madre es tan hermosa y aleccionadora que te deja sin palabras: el coraje de hacer lo que hay que hacer, la entrega absoluta sin considerar la dificultad de las circunstancias, Clint Eastwood nos muestra lo que es esencial en la vida: amar y ser amado y nos recuerda que hay un solo comportamiento adecuado: la honradez.

Un abrazo
Pili Zori

"El secreto del orfebre", de ELIA BARCELÓ

Dentro de mi particular canon “El secreto del orfebre” de Elia Barceló junto a “La tregua” de Mario Benedetti son las dos novelas de amor cortas más grandes que he tenido la suerte de tener entre mis manos.
“La tregua”, tras un montón de años sigue a mi lado en el recuerdo aunque no haya podido volver a abrirla –la presté y aún no ha regresado a mí- por tanto ha resultado una maravillosa novela larga por su prolongada compañía. Podría parecer que las dos historias carecen de nexo de unión por el estilo y tratamiento tan distintos, pero yo sí se lo encuentro: en “La tregua“ también se da una relación de mayor con joven que reserva una sorpresa inesperada, no siempre el vulnerable es el mayor, a veces la parca también se encapricha y secuestra al joven para invertir ese orden que no sé por qué nos han dicho que es el natural.

Como su título nos indica esta preciosa novela es un extraordinario y singular trabajo de orfebrería.
No sé si tendrá que ver o no con un detalle generacional, pero aunque sea una frivolidad, espero que perdonable, a mí me gusta pensar que sí y jugar a coincidir, Elia Barceló tiene mi misma edad y al igual que a Quentin Tarantino se le notan como poso sus lecturas de comics durante la infancia, a nosotras se nos trsnsparentan entre las líneas algunas series televisivas en las que un curioso transporte inamovible te trasladaba, sin embargo y en cuestión de segundos, a otra parte en el espacio temporal e ibas y venías por el cronológico sin una arruga y sin haber perdido milagrosamente ni uno solo de tus átomos. También se nos ven en el magma las lecturas que indagaban en la preocupación por el tiempo y su relatividad, nos pasábamos las horas a vueltas con Einstein juntando años y luces y mirando estrellas que ya no existen y que sin embargo vemos... Con H.G. Wells y sus máquinas, viendo a H.P. Lovecraft buscar por los resquicios la apertura hacia la cuarta y la quinta dimensiones y si me apuras también las llaves de la sexta, la séptima y ya puestos a dimensionar la octava, creo que no hay más; Carlos Castaneda también se nos asoma entre por las páginas en otro tipo de viajes más alucinados y el propio Fulcanelli nos lleva de misterio en misterio y de catedral en catedral; hasta Dalí nos permite escurrirnos por los toboganes de sus relojes blandos. Puede que Elia leyera o no a estos autores que acabo de mencionar, pero el aire sí estaba impregnado por ese afán de dominar el tiempo y dicho aire sí lo compartíamos.
Pero ya he advertido que mis palabras iban a ser pura anécdota especulativa frente a lo más hermoso de la novela “El secreto del orfebre” que es la realidad en la ficción de amar atravesando dicho tiempo sin que importe el aspecto de la cáscara, es más, corrijo, lo bonito es que la Sra. Barceló transgrede el tópico para que en dicho viaje a destiempo la añorada por el protagonista sea Celia adulta y no la joven, así como para Celia él, a quien le rebusca bajo su piel de diecinueve años los 23 que le faltan, aquellos a los que acarició primero, y lo hace tan creíble que el lector sólo desea que la ciencia lo explique para darle la razón a la autora y se queda con gusto en el último piso del Empire State a esperar a Celia junto al protagonista para que no decaiga, por los siglos de los siglos si es necesario y en cualquiera de sus edades.

Nadie ha definido aún la eternidad, tal vez sea como esos laberintos arbóreos, o un difícil entramado de papiroflexia y todo se reduzca a conocer sus ringorrangos o sus pliegues y a saberlos desdoblar, tal vez sólo así, aprendiendo los lugares en los que se besan los distintos planos logremos coincidir y quién sabe si desde el presente podremos ir a repasar el pasado enmendándole así la plana a nuestra historia, por algo estaremos dándole vueltas al tema, intentando bucear por todos esos territorios todavía insondables para buscar una buena trascendencia.
Hay una frase que se repite en “Disfraces terribles” y es la de “Has vuelto” que tanta controversia produjo en nuestro club de literatura. Atravesar al joven para llegar al mayor, ¿suplantar?, ¿proyectar?, ¿buscar en otros al mismo?, en el caso de “El secreto del orfebre” sí es el mismo hombre, en “Disfraces terribles” no, y finalmente sí hay definición y Amelia distingue y consigue amar en cada tiempo y por separado a cada uno de los dos, en el pasado a Raúl y en el presente a Ariel, aunque para ello parta de una bifurcación.
Me gustaría tanto preguntar, si pudiera, a Elia por esa constante en su literatura, me encantaría indagar en el origen de ese "has vuelto". No se puede aguardar más que hacia adelante, de momento no hemos conseguido hacerlo hacia atrás. Pero nos queda el consuelo, de que al menos en el universo particular de Elia Barceló los protagonistas pueden permanecer por siempre, yo también he jugado a eso en alguna de mis novelas, lo escrito es lo que tiene, que queda, puede que por ello quienes escribimos utilicemos tanto el flashback, como venganza para dominar el tiempo y arreglar lo inconcluso de la vida.

Por alguna hermosa razón también esta novela me ha remitido a una bellísima película de Jaime de Armiñán: “La hora bruja”, en ella los protagonistas pueden disfrutar de una cena de gala en un lujosísimo hotel, la bruja les ha trasladado en el tiempo y en esa época su pobre dinero se convierte en millonario.

Hace unos días escuchaba a un gran chef español decir que el talento desaparece si se pierde la humildad, “…si crees que lo sabes todo no aprendes y la inspiración se va.” Los cocineros están siempre atentos a lo que elaboran otros creativos de su gremio, y se sienten maestros y alumnos a la par. Creo que la escritura al igual que la gastronomía son dos artes muy similares que tienen mucho que ver con las elecciones y decisiones del autor, con la distribución de los tiempos, el trepidar de la cocción o el caramelizado a fuego lento, con las dosis y los elementos sorpresa, la composición, el armado, el brillo, el recipiente… ambas artes requieren una delicada y larga elaboración que sin embargo se consume en mucho menos tiempo del requerido para prepararla. Por ello y haciendo alarde de humildad –en este caso las dos palabras, alarde y humilde, sí concuerdan- proclamo que me sentiría privilegiada si pudiera asistir a cualquiera de las clases que la escritora imparte, tengo entendido que Elia Barceló además de enseñar literatura también adiestra en disciplinas de estilo. Ha sido un gran descubrimiento, poco a poco iré adquiriendo toda su obra, de paso comprendo las valientes decisiones de la editorial Lengua de Trapo y tal como está el patio, con tanta ausencia de mecenas, chapeau por ellos.

Un abrazo y hasta el próximo encuentro en el que habremos leído “Gabriela clavo y canela”, de Jorge Amado.

Pili Zori

"Mil soles espléndidos", de KHALED HOSSEINI

Produjo un impacto tan fuerte en nuestro club de literatura “Cometas en el cielo”, que decidimos comprarnos “Mil soles espléndidos” durante el verano para poner en común nuestras impresiones en otoño, de modo que lo hemos leído dos veces para refrescar la memoria e ir a la par todas juntas.
La novela transcurre bajo el mismo telón de fondo: Afganistán, desde finales de los años sesenta hasta nuestra década, el autor subraya las fechas para que no caigamos en el error de creer que lo que ocurre dentro de Kabul corresponde a un tiempo pasado y remoto desvinculado del nuestro.

Si en “Cometas en el cielo” escogía la mirada de la infancia y su vulnerabilidad para dirigirlas hacia nuestro interior como dardos, en “Mil soles espléndidos”, Khaled Hosseini. lo hace desde la mujer y su mundo clausurado, para denunciar la mutilación, por la fuerza, de capacidades y talentos femeninos, para denunciar a gritos la injusticia, la crueldad institucionalizada, la maldad cerril, la involución, el atraso. Khaled Hosseini es un afgano que llora desde otro continente por su país.
Ha sido impresionante para mí estar atenta a lo que mis compañeras decían no sólo con la palabra, las manos iban constantemente hacia el centro de su pecho y de sus gargantas al expresar el dolor y la rabia que sentían por cómo se les robaba impunemente la infancia, la felicidad y el porvenir a estas dos mujeres, los dedos se les crispaban mientras le ponían alas a ese ¿POR QUÉ? Indignado, intentando dirigirlo hacia las instituciones europeas y mundiales que se supone que nos hermanan, hacia esos hombres y mujeres que pagamos entre todos para que den respuestas a vergüenzas innombrables como las que refleja el libro.
Donde no llegan a veces los medios de comunicación llega la literatura, constantemente nos hemos salido de las páginas para visitar las tierras de ese país en otro tiempo próspero y hoy devastado, buscando en libros o en internet las razones de su destrozo y dando un respingo para atender con todos los sentidos desde que lo hemos leído las noticias que nos vienen de allí; hemos indagado de corazón y exprimiéndonos como limones para hallar las posibles soluciones a esta terrible inquisición que se ceba sobre sus habitantes con especial saña hacia sus mujeres, para tratar de comprender lo incomprensible.

Os transcribo una de sus páginas. No tiene desperdicio. Vamos a escuchar la voz de la Sharia gracias al potente altavoz que nos pone Khaled Hosseini, para que oigamos con nitidez el bramido de los talibanes:

“Nuestro watan se conocerá a partir de ahora como Emirato Islámico de Afganistán. Estas son las leyes que nosotros aplicaremos y vosotros obedeceréis:
Todos los ciudadanos deben rezar cinco veces al día. Si os encuentran haciendo otra cosa a la hora de rezar, seréis azotados.
Todos los hombres se dejarán crecer la barba. La longitud correcta es de al menos un puño por debajo del mentón. Quien no lo acate será azotado. Todos los niños llevarán turbante. Los niños de uno a seis años llevarán turbantes negros, los mayores lo llevarán blanco. Todos los niños deberán vestir ropa islámica. El cuello de la camisa se llevará abotonado.
Se prohíbe cantar.
Se prohíbe bailar.
Se prohíben los juegos de naipes, el ajedrez, los juegos de azar y las cometas.
Se prohíbe escribir libros, ver películas y pintar cuadros.
Si tenéis periquitos seréis azotados, a los pájaros se les dará muerte.
Si robáis se os cortará la mano por la muñeca. Si volvéis a robar se os cortará un pie.
Si no sois musulmanes no podéis practicar vuestra religión donde puedan veros los musulmanes. Si lo hacéis seréis azotados y encarcelados. Si os descubren tratando de convertir a un musulmán a vuestra fe, seréis ejecutados.
Atención, mujeres:
Permaneceréis en vuestras casas. No es decente que las mujeres vaguen por las calles. Si salís deberéis ir acompañadas de un mahram, un pariente masculino. Si os descubren solas en la calle, seréis azotadas y enviadas a casa.
No mostraréis el rostro bajo ninguna circunstancia. Iréis cubiertas con el burka cuando salgáis a la calle. Si no lo hacéis seréis azotadas.
Se prohíben los cosméticos.
Se prohíben las joyas.
No llevaréis ropa seductora.
No hablaréis a menos que os dirijan la palabra.
No miraréis a los hombres a los ojos.
No reiréis en público. Si lo hacéis seréis azotadas
No os pintaréis la uñas, si lo hacéis se os cortará un dedo.
Se prohíbe a las niñas asistir a la escuela. Todas las escuelas para niñas quedan clausuradas.
Se prohíbe trabajar a las mujeres.
Si os hallan culpables de adulterio seréis lapidadas.
Escuchad. Escuchad atentamente. Obedeced.
Alá-u-akbar."

No necesito añadir nada, esta aberración se explica por sí misma. Sólo voy a contraponer la imagen de la doctora cirujana que tiene que mirar a la puerta para levantarse el burka con miedo de ser descubierta mientras intenta suturar. Tampoco os voy a hablar de las protagonistas Marian y Laila que en su propia cárcel doméstica sufren los abusos de un psicópata consentido por cualquiera de los regímenes que han pasado por Afganitán, porque minimizaría su gran valor y quiero que las conozcáis para que se os entrañen como se nos han entrañado a nosotras.
Sobra decir que en las sesiones del club, nos esforzábamos por no caer en la tentación de generalizar, flaco favor hacen estos “iluminados con su cruzada” a los hombres de bien practicantes de su fe musulmana que viven entre nosotros sin tergiversar sus sagradas escrituras, o practicantes de cualquier otra fe o de ninguna, buena losa les ha caído encima para que paguen justos por pecadores. También insistimos en que no estableciéramos una frontera entre ellas y nosotras porque no la hay, y sobre todo era muy importante alcanzar la empatía y no la comparación que nos hiciera sentir que nuestra situación es mejor que la suya, se trataba de pensar y creer que lo que les pasa nos pasa, y por una vez experimentar la globalidad en su verdadero significado porque nos vertebra como seres sociales cuya individualidad no se queda sin representación. Sólo hay un mundo, no dos ni tres, ni primero ni segundo ni tercero, ni uno libre y otro que no lo es y todo, absolutamente todo nos repercute.

El libro se ocupa muy bien de diferenciar tanto las etapas de progreso en las que las calles de Kabul rebosaban de pluralidad y las mujeres de rostro descubierto poblaban las universidades como las de retroceso. También insiste en que quede claro que no todos los hombres afganos son iguales. La novela la protagonizan hombres abyectos como Rashid, cobardes como Yalil, y nobles y valerosos como el ulema Faizulá, como Babi el padre de Laila, como el director del orfanato y como Tariq el gran amor de la joven, así que el contraste está servido. Tampoco las mujeres de la novela son iguales, las madres de las dos protagonistas principales por ejemplo transmiten mensajes bastante discutibles, la madre de Tariq sin embargo ofrece el contrario. Pero sobre todo, "Mil soles espléndidos", se ocupa de denunciar la cobardía de un Estado que no defiende a su población femenina haciéndose cómplice de maltratadores y asesinos de mujeres sitiadas y secuestradas en sus propios domicilios con los derechos y el respeto pisoteados.
En nuestro club de literatura hablamos de tantas y tantas cosas que la novela suscitaba que al llegar al final teníamos la sensación de que habían transcurrido en tiempo real todos los años desde que Yalil, el padre de Mariam iba a visitarla al kolba de adobe y paja -en el que las recluyó, a ella y a su madre, como un desliz vergonzoso y sin cabida en su clase social- hasta que Mariam sube al cadalso.

Hablamos de la orfandad sin que los progenitores hayan muerto, por desgracias ajenas a ellas Mariam y Laila tienen como factor común el haber sufrido el descuido de sus madres, (tal vez es una constante en el autor que también se traslucía en “Cometas en el cielo” con la ausencia de la madre y la lejanía del padre). Hosseini no se conforma con mostrar los hechos, busca el germen porque si no se encuentra no servirá de nada que los conflictos bélicos se aborten, volverá a brotar la semilla que los produce, por ello el escritor nos detalla la forma que tiene de crecer y parasitar la enredadera asfixiante de la violencia machista que comienza por la manipulación interesada, primero los regalos, ahí juega un poco con el lector que por un instante llega a creer que Rashid es un buen hombre paciente con una esposa joven e inexperta, hasta que lo desenmascara: ‘después del regalo va el burka, más adelante te voy moldeando a mi gusto, te doy las indicaciones para ser complacido en las comidas, te alabo sólo lo suficiente para que busques mi aprobación, y para cuando acabe la doma ya habrá quedado claro a quien sirves y quien es tu amo y señor, hasta que llegan las quejas volubles y termino haciéndote comer piedras para que entiendas que el arroz está duro… y que mío es el poder dentro de esta casa sin testigos, aunque afuera sea un patán para ti soy un dios’. Para entonces –el día en el que Rashid le hizo perder las muelas por masticar piedras- Mariam había abortado siete veces el ansiado hijo varón, así que la mula de carga estéril ya no tenía gracia, no servía, no cumplía su función. En “Cometas en el cielo” vimos por contraste una extraordinaria adopción que casi le cuesta la vida al protagonista, (creo que es interesante que vayamos anotando los enlaces de la obra de un autor, las inquietudes que se repiten en sus temas y como los libros albergan complicidades para sentirse unidos y hablar entre sí: uno de los talibanes de “Mil soles espléndidos” es tuerto, en “Cometas en el cielo”, el pequeño hazara como un David le salta un ojo con su tirachinas a su Goliat violador, supongo que el fundamentalista es el mismo en ambos libros) como os decía, al autor le preocupa que se conozca cómo emerge la violencia de género para que sepamos identificarla y así tal vez poder pararla: en la página 100 leemos: “Mariam sabía perfectamente lo mucho que podía soportar una mujer cuando tenía miedo y ella lo tenía. Vivía con el temor a los cambiantes estados de ánimo de su marido, su temperamento imprevisible su insistencia en llevar las conversaciones más triviales al terreno de la confrontación (…) Ahora temía el momento en el que Rashid volvía a casa por la tarde. Temía el ruido de la llave en la cerradura, el chirrido de la puerta; eran sonidos que aceleraban su corazón…”

Como ya dije en la entrada de su libro anterior, Khaled Hosseini en la vida real además de escritor es médico, muchas compañeras señalaron que se notaba y es cierto, enaltece la profesión.
T. expresó que por su modo de escribir y por sus dedicatorias debía de querer mucho a su esposa y que resultaría extraordinario ser amada así, nos sonreímos porque en otras ocasiones nos han enamorado los personajes, J. aún recuerda con deseo platónico a Juvenal Rodriguez uno de los protagonistas que creó Gabriel García Márquez en “El amor en los tiempos del cólera”, pero paradójicamente es menos habitual que nos enamoremos de los autores.
En fin, distensiones aparte lo cierto es que esta novela de gran público ha conseguido con creces las intenciones del autor: la toma de conciencia, y más de una vamos a regalarla esta navidad porque la consideramos de obligada lectura.
En cuanto a la parte artística gustó muchísimo en general aunque alguna de las voces se quejó del último tramo que en su opinión está más desnudo, ella consideró que el autor había precipitado el desenlace y le daba lástima porque representa la esperanza si no para el país al menos sí para Laila que al final será docente como su padre, y gracias al sacrificio de Mariam podrá vivir con dignidad. A mi amiga le habría gustado que dicha parte tuviese el mismo peso, desarrollo y equilibrio que las precedentes. E. observó que tal vez el autor para ganarnos había utilizado recursos fáciles, sentimentales, en una palabra: formato de culebrón con telón de fondo afgano, esta compañera, amante de la historia y su rigor tiene un hijo militar que anda siempre por aquellos territorios, y sufre en la carne de su carne lo concreto de los conflictos y de vez en cuando nos da un toque de atención, para que no hablemos a la ligera sin conocer los pormenores.

En cualquier caso añado que la literatura también puede ser un arte aplicado que persiga un fin, y no creo que haya un fin más lícito que el del señor Hosseini que ayuda a todos los refugiados afganos desde su propia fundación y desde Acnur como ya os dije en la entrada de su libro anterior. Si ha sabido tocarnos la fibra por el hecho corporativo de ser mujeres y hacernos llorar desde lo privado abriendo plano para conducirnos hasta lo público sin que hayamos querido abandonar en ningún momento la dureza de sus páginas bienvenido sea y lo damos por buenísimo, hay que tener arte con mayúsculas para lograrlo sin cargar las tintas en las truculencias contándonos la atrocidad desde la nobleza del corazón de dos heroínas de lo cotidiano, mujeres de una vez a las que apenas saca del escenario de las cuatro paredes de su casa, para decirnos que desde cualquier parte se puede contar el mundo y hacerlo comprender. El arte no es ni más alto ni más bajo, simplemente busca sus vehículos para expresarse, a veces lo hace como Velázquez y otras como Van Gogh, como Picasso o como Tapies. Y aunque el libro da para miles de debates he de despedirme no sin antes remitiros a otra organización muy importante que se llama “Vuelve a sonreír” y acoge y ayuda a mujeres desfiguradas por el ácido de los despechados que no saben admitir una negativa. Os dejo con las palabras de Babi, el padre de Laila:
“Porque una sociedad no tiene la menor posibilidad de éxito si sus mujeres no reciben educación, Laila. Ninguna posibilidad”.

Un fuerte abrazo y hasta el próximo encuentro en el que habremos leído “El secreto del orfebre” de Elia Barceló.

Pili Zori

"Los primeros segundos", de HÉCTOR ALCOLEA PÉREZ

Se estropea el ascensor de una comunidad de vecinos y este hecho les obliga a hacer acopio de comestibles, pasarán días hasta que lo arreglen, muchos de los habitantes del inmueble que apenas cruzaban unas frases manidas en el estrecho habitáculo durante el pequeño trayecto de subida o bajada se miran por vez primera con mayor detenimiento en “la tienda de abajo.” A partir de ese instante, de esos primeros segundos comienza la obligada coincidencia en cada rellano.
Ese es el espacio angosto y difícil que el autor elige para situar la mirada. Los enfoques y movimientos de sus retinas o de su imaginaria cámara se toparán con peldaños y puertas, distancias siempre cortas que sin embargo adentrarán al lector -a través del delgado haz de luz de sus mirillas- en los universos privados de cada casa: blindajes de soledades y aislamientos a los que el escritor contempla con sinceridad, respeto y comprensión profundos.

En su honestidad por mantenerse fiel a las sobrias herramientas escogidas el autor nos presenta a los protagonistas en las pequeñas ráfagas que se pueden atisbar durante unos segundos, y ahí reside el logro: los iremos conociendo a través del olor que emana de las casas, o del pequeño intervalo en el que una puerta se abre… La estela efímera del perfume de la crema corporal que exhala un bouquet de canela nos anunciará a la bella madre abandonada con una hija pequeña. El felpudo, ¿invertido?, nos señalará al muchacho que lo coloca de manera que le diga bienvenido a la calle cuando va a salir y no a su casa cuando ha de entrar, más adelante iremos comprendiendo por qué. Escucharemos el peculiar roce de unas deportivas con los talones envueltos en los bajos de unos pantalones caídos que se sujetan milagrosamente en el final del trasero de otro chaval. Nos fijaremos en el jersey de color panzaburro con manchas de otro vecino… y esa colección de primeras impresiones experimentadas en los primeros segundos irá dando paso, en dos o tres pinceladas cada vez, a explicaciones de enorme condensación y veremos con asombro cómo se puede meter toda la hondura y densidad de una vida en cuatro trazos certeros que el autor plasma con enorme eficacia. Del mismo modo en ningún momento el escritor, Héctor Alcolea Pérez, hará trampa añadiendo descripciones que el lector le agradecería, así que tendremos que acostumbrarnos sin más remedio a conocer a los personajes a través de sus monólogos interiores cada vez que se cruzan o se paran un instante a saludarse, y esperar para poder completar el dibujo, porque lo que importa es su esencia y la descripción va a ser dedicada en exclusiva a lo que habita detrás de cada piel y una vez más comprenderemos la complejidad tras las apariencias y jugaremos con la subjetividad y la conjetura, el señor de las manchas en el jersey las tiene por algún motivo que antes no sabíamos o no nos daba la gana ver porque es más sencillo juzgar con superficialidad y simpleza. Sólo así, con las distintas percepciones, incluida la nuestra, completaremos los perfiles, el escritor nos ayudará una pizquita en el esbozo con el portero al que utiliza al principio como hilo conductor para que nos haga las presentaciones y vayamos conociendo a los vecinos por orden de pisos, para ello comienza a limpiar la escalera del revés, es decir de abajo arriba, naturalmente el recurso viene a cuento: al estropearse el ascensor este personaje tiene que limpiar con más esmero porque todos van a ver la suciedad que antes no veían y también porque el trasiego al tener que subir y bajar a pie hace que se manche más, las razones de por que friega a la inversa las dejo a vuestra especulación -llegados a este punto ya habréis intuido que el autor está dando más de una lectura y más de un significado a cada conducta-, pero la ayuda del portero es la única concesión que Héctor Alcolea se hace y nos hace, ahora os explico más: No utiliza nombres. Sólo al llegar casi al final conoceremos el nombre propio del nuevo inquilino del piso décimo, hasta ese momento, o mejor dicho hasta ese segundo, no aparecerán en toda la novela. Notaremos que estamos oyendo el monólogo de otro personaje por un pequeño espacio en blanco y por algún pequeño detalle que lo define, pero siempre irá enlazado al interlocutor con el que se acaba de cruzar, y continuará por donde el anterior lo ha dejado como si de un juego de relevos se tratase y aunque casi toda la novela se desarrolla en primera persona el narrador omnisciente de vez en cuando nos echará otra mano para que podamos coser las piezas y saber tanto como él sabe.

La comunicación no verbal adquiere gran protagonismo: un pequeño gesto imperceptible, un peculiar sonido, un ligero olor a bebida en la vaharada de un aliento brevemente cercano… y es precioso ver como los pensamientos en soliloquio a menudo están formando un diálogo sin saberlo, y también sin saberlo una conversación con todos los demás miembros de la comunidad.
No sé si coincidiré con las intenciones del autor al interpretar que si no ha querido poner nombres ni singularizar ni parcelar colocando a los protagonistas en compartimentos separados, ni ha diferenciado marcadamente la voz, la personalidad y la forma de expresarse de cada personaje es precisamente porque no desea perder en ningún momento la idea de comunidad, de conjunto, para hablarnos de todo lo que nos hace creer que estamos solos en el enjambre sin estarlo, y de lo similares que somos por dentro a la hora de sentir y de la unión que formamos en el fondo. Perdón por el juego de palabras y su aparente contradicción: la de que la soledad nos una, diréis “¿En qué quedamos?, o estamos unidos o estamos solos”, pero es que ése es el quid de la cuestión: la soledad es una percepción anímica, un sentimiento, no un estado civil, y lo vemos con nitidez precisamente en esta escalera, en cuanto ha surgido la ocasión y llega el vecino nuevo de inmediato los demás se disponen a ayudarle a subir muebles en cadena hasta el décimo. En fin disculpad la simplificación, a este paso le voy a echar la culpa de las enfermedades urbanas a las empresas de ascensores y nada más lejos de mi intención.

Fuera ya de bromas y distensiones vuelvo a repetir que el contenido de la novela es de enorme complejidad y se adentra en terrenos inexplorados del alma humana poniendo palabras donde antes no las había.
No conozco al autor en persona y sé muy pocas cosas sobre él, pero sí sé una de las más importantes: que es un artista gráfico, un creativo con dominio de varios lenguajes al que imagino exprimiéndose el cerebro para conseguir la idea que concentre en muy pocos impactos el mensaje que envía, por ello, a alguien que piensa casi todo el tiempo en imágenes tengo que concederle un valor añadido por las difíciles elecciones que ha hecho: de entrada su novela es una exaltación de la palabra, es literatura purísima, su prosa poética alcanza la máxima precisión y por tanto la belleza, no el adorno –recalco- sino La Belleza que es muy distinto. Apenas tiene descripciones espaciales o físicas, hay momentos en los que se podría decir que sólo se escucha como si quisiera cegarnos y casi no se ve bajo la luz tenue de la bombilla del rellano, de ese modo lo que sí vemos en la ráfaga de los primeros segundos queda subrayado como una fosforescencia.
Sé también que Héctor es un hombre joven y ese detalle añade más valor a lo que a continuación voy a decir: Saber mirar, saber mirar dentro de los demás y comprender requiere una enorme madurez que nada tiene que ver con la edad, hay una descripción del alzheimer sin nombrarlo que sólo alguien con oído ultrasónico puede captar, y no por poética es menos verdad, da lo mismo el apellido, alzheimer, senilidad... o los estragos del tiempo, la señora ve como se asoma su marido durante unos segundos desde dentro de ese señor que ya no reconoce, y nos dice con el pensamiento que luego se va.

También hay un peligro latente entre las páginas de la novela pero el autor se encarga de acentuar que no reside dentro de esa criatura a la que el felpudo le dice bienvenido a la calle, y esa calle le regala saludos cordiales y los bollos y magdalenas de la panadería, ese chico a quien la voz que escucha en el interior de su cabeza le hace obrar bien y calmarse. No. De nuevo Héctor Alcolea desplaza la locura hacia donde verdaderamente está y la sitúa en el desprecio de la madre y en el rifle, que en la novela no se dispara, pero todos sabemos al cerrar el libro que algún día puede que sí y que los gritos de la madre serán el detonante que empuje el gatillo. Agradezco al autor la puntualización del matiz, para que cuando miremos al problema sepamos enfocar a la raíz y sobre todo me alegro de haber podido asomarme a la nobleza de su corazón sin cáscara.
La bella mujer con olor a canela a quien la mirada exterior y sucia ve con las bragas por las rodillas, sonriente y hermosa en público, no castrada ni castradora, capaz, a pesar del daño, de sentir y despertar deseo, ha sido maltratada por ello, por ser deseable, y en privado llora, codiciada como cosa y no respetada como persona vuelve a decirnos Héctor en el subliminal subrayándolo con los verticales surcos que sus femeninas lágrimas desmaquillan, y es que la alegría ajena no se perdona y si va encaramada a unos tacones que anuncian su llegada menos. La alegría necesita un ambiente de libertad para manifestarse y no puede vivir si se le corta el tallo.

En cuanto a la renovación formal, la letra diferente para distinguir las dos historias que al final se ensamblan, la diferenciación de capítulos en letra o en romano, los apartados en negrita y la inserción de los dibujos crean una composición insólita, como la de esos perfumes nuevos y concentrados, atrayentes tanto por el diseño de su frasco como por el color y sus destellos y transparencias, que cuando los destapas te llenan el olfato de notas desconocidas que te emocionan.
En este mismo blog he reiterado varias veces que el arte busca caminos y canales como un torrente tirano y que tal vez sea él, el arte, el que obligue a los autores a explorarlos y construirlos como quien se adentra en la selva a golpe de machete, o en los subterráneos urbanos con carburo, pico y pala. En este caso ha sido una escalera recorrida en sus diez tramos por un hermoso pájaro de vuelo azul que tras salir de su doméstica jaula particular decidirá quedarse en la otra más grande y comunitaria cobijado detrás de los barrotes del portal acristalado que le defiende de ese enorme patio a modo de plaza que aún lo separaría un poquito de la peligrosa jungla de asfalto con árboles repletos de pájaros pardos y autóctonos acostumbrados al frío, otras aves pequeñas como él con las que le costaría convivir y ser aceptado.

Queda claro que al arte en su capricho le gusta entregar escaleras como escenario a los autores de Guadalajara: D. Antonio Buero Vallejo también se las arregló con la historia de la suya y el eco de su hermosa obra de teatro aún se extiende por el mundo sin haber perdido ni un ápice de su denuncia y empuje, le gustaba poblar su dramaturgia de seres ciegos, sordos o mudos para convertirlos en personajes-conciencia porque paradójicamente el hecho de tener eliminado un sentido les hacía ver más, o escuchar mejor. De algún modo sé que hay una conexión no buscada entre estos dos alcarreños que han respirado el mismo aire.
En esta época nuestra en la que se consume la lectura como si fuera comida rápida y buscando la comodidad del patrón tipo “Los primeros segundos” requiere una lectura sosegada y muy atenta, así que me disculpo de antemano y en cuanto tenga tiempo, -ojalá se pudiera comprar un poco como hace algunos días leía en las palabras de un escritor inédito-, prometo releerla ya que soy consciente de que se me habrán escapado muchos de esos segundos y detalles… y que alguna de sus importantes escenas se me habrá mezclado porque he tenido que compartir su lectura con otras, pero tenía impaciencia por presentaros esta novela de voz y estilo tan personales, este precioso álbum de instantáneas cuya primera edición ha sido tímida pero a la que le deseo larga vida en las próximas, para vosotros dejo la solución a los enigmas que suscita como por ejemplo lo que simboliza y representa el enorme huevo que aparece en la isla y que atrae a personas de todas partes del país y por qué el estado lo destruye y qué significa el cangrejo… aunque no pretendo que parezcan acertijos, y os dejo por hoy que ya he ‘subjetivizado’ bastante. Como ya he comentado otras veces la experiencia con un libro es íntima y personal y cada uno de nosotros entra en él para vivirla a su manera. Pero es maravilloso tener muchas aunque sean discrepantes. Así que gracias querido Héctor por tu espléndido y hermoso corazón y por tu prosa apabullante.

Un abrazo y hasta el próximo encuentro.


Pili Zori

"Disfraces terribles", de ELIA BARCELÓ

Hemos terminado esta preciosa novela, corrijo: sería más exacto decir esta piedra preciosa por el perfecto tallado y pulido de sus facetas en las que la luz y la sombra juegan con sus reflexiones y refracciones para rebotar contra nuestros ojos y nuestros pensamientos con el destello de sus múltiples enfoques.

En el año 2002, el biógrafo Ariel Lenormand investiga la vida y la obra del prestigioso escritor de origen argentino Raúl de la Torre afincado en París. La literatura del venerado y estudiadísimo autor obtuvo su máximo reconocimiento en los años setenta y formó parte de la estela del cometa del “boom” narrativo sudamericano. Su inesperado e incomprensible segundo matrimonio, la posterior declaración pública de su homosexualidad y su trágico suicidio le colocaron en el ojo del huracán.

Ariel Lenormand quiere ir más allá de los hechos para comprender las razones que los desencadenaron. En la búsqueda de información entrará en contacto con las personas que rodearon a Raúl de la Torre e inevitablemente desembocará en la escritora Amelia Gayarre, su primera esposa, y en los mejores amigos del singular matrimonio: André, el editor de ambos, e Ives el compañero sentimental de André, médico forense que conoce algunos detalles reveladores que la autopsia arrojó.

Tanto Amelia como Ives y André esconden secretos que nunca han compartido entre sí, Ariel en cambio es el personaje incontaminado y la autora, Elia Barceló, le entrega el difícil papel de la ecuanimidad, no sin antes implicarle afectivamente. Para el lector, parte activa en esta historia, los dilemas éticos están servidos:

¿Qué es la verdad?, ¿quién está en posesión de ella?, ¿qué debemos hacer con dicha verdad? y ¿hasta dónde se tiene derecho a saber, y sobre todo a desvelar cuando el protagonista principal ya no está entre los vivos y no puedes obtener de él mismo sus respuestas?

Para demostrarnos que la vida a menudo es un puro malentendido, la autora escoge un entramado que raya el virtuosismo. El lector sólo tendrá que estar pendiente de distinguir los cambios de voz. Elia Barceló nos ayuda con la herramienta del narrador omnisciente, ese diosecillo que todo lo ve y que nos acompaña, tanto en el presente como en el pasado de los personajes, para hacernos creer que sabemos mucho más que los propios protagonistas, pero pronto nos daremos cuenta de que al igual que ellos tampoco nosotros lo conocemos todo.

La autora usa además otro registro: los recuerdos que Amelia va escribiendo en primera persona, -legado que Ariel Lenormand recibirá cuando ella ya no esté y la biografía de su primer marido Raúl de la Torre haya sido publicada-, nosotros, los lectores tenemos la ventaja de ir siguiendo esas memorias al mismo tiempo que Amelia Gayarre las escribe y lo hacemos colándonos en la intimidad de su despacho para espiarlas sin permiso frente a la pantalla de su ordenador por encima de su hombro. Y de ese modo, como en una hermosa partitura iremos escuchando al cuarteto en presente ejecutando sus solos y también en conjunto. Sólo en el último tramo se nos invitará a entrar como quinteto para que podamos añadir al puzle las piezas que hemos ido atesorando durante todo el recorrido de las páginas y con ellas lo podamos completar. Finalmente ellos no lo sabrán todo, pero nosotros sí. Ese es el hermoso regalo de ventaja que la escritora nos guardaba, sus mimados lectores. no da puntada sin hilo, y es un hallazgo ver con qué maestría cose las piezas de pasado y de presente para regalarnos la belleza de la hechura final. Por el camino se divierte jugando de vez en cuando a despistarnos por ello el lector debe estar muy atento a los detalles como las fotos y qué lugares y quienes aparecen en ellas, a quién rodea con su brazo Raúl… ha de estar muy pendiente de las miradas que huyen, de las sonrisas fugaces… de frases como “A Raúl nunca le gustó Venecia”, (perdonad que no cite textualmente), o esa otra en la que escuchamos a Amelia decir: ”Dame unos días para que le haga unos retoques a la novela” arreglos delatores que permanecerán escondidos en ‘Amor a Roma’ hasta que la sagacidad de Ariel los descubra para redimir la injusticia de la usurpación impune, naturalmente Amelia ha ido desmigando su afición por los palíndromos y los juegos de palabras escondidas. Sin dichos rastros él nunca habría encontrado el camino.

Bellos juegos de espejos llenan las páginas: la misma librería de viejo en el presente y en el pasado, los mismos lugares de encuentro para cerrar los círculos y enmendarle la plana a la historia… porque todo en el libro, continente y contenido, es significativo. Elia Barceló no deja nada al azar ni en el principio ni en el desarrollo ni en el desenlace, los anclajes son perfectos. Levanta un magnífico edificio clásico contemporáneo de resistentes pilares demostrando así que una novela de intriga no es una obra menor con mucha trama y poca hondura, la profundidad que alcanza con las decisiones transgresoras que toma, tanto en las relaciones amorosas como en el análisis de un tiempo social, los años 70, poblado de intelectuales con los que no escatima la crítica, no en vano Raúl de la Torre sin ser un arquetipo sí nos recuerda y de algún modo representa el esnobismo de algunos escritores que alardearon de pose política sin mojarse porque la postura añadía un barniz. Pero E. Barceló no se conforma con marcar esa época, en realidad la utiliza como punto de partida para recorrer las décadas posteriores recalcando así evolución y transiciones.

Elia nos hace entrega de un trabajo de introspección que bucea hasta las capas más abisales partiendo de personajes muy complejos a los que da vida hasta el punto de hacerlos queridos e inolvidables. Y para muestra el librero, personaje ‘secundario’ que con cuatro pinceladas adquiere una relevancia fundamental en la trama: gracias a él, Ari recuperará el rumbo y tomará las decisiones necesarias para hacer justicia y homenaje -con el vehículo de la ficción- a una artista eclipsada y convertida en satélite de un hombre que jamás la mereció.

Durante su viaje por este universo, el lector pasará por diversos estados de ánimo moviéndose al igual que los protagonistas por ese campo de minas que son los sentimientos encontrados, ambivalentes, contradictorios… y llegará incluso a la indignación, emitiendo juicios sumarísimos a veces, para trocarlos en compasión y comprensión otras, al fin y al cabo el libro desmitifica a un ídolo con pies de barro que para brillar parasitó la luz de los demás consiguiendo de ellos la idolatría con los trucos fascinadores del ilusionista. Un ‘fantasma’ en definitiva y en este caso juego con el término en su acepción más cómica y despectiva, porque Raúl de la Torre no merece salvación.

La experiencia en nuestro club de literatura también ha sido sorprendente hasta el punto de que escenas como la protagonizada por Amelia y Ari en el restaurante Jules Verne y el posterior encuentro en el lujoso hotel sembraron de opiniones contrarias la segunda sesión. Para unas compañeras, Amelia se comportó de forma manipuladora e innoble con Ariel, al que consideraron engañado y para otras sin embargo, entre las que me incluyo, fue lícita seducción y entrega generosa adornada con el obsequio de alguien que al fin puede permitírselo y decide tomar la iniciativa, aunque al mismo tiempo también supusiera un ajuste de cuentas con el pasado en el que se redime una escena para dejarla en como debió ser y no en cómo fue. Pocas veces se tiene el placer de asistir a dos pasajes de tanta potencia y tensión que en ambas ocasiones adquieren el punto más álgido. En cualquier caso la frase “Has vuelto” dolió a muchas compañeras. Tampoco Ariel con Solange fue demasiado honesto quise contraponer, pero en la balanza pesaron más las palabras de Amelia y es que si hubiera que amar por méritos no nos salvábamos nadie.

Durante los tres encuentros de club se han compartido reflexiones extraordinarias, que como siempre lamento no poder transcribir textualmente por esta memoria mía tan vaga que se nutre y metaboliza pero luego no sabe repetir y porque si no escogiera llenaríamos con ellas páginas y páginas, por elegir al azar escribiré el subrayado que hizo una de nosotras sobre Amanda Simanski, -la oscura segunda esposa de Raúl de la Torre- a quien mi compañera consideró el detonante, el punto de inflexión que transforma la vida de todos los personajes. Fue muy interesante el análisis de otra amiga sobre las distintas formas de reaccionar frente a un mismo malentendido y como eso nos define y destacaré el protagonismo de la palabra honestidad que otra de nosotras vio presente entre las líneas de todas y cada una de las páginas diciéndonos que de ella trata la novela, porque la honradez no tiene épocas que le quiten o le añadan valor, ni circunstancias atenuantes, eres íntegro o no lo eres. Y para finalizar pondré la bella imagen de la maleta que otra componente de nuestro grupo destacó como símbolo del equipaje que resume la vida de Raúl y que representa por tanto el eje en el que ha girado toda la novela.

La abrimos lentamente y dejamos que se expanda por este pequeño rincón el aroma que emana aún del perfume impregnado en su americana, vemos las fotos que él escogió para guardar y que marcan los momentos cruciales de su vida, sacamos el pequeño lápiz para corregir de su bolsillo y con él escribimos en letra emocionada:

Gracias Señora Barceló por este regalo incomparable.

P.D.


RAFAEL SOLER MEDEM

Ahora me gustaría obsequiaros con un magnífico poema de Rafael Soler Medem, uno de los escritores españoles más valorado en los años 80. Enseguida os explico por qué subrayo el dato de “más valorado”.

Rafael visitó este blog y de inmediato sintió el deseo de enviarme dos de sus libros de poesía: “Maneras de volver” (Ed. Vitrubio, colección Baños del Carmen nº 187) y “Poesía 8**” (Ed. Libertad 8 y Absurda Fábula, de la colección ‘Hadversidades poéticas’ -sí, con la H de ‘haz-versos’-). Indagó la forma de hacérmelos llegar y aquí los tengo como dos gorriones trémulos en el cuenco de mis manos.

Como veis cuanto más prestigio y valor tiene un artista más sencillo es, el binomio siempre funciona así. Y le estoy profundamente agradecida y me alegro de que él se salve de la quema, porque desgraciadamente en los círculos literarios el narcisismo se cierne campanudo sobre sus inseguros componentes creando una barrera de insalvable idiotez. ¡Cuántas maravillas se pierden por no saber responder a un impulso de afable y generosa naturalidad!

EN BUSCA Y CAPTURA DESDE ANTAÑO

Cuídeme el Todopoderoso desde su palco por

horas reservado

de cuantos quieren mi bien y lo alimentan


líbreme Ése que nunca baja a visitarnos por

razones de Estado

sin tener en cuenta nuestro estado


Ése al que llamo que no llama

según dicen bien dispuesto en todo caso ausente

Ése el que sabe líbreme

Ése el que ignora cuídeme

desde su rincón celeste en el valle feraz de los

desaparecidos

de tipos como yo

en un mundo de certezas viviendo con su Duda.



Muchas gracias Señor Soler.

Y a vosotros un abrazo y hasta el próximo encuentro en el que habremos leído “Mil soles espléndidos”, de Khaled Hosseini.

Pili Zori

"Cartas a deshora", de FRANCISCO GARCÍA MARQUINA


Sé que a este blog le falta la poesía, pero hay una explicación para la carencia: mi enorme respeto por ella. Jamás he osado escribirla.
Es y será siempre el arma cargada de futuro. Sólo la poesía permanece, el paso del tiempo no puede transformarla ni erosionarla porque jamás perece: Es vigente en su afán de eternidad. Pero sí revoluciona y modifica a quienes la leen. En este comienzo de una nueva era, sólo los poetas pueden dar, con la precisión de su lenguaje, la medida exacta al gran dolor que se agrupa en sus costados para que hasta el aliento les sangre de tanto gritarlo.
Si yo supiera gritar poesía, bramarla, o vociferarla con tosquedad, hablaría de la sed de Somalia hasta conseguir que ni la saliva pudiese descender por las gargantas resecas. Si supiera decirla, recogería en brazos las almas rotas de los muchachos y muchachas con la alegría herida de enfermedad laboral, de moderna esclavitud, de tiranía… y arrojaría a los ojos de los voraces patrones sus pastillas. Si yo pudiera escribirla la enviaría en misiva a los gobernantes para que de una vez entendieran que nos mueve la emoción aunque intenten enterrarla en economías y pondría sobre aviso a sus ilustrísimas egolatrías para que tuvieran mucho cuidado con lo que entierran porque la emoción es explosiva.
Pero no puedo. Así que me limitaré a brindar este pequeño altavoz para que los que tienen esa valentía nos transporten subidos en el haz de su voz.
No os hablaré del currículo de Francisco García Marquina porque cosecha tanto reconocimiento y premios por su poesía y por su prosa que ocuparíamos renglones y renglones. Como siempre el generoso internet os dará buena cuenta de él, prefiero obsequiaros en este espacio con un poema suyo extraordinario. Cuando lo declamó públicamente se le quebró la voz y yo tuve la suerte de escucharlo.
Se titula “Testamento ológrafo” y pertenece a su libro de poemas “Cartas a Deshora” publicado por Aguaclara editorial.

 Llegados a este punto comienzo a desbarrar
y a insultarte con gracia, a hacerte algunas
proposiciones indecentes.

Este poema es una saludable
invitación al mal
que sólo entenderás si tú me amas
con toda crueldad y sin respiro
y al margen de la ley.

A lo peor de ti se dirigen mis versos:
a tu ternura airada y a tus lágrimas
que matan a distancia, a tu mentira
hecha de oro mojado,
a tu hacienda perdida de antemano
y a esta muerte gloriosa y compartida
que quiero negociar.

Nos queda por delante algo de vida
caducable y dudosa, pero luego
sin duda gozaremos
de una extensa y perdurable muerte.
Al hacer nuestros planes de futuro
hay que contar con esa
terrible dimensión de despropósito.

 Yo amo la vida que cargo a mis espaldas
pero, si miro al frente,
debo reconocer que el futuro está en esa
solidez de desastre.

Tuvimos ciertas buenas experiencias
ensayando tan negro porvenir
en esas muertes dulces
con las que agonizaron nuestros cuerpos
en esos urgentísimos delitos
de los que fuimos cómplices,
y en esos golpes cálidos de mano
con que la carne toca el más allá.

El crimen fue perfecto
llenándonos de dicha la sentencia.
En consecuencia, ahora
y muy serenamente, he decidido
participar en esta ceremonia
capital, de la muerte.

Voy a darle la cara
para que no se fragüe a mis espaldas.
Yo he cometido errores y también cobardías
que empañan el pasado
pero, mirando al frente, me propongo
que el morir sea un acierto.
Y si mi vida fue involuntaria y necia,
saber morir adrede
podría ser la enmienda de aquel caos.

A quien amo le digo:
el regalo exquisito que te ofrezco,
con la honradez que da el amor penúltimo,
es la muerte entre dos.

Vamos del brazo al cabo de la vida,
Lo que hayamos de hacer
Lo haremos juntos.


“Testamento Ológrafo”, puede abrir un debate sobre lo que se puede pedir o lo que se está dispuesto a dar, (como veis ni en verano me olvido de mi actividad de club de lectura planteando pautas de debate hasta con lo que se debería respetar como si se hubiese leído o escuchado clandestinamente, no tengo remedio espero que el autor y vosotros me sepáis perdonar) en cualquier caso la trágica belleza del poema y el valor de compartirlo merecen mi preocupación y el riesgo del daño colateral. Así que Señor García Marquina y aún corriendo el peligro de parecer tonta y morbosa por no haber comprendido en profundidad las razones de las voluntades últimas, inmediatas o en hipótesis del personaje ficticio o real me tomo el atrevimiento de re-dedicar su poema a los que ama y le aman, que según tengo entendido son legión. Y le digo hasta siempre deseando que “su siempre” y el de los suyos sea largo y lúcido y con total ausencia de dolor, después si alguien le quiere acompañar es cosa suya, pero yo no se lo pediría, a ese viaje uno va solo, la barca de Caronte recoge a pasajeros de uno en uno.
Y a vosotros un abrazo y hasta el próximo encuentro.
Pili Zori