"Regiones devastadas" y "Mujer de aire", de ENRIQUETA ANTOLIN

"Regiones devastadas" y "Mujer de aire",  de Enriqueta Antolín.

Ambas novelas corresponden a la trilogía que comienza con "La gata con alas", en la primera se desarrolla la infancia de la protagonista, en la segunda -"Regiones devastadas"- la adolescencia, y en "Mujer de aire" aparece como broche de ciere y desenlace Dora con 39 años y narra desde la cama de un hospital su propio balance.

Una carpeta gris lacrada por su padre descansa sobre la mesilla y un nuevo propósito de memoria y vida surgirá paradójicamente desde los efluvios oníricos provocados o no por la anestesia ¿ordenan o desordenan sus evocaciones?, ¿el sinsentido cobra sentido? el destino tiene curiosas formas de expresarse.

Las dos novelas -para mí constituyen un sólo volumen- son un homenaje, una recuperación de la dignidad, y una confesión en la que se alternan los sentimientos ambivalentes de huída y también los de compromiso, las ganas de vivir en la ignorancia sin problemas y al mismo tiempo la necesidad de saber y el deseo y deber de resarcir la injusticia, de devolver la verdad a quienes les fue arrebatada por calumnia. 

Y al mismo tiempo el amor y el desamor en el que fluctúa dicho balance vital y en el que presente y pasado se conectan.

En España siempre decimos que en los casos de separación o divorcio hay dos versiones como mínimo y que se debe escuchar a ambas partes, pues bien -aunque yo haya traído a colación el ejemplo cogido por los pelos, puesto que en la novela nadie habla de divorcio ni de separación voluntaria-, eso es lo que con la mejor de las intenciones hacen los libros que nos hablan de lo que sucedió durante la dictadura: sacar a la luz lo que tantos años se mantuvo en el oscurantismo, sin más, y no hay por qué alterarse, y que conste que no me excluyo del consejo, ¿acaso no es cierto aquello de "La verdad os hará libres"?, pues no nos ceguemos con las cerrazones porque no se puede tapar el sol con un dedo y a los hechos hay que llamarlos por su nombre y no se hunde el mundo.

Desde nuestra perspectiva de este 2025 que ya se acaba, leo los comentarios o estudios que se hicieron en el tiempo en el que ambas novelas fueron escritas, finales de la década de 1990, y no me queda más remedio que sonreir irónicamente, porque algunos de esos artículos elaborados por hombres tenían un tufillo mal disimulado de prepotencia en el que trataban de dirigir a las mujeres escritoras hacia el redil "ortodoxo" para corregir su estilo en pro de la "buena" literatura. Dicho de forma sencilla: acusaban a las autoras de ser sentimentaloides, victimistas..., ellos no comprendían aún que estaban asistiendo a una nueva forma de narrar propiciada por voces que pertenecían al mundo privado e íntimo que era el que habitaban las mujeres -y no hablo de trabajar o no fuera de la casa sino de una manera de escribir, de ser y de sentir distinta más introspectiva-, en ese momento las mujeres salían a la claridad del día como una explosión, los clubes de lectura se llenaron de ellas que los han mantenido y cuidado hasta nuestros días.

Las autoras pisaban fuerte, aún teniendo que aguantar que las acusaran de escribir para mujeres, dicho de forma peyorativa naturalmente, o que eran "mujer de..." si sus parejas también publicaban desde hacía más tiempo. Ese era el título implícito y subalterno que recibían.

Menos mal que con el paso de los años se descubrió que había varias clases de inteligencia y que la emocional era la más importante puesto que es la base en la que se sustentan las demás,  es la que nos lleva a elegir amigos, estudios, trabajos, compañero o compañera de vida, unas veces con acierto y otras sin él.

En fin, que los sentimientos nos conducen, y pobre del que no los tenga o los menosprecie.

Por suerte ya nadie se plantea aquello de literatura hecha por y para nosotras, hoy no se hacen distinciones. Pero sí, hubo que abrir boquete, por no decir brecha.


Enriqueta Antolín, al igual que su esposo Andrés Berlanga, ya no están entre nosotros, fueron periodistas y escritores de ficción, dos grandes de la literatura.

***

Cada uno de los libros del trío se puede leer con independencia y por separado, pero sí es recomendable continuar la lectura.

Más adelante si consigo encontrar la primera entrega "La gata con alas" me zambulliré en ella como si fuera una precuela.

En "Regiones devastadas" la figura del narrador habla en segunda persona, confieso que no me suele gustar dicha herramienta, me parece forzada y artificial dado que alguien se dirige al o a la protagonista para contarle cosas que él o ella ya conocen porque las viven o vivieron en carne propia, algo así como cuando me digo a mí misma ¿pero Pili, qué has hecho? y de sobra sé lo que ha ocurrido.


Explicado de forma muy simple, aunque tal vez no sean necesarios mis incisos y aclaraciones, añadiré que la tercera persona, mi preferida, es ese diosecillo que todo lo ve: puede contemplar lo que sucede delante de sus ojos, a cada lado, a su espalda y también por encima de su cabeza, es decir: conoce todo sobre los personajes, su pasado, su presente e incluso el futuro, lo que sienten piensan, disfrutan y padecen, crea y describe la acción, aunque los protagonistas y secundarios dialoguen y eso sí lo hagan por sí mismos, es el que llamamos narrador omnisciente, y puede opinar sobre lo que ocurre dentro de las páginas e incluso juzgar. 

La narración en primera persona sin embargo sólo puede contar lo que el personaje ve, piensa, siente o padece a través del yo subjetivo o del nosotros y si quiere transmitir lo que sucede a su espalda o cuando no está presente necesita la ayuda de otros personajes para que se lo digan o actúen ante él.


En el caso de "Regiones devastadas" sin embargo sí adquiere sentido el uso de la segunda persona, es decir, el "tú", puesto que la protagonista es la misma que ahora, siendo adulta, ya le puede explicar y entregar gran parte de las respuestas a la niña y a la adolescente que fue y se crió y creció en la oscuridad y en el silencio de los adultos sin entender lo que ocurría a su alrededor, el por qué de la ausencia de su padre, la muerte de su profesor de instituto más querido, las medias palabras..., mientras recorremos parte de la postguerra -desde 1950 a 1954  y ya en "Mujer de aire" los años posteriores hasta llegar a la democracia en nuestro país.

El fidedigno retrato que nos muestra de la ciudad de Toledo en aquellos años, cuya vida cotidiana era trasladable a cualquier capital del centro, es magnífico, y también el de Madrid. 

He tenido la misma sensación que experimenté cuando leí "Suite francesa" de Irène Némirovski: la de estar recibiendo la historia en el momento en el que ésta se está produciendo. 

Enriqueta Antolín creó los personajes maravillosamente perfilados tanto física como anímicamente, con pinceladas muy certeras, la madre, Rita, el abuelo... Salen los temas tabú femeninos de la época... 

Tanto Regiones devastadas como Mujer de aire son espejos que nos reflejan e identifican.

El lenguaje de aquel tiempo requiere un oído social muy agudo y Keti Antolín lo clavó.

Escogió describir la feria y su alegría frente a las vidas truncadas que también la merecían.

Fue una escritora de la generación del 68, valiente y adelantada, con una mirada tremendamente aguda.  

Ambas novelas son un canto y un requiem lleno de sinceridad y ternura. Y al leer sus libros el homenaje se lo haremos también a ella.

Espero que estéis muy bien, gracias por las visitas, vuestra cálida compañía me arropa.

Un abrazo, cuidaos mucho.

Pili Zori

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