Llevo
muchos meses sin asomarme por aquí. Es como si sintiera una especie de pudor
irracional e impreciso, como si de pronto me pareciera frívolo tener tiempo
para hablar de cine, de series o libros. Con la que está cayendo, -me digo-,
pero entonces se me mete en el oído la preciosa voz de Mercedes Sosa y escucho:
Si se calla el cantor calla la vida, porque la vida misma es todo un canto…
Y
aún a riesgo de parecer pretenciosa por atribuirme capacidades de juglar que no
poseo, descubro que lo que me ocurre es eso: que tengo atravesada una espina en
la garganta que no me deja cantar ni siquiera escribiendo, y no quiero
callarme, pero lo que me amedrenta es precisamente no saber qué decir, no
encontrar lo que puedo hacer para arreglar este desaguisado en el que han
convertido a mi país.
Aún
así y con toda la torpeza intentaré describir los sentimientos que me tienen
acribillado el estómago.
Hace
unos días escuché a un experto en economía, que refiriéndose al aumento del
paro y a los sangrantes recortes, dijo: “Lo que está sucediendo empieza a tener
visos de crimen contra la humanidad.” La frase definió con precisión lo que yo
sentía. Porque es un crimen que a la gente se le quite el sagrado derecho al
trabajo, a poder ocuparse de su familia. Es un crimen que tiene consecuencias
gravísimas, que se traducen en depresión y ruina. Y se me vinieron a la cabeza
varias frases de Bertolt Brecht:
“Al río que todo lo arranca lo llaman
violento, pero nadie llama violento al lecho que lo oprime”.
“Cuando la verdad sea demasiado
débil para defenderse tendrá que pasar al ataque”.
“Cuando el delito se multiplica
nadie quiere verlo”.
Soy
persona de paz, así que no estoy llamando a las barricadas, como comprenderéis,
sólo aviso de que las situaciones insostenibles se desatan, nada más. Los recortes
no están solicitando a los ciudadanos que saquen las huchas y entreguen algo de
sus ahorrillos para que entre todos salgamos del paso, no. Los recortes están
destruyendo puestos de trabajo y el trabajo lo realizan personas dejándose la
piel, eficientes y sobradamente preparadas, con hijos pequeños que comen y
visten a diario y con techo que pagar. Personas que no están siendo absorbidas
en otros lugares, despachos o tajos a los que se adaptarían de buen grado y en
donde volverían a dejar el pabellón muy alto con su buen hacer. No. Se van a la
calle y en la calle no hay trabajo.
En
la Biblioteca Pública de Guadalajara había una mujer hermosa, lo expreso así
porque quiero ponerle el rostro para comprobar si mirándola a la cara se
sostiene la injusticia, quiero coger de
la barbilla a los responsables para que la contemplen y observen en concreto y
no en abstracto, y lo haré sin ni siquiera nombrarlos para no herir las
susceptibilidades de nadie, pero ser político no es más que eso: estar al tanto
de cómo funciona el sector social y laboral que te ha sido encomendado, conocer
el making of desde el primer peldaño
hasta el último. Esa joven mujer trabajadora, esposa y madre, de pelo negro
ondulado, de ojos muy penetrantes por el hábito de estar atentos, de agradable
sonrisa y cuerpo esbelto y ligero por recorrerse al día 90 veces los tres pisos
de la biblioteca, es quien recibía a los colegios, preparaba los eventos, se
ocupaba de los encuentros con autores,
hacía malabares imposibles para proyectar una película que tenía que ver
con lo que estábamos leyendo, disponía espacios para que los niños pudieran
recibir clases… controlaba los horarios con la precisión de un reloj suizo, y
sincronizaba todo lo que a la vez se estaba produciendo con batuta de directora
de orquesta, y milagrosamente conseguía darle unidad al caos.
Esa
mujer conocía uno por uno a todos los miembros de los clubes, que son dos
centenares, trataba a cada coordinador voluntario como si fuéramos estrellas, y en su
tiempo “libre”, que rara vez lo tenía, preparaba el suyo, también era coordinadora
de un club de literatura que enriquecía con equipaje cultural brillante,
característica común a todo el equipo de esta biblioteca que durante años
estuvo en el ranking como la segunda mejor de España. Comprenderá usted, señor
político, que la distinción no se debía sólo al número de libros que se sacan
prestados, el ranking lo tenía por la diversidad de sus actividades.
Naturalmente
Concha, así se llama, recogió el testigo de otras compañeras también eficaces que
como ella fueron la cara amable de esta empresa pública, el rostro que te da la
bienvenida junto a los compañeros de los mostradores, la jefa o responsable,
como usted quiera, de actividades de la biblioteca. Además y fuera de horario
controlaba el protocolo de todas las autoridades que venían invitadas, es
posible que a usted, en alguna ocasión le haya preparado la silla en el lugar
apropiado para que se sintiera cómodo. En fin… Concha es alguien por cuyos
servicios se darían tortas en otros ámbitos, si no fuéramos un país
desconsiderado que no defiende los cimientos, los pilares que lo sostienen, y
deja en último lugar a sus ciudadanos.
Conozco
a alguien que ha trabajado cuatro meses en una tienda sin cobrar, los estimados
señores de la franquicia se dedican felices -desde su sede en otra comunidad
remota y sin dar la cara- a contratar muchachas cada trimestre a las que pagan
doscientos euros alegando después que no hay más y a la calle. En el escaparate
reza un rutilante cartel, “liquidación hasta fin de existencias”, en el cristal
no pone por cierre de negocio, ni por ERE ni por quiebra. No hace falta
estudiar derecho en Harvard para saber que dicho delito se llama estafa y que
debería ser juzgado por lo penal, pero a esa clase de bandidos nadie les persigue,
nadie les echa cuentas, y añado, aunque no haga falta porque ya se
sobreentiende, que son los nuevos tratantes de esclavos, agrego que en este
país con tanto agujero legal se cuelan los capos de nuevo cuño y aprovechando
que el Pisuerga pasa por Valladolid excavan por debajo y con su labor de zapa
hacen trizas la carpintería de tantos años de construcción de un estado de
deberes y derechos. Esa muchacha de la que hablo, además de estar
sobradísimamente preparada como Concha, con estudios superiores y talentos que
ahora no valen nada, se ha matado a cuidar la tienda con horarios leoninos, a
limpiarla, a abrirla y a cerrarla, a descargar camiones, a colocar la entrega,
a ver todo lo que se vende, todo lo que sale, todo lo que entra, a llenar la
caja todos los días repleta… y a esperar esmerándose para que por ella no
quede, pues a la calle y no rechistes que el mundo tiene dos bandos, los que
llaman y los que salen a abrir, los que piden y los que dan trabajo… tras los
puntos suspensivos espero que se trasluzca la larga hilera de personas de bien,
cada una con su rostro con su mente con sus brazos y sus piernas bien
dispuestos para laborar, con su historia de amor, de alegría, de sueños y
esperanzas de futuro que no quieren ver truncados… Esa procesión que cada día
acoge a nuevos miembros, que cada vez es más larga, se está desesperando y es
el momento de declamar el poema que todos atribuíamos a Bertolt Brech, pero que
en realidad era el texto de un sermón que el pastor luterano Friedich Gustav Emil Martin NieMöller pronunció en 1946 dirigiéndose a sus
feligreses:
“Cuando los nazis vinieron a buscar
a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los
socialdemócratas, guardé silencio porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los
sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los
judíos, no protesté porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme, no había
nadie más que pudiera protestar.”
Lloré
mucho el otro día cuando vi a los antidisturbios quitarse el casco y guardar
respeto frente a los manifestantes, y no me importa que la razón haya sido
porque ellos también son funcionarios y ya se les empieza a tocar. Tengo el
defecto de la empatía que me impide ser drástica y leo en el interior de muchos
policías -o intuyo, para ser más exacta- y puedo escuchar con nitidez sus
preguntas y lamentos tales como: “¿A
quién defendemos?, ¿a quién
protegemos?, ¿para quién trabajamos?...
Tal vez ellos, muchachos sobradamente preparados también, se estén preguntando
¿es esto lo que nos piden?, ¿que nos convirtamos en apedreadores de
gentes que defienden sus puestos de trabajo, de personas que sin culpa se han
quedado sin él?
¿Qué
orgullo vamos a sentir por un país que se somete a la dictadura económica de
invisibles poderosos que están rebajándole el precio a nuestro mapa para
someterlo a subasta y repartirse los trozos? ¿Para esto teníamos que estar en
la Unión? ¡Qué unión ni qué narices!, si no nos tratamos, si no nos conocemos,
si esto como siempre es el dominio de los señores del norte sobre los pueblos
del sur, si se mastica el desprecio.
Esto
es mi país: Un coladero de mafias, en el que patriotas evasores se exhiben en
la tele, lo mismo da una tonadillera que el yerno del Rey, un lavadero en el
que se enseñorean las blanquísimas mansiones deshabitadas de los dueños de los
paraísos fiscales que además también salen en pantalla, (se muestran las
viviendas sin inquilinos, no los dueños, esos señores encubiertos ya se ocupan
de que nadie las okupe, no vaya a ser que por dentro descubran el zulo) para
que pasmados exclamemos al unísono al contemplarlas en el televisor ¡Vaya
casas! Sí, así de estúpidos somos, sobre todo yo que se me hace la boca agua
con la decoración y los interiores, el que quiera que se salga. Casas
construidas con ladrillos de droga y de armamento, con el semen, las babas, el
sudor y las lágrimas de bellas mujeres engañadas. Para ellos las alfombras,
pegadas al suelo con la crema de untar.
Y
mientras tanto la plebe tratada a latigazos, esquilmada en sus sencillos
enseres para que esos señores invisibles del poder tácito que entienden tanto
de números y de primas peligrosas sigan alimentando su hambre insaciable.
Sé
que lo de antes no sirve, aquellos sueños por los que luchamos, las
herramientas que utilizábamos para lograr un país más digno... Sé que el 15M
está bien, y que recuperar el movimiento asambleario y vecinal siempre es muy
bueno y luchar contra los desahucios, pero tengo miedo de que se quede en una
ristra de slogans, de que se convierta en una romería periódica a ojos de los
gobernantes que al parecer tienen el arte de pasárselo todo por el arco del
triunfo, y un oído selectivo. Sé que hay un espacio entre las dos espaldas –la
del gobierno y la de los ciudadanos-, que no sé cómo coser ni cómo llenar y me
encuentro en ese pasillo. Y no hay cosa que más odie que no conocer a dónde voy
o en qué dirección me quieren llevar.
Estoy
harta de soberbios, a los que me gustaría decir que quiénes se han creído que
son, que por qué se les olvida que juraron o prometieron como servidores. “¿Te gusta el aeropuerto del abuelo?”… ese
es el señor Fabra. “Que se jodan”… y
esa su consentidísima vástago. Mal asunto si van al trabajo en taxi, si viven
en compartimentos estanco, en guetos que nunca se mezclan.
Estoy
harta de borrachos que en su lujuria de poder se creen faraones. No sé si
tendremos que volver al campo, no sé como reencontrar nuestra idiosincrasia, no
sé cómo nos las podríamos apañar entre nosotros, ni siquiera sé manejarme en
trueque, si aún no he aprendido a pensar en euros. Sólo sé que el miedo se ha
instalado y que los trabajos son campos de minas en los que los empleados
piensan que le va a tocar a otro ser despedido, olvidando que cuando tocan a otro
siempre te están mutilando a ti porque todo salpica, somos seres sociales y el
efecto dominó en la colmena es fulminante. Y tengo mucha tristeza y sólo se me
ocurre cantar y cantar por dentro aunque no tenga dotes de juglar como decía
antes y lo haga con las palabras de otro, porque a mí se me han descompuesto el
tono y el ritmo y ya no me sale esta poesía tan fea y tan dura y la emborrono
con llanto:
España camisa blanca de mi esperanza
reseca historia que nos abraza
por acercarse sólo a mirarla.
Paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.
España camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos amenaza
la pena deja plomo en las alas.
Quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.
España camisa blanca de mi esperanza
a veces madre y siempre madastra;
navaja, barro, clavel, espada.
Nos haces siempre a tu imagen y semejanza
lo bueno y malo que hay en tu estampa
de peregrina a ningún lugar.
España camisa blanca de mi esperanza
de fuera a adentro, dulce o amarga
de olor a incienso, de cal y caña.
Quién puso el desasosiego en nuestras entrañas
nos hizo libres pero sin alas
nos dejo el hambre y se llevó el pan.
España camisa blanca de mi esperanza
aquí me tienes nadie me manda
quererte tanto me cuesta nada.
Nos haces siempre a tu imagen y semejanza
lo bueno y malo que hay en tu estampa
de peregrina a ningún lugar
(Blas de Otero)
Aquí
me tienes, claro que sí, nadie me manda, quererte tanto me cuesta nada.
Al
menos en la biblioteca hay gentes valientes, empezando por la dirección, que
levantan su voz indignada cuando otros consideran que pueden quitarle un peón.
Pues
no se olviden señores de que también los peones dan jaque mate y tienen mucha
importancia.
Al
menos ahí, en ese maravilloso entorno lleno de libros, en esa meca, en ese
punto de encuentro va para Concha una enorme corriente de afectividad a la que
me sumo. Y todo el amor y el apoyo para los otros, todos los “sin trabajo” a
los que se han atrevido a insultar diciendo que se espabilen para encontrarlo.
Se me ocurre que estaría bien llenar muros y paredes con las fotos de todos los
parados, retratos que se puedan despegar cuando aparezca un contrato, es bueno
plantarle cara a los problemas, y llevarla muy alta junto a todos los demás.
No
soy una persona ofensiva, pero me están pisando el rabo y en mi propia casa,
como tantas familias también tengo hijos en paro, pero no quería parecer
interesada, porque dentro o fuera y a mi modo siempre he peleado.
Para
terminar con el deseo de que esta entrada no desvirtúe el objetivo literario de
este blog usaré de nuevo las frases de Bertolt Brecht, si es que lo son, en
cualquier caso siempre es un ejercicio de humildad saber que la importancia
reside en la obra y no en el autor:
“Los demócratas burgueses condenan
con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan
tanto a sus auditorios que estos olvidan que tales métodos se aplican también
en sus propios países.
El arte no es un espejo para reflejar
la realidad sino un martillo para darle forma.
La crisis se produce cuando lo viejo
no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer.
Un
abrazo, queridos amigos, Hasta el próximo encuentro.
Pili Zori
Hola Pili,
ResponderEliminarHacía tiempo que no entreba por tu blog y me he quedado sin palabras tras leer las tuyas.
Qué maravillosa reflexión!!!!
Espero que el desánimo no pueda con nosotr@s.
Un saludo,
Marta
Gracias querida Marta, siempre son muy bienvenidas tus visitas, como decía Mario Benedetti hay que defender la alegría, no podemos consentir que también nos la quiten. T Q M Pili Zori
Eliminar¡Qué maravillosa reflexión, querida Pilizori! Qué retrato más profundo, más completo y más aterrador de nuestra sociedad actual. "para que el mal triunfe sólo hace falta que los buenos no hagan nada". No sé a quien atribuir esa frase, pero es auténtica. Y tú sí que haces. Tú pones la voz y el grito por todos aquellos que no pueden, no quieren o no saben utilizar su propia voz. Gracias por tu compromiso, por tu implicación, por tu sensibilidad. Siempre te admiro.
ResponderEliminarQueridísima Juana, mi Jhoany. Tú sí que eres admirable como persona, y como poeta y novelista, una grande en este tiempo tan mercantil que no sabe apreciar a sus bardos, aunque por fortuna sí disfrutas de esa gloria que en tu caso y a pesar de su longitud siempre me parecerá corta.
ResponderEliminarMe emociona que sigas leyendo en presente este artículo de hace algún tiempo al que no le cambio ni una coma. Da lo mismo el nombre de la dedicatoria ya que la situación sigue siendo trasladable a cualquier persona del batallón de anónimos que la padece. Un fuerte abrazo compañera.
Sí, ya sé que tu artículo es de hace tiempo. Lo he leído varias veces, y siempre me produce la misma sensación de escozor, de desasosiego por su veracidad y su exactitud. Lamentablemente no ha perdido vigencia ni ha quedado obsoleto pese a los meses transcurridos. Eso significaría que la situación laboral y social ha mejorado sustancialmente, algo que, desde luego, no ha ocurrido. Y es doloroso comprobar que tanta crudeza, tanto mercantilismo y tanta sordidez siguen siendo de rabiosa actualidad en nuestro bendito país y en nuestra squerosa sociedad.
EliminarUn beso siempre.
Gracias de nuevo Juana por el honor que me haces al decir que lees mis cosas varias veces, también lo hago con las tuyas, ya lo sabes, y siempre me parecen recién escritas, me remites a aquella canción de Serrat tan bonita que decía ...¿Quién abrirá mis cajones, y leerá mis canciones con morboso placer?...
ResponderEliminarUn beso siempre.