"Amaneció de nuevo Madrid", de ANAMARÍA TRILLO

 Hacía mucho tiempo que no leía un libro sin mirar la página por la que voy, sin pensar en cuántas hojas me quedan por leer para terminarlo, sin ir analizando al mismo tiempo y dejándome llevar por su hipnotismo tan adictivo.

Es una historia bellísima, los personajes se te meten en las entrañas y te acompañan haciéndose inolvidables, y al igual que las novelas por entregas del siglo XIX te engancha sin permitir que te distraigas puesto que el goteo de las sorpresas tiene la medida exacta, como la tensión y el ritmo sostenido e in crescendo que las va anunciando, y conseguir eso con cada una de las 569 páginas es un logro inmenso.

Para mí “Amaneció de nuevo Madrid” es una novela coral, contada por su protagonista principal que es Madrid cuya atmósfera envuelve y protege a Margarita, la criatura inocente que ha de evolucionar a la fuerza desde los catorce años de edad en los que es depositada, sin recibir explicaciones, para servir, a cambio de cama y comida, en la pensión que regenta una prima de su madre venida a menos, pero que aún conserva las ínfulas de viuda de un renombrado,  dura de corazón, “importanciosa” y avara, no sólo por supervivencia, puesto que en las mismas circunstancias hay personas llenas de bondad y otras malvadas, pero Anamaría Trillo no cae en el sentimentalismo lacrimógeno y fácil, todas las facetas de cada personaje están expuestas y también las razones de por qué cada uno es el resultado que nos pone enfrente. 

Los perfiles de los protagonistas son analizados con firme pulso psicoanalítico y sobre todo social.  


La obra remite a los grandes maestros rusos, a Charles Dickens, a Víctor Hugo, a Alejandro Dumas, a Don Benito Pérez Galdós…, sin que por ello la escritora deje de ser fiel a su estilo y voz tan personales.

Ana María Trillo posee una mirada empática hacia todos los personajes y los muestra bajo el punto de vista de ellos, con sus claroscuros, su pasado, su presente, su evolución, involución. Gracias a ellos vemos cómo se genera la monstruosidad y también como dichos monstruos son a la vez víctimas de sí mismos, pero sobre todo del consentimiento permisivo de una crueldad institucionalizada, seres equivocados y en algunos casos sádicos y torturadores que deciden malos caminos, aquí volveré a repetir, como en otras ocasiones, que comprender no es justificar, y las consecuencias de nuestros actos, tarde o temprano llegan y de algún modo las pagamos, o eso quiero pensar, mirando a los ojos a Trump, a Putin y a Netanyahu, y a todos los demás sin excluirme.  

La composición de la novela es clásica, no hay saltos hacia delante o hacia atrás (flash back, ni flash Forward), tan habituales en literatura hoy debido a ese mestizaje enriquecedor que conjunta todas las artes que se nutren entre sí, y sin embargo es enormemente visual, cinematográfica, resultaría fácil adaptarla al cine o a una serie porque lo da todo. 

La documentación -que es el magma sobre el que se sostiene- no se nota ni se superpone para alardear, y podría presumir, ya lo creo que podría, pero juega a favor de obra. 

Pienso que a los escritores hay que valorarnos por la creatividad, el trabajo de campo ya se da por supuesto y "Amaneció de nuevo Madrid" luce una prosa fluida, honda y llena de lirismo, lo físico y lo anímico no van por separado y la simbiosis me gusta mucho, que el interior y el exterior vayan unidos no es fácil de de escribir, y Anamaría lo hace con las pinceladas justas, sin crear postales, pero con la condensación que la buena escritura conlleva, que es expresar lo máximo en lo mínimo, no en vano la autora es poeta, y no reiterar en casi seiscientas páginas, pero sabiendo coser a los renglones al lector para recordarle sin que lo note los “por qué” que ya vaticinaba en pasajes anteriores, es todo un hallazgo.

La novela se desarrolla en la década de 1940 y es fiel a la atmósfera e idiosincrasia madrileñas. A Almudena Grandes también le ocurría y es que cuando te llevas bien con la capital ella te cuenta sus intimidades, te regala su música interna, los sabores, los misterios y secretos y te abraza. A quienes vamos a visitarla también nos sucede lo mismo, se despliega como generosa anfitriona ante nuestra mirada forastera, agradecida de que contemplemos con ojos de estreno sus mejores galas arquitectónicas, sus teatros, cines y restaurantes, museos, plazas, su originalidad..., porque ella también es "la ciudad de los prodigios" como dijo Eduardo Mendoza de Barcelona, de las corralas, de las verbenas, de la alegría, de la esperanza.

La autora tiene un oído social extraordinario, se ha introducido en la historia de aquel tiempo, y ella misma ha transitado por el universo que creó para que sus personajes lo habitaran, y dada su edad y sin haberlo vivido, por mucho que te transmitan experiencias referidas, no es sencillo despojarse del presente, y sin embargo ha clavado el espíritu, el lenguaje castizo, la línea de pensamiento, las costumbres.

Ha colocado el foco y ha creado el espejo mostrando cómo en la posguerra española se produjo la invisibilidad impuesta a las mujeres, el control y el egoísmo para anularles cualquier capacidad de decisión, y también cómo muchas extendieron hacia las demás la doctrina inventada, la sumisión sin cuestionarla, ya que ese era el único modo “correcto” y admisible de identificarse como mujer en aquella nueva sociedad que no se conformó con vencer, y que para mantenerse sometió a toda la población femenina, dejando tan sólo como única expectativa de libertad para ellas la de conseguir un buen casamiento por amor o por conveniencia, y para las pobres, el único trabajo posible era servir en “una buena casa” como internas, y de ahí venimos, unas y otras, dado que por arriba tampoco es que tuvieran mucha voz pública, las salpicaduras aún surgen hoy aunque se disimulen, y el precio es la obediencia.


A Margarita la “venden” sus propios padres, sin contar con ella, para tener una boca menos que alimentar y a partir de ahí comienza un calvario tan institucionalizado y bien visto que no admitía réplica, un trabajo esclavo, hambre, palos, agresiones y orfandad. Y lo más admirable de la situación es que ni Margarita, ni Tina, la otra chica que encuentra en la pensión de Teodora en la que ambas sirven, no albergan resentimiento ni deseos de venganza. Tina es un personaje precioso, que termina siendo todo para la recién llegada, hermana, amiga, familia…, sus almas no se corrompen,  porque en todas las circunstancias, por difíciles y duras que éstas sean, abundan las buenas personas que sostienen con su paso por la existencia la alegría de vivir sin amargura tras cada amanecer, y es muy importante quien se cruza en tu camino, nos necesitamos para darnos y ayudarnos, cada cual en la medida de sus posibilidades.

Anamaría Trillo, ha reunido todas las muestras humanas de aquel tiempo no tan lejano y las ha conjugado, y el resultado es esta explosión.

Es cierto que en apariencia Margarita no elige, que se deja llevar porque no tiene otra alternativa, pero de algún modo instintivo se encauza en esa ciudad desconocida para distinguir quienes aman de verdad y quienes torturan, y su testimonio y su vida puede que sean el reflejo de un feminismo superviviente tan real como el de las mujeres que pertenecían a otras capas más cultivadas de la sociedad de aquel tiempo, el tiempo de nuestras madres y abuelas.

“Todos eran mis hijos” decía el protagonista de “La muerte de un viajante”. 

Todos eran mis padres, añado.

Es la generación de Anamaría la que tiene que contarlo con su mirada limpia, por justicia y sin equidistancias, colocando cada pieza en su lugar, y si escuece nos rascamos porque los datos son reales, fidedignos y la crónica está servida.

Margarita conoce la oscuridad con un hombre que vive atrapado en su propia cárcel encubriendo, con la impostura del machote armado, cuál es su verdadera naturaleza, pero ella descubrirá la luz con otro, el canto a los libros como objetos de deseo, la fuente de conocimiento que se guarda en ellos, aprenderá que el verdadero amor disfruta del desarrollo del otro con orgullo, vive su crecimiento sin envidia, valora su vuelo sin cortarle las alas, sabrá que quien ama defiende, protege y respalda,y al fin entenderá lo que significa ser compañeros de vida.

En definitiva, Margarita descubre el amor de verdad por instinto, y es que, tal vez la vida no vaya de búsqueda sino de encuentro.

Amaneció de nuevo Madrid, es una novela profunda, inteligente y honrada, sin trampas ni recursos manidos, que escudriña el pasado que cargamos en la espalda.

Os gustará.

Un abrazo, espero que estéis muy bien, cuidaos mucho. La literatura nos sana.

Pili Zori

"El país del agua", de GRAHAM SWIFT

 La lucha del ser humano por ganarle territorio al mar, y cómo dicha lid incansable, y el liso y diáfano paisaje, dibujado por los humedales, ejercen gran influencia sensual y algo salvaje sobre el carácter de sus habitantes a menudo avasallados e inundados por el agua y la inversión de términos, como el de tener el mar por encima de la tierra.

La obra se desarrolla en los Fens, que según nos cuentan los geógrafos, a quienes no los conocemos, pertenecen a un territorio bajo, pantanoso y muy fértil, apodado “El granero de Inglaterra”. 

Gracias a la intervención de hombres y mujeres mediante el drenaje, la construcción de canales, diques, bombas, esclusas…, ingeniería en definitiva, es una de las zonas agrícolas más potentes y productivas del país, y se asienta sobre turba. 

La novela tiene ambas lecturas la “real” y la metafórica, y la localidad en la que se desenvuelve es en sí misma un personaje principal.

Dentro de dicha atmósfera se desarrolla esta novela de enorme hondura que se plantea –entre muchos otros dilemas-: ¿Para qué sirve el estudio de la historia?, ¿qué buscamos al plasmarla?, ¿quiénes la hacen y protagonizan?, ¿los políticos?, ¿la economía?, ¿la gente común? Y ¿desde qué lugar se cuenta?, ya que no es igual lo que sucede al mismo tiempo en un barrio alto que en otro obrero, o lo que ocurre a la vez en los Fens o en Nueva York. 


Por tanto la historia sin ser mentirosa sí es parcial, dado que hasta en lo que contamos sobre nosotros mismos eludimos detalles relevantes y disimulamos muchos de nuestros episodios. 

El temperamento influye para el progreso o para la decadencia, véase en la actualidad a Donald Trump, los motivos y el pasado importan ya que este mal hombre fue criado y proyectado para lo que hoy es. 

Deduzco que al autor le interesaron las razones de los acontecimientos y las quiso desentrañar con ejemplos locales fácilmente entendibles para quienes vivieron allí, y como lo local es universal también podemos comprenderlos nosotros, los mesetarios de interior. 

Puesto que los hechos ocurren en pocos instantes y lo que los hace más largos y duraderos es la indagación y la búsqueda de las razones, el autor utilizó a su personaje, el señor Crick, profesor de historia, para que nos contase que tras el escándalo de que su esposa secuestrara a un bebé, e intuyendo que será retirado de la enseñanza, aunque sus colegas aleguen eufemismos de jubilación, decidió saltarse el plan de estudios de su asignatura y contarles -a modo de confesión- a sus alumnos y alumnas de instituto la historia de ellos, habitantes de los Fens, a través de la suya propia: la de los Atkinsons por parte de madre, y los Crick por la rama paterna, pero ¿por qué su esposa roba un niño? Se pregunta el lector. Esa es una respuesta que nos irá trayendo de forma fragmentada el vaivén del agua hasta la orilla del río y de la exclusa. 

“Lo difícil es saber qué es lo real”, nos dice el Señor Crick. 

“De las deducciones se obtienen conclusiones que no sirven para aplacar el miedo”. 

Tal vez necesitamos admirar y la historia real también tiene sus mezquindades, más pequeñas o más grandes, que son el motor que mueve el mundo por mucho que lo queramos idealizar.

La composición de la novela –como ya he adelantado en renglones anteriores- suena como el vaivén del agua que trae y lleva objetos y recuerdos de pasado, presente y deseos de futuro, y así es como Graham Swift nos hace el relato, no necesariamente con flash back, sino con el oleaje. 

Con la voz de su protagonista el Señor Crick, nos cuenta que a menudo pensamos que los ríos avanzan siempre, pero no es cierto, se llevan y también traen cosas en el empuje de la desembocadura contra el mar, animales muertos que devuelven las olas, muebles, objetos delatores y significativos… 

Nosotros tampoco  caminamos siempre hacia delante, también volvemos sobre nuestros pasos hacia atrás y desandamos el camino, o nos movemos hacia los lados o en círculos. Pues bien, la historia hace lo mismo: avanza, retrocede, evoluciona, involuciona, se repite…

Y el drenaje de los Fens es como remover el pasado y el presente juntos, como una memoria sin resolver que vomita crímenes, pero incluso en dichos asesinatos, como el que en las páginas acontece, aunque salgas inocente y se declare y dictamine que la muerte de Fredie, fue accidental, lo que importa es la forma en la que el fallecimiento fue inducido, cómo se tejieron y pespuntearon los ingredientes de la instigación, aunque no hubiera malas intenciones.     

La novela en mi opinión -subjetiva, naturalmente-, es de alto contenido religioso y condenatorio, ya que la fábrica de cerveza arde como un infierno, y las doce botellas que el incestuoso padre elaboró con su hija y amante con aquel potente brebaje que se preparó para celebrar la Coronación es un legado maldito frente al sacrílego deseo de concebir en el vientre de su hija -creyéndose Dios-, un vástago que sería el salvador del mundo.

Dicho sentimiento apocalíptico se desarrolla entre el paréntesis de las dos guerras mundiales, detalle más que significativo. 

La ingesta de alcohol está condenada en muchas de las páginas, y el sentimiento de culpa pulula en cada una de ellas. De hecho el arma del crimen es la botella con la que Fredie es golpeado, el agua la delata devolviéndola a la esclusa.

Todos los males del pasado en las generaciones anteriores de la familia se van entrelazando con el presente como una maldición en la siniestra carrera de relevos. 

Dick nace discapacitado, pero sí con altísimas capacidades para la mecánica que en aquel tiempo se consideraban conocimientos inferiores, la madre de él y de Tom, su hermano menor muere cuando Tom apenas tiene diez años y Dick catorce. 

Una llave abrirá el luciferino legado que se halla escrito dentro de ese cofre de Pandora que su abuelo-padre le entregó a la madre-hija. 

Llegados a este punto añado mi maldición hacia la ignorancia: no quisieron enseñar a Dick ni a leer ni a escribir, y nadie educó en la sexualidad a Tom y a Mary, jóvenes de dieciséis años, para que en pleno desarrollo y efervescencia hormonal pudieran descubrir sus cuerpos y su amor sin el riesgo de tener un hijo no deseado.

Ninguno de los tres tenía madre y a los tres les vino grande la vida, también a Fredie que halló la muerte -envuelta en paradoja- en un país de agua por no saber nadar y por beber en demasía con el mal ejemplo paterno que trapicheaba en el tren con bebidas alcohólicas mientras su esposa le encubría como guardagujas cuando él dormía la mona. 

Sí, esa también es la historia, como lo es la de la sórdida abortera en un mundo hipócrita y sin asepsia que quiere mirar para otro lado como si sus hijos fueran angelicales criaturas sin sexo. 


El posterior trauma, sin tratar ni resolver, será la llave de la cárcel del alma en la que Tom y Mary vivirán como reos sintiéndose cómplices sin derecho a redención, y recluidos a pesar de la profundidad de su amor. 

Ella busca el perdón y la absolución en Dios, pero no los halla.

El profesor se despide exclamando que a esa edad, la misma que tienen sus alumnos en ese momento, él fue a la guerra y que los niños muertos y tantísimos inocentes sin nombre, que vio horrorizado, sepultados en el barro, también forman parte de la Historia y que esa fue la razón por la que él se dedicó a la enseñanza de ella.

Para no olvidar a los olvidados -añado.

En el desenlace vemos cómo la casa de los Crick está anegada por el agua, hundida prácticamente hasta la mitad de su construcción, el símbolo está servido.

***

Por ponerle alguna pega a este hallazgo de Literatura innovadora con mayúsculas, y a este tratado de filosofía y documentación histórica, diré que los pasajes de las anguilas para que entendamos su invisible aparato reproductor son demasiado extensos, aunque comprendo el enlace y cómo Graham Swift equipara el proceso de maduración en esa significativa mirada de Mary al pene de Dick, cuatro años mayor que los demás, pero un niño grande, al fin y al cabo, más infantil que ellos.

Las anguilas en este caso son un elemento fálico. De hecho Fredie mete una en la ropa interior de Mary. 

Al igual que con el ejemplo de las anguilas -en la exhibición sobre el puente del río, con los chicos y chicas semidesnudos-, están representadas las distintas fases del desarrollo sexual, Dick ya tiene vello en pecho y axilas y Mary está completamente hecha en su magnífico aspecto de mujer cuyo cuerpo reclama -sin saberlo todavía- esa llamada de deseo urgente que la naturaleza no doma.   

Para finalizar sólo me queda dar las gracias a Graham Swift por haberme invitado a estar en su clase de historia, tal vez impúdica en algunos tramos, y dura, desagradable y triste en otros, pero sólo así dos adolescentes enamorados  ven lo que les puede ocurrir si no utilizan medidas anticonceptivas. Con poner cara de escándalo no arreglamos nada.

La novela no es de lectura fácil ni placentera, pero como dijo recientemente una compañera del club de literatura al que pertenezco: 

“Los libros son como las personas, hay que conocerlos y con algunos se tarda más”.

***

P.D. 

En nuestro grupo vimos junt@s la película basada en la novela. Nos la proporcionó nuestra Biblioteca. 

Está también en Youtube en inglés, pero podéis activar los subtítulos. 

El filme coloca de forma distinta las piezas, tiene otro lenguaje visual, como es lógico, pero sirve muy bien de complemeto. Dirección y elenco magníficos, buena fotografía y pasiaje muy bello.

Un abrazo, cuidaos mucho, gracias por las visitas, me producen mucha ilusión.

Pili Zori

"Regiones devastadas" y "Mujer de aire", de ENRIQUETA ANTOLIN

"Regiones devastadas" y "Mujer de aire",  de Enriqueta Antolín.

Ambas novelas corresponden a la trilogía que comienza con "La gata con alas", en la primera se desarrolla la infancia de la protagonista, en la segunda -"Regiones devastadas"- la adolescencia, y en "Mujer de aire" aparece como broche de ciere y desenlace Dora con 39 años y narra desde la cama de un hospital su propio balance.

Una carpeta gris lacrada por su padre descansa sobre la mesilla y un nuevo propósito de memoria y vida surgirá paradójicamente desde los efluvios oníricos provocados o no por la anestesia ¿ordenan o desordenan sus evocaciones?, ¿el sinsentido cobra sentido? el destino tiene curiosas formas de expresarse.

Las dos novelas -para mí constituyen un sólo volumen- son un homenaje, una recuperación de la dignidad, y una confesión en la que se alternan los sentimientos ambivalentes de huída y también los de compromiso, las ganas de vivir en la ignorancia sin problemas y al mismo tiempo la necesidad de saber y el deseo y deber de resarcir la injusticia, de devolver la verdad a quienes les fue arrebatada por calumnia. 

Y al mismo tiempo el amor y el desamor en el que fluctúa dicho balance vital y en el que presente y pasado se conectan.

En España siempre decimos que en los casos de separación o divorcio hay dos versiones como mínimo y que se debe escuchar a ambas partes, pues bien -aunque yo haya traído a colación el ejemplo cogido por los pelos, puesto que en la novela nadie habla de divorcio ni de separación voluntaria-, eso es lo que con la mejor de las intenciones hacen los libros que nos hablan de lo que sucedió durante la dictadura: sacar a la luz lo que tantos años se mantuvo en el oscurantismo, sin más, y no hay por qué alterarse, y que conste que no me excluyo del consejo, ¿acaso no es cierto aquello de "La verdad os hará libres"?, pues no nos ceguemos con las cerrazones porque no se puede tapar el sol con un dedo y a los hechos hay que llamarlos por su nombre y no se hunde el mundo.

Desde nuestra perspectiva de este 2025 que ya se acaba, leo los comentarios o estudios que se hicieron en el tiempo en el que ambas novelas fueron escritas, finales de la década de 1990, y no me queda más remedio que sonreir irónicamente, porque algunos de esos artículos elaborados por hombres tenían un tufillo mal disimulado de prepotencia en el que trataban de dirigir a las mujeres escritoras hacia el redil "ortodoxo" para corregir su estilo en pro de la "buena" literatura. Dicho de forma sencilla: acusaban a las autoras de ser sentimentaloides, victimistas..., ellos no comprendían aún que estaban asistiendo a una nueva forma de narrar propiciada por voces que pertenecían al mundo privado e íntimo que era el que habitaban las mujeres -y no hablo de trabajar o no fuera de la casa sino de una manera de escribir, de ser y de sentir distinta más introspectiva-, en ese momento las mujeres salían a la claridad del día como una explosión, los clubes de lectura se llenaron de ellas que los han mantenido y cuidado hasta nuestros días.

Las autoras pisaban fuerte, aún teniendo que aguantar que las acusaran de escribir para mujeres, dicho de forma peyorativa naturalmente, o que eran "mujer de..." si sus parejas también publicaban desde hacía más tiempo. Ese era el título implícito y subalterno que recibían.

Menos mal que con el paso de los años se descubrió que había varias clases de inteligencia y que la emocional era la más importante puesto que es la base en la que se sustentan las demás,  es la que nos lleva a elegir amigos, estudios, trabajos, compañero o compañera de vida, unas veces con acierto y otras sin él.

En fin, que los sentimientos nos conducen, y pobre del que no los tenga o los menosprecie.

Por suerte ya nadie se plantea aquello de literatura hecha por y para nosotras, hoy no se hacen distinciones. Pero sí, hubo que abrir boquete, por no decir brecha.


Enriqueta Antolín, al igual que su esposo Andrés Berlanga, ya no están entre nosotros, fueron periodistas y escritores de ficción, dos grandes de la literatura.

***

Cada uno de los libros del trío se puede leer con independencia y por separado, pero sí es recomendable continuar la lectura.

Más adelante si consigo encontrar la primera entrega "La gata con alas" me zambulliré en ella como si fuera una precuela.

En "Regiones devastadas" la figura del narrador habla en segunda persona, confieso que no me suele gustar dicha herramienta, me parece forzada y artificial dado que alguien se dirige al o a la protagonista para contarle cosas que él o ella ya conocen porque las viven o vivieron en carne propia, algo así como cuando me digo a mí misma ¿pero Pili, qué has hecho? y de sobra sé lo que ha ocurrido.


Explicado de forma muy simple, aunque tal vez no sean necesarios mis incisos y aclaraciones, añadiré que la tercera persona, mi preferida, es ese diosecillo que todo lo ve: puede contemplar lo que sucede delante de sus ojos, a cada lado, a su espalda y también por encima de su cabeza, es decir: conoce todo sobre los personajes, su pasado, su presente e incluso el futuro, lo que sienten piensan, disfrutan y padecen, crea y describe la acción, aunque los protagonistas y secundarios dialoguen y eso sí lo hagan por sí mismos, es el que llamamos narrador omnisciente, y puede opinar sobre lo que ocurre dentro de las páginas e incluso juzgar. 

La narración en primera persona sin embargo sólo puede contar lo que el personaje ve, piensa, siente o padece a través del yo subjetivo o del nosotros y si quiere transmitir lo que sucede a su espalda o cuando no está presente necesita la ayuda de otros personajes para que se lo digan o actúen ante él.


En el caso de "Regiones devastadas" sin embargo sí adquiere sentido el uso de la segunda persona, es decir, el "tú", puesto que la protagonista es la misma que ahora, siendo adulta, ya le puede explicar y entregar gran parte de las respuestas a la niña y a la adolescente que fue y se crió y creció en la oscuridad y en el silencio de los adultos sin entender lo que ocurría a su alrededor, el por qué de la ausencia de su padre, la muerte de su profesor de instituto más querido, las medias palabras..., mientras recorremos parte de la postguerra -desde 1950 a 1954  y ya en "Mujer de aire" los años posteriores hasta llegar a la democracia en nuestro país.

El fidedigno retrato que nos muestra de la ciudad de Toledo en aquellos años, cuya vida cotidiana era trasladable a cualquier capital del centro, es magnífico, y también el de Madrid. 

He tenido la misma sensación que experimenté cuando leí "Suite francesa" de Irène Némirovski: la de estar recibiendo la historia en el momento en el que ésta se está produciendo. 

Enriqueta Antolín creó los personajes maravillosamente perfilados tanto física como anímicamente, con pinceladas muy certeras, la madre, Rita, el abuelo... Salen los temas tabú femeninos de la época... 

Tanto Regiones devastadas como Mujer de aire son espejos que nos reflejan e identifican.

El lenguaje de aquel tiempo requiere un oído social muy agudo y Keti Antolín lo clavó.

Escogió describir la feria y su alegría frente a las vidas truncadas que también la merecían.

Fue una escritora de la generación del 68, valiente y adelantada, con una mirada tremendamente aguda.  

Ambas novelas son un canto y un requiem lleno de sinceridad y ternura. Y al leer sus libros el homenaje se lo haremos también a ella.

Espero que estéis muy bien, gracias por las visitas, vuestra cálida compañía me arropa.

Un abrazo, cuidaos mucho.

Pili Zori

"El otro lado del lienzo", de PILI ZORI

Dafne, mujer de enigmático origen y adolescencia truncada por la muerte de sus padres adoptivos, comienza a tener sueños extraños.

Tras un largo e inútil pregrinaje de médicos y psicólogos  decide ponerse en manos de Mauricio Sénder, doctor en psiquiatría.Él dará con la clave: 

¿Es posible vivir en dos tiempos? ¿Quattrocento? ¿Novecento? ¿Dafne y Ornella son la misma persona?

Un viaje hasta el siglo XV nos dejará en la Florencia de Lorenzo Medici.

Bajo el Barnizado mundo del Magnífico se esconden las conjuras, las bajas pasiones y el crimen. Sólo un pintor y una mujer desafiarán las fronteras temporales para continuar con algo que jamás debió ser interrumpido.

En el ambiente histórico del renacimiento se desarrolla esta novela de personajes fronterizos, cuya fuerza es la amistad y la pasíon.

Pili Zori

***

Los encuentros con clubes de literatura son distintos a las presentaciones de un libro, dado que se suelen hacer en exclusiva para ellos una vez leída la novela. 

Por esa razón a menudo quienes no forman parte de dichos clubes y leen el libro en solitario me piden que de algún modo les cuente lo que en ellos sucede para que puedan acercarse a lo que allí expongo y los componentes del club comparten conmigo. 

Como es natural no son contenidos fijos ya que tras mi introducción surgen preguntas y aportaciones a veces similares en todos ellos y otras de cariz muy distinto aunque nos hagan desembocar en el mismo mar, pero por diferentes meandros o derroteros.

Lo cierto es que quizá por algún pudor absurdo, hasta ahora no he reseñado esta novela, y me instan a que, puesto que analizo y comparto las de otros escritores en mi blog y también en el espacio que me da facebook, por qué no hacerlo con las mías, que además están disponibles en el préstamo individual de la Biblioteca de Dávalos y también en el colectivo de los lotes para clubes.

Así que intentaré trasladar aquí, con mayor o menor acierto lo que en ellos ocurre, aunque como imaginaréis, el lenguaje oral, y la presencia en grupo, generan cálidas energías.

Suelo comenzar así:          

Al igual que vosotros también formo parte de un club de literatura desde hace tres décadas, ¡nada menos!, y no sabría decir qué me proporciona más identidad si pertenecer al grupo o ser escritora, ya no se leer un libro sin compartirlo.  

En un club de lectura se dan cita personas de todas partes de la ciudad, con distintas adscripciones, estatus, ideologías..., pero en él esos detalles no cuentan porque lo que de verdad importa es lo más valioso que tenemos: nuestras opiniones, sentimientos, reflexiones…, y sin apenas notarlo obtenemos desarrollo personal y también literario mientras se produce una corriente de afectividad grande.

Los clubes de literatura son escuelas de democracia, porque cada persona necesita decir lo que piensa y siente al hilo de lo que le suscita lo que lee y hace un esfuerzo importante para no herir con sus palabras, pero sin dejar de ser ella misma.   

No tenemos que olvidar que en los años setenta del siglo XX este precioso encuentro que tenemos hoy habría sido considerado una reunión ilegal. 

Un Club de lectura es un delicadísimo tesoro que debemos cuidar y proteger. 

Cuando acabó la dictadura franquista y se abrieron de par en par las puertas a la etapa histórica que nacía, las mujeres acudieron en tropel como una exhalación a conquistar el espacio público que les correspondía por derecho, al igual que surgieron escritoras con nuevas voces, distintos estilos, diferentes miradas que provenían del mundo interior, de estar con vecinas dentro de las casas, con mentalidad de “Entre visillos”, como diría Carmen Martín Gaite, y aunque trabajasen o estudiaran fuera del hogar, seguían sintiéndose satélites del astro masculino en cualquier ámbito. Y llenaron clubes y talleres de todo tipo con hambre y sed de cultura compartida.

Y es que un libro es como un gorrión que aletea en el cuenco de tus manos, parece tan tuyo que terminas pensando que lo has escrito y proyectas en él tus inquietudes, lo que te preocupa, lo que te llena, lo que te falta, lo que te gusta, lo que no…, cada lector hace sus subrayados personales que le añaden hermosos epílogos enriquecedores. 

Una novela de papel es el objeto de deseo más interactivo que existe, vas leyendo hacia delante en caricia, siempre con el contacto de la piel de los dedos, de las manos, te detienes, vuelves hacia atrás, si se cae al suelo no se rompe… 

De todas las artes la literatura es la más accesible, no puedes poseer una escultura de Miguel Ángel, o un cuadro del Museo del Prado, pero un libro sí, y si te acercas al hogar en el que descansa junto a otros: La Biblioteca Pública, te sale gratis. Para mí es el máximo hallazgo. 

En cuanto a la creación, con un bolígrafo y folios, o con un teclado levantas universos que antes no existían y en ellos haces que vivan personajes a los que concedes el soplo de la vida, y da lo mismo si existieron o no fuera de las páginas porque en su mente y en su corazón no estabas, por tanto pasan a ser ficción aunque tires del hilo de los hechos. 

Eso sí, lo que debe estar impecablemente documentado es el ambiente, la vida cotidiana, la línea de pensamiento, la comida, las costumbres de la época…

Decía Marina Mayoral que hay dos clases de escritores, los que tiran de sus propias experiencias y los que crean personajes, ambas formas se pueden considerar literatura con mayúsculas, yo pertenezco a la segunda, los veo, sé a lo que huelen, lo que sienten, lo que piensan…, y no tengo que estar de acuerdo con ellos, de hecho a veces algunos se desarrollan -aunque les dé capones-, más de lo que yo en principio tenía pensado y sin embargo otros que iban para protagonistas pasan a ser secundarios. Son misterios que hay que respetar en el proceso. 

En los sueños nocturnos, cuando duermes, puedes crear ciudades, volar, cantar a lo grande, tener pesadillas terroríficas…, pues bien, algo parecido nos sucede a quienes escribimos, y de ese lugar en el que todo es posible surge la literatura, no basta con la imaginación es algo más profundo que probablemente aúne herencias de otros seres y otros tiempos en nuestra memoria ancestral. 

Un arquitecto primero ve el edificio en su cabeza y después lo levanta, un escultor le arranca al mármol lo que sobra y aparece la figura que tenía concebida en la imaginación, lo mismo sucede con un pintor, alguien con un trozo de tela imagina y visualiza cómo va a ser un traje o un vestido, otros realizan una deliciosa comida transformando los ingredientes en la elaboración sin tener conocimientos de química…, la vida es arte puro y a ella le gusta que la miren, que la observen, que le presten atención, que sepan escucharla.

De algo intangible como puede ser un sentimiento brota lo tangible como las lágrimas, convivimos con lo sobrenatural a diario.  

Una vez le preguntaron a Almudena Grandes que cuánta parte de autobiografía contenían sus novelas, y ella respondió con otra pregunta ¿Qué es lo autobiográfico? ¿Lo vivido?, ¿lo pensado?, ¿lo soñado? 

En mi caso es mi mirada, si construyo un ladrón lo perfilaré como lo veo. Escribo desde mi modo de contemplar el mundo, y es la entrega más íntima que alguien puede dar. Lo demás tan sólo es el relato de los hechos, pero lo que en realidad importa es lo que se deduce de ellos. En alguna entrevista me preguntaron qué es para mí la literatura y de inmediato respondí: Alimento para el hambre, agua para la sed, y un refugio al que acudo para volver de él siendo mejor.

Para muchos lectores la literatura es una forma de evasión, de entretenimiento, para otros, si la lectura es compartida, puede ser también un modo de socializar, hay quienes buscan respuestas, otros, identificación, reafirmaciones, conexión, aprendizaje… Todas las opciones son válidas, el lector es soberano y elige.

Para mí es mi vida, mi brújula, mi estabilidad, mi concentración, mi estructura, mi razón de ser. 


Me considero una escritora existencialista, es decir: me interesan la introspección -cómo es el personaje por dentro y de qué manera le afecta el exterior-, el amor y el desamor como motor que mueve el mundo, la amistad, la vida, el dolor, la muerte, los claroscuros..., todos somos capaces de lo mejor y lo peor. 

En definitiva: Me interesa comprender. 

¿Qué busco al plasmar esas inquietudes en la trama, argumento y tono de un libro cuando lo escribo? Tal vez mi trocito de eternidad, sin que suene pretencioso. Somos efímeros, incluso nuestras vestimentas viven más que nosotros, y quizá por esa causa hacemos tantas fotos: para dejar constancia de nuestro paso por la tierra. 

***

La composición de El otro lado del lienzo es compleja, pero no por ello difícil de leer, decidí romper las barreras temporales para crear la sensación en el lector de que está frente a un juego de espejos, quería que sintiera que los acontecimientos suceden al mismo tiempo en ambos periodos históricos Quattrocento siglo XV y novecento, siglo XX, para ello necesitaba crear paralelismos, y así es como Dafne recibe la orientación de Antonio Benavent cuando queda huérfana abruptamente en la recién estrenada adolescencia. 

Son importantes las personas que se cruzan en nuestros caminos, en nuestro paso por la vida, a veces en momentos o periodos muy cortos, pero fundamentales para que nuestras existencias no se tuerzan, y Benavent, director de un banco, enseña los rudimentos prácticos para que Dafne aprenda a manejar su pequeña herencia -la crematística a la que es tan ajena todavía-, su peculio personal, y a protegerse de las posibles adversidades que una muchacha tan joven pueda encontrar en una gran urbe: Madrid en los años setenta del siglo XX. 

En “el otro lado” Giovanni Filipepi, director de una sucursal en Florencia se comporta de igual modo con Ornella también huérfana y vemos como de la vulnerabilidad siempre nace la fortaleza. Las coincidencias no quedan ahí: Ambas son mujeres genuinas que se han creado a sí mismas. Las dos dibujan y pintan, Dafne además trabaja en la hostelería, en el restaurante Samarkanda, y Ornella a su vez domina el arte de la alta cocina medieval en su trattoría.

Era necesario estructurar para que los lectores pudieran orientarse aunque yo jugara con osadía a ser Albert Einstein con la relatividad del tiempo, y para ello, y puesto que Botticelli está considerado el pintor de los mitos, me serví como era de esperar de la mitología puesto que ese era su lenguaje. Y ahí aparece el pobre y andrajoso Caronte navegando en el río de las lágrimas mientras mira en las ondas que dibujan sus remos todo lo que acontece en la eternidad de sus cristalinas aguas y en las dos orillas. Así generé las separaciones, los imaginarios tabiques líquidos que distribuyen a lo largo de las páginas las diferentes escenas y etapas cuando él aparece.

Como veis cada personaje tiene su misión en la obra y en este caso necesitaba un puente firme y ahí entra Mauricio Sénder, era imprescindible que él manejara disciplinas diferentes, que no fuera un psiquiatra cerrado y en exceso ortodoxo sino una especie de oráculo de Delfos para así continuar con los símbolos de la bella y significativa mitología, con los enigmas que impregnan cada página, tenía que ser alguien abierto a diferentes disciplinas e investigaciones sin miedo a mezclarlas aunque para ello fuese tildado de ornitorrinco por su rareza adelantada.

En nuestro 2026 hay más apertura, neurocientíficos que conjugan psique y cuerpo, en la actualidad no consideramos una única inteligencia sino varias que se sustentan en la emocional… y muchas de las facetas que escribí por intuición hoy se corroboran normalizadas.

Sentí a Botticelli tan triste, empobrecido y enfermo en el final de sus días que quise regalarle un amor tan poderoso y fuerte que fuera capaz de atravesar los márgenes del tiempo como lo hicieron sus pinturas y la fuerza del espíritu que impregnó en ellas y por eso le soñé a Ornella, pensé que la merecía. ¿Ella y Dafne son la misma persona? De nuevo quienes leen deciden. Esa respuesta por honestidad la dejé abierta, aún queda mucho por estudiar y descubrir sobre la memoria ancestral.

El largo periodo de investigación fue tan apasionante que tuve que ponerme orejeras, para que no se desbordase como un tsunami ese océano de pasmosa información sobre la cuna de la cultura y los negocios que fue Florencia en aquel periodo tan rico y modernizador en el que Lorenzo y Giuliano Medici –mecenas impagables para unos, o mafiosos sin derecho a redención, para otros- cambiaron el mundo dando paso al desarrollo y proliferación de las artes más sublimes con su patrocinio, después de ellos sobrevino el estrepitoso declive de la estirpe, de toda la dinastía.

El otro lado del lienzo es una novela coral cuya envoltura es la hermosa Florencia que dio cobijo a la valentía e innovación de las artes y también a las bajas pasiones y el crimen.

Para no hacerte spoiler tendrás que leerla.

Un Abrazo

Pili Zori

***

P.D.

El otro lado del lienzo quedó finalista en tres concursos literarios:

En 2017 en el "Premio de novela Fernando Lara". 

En 2013 En el "Certamen de novela Azorín".

Y en 2012 En el "Premio de narrativa Ciudad de Badajoz".