"La velocidad de la luz", JAVIER CERCAS

He leído “La velocidad de la luz” de Javier Cercas dos veces. La primera lectura la he hecho de un tirón y la segunda con mayor detenimiento, en ambas he sido incapaz de analizarla, sólo la he sentido con fuerza.
Es difícil distanciarse para mirar esta extraordinaria novela desde más lejos, al menos yo no he podido, y si lo haces, me refiero a buscar esa distancia, corres el peligro de quedarte en la superficie contemplando desde la barrera y aquí no vale eso porque el autor lo que nos propone no es observar sino experimentar, y lo que nos muestra es el abismo, no para que te asomes sino para que te tires, te lances, (y no precisamente al vacío sino a esos pozos oscuros y hondos repletos de todos los seres que habitan dentro de nosotros mismos y que son capaces de lo mejor y lo peor, pozos en los que sólo la literatura consigue sumergirte). Nunca hay que olvidar que cuando creas literatura lo que haces en gran medida es rescatar aquel juego tan serio al que jugábamos en la infancia cuando decíamos:
“-¿Vale que yo era el soldado?
-Pues yo me pido el escritor
-Entonces yo hago de la mujer…”
Ese es el pacto: no interpretar sino ser. Y a eso es a lo que te prestas desde que entras por la puerta del universo que abre el escritor para recorrer ese mundo y la peripecia que te propone.
Considero que “La velocidad de la luz” no ha sido planteada para decir o compartir con el lector sino para preguntarle: ¿y tú?, ¿qué sentirías si te vieras en la misma circunstancia?, ¿qué harías? La novela tiene una intención interrogante y no de respuesta, al menos para mí.
He navegado con interés por las opiniones de otros lectores aquí en Internet, la mayoría elogiosas, pero no he podido evitar sentir tristeza por algunas (pocas) más negativas, naturalmente no las descalifico, el lector es soberano y ejerce su derecho a opinar lo que le dé la gana y ser, por supuesto, tan parcial como yo, precisamente por ello siempre digo que sólo a partir de la suma de las subjetividades puedes acercarte a la objetividad.
A Javier Cercas se le ha criticado que aluda dentro de “La velocidad de la luz” a su novela anterior “Soldados de Salamina”. Entendería que la queja fuera en el sentido de que tal vez esa elección podría sacar al lector de la "ficción" cuando más inmerso está por introducir en ella elementos intrusos y externos que provienen de la “realidad”, pero dichas quejas no van por ese camino, en realidad le acusan velada o abiertamente de vanidad o egolatría y ahí no me queda más remedio que discrepar: dicha alusión, me parece un acto de generosidad tan simple como el que hacemos cuando decimos "para no acusar, para no señalar, para no hablar de otros me pongo yo el primero", y eso es lo que hace: prestar al personaje experiencias y sentimientos propios sin dejar por ello de inventar, sin apartarse en ningún momento de la narración ficticia, imaginada. También he visto que se ha considerado descabellada la comparación entre los destrozos que produce una guerra y los que produce el éxito, y vuelvo a pensar con lástima que la novela y las intenciones del autor no han sido del todo comprendidas: “La velocidad de la luz” habla de cuando el alma de la persona se corrompe, y el hecho de que el conflicto bélico que describe el libro tenga un nombre y apellido tan grandes como Guerra de Vietnam no debe despistarnos ni desviarnos de que lo que verdaderamente importa no es el dato ni el espacio biográficos que Javier Cercas ha escogido para desarrollar su historia, porque sólo son detalles aleatorios, ambos están al servicio de la narración y ésta podría estar situada en cualquier otro lugar geográfico con otra cronología y seguiría significando lo mismo, es más, yo me atrevería a decir que a Cercás le ha perjudicado elegir precisamente la guerra del Vietnam que para muchos espectadores por desgracia se ha convertido en un icono recurrente y manido del cine.
Y por otro lado, ¿para qué querría investigar el autor sobre otros exteriores más desconocidos pudiendo regalarnos su experiencia en Urbana, esa ciudad que al igual que el protagonista conoció en su vida real? Yo misma cuando escribo utilizo casas y entornos que conozco para no tener que pensar si la ventana o la escalera están a la derecha o a la izquierda, para dar hospitalidad a los protagonistas acogiéndolos en habitaciones cálidas que sé describir… Reitero que no hay que confundir continente con contenido; un escritor, al igual que un director de cine busca los exteriores para ambientar, para crear la atmósfera que necesita, pero siempre, como decía anteriormente, han de estar al servicio de la historia que se va a contar. En este caso los datos biográficos y autobiográficos son secundarios y sólo sirven para reforzar la idea ética y moral que el autor quiere compartir, transmitir y divulgar. ¡Estaría bueno que Javier Cercas no pudiera asomarse al horror de la guerra desde el resquicio que quisiese, desde cualquier ventana que se le abriera!, él nos ayuda a saltar hacia el lado oscuro, a experimentar lo que se siente al cruzarlo para convertirte en un asesino desde cualquier detonante, pero en este caso lo hace desde el peor de todos, el más bestial e irracional: desde el miedo.
Para mi la novela también nos dice que la literatura es ese cristal, esa lente con filtro (como el que usamos para contemplar un eclipse de sol) que nos permite mirar la realidad pero sin que nos dañe la retina o nos ciegue.
Habla de perder el control, la dignidad aunque se disimule, aunque los demás no lo noten, habla de que ojalá pudiéramos viajar a la velocidad de la luz para ver el futuro y desde ahí corregir el pasado, el presente… Imagino que eso es lo que hizo el autor: le bastó con sentir el vértigo de su fulminante éxito para anticiparse y calibrar el peligro que corría, y renunció a que su vida se convirtiera en lo que atisbó. Por eso lamento que algunos lectores hayan confundido su generosidad e implicación con autobombo ególatra y complacencia, de hecho ni siquiera el protagonista tiene nombre, todos los demás personajes sí, detalle que me parece buscado a propósito.
Es una novela preciosa de relaciones iniciáticas siempre tan bonitas.
Como en “Soldados de Salamina” el protagonista va en busca de otro y sin embargo se encuentra a sí mismo.
El recluta de “Soldados de Salamina” decide no matar a quien tiene encañonado y toma esa decisión mirando a su adversario desarmado de frente, el militar de “La velocidad de la luz” cierra los ojos y gritando de terror dispara a todo lo que se mueve. 
Es bueno que un autor busque distintos enfoques, Oliver Stone lleva haciéndolo años en su cine con minuciosidad obsesiva y concretamente con el tema de la guerra del Vietnam. Sólo cuando has podido mirar un objeto poliédrico desde todos los ángulos puedes decir que lo has visto.
Me gusta mucho el tratamiento que da a la amistad (la amistad también puede ser apasionada en sus inicios e incluso rayana en lo obsesivo como el amor) es muy logrado por sus componentes de fascinación, amor-odio, rivalidad… por como el germen del amigo enraíza y reposa esperando para poder desarrollarse en el momento propicio, sólo cuando ya se está preparado, por como la amistad se impone sin tener en cuenta la voluntad de sus implicados, porque la amistad es compleja y a menudo es confundida con otros modos de relación social también cariñosos y cercanos y Javier Cercas nos la ha mostrado con todas sus aristas y fisuras valiéndose de dos personajes cruciales: Rodney y Marcos.
A menudo, fuera de las novelas, la amistad se rompe porque el amigo cruza límites creyendo tener licencia para saltárselos o mejor aún, porque creía que no existían. Aquí, dentro del libro, sí se cruzan dichos límites (nunca olvidaré la escena que se produce en la recepción del hotel madrileño cerca del amanecer, y lo bien creada que está la atmósfera y la conmoción que produce lo que los dos deciden jugarse), ambos amigos la arriesgan, uno por tomar la decisión de preguntar y el otro por arrancarse de las maltrechas entrañas la respuesta para regalársela. Y entonces es cuando el lector escucha todo lo que no está escrito, y cuando un escritor consigue que el lector complete o lea entre las líneas lo que él con maestría sugiere haciéndole cómplice, hay que descubrirse.
Y yo me descubro señor Cercas ante esta maravillosa novela de espejos que ha sabido asomarse al verdadero remordimiento, al vértigo del suicidio, al sufrimiento concreto oculto y prolongado de quien ha segado vidas, a tres pérdidas, que en la cúspide máxima del dolor el protagonista ilusamente cree que podría sustituir para enmendarl la plana al destino, pero las vidas son únicas y no pueden ser intercambiables, sin embargo es otro logro que el autor nos haga caer por un tiempo en el espejismo de la esperanza: el juego que J. Cercas propone cuando Rodney visita en España a la esposa y al hijo del protagonista estando éste ausente tiene mucha potencia: las fotos muestran que el peculiar norteamericano encajaría de maravilla en esa familia como esposo y padre. Después en ese magnífico cierre de círculo el autor invierte el término y nos hace ver que el protagonista también encajaría del mismo modo en la familia de Rodney. Pero como he mencionado en renglones anteriores sus vidas no son intercambiables aunque pueda parecerlo ni siquiera cuando la compenetración de fondo es máxima, esa es la desgracia y el pesimismo que supura la novela: no hay arreglo para la guerra, no hay arreglo para la muerte. Y sobre todo creo que el autor nos avisa de que tengamos en cuenta que la vida de los otros no dura siempre, tampoco la nuestra y puede que si no espabilamos no lleguemos a tiempo de decir lo que hay que decir o de hacer lo que hay que hacer, por eso esta novela viaja a la velocidad de la luz y con ella el autor pide perdón de antemano para que quede dicho porque sabe hasta dónde podríamos llegar y conoce el efecto literario de arreglar la realidad, al menos en la literatura se puede rectificar la vida.
Me encantan todos los cierres de círculo tan atrevidos que hace, todos los espejos enfrentados que coloca para facilitarnos los contrastes como el de la camarera a la que Rodney defiende en un bar de Saigón en contraste con el de la camarera que el protagonista no defiende en el cabaret Tabú de Barcelona, como el de las muertes de los inocentes en Man Key con las de Paula y Gabriel en una curva cercana a Gerona, la perplejidad posterior, el aislamiento, la negación y después la asunción de la responsabilidad, de la culpa, la recuperación del afecto y el perdón de Marcos, y los dos bares, el de Urbana y el de Gerona que forman el broche que cerrará el gran circulo final de una novela tan redonda.
Me quedo con la idea que transmite Marcos al final: la de pintar y escribir por el placer de hacerlo, y con unas palabras del propio autor dichas en una entrevista: “Tanto el éxito como el fracaso son espejismos”.
Gracias por la humildad SEÑOR CERCAS y por escribir a entraña abierta.

Un abrazo
Pili Zori

"CAÑAS Y BARRO", Vicente Blasco Ibáñez

¡Por fin un libro con el que ha disfrutado todo el club!
Mis compañeras propician en cada sesión debates intensos con independencia de que el libro esté gustando más o menos porque hay un acuerdo tácito: dar argumentos en positivo o en negativo, pero nunca descalificaciones, y ellas, mis compañeras, siempre lo cumplen a rajatabla enriqueciendo cada encuentro, pero a mí como coordinadora también me gusta que disfruten de la parte solitaria: la de la lectura en casa, y este año llevaba pocos aciertos con los libros elegidos. Salvo Expiación que también fue otro gran éxito, los demás han requerido más esfuerzo (y no me refiero a que dicho esfuerzo se debiera a que las novelas anteriormente elegidas fueran de mayor contenido intelectual y que ello entrañase un grado más alto de dificultad, no, eso para el grupo no es problema, sencillamente es que hay obras que son más rotundas y por eso alcanzan un beneplácito universal tanto para el lector más avezado como para el más popular).
Con Cañas y barro dividimos la lectura en dos sesiones, en la primera, como siempre, hicimos un pequeño repaso del autor. La vida y personalidad de Blasco Ibáñez es tan fascinante como la de los propios personajes de sus novelas: abogado, Escritor prolífico de velocidad vertiginosa rayana en el prodigio, envidiado por los demás escritores de su época: Hollywood cayó rendido a sus pies, recibía siete mil pesetas, hablamos de principios del xx, por cada entrega ni siquiera por el guión completo, era una especie de rey Midas todo lo que escribía de inmediato era trasladado al cine. Además fue diputado durante varias legislaturas, periodista de verbo apasionado, viajero infatigable, colonizador, (da la impresión acomplejante de que no cabe en una sola vida todo ese enorme recorrido) admirador profundo de la belleza y personalidad femeninas… especialmente de las mujeres de piel blanca, ojos verdes, y pelo rojo. Entre las leyendas que le aureolan pulula una en la que se cuenta que batiéndose en duelo él disparó al aire pero su contrincante no, por fortuna la hebilla de su cinturón le salvó la vida. Una vida llena de focos y de luz que desgraciadamente se apagaron para su obra que durante toda la dictadura de Franco permaneció a la sombra.
Maika ya en esta parte de la presentación matizó y contrastó mis elogios con una crítica: conocedora de toda su obra estableció diferencias entre las primeras novelas y las últimas, y consideró que el dinero fue tentador y que Blasco Ibáñez tan encumbrado y mimado en su tiempo tal vez fue perdiendo honestidad. Yo también quise añadir al suyo otro matiz: se dice que en su obsesión por considerar la novela como una herramienta para el pueblo tal vez se volviese excesivamente proselitista y mitinero y que esa decisión fue en detrimento de su arte. En cualquier caso no le faltaron detractores ni enemigos, si los motivos de sus adversarios fueron oscuros o claros la invitación queda hecha y que el lector decida.
Blasco fue difícil de encuadrar en los distintos movimientos de la época, aunque se le incluyó en la línea de los escritores naturalistas. En el club expusimos de forma sencilla que el naturalismo buscaba los bajos fondos, los ambientes marginales por donde la sociedad exhala y refleja sus “enfermedades”, la intención de esta forma de escritura siempre era y es de denuncia. Este movimiento se caracterizó entre otras cosas por su anticlericalismo, (aclaramos que un anticlerical no tiene por que ser necesariamente ateo, se puede ser creyente y anticlerical). Al construir a los personajes desde sus “taras” físicas y psíquicas –entrecomillo la palabra tara porque aunque hoy suene peyorativa es textual y de la época-: alcoholismo, prostitución… hubo sectores sociales que confundieron dicho naturalismo con pornografía. Fue un movimiento innovador muy contestado en esos años. No en vano Blasco Ibáñez era amigo personal de Zola uno de los grandes abanderados. Otra de las constantes de este movimiento fue el determinismo: sucesión de causa y efecto, por eso en Cañas y Barro los personajes siempre son descritos desde la acción, y desde las características inamovibles del temperamento y la personalidad, los conocemos a través de su comportamiento, no de su pensamiento, y sin embargo nos quedan muy claras sus ideologías y posiciones frente a la vida, de hecho en la novela, abuelo, padre e hijo, simbolizan presente, pasado y futuro y de algún modo también representan los tiempos convulsos de aquel cambio de siglo. Agradecimos a Sole la información buscada al respecto.

En el club se analizó a muchísima profundidad personaje por personaje. Del abuelo Encarni Viejo dijo que su forma de entender la libertad era la de alimentarse de la caza y la pesca que la albufera proporcionaba respetando a la naturaleza sin robarle sus límites de agua y tierra, pero tras celebrar ese canto tan bucólico, esa hermosa forma de entender la vida y la subsistencia otras voces junto a la suya abrieron nuevas vías de debate: Si todo el mundo decidiese vivir de ese modo ¿cómo se alcanzaría entonces el progreso y la prosperidad?
Siguiendo en esa línea y con el perfil del abuelo también se le criticó la dureza de sentimientos, ante esa afirmación Encarni Bernardo justificó el rasgo alegando que el mundo rural y pobre da seres rudos que no exteriorizan, lo que no significa que no sientan, aún así y al llegar al final del recorrido de las páginas casi ninguna compañera pudo defender ni disculpar que este personaje antepusiera “el que dirán” y otros intereses sociales a dar sepultura a un ser querido. (Lo dejamos así para no desbaratarle la trama a quien aún no lo haya leído).
Al tío Tono considerado por todas como un hombre cabal y de principios también se le sacaron pegas: como se ha dicho a menudo en el exceso de virtud va implícito el defecto y de nuevo Encarni Viejo expuso que tampoco su forma de entender la vida era la correcta por muy ejemplar que pareciese trabajar y trabajar sin detenerse siquiera un instante para disfrutar de los pequeños placeres vitales como por ejemplo hablar con Borda, su hija, o dar un paseo con su perro, o pararse a contemplar durante unos segundos el atardecer de la albufera…
De Sangonera uno de los personajes más queridos, se dijeron muchas cosas interesantes y clarificadoras, entre ellas que era un libertario. Pero Maribel en una parte de su intervención también quiso establecer el contraste y alegó que al fin y al cabo si vivía de la mendicidad y dependía de los otros en mayor o menor medida ya no resultaba tan ácrata puesto que estaba parasitando, y añadió que en contraste con Tonet Sangonera resultaba más salvable que este, ya que él si tenía conciencia de quien era, se asumía como tal y era consecuente consigo mismo sin engañarse como lo hacía Tonet por orgullo.
Cuando en la segunda parte vino el punto de inflexión y la tragedia estuvo servida y los personajes desenmascarados ahí si hubo división de club y toma de posiciones a favor o en contra de los dos personajes principales haciendo especial hincapié en el de Neleta. Alguunas compañeras la salvaron considerándola víctima de las circunstancias, un producto de la miseria Raquel añadió que a ella le parecía lícito que utilizase su belleza como arma para prosperar y que la ambición no es mala si con ella no dañas a nadie, Pilar Espada nos recordó que cuando a una mujer la abandonaba un novio en aquel tiempo después ya nadie la quería. Otras compañeras la condenaron por comparación: ni su madre, ni Borda optaron por decisiones como las suyas estando en las mismas circunstancias y Maribel volvió a aducir que es precisamente en los momentos y situaciones difíciles en los que sale la nobleza o la mezquindad del ser humano y que ellos, Neleta y Tonet escogieron, y las razones de su elección fueron, son, y serán siempre imperdonables. Ángela sin embargo aportó que a ella el arrepentimiento de Tonet momentos antes de su fatal desenlace le tocó el corazón y aún en esa circunstancia tan cruel e inhumana ella si lo perdonaba.
Se observó con lupa el tratamiento del autor hacia la mujer, y auque algunas compañeras advirtieron algún tufillo machista, Esther mitigó la observación quitándole severidad al fin y al cabo, dijo, Blasco Ibañez era un hombre de su tiempo. Carmen Osorio estaba maravillada con su lenguaje tan cinematográfico entre otros logros que también valoró.
Finalmente la intención del autor quedó clara para todas, Elena subrayó que el autor quería a toda costa retratar la miseria, y el único lamento fue el de que a un siglo de distancia una historia como la de Cañas y Barro siga tan vigente y sea todavía hoy tan trasladable.
Se destacó la enorme belleza de las descripciones, estuvimos de acuerdo en que el autor era un extraordinario creador de atmósferas: hueles la albufera, sientes su sensualidad… Y sobre todo se apreció la hermosísima composición narrativa en clave de tragedia recordando imágenes tan poderosas como la de que el padre sin saberlo había estado durante toda su vida preparando la tumba de su hijo.
Me disculpo por no reflejar todas las intervenciones, que sin excepción fueron magníficas, he escogido al azar unas cuantas y si en esta ocasión he puesto nombres no ha sido por excluir los de quienes no aparecen sino por no andar repitiendo la palabra compañera en cada renglón.

Y para despedirme compartiré “¡El hallazgo!”: fui al club con fiebre y afonía, solicité, rogué que hiciéramos la rueda de conclusiones y que cada compañera dijese en su turno de palabra todo lo que necesitase expresar sin ser interrumpida, que por favor no estableciéramos diálogos. ¡Y por primera vez en un montón de años, me hicieron caso y se pudo hacer la rueda completa! ¡Y aún sobró tiempo para dar una segunda vuelta ya sin el rigor del turno! Las aportaciones resultaron magníficas, creo que también era la primera vez que nos escuchábamos del todo desde la primera hasta la última sílaba, de una en una, y la primera vez que cada una pudo exponer relajadamente todo lo que deseaba decir y así se pudo demostrar por fin lo que pretendo al hacer la rueda. Yo misma entono el mea culpa porque a veces creyendo que proporciono pautas lo que hago es ocupar el tiempo de otra compañera, así que me aplicaré el cuento. Nos fuimos muy orgullosas y enriquecidas, supongo que ya se habrá sentado la base y doy por hecho que todos los finales serán así. De verdad fue un encuentro brillante e inolvidable.
Hasta el próximo libro. Hemos escogido “Los girasoles ciegos” de Alberto Méndez.
Un abrazo
Pili Zori

"La soledad", un Goya para una gran película

Ayer pude contemplar, y utilizo con exactitud el verbo, la extraordinaria película La Soledad.
Como simple espectadora, que no conoce los entresijos del lenguaje cinematográfico ni los materiales que se utilizan para su construcción, sentí sin embargo de inmediato que me hallaba frente a un lenguaje nuevo. El arte, como he dicho otras veces cuando hablamos de literatura, busca caminos, o los traza nuevos. Y siempre es un hallazgo descubrir el prodigio que tanto escasea: una voz propia, personal, una vocación de estilo que se abre paso con tanta fuerza.
Al principio estaba muy atenta buscando el punto de vista, la intención… pero enseguida me relajé sobreentendiendo que al igual que decimos, y perdón por la frase tan manida pero tan explícita, que los libros son mitad de quien los escribe y mitad de quien los lee, pues con el cine podemos hacer lo mismo, así que apoderándome de la película y haciéndola mía deduje que aunque estemos juntos y nos amemos, somos soledades, y en esa fina frontera se dilucidan el dolor por el otro, el respeto irremediable, la espera impotente a que el amado, el querido, elabore su duelo… Nunca antes había contemplado la soledad tan bien definida, tan exacta, tan precisa, mirada desde el ángulo que no solemos ver, es como si dijera, esto es lo que hay y no es malo, simplemente es así.
Noté que la película me entraba directa, se me entrañaba sin el tamiz del pensamiento, me afectaba, (para bien por supuesto), si no hubiera sido por la ternura que emana de todos y cada uno de los personajes, esa forma tan desnuda, tan honrada de poner el primer plano, ese gigantesco pantallazo me habrían resultado incluso agresivos, aunque tampoco me habría importado la bofetada, ni que su tono fuera el grito, pero este autor dice las cosas más fuertes, hondas, y esenciales en sordina y a mi me gusta mucho su ritmo parsimonioso, esa lentitud necesaria con la que el autor espera al espectador invitándole a que entre, para hacerle cómplice, ese es el tercer plano que no sale: nosotros y es muy generosa su hospitalidad, Jaime rosales nos concede el tiempo suficiente para mirar a los personajes y conseguir la empatía, y nos coloca a su lado para acompañarlos, o deja que nos miren de frente para que nos reconozcamos en ese espejo.
Nunca antes había experimentado, de forma tan concreta, un atentado, es un logro enorme cómo el autor te hace volar por los aires a ti, espectador, con la brutalidad de lo inesperado para después mostrarte las consecuencias, no las grandilocuentes, sino las íntimas que son las más duras, la vida continúa ¡sólo faltaba que no se pudiese remontar! Da lo mismo no saber quien llama por el portero automático, es la vida que como el torrente que es se abre paso buscando el cauce. Lo único que siempre lamento es que no sé cómo este sistema se las arregla para que yo conozca todos los nombres de los actores americanos y desconozca la larga trayectoria e impresionante labor de actrices como Sonia Almarcha o como cualquiera de los demás compañeros del elenco. Nuestro país desde siempre produce arte en cantidades envidiables que para sí quisiera el “Imperio”. Yo no entiendo en qué consiste que cada año veamos caras nuevas que desaparecerán en poco tiempo. Tiempo, eso es lo único que requiere un artista, tiempo para desarrollar su trabajo y los cuatrocientos euros de vez en cuando, para tóner o para metros de celuloide al menos. Me acerqué a la película porque Jaime Rosales me conmovió con sus palabras al recoger el premio. Cuando el arte y la bondad se aúnan el resultado es un bombazo. El fin último del ser humano es alcanzar la bondad, no la sabiduría como siempre se ha pensado y al verle me dije: He aquí un hombre bueno
A mí me da igual que la técnica se llame polivisión y que ya se utilizase en los años sesenta del XX, sólo es una herramienta y lo que importa es lo que se hace con ella y el director ha creado.Casi sin darme cuenta me introduje entre los miembros del jurado y por experiencia, podría afirmar que escuché sus razones sin miedo a equivocarme, en literatura también sucede: se abre paso con fuerza una novela, y es el jurado el que se pone a su servicio no sin lamentar el abandono de otras obras magníficas cuyo reconocimiento por desgracia se queda en el anonimato, la gran diferencia por suerte es que en cine el público puede ver las demás, en los jurados de literatura el premio suele ser único y el resto se destruye aunque haya estado en el umbral. Se sufre, aunque quede la esperanza de que los escritores o escritoras desconocidos no tiren la toalla y se presenten de nuevo a la “competición” del año siguiente por eso quiero dar desde este pequeño rincón la enhorabuena por las deliberaciones al jurado del premio Goya, imagino el sentimiento de orgullo que debieron sentir al aplicar el mecenazgo.

LA JUSTICIA DE SELB (Bernhard Schlink)

Escogí para leer juntas en el club de lectura La Justicia de Selb, del escritor B. Schlink en colaboración con Walter Popp, por la profunda huella que nos dejó El lector obra del mismo autor Bernhard Schlink, (pero esta escrita ya en solitario).
El cambio de registro marca la diferencia de género, con respecto a dicha novela posterior, El lector, pero no de fondo.
La Justicia de Selb es un libro a caballo entre la serie negra y la detectivesca, con todos sus ingredientes e iconos: investigador solitario, anti-héroe, perdedor con pequeños excesos de alcohol, ligeras excentricidades sibaritas de pequeño coste, coraza seductora de masculinidad tierna bajo la aparente rudeza… hasta ahí cumple el ritual. Pero lo que diferencia a esta novela con otras de su mismo género es el punto de vista desde el que está contada, el lugar geográfico, Manheimm, Alemania, y el tiempo histórico en el que se desarrolla.
La trama comienza en los años ochenta del siglo xx, pero el lector pronto comprenderá que bajo las capas que sostienen ese presente se remueven los cimientos del pasado alemán nazi.
La compleja trama política y sociológica, los delitos ecológicos y los móviles que desembocan y desenlazan en crimen provienen de dicho pasado, ese que persigue y atormenta, que no deja vivir con sosiego, ese del que no te puedes desembarazar por mucho que lo maquilles, mires hacia otro lado o hayas creído apartar ¡Ahí está siempre! haciendo simbiosis, enlaces y telas de araña irrompibles aunque las leyes se hayan democratizado, aunque los delitos prescribiesen.
Así que de nuevo nos encontramos ante lo que ya intuimos como una constante de este autor, su leit motiv, su sello: la preocupación moral y ética por el grado de implicación de muchos alemanes de a pie que entre los años treinta, cuarenta e incluso cincuenta no pusieron en cuestión lo que hacían, alegando cumplir órdenes por pertenecer al régimen establecido.
Bernhard Schlink es un escritor valiente, no en vano es juez en la vida real. Estamos acostumbrados a que nos cuenten el éxodo y el holocausto judío desde el exterior de Alemania, sobre todo desde el cine americano analizando a las víctimas y a los culpables por separado, pero Schlink parece querernos decir ¿Y qué pasa cuando eres víctima y culpable al mismo tiempo?
A veces parece que el autor desde las páginas de sus libros nos invita a ejercer como miembros de un jurado, y jamás incurre en el maniqueísmo, por eso es tan difícil tomar partido aunque finalmente lo tomemos y lleguemos a un buen veredicto, no con la justicia de Selb sino con justicia, pero antes el autor hará que sudemos tinta porque sus personajes no son abstracciones sino personas. Al mismo tiempo -y sin que lo que voy a pronunciar ahora entre en contradicción con lo anteriormente dicho-, nos hace entrega de ideas, de situaciones figuradas, hipotéticas o simbólicas que humaniza personificándolas y dándoles formato de novela porque lo que quiere abrir es un debate que posibilite el cambio social, tras la sinceridad con todos los elementos a la vista, si no es imposible hacer el exorcismo la reconciliación nacional, el pase de página.
La Justicia de Selb es una novela sobre la memoria histórica de los alemanes, contada bajo el enfoque de un presunto implicado en esa herida social que todavía rezuma y sangra. Naturalmente los matices importan, porque siempre existen los grados de mayor o menor culpabilidad, de mayor o menor responsabilidad. Pero por boca de sus personajes, y una vez que nos ha metido en situación también sabe poner con contundencia nombre y apellidos exactos a personas y hechos por si acaso se nos olvida mientras vamos acompañando al protagonista. “Nunca creí que pudiera estar comiendo pizza con un ex nazi, ¿sigue siendo usted nazi señor…? ah … se le atragantó la pizza" (cito de memoria, no textualmente porque ya hemos devuelto la novela para que rote por otros clubes y no desvelo el nombre de quien está siendo increpado ni digo por quien para no destripar la trama).
A mí me ha parecido tremendamente audaz por parte del escritor que se produzcan escenas en las que seres enemigos marcados por heridas incurables se sienten juntos se miren a los ojos y toquen música, (el pasaje es tan arriesgado que podría resultar increíble, pero sin embargo el autor logra una imagen poética de enorme potencia: la música como elemento unificador del ser humano. También deja claro en qué orilla está cada cual).

La novela en el club no ha tenido quórum, salvo unas cuantas excepciones, ha gustado poco, las criticas que alguna de las compañeras alegó son bastante acertadas: “Apenas hay descripciones físicas, por tanto es difícil ver al personaje en la imaginación, hay una profusión de nombres excesiva que dificulta localizar a los protagonistas y distinguirlos de los personajes secundarios. No anuncia ni resalta los momentos álgidos y a veces resuelve a ramal y media manta”. Así de contundentes fueron en cuanto a la construcción. Sin embargo los debates que suscitó resultaron ricos y brillantes, el coloquio se condujo hasta el incumplimiento de los acuerdos de Kioto, mis compañeras hablaron de la especie de bulas que se pagan para que unos países se coman los residuos peligrosos y la porquería de los otros. Se habló hasta de la falta de responsabilidad que mostramos al no reciclar bien, y así fuimos de lo menor a lo mayor, de lo individual a lo colectivo. Viajamos al pasado a través de la historia buscando las similitudes entre países, y se puso el grito en el cielo ante la justicia de Selb por parte de unas y se justificó su acción por parte de otras.
Y hasta aquí podemos contar. El final es sorprendente.
Un abrazo, es lo mínimo que te podemos dar por acercarte hasta nuestro rincón de lectura y espero que te haya gustado estar entre nosotras. Hasta el próximo libro.

Pili Zori

FERNANDO BORLAN, In memoriam

El domingo 20 de Enero de 2008 murió el gran poeta y escritor Fernando Borlán.
Aunque tal vez yo sea el último eslabón en la cadena de sus brillantes y valiosos amigos sé que en estos dos últimos años formé parte del broche que cerró el círculo de su hermosa vida.
Es cierto que estaba muy enfermo y lo sabíamos. Lo sabía. Y por ello en su última primavera regó, fertilizó y protegió al máximo la rosa blanca de su dignidad, regalándonos su luz, su alegría.
En el club de literatura Armonía (así quiso que se llamara Amelia Placer, otra de nuestras veteranas) conocimos a Fernando de un modo enormemente original, como hecho a su medida:
El servicio de Cultura de la diputación de Guadalajara conducido por Plácido Ballesteros, Paloma, Rosa y su equipo a veces obsequia a nuestro club con libros en forma de “ejemplares múltiples” así es como se denomina en la Biblioteca Pública a un lote de libros del mismo título para que todas las compañeras podamos leer la misma obra al mismo tiempo.
Cuando llevé esa pequeña parte de la lujosa edición del “Arcón de la argamasilla” un rumoroso y creciente júbilo llenó el salón de actos en el que nos reunimos cada miércoles. Yo no le conocía, pero mis compañeras sí, a algunas les había dado clase, los hijos e hijas de otras también habían sido alumnos… así que de inmediato comenzaron a exclamar:
–¡Tienes que traerle, es interesantísimo!
-¿Y cómo le localizo? -La voz de Raquel se abrió paso nerviosa.
-¡Yo! ¡yo … sé! Juega al mus todas las tardes en el Buho Rojo. Voy primero y le aviso de que después irás tú a verle. –Y así lo hicimos.
Le ilusionó tanto que un club de lectoras, (¡con lo que le gustaba estar entre mujeres!) hubiese indagado para encontrarle hasta el punto de esperar a que terminara su partida y nada menos que ¡tras el debate de su obra! sin él saberlo, que casi pude ver físicamente como renacía en sus pupilas la fuerza, no una energía renovada sino nueva y llena de curiosidad porque él presumía de que ninguno de sus amigos traspasaba el umbral de los treinta años, (procedentes todos ellos, como es natural, de su cantera de alumnos), así que la novedad le hizo muchísima gracia (la mayoría de nosotras ya no cumple los cuarenta) y ya en ese preludio quería saber y saber en qué consistía todo. Charlamos muchísimo con la noción del tiempo perdida, característica común de ambos al igual que la incontinencia verbal. Le costó poco averiguar que yo escribía a pesar de mis pudores huidizos y lógicos sabiendo ya ante quien estaba. Al día siguiente ya se había levantado de la cama para buscar mis novelas y leerlas con fruicción y sin descanso, y ahí fue donde me di cuenta de su prisa y de los ingredientes que la alimentaban, y en el alma se me alojó para siempre el asombro agradecido ante tanta generosidad. Comenzó una carrera de obstáculos y sorteo de dolores en la que ya no cabía otra ambición que la de ejercer su mecenazgo para hacer que me publicasen la última novela llegando hasta el extremo de apremiarme a diario ¿Cuánto te falta? Espabila que en febrero tiene que estar que si no se aprueban los presupuestos y te quedas fuera, yo por detrás escribía notas a los responsables diciéndoles que en caso de aprobar presupuestos y tener que escoger prefería que la obra de él entrase antes, que estaba delicado de salud y la malgastaba en mí. No sé, ni sabré, ni Él supo, qué se siente al recibir un nobel, pero si sé que no puede aproximarse a lo que yo experimenté esos días viendo como le echaba humo el bastón, o el teléfono cuando decía compungido:
"Hoy no puedo ir al despacho de Frías o al de Carlos Moratilla, estoy aquí tirao en la cama, hecho una piltrafa así que ve tú y haz esto y aquello", … "que sí coño, que no seas tan mirada que ya saben que vas a ir"
De entonces hasta aquí han pasado muchas cosas, se hizo compañero de club, tambaleando mi seguridad, (quién no se apabulla ante uno de los mejores poetas de este siglo, encima profesor de tantísimo prestigio… Todavía, a pesar de mis años, tengo que pulirme el ego y hacer curas de humildad. Al igual que para él su aula era lo más preciado, para mí el club me convierte en gata de afiladas uñas, ¡qué estúpida!, Él era un gentleman y siempre sabía ocupar su sítio, dándome a mí el mío, como hizo en el de poesía, sus compañeros van a hacer ahora una fundación que llevará su nombre, por suerte se lo dijeron. En el de filosofía se peleaban por bajarlo en la silla cuando la distrofia dijo que hasta ahí. Creo que sobra explicar la corriente de afectividad (frase suya) que provocaba y recibía.
El lunes, en su funeral, Ana Mari, una compañera del club, dijo: todos contábamos, cada uno en su medida, pero todos éramos sus amigos. Por eso este miércoles compramos bollos de tipo casero y vino dulce para brindar por él, y encendimos una vela. Tras la lectura de muchos de sus poemas escogidos al azar el salón de actos retumbó con una ovación larga y cerrada.

Me lo dio todo, hasta la prueba de amistad más grande para mí, aunque parezca una niñería: nunca me atrevo a enfadarme con los amigos por el miedo a romper y que no me perdonen, sin embargo a medida que adquiero confianza el cuerpo me lo pide. Con él si pude, hermosas furias de dos contestones, apagadas en agua de borrajas al minuto y medio.

Cuando Fernando iba al café Gijón todo el mundo se ponía en pie. Enfant terrible que nunca quiso pertenecer a la corte. Amigo personal de Buero Vallejo y de José Hierro. Amante de las cafeterías y el café, apreciado combustible que le hacía escribir en cualquier servilleta de papel los innumerables prodigios que regalaba o perdía, (buena fe puede dar su amigo y biógrafo y amadísimo “hijo adoptivo” Carlos Alba que se dejó las pestañas hasta que pudo recopilar sus poesías completas en la preciosa edición que José Carlos Moratilla mandó hacer con la orden de que fuera digna de un rey. En fin… se podrían llenar páginas y páginas con su talento e ingenio. El talento es más fácil de encontrar, el ingenio es más escaso. Ambos los poseía a raudales.

Una tarde de domingo no hace mucho, al igual que otras en las que hablábamos por teléfono de Benjamín Prado, su gran orgullo, y de otros (Prado siempre pregona a los cuatro vientos: "Si yo soy escritor es gracias a Fernando Borlán") me entró uno de mis ataques de pelusa y escribí sin saberlo las palabras que pronunciaría este pasado lunes en el crematorio para que junto a él se las llevara el fuego hasta la bodega que construyó allí por tierras de León, en Galleguillos, su pueblo natal, para que fuera centro de tertulias, creatividad y afecto:

Para ti, Fernando:
A veces pienso que viajamos en trenes que se cruzan a diario, y en el trocito que dura la ráfaga nos decimos algo de lo que con cuidadoso afecto hemos ido reflexionando durante el día anterior, para que con metódica síntesis nos quepa en esa rápida cruceta de vientos racheados.
En raras ocasiones ambos trenes coinciden en el tiempo de parada, y antes de que cada uno parta para su destino diario podemos compartir unos instantes, pero entonces, con tristeza, veo recaer la renovada ilusión: ese boquete por el que tu joven alma se asoma tratando de compartir la mística conmigo, y cuando ya atisbo la separación de aire que queda entre el suelo y tus pies estos vuelven a tomar tierra doloridos porque los míos no han despegado, y me cuentas otras cosas que se producen alrededor de los BARDOS sin notar mi desconsuelo.
Me importan un bledo los tiempos de aquella “movida” en los que yo no estaba. El barrio de Malasaña sólo existe de verdad dentro del paisaje literario de esa escritora que tanto me gusta y que a ti todo lo contrario, cuando te escucho hablar de ellos la ola de tu recuerdo me arrastra hasta la orilla de la exclusión, pero entonces suena la campana y ambos volvemos a tomar nuestro tren, ese que nos lleva en direcciones opuestas, y durante el día que nos queda hasta volver a cruzarnos indago entre tus nostalgias para estudiarme hasta el esperanto si es que hace falta.

Las dos bocinas se anuncian como sirenas atlánticas, y aunque no he tenido tiempo de aprender ni la mística ni el esperanto sé que nuestro canto es poesía sin papel y entonces los dos despegamos del suelo para volar durante ese rato como cometas locas e impredecibles con los ritmos separados.
Porque jamás se escribirá mejor poesía ni prosa que la que comienza por: AMIGO MÍO

Sobre "Hija de..."

Muchos lectores me han pedido que incluya en este blog los comentarios sobre mis novelas, al igual que lo hago con las de otros autores para así facilitar y compartir un encuentro con personas interesadas que no pueden acudir o desplazarse a los que se producen físicamente. Si no lo había hecho hasta ahora es porque me horroriza el autobombo y la megalomanía y me entristecería que alguien que se acercase hasta aquí pudiese tildarme de haber caído en cualquier tentación vanidosa y sobre todo porque honestamente considero que hay que separar la obra del autor y que la novela, una vez escrita, ya tiene alas y pies para valerse por sí misma. Pero quienes me invitan saben de antemano que derrumbo las defensas ante la palabra compartir, porque sobre todo en lo que invierto gran tiempo de mi vida es en que la gente se anime a leer.
Coordinar un club de literatura otorga la ventaja de poder analizar hasta lo que una misma escribe con la distancia necesaria, intentaré mantenerla a pesar de que Hija de… es mi novela más controvertida y compleja, pero también la más amada, porque partiendo de un ambiente frívolo en apariencia bucea hasta los pliegues más recónditos y oscuros del alma humana.
La novela en su inicio puede desconcertar y hacer que el lector confunda el continente con el contenido, pero si tiene la amable paciencia de esperar en ese vestíbulo pronto comprenderá que Hija de… es un juego de inversión de términos, entre lo público y lo privado entre la fama y su anverso, entre la luz y la sombra.

Hija de… trata de un actor maduro en declive profesional que ha sucumbido a diversas adicciones.
Un buen día decide acudir a un conocido programa de “corazón” para airear alguna de sus miserias con la ilusa idea de recuperarse económicamente y de paso dejarse ver y así poder remontar, pero no ha considerado el precio.
A partir de ese instante su vida y la de su familia se pondrán patas arriba marcando el punto de inflexión desde el que Guillermo, María y Candy tendrán que hacer balance y retomar su destino.
Dicho así podría parecer que el protagonista principal es Guillermo Aguilera, pero en realidad Hija de… es una novela coral en la que cada personaje tiene reservado su propio espacio para expresarse. Decidí estructurar por compartimentos separados para que cada uno de los elementos del elenco fuese protagonista absoluto en su parcela y para que con la suma de todas las subjetividades, el lector pudiese llegar a la objetividad. Así que de nuevo estamos ante seres en evolución capaces de lo mejor y lo peor.
Escogí un icono fácilmente reconocible a propósito, asumiendo y corriendo todos los riesgos: me inspiré en una familia que lector identificará de inmediato, (quien lee puede ponerle apellido, yo, por razones ovbias no). Como es natural tengo lectores previos en cuyo criterio confío y cuando se estaba gestando esta novela me aconsejaban sobre la mala elección preguntando ¿y por qué has elegido a ‘estos’? -con el gesto fruncido- ¿y por qué no? -contestaba yo invariablemente-, pregúntate por qué tú los excluyes. (A veces, -como dice mi amigo el escritor Miguel Ángel Mala en su novela La cruz de barro-, conviene que en todos los pueblos haya un pobre para que los demás se sientan ricos). Yo quería personas que hubiesen perdido el alma, la identidad, seres por los que ya nadie diera un céntimo de euro. Sé que le pido mucho al lector que es soberano y está en su derecho de salvar o condenar a quien le dé la gana y tal vez le resulte incómodo que le solicite que supere prejuicios, que rompa barreras o que se asome a espejos cuyo reflejo no le guste ver, pero pertenezco a una generación que no escribe sólo para entretener aunque tal vez suene pretencioso, y quise mostrar una salida con mi modesta herramienta.
A menudo la literatura y el cine tratan el problema de las adicciones mostrando exclusivamente y con morbosidad sólo la parte del dolor, y en los últimos minutos o páginas resumen en un: “Se recuperó y vivió feliz y comió perdiz para el resto de su vida”. Hace algún tiempo podíamos comprobarlo en la gran pantalla con la biografía de Ray Charles. Sin embargo a mí esa parte que se obvia, que se da por supuesta es precisamente la que más me fascina, esa de la que nunca se habla como si careciera de interés: la de la re-cu-pe-ra-ción, y justo desde ahí es desde donde quise que partiera la novela. Y aunque suene trasnochado mi humilde intención fue la de enviar un mensaje de esperanza desde las páginas de Hija de… porque la hay para todo alcohólico, toxicómano, ludópata…

La novela arranca con Juan, vemos a Juan tranquilamente sentado en un vagón de metro hasta que de pronto reconoce a la chica que tiene enfrente a pesar del camuflaje. Es la hija de Aguilera, el famoso actor. Con este juego de espejos enfrentados el lector podrá mirar a María desde dos ángulos diferentes: desde fuera y con los datos recopilados en televisión por Juan, y desde dentro escuchando el monólogo interior de la propia María.
La presentación de estos dos personajes, como ya he dicho en renglones anteriores, es larga y arriesgada, pero me pareció absolutamente necesaria, y decidí contar con la complicidad del lector. Deseo, vuelvo a reiterar, que la paciencia que le solicito en esta especie de vestíbulo le merezca la pena tras la espera porque en ese pasillo están dadas todas las claves.
El recurso literario es sencillo pero eficaz. Tras un sonoro portazo María emprenderá el viaje interior. El metro simboliza de golpe las dos lecturas: además de real el viaje también es metafórico.
La escena se produce de noche, pero cerca del amanecer. María se sumerge, entra en el túnel, en el trayecto se enfrenta a sus demonios y para cuando sale del túnel y emerge hacia la luz del día ya ha realizado su exorcismo, su purificación.
Reflexioné mucho sobre esta parte de la novela, pero me resistí a corregir y clarificar por razones de honestidad el monólogo interior hay que mostrarlo tal y como se produce en la cabeza, así que escuchamos el pensamiento de María desordenado, con turbulencias, altibajos, confusión y contradicciones porque ese es su estado íntimo y anímico: está dolida e irascible por todos los acontecimientos de su presente y su pasado que aún no ha podido digerir, y toda esa rabia explotará contra Juan que es el personaje destinado a saberla recibir. Cuando María entra en el metro va sola, cuando sale ya no lo está. El lector irá observando la agresividad verbal de María al principio, su ofuscación y descontrolada vehemencia, y sin apenas darse cuenta, página a página, el lector será testigo de la paulatina dulcificación del carácter de la chica y una vez que contemple como se hace añicos la coraza se sumará como uno más a los personajes de ficción para comprenderla y amarla porque como se decía en El retorno de los brujos “Cuanto más comprendo más amo porque todo lo comprendido es bueno”.
Y es que estamos hablando de una familia rota y desestructurada que como el fénix conseguirá resurgir de sus cenizas.

Hija de… aunque parece de construcción novedosa en el fondo es de corte clásico y como tal tiene a ese personaje que viene de fuera, lo arregla todo y después se va como sucedía en las viejas películas del oeste.
Gabriel con su nombre de arcángel quizá sea el único ser limpio y sin fisuras
De esta novela y por ello víctima inocente, chivo expiatorio de ese gran tribunal de la Inquisición en el que a menudo se convierten determinados programas televisivos. A veces es necesario sacrificar al elemento más bello para que el golpe de efecto sea mayor y así conseguir el revulsivo.

Sin ninguna intención de descontextualizar, porque la literatura es literatura y el teatro teatro y cada producto tiene su envase sin embargo sí quise crear la atmósfera: el olor del teatro que dentro o fuera del escenario impregna la vida del actor.
Ya he dicho que cuatro de los personajes de Hija de… tienen como oficio ser actores y por ello la novela sin dejar de serlo también podría mirarse como una obra teatral larga en muchos momentos por su montaje escénico y su ambientación, y para rizar el rizo María evocará fragmentos de cine cada vez que necesite imágenes que expliquen sus estados de ánimo. Son pequeños guiños o grandes homenajes (según se quiera ver) a mis cuatro pasiones: la literatura, el cine, el teatro y la televisión.
Nadie sabría hoy delimitar donde empiezan y acaban las fronteras de esa hermosa interrelación contaminada que hace que todas las artes se nutran entre sí: en televisión vemos cine, en cine teatro…

Y para ir acabando con estas pinceladas que sólo cuando hayáis leído el libro podremos desarrollar os desvelaré un pequeño secreto que seguramente si no os lo adelantara os pasaría inadvertido: la novela se cierra en círculo, mientras el lector la va leyendo es como un collar extendido, sólo cuando llegue al último eslabón descubrirá el broche que cierra con el principio: en la página 11 y en letra diferente os encontraréis con este prólogo” 18 Geni o la expulsión del Edén” en realidad ese es el último capítulo del libro que sirve a la vez como introducción y como final, en ese espacio vemos como la periodista Eugenia Ánade acaba de terminar la novela titulada Hija de… Naturalmente Geni Ánade es un personaje ficticio, pero me gusta utilizar el recurso del manuscrito encontrado, me sirve para marcar la distancia necesaria entre los personajes y yo.

La novela está dividida en dos grandes partes a las que se entra por dos puertas principales, en la primera, la parte exterior, la que representa la vida pública hay una cita de Plutarco extraída de Vidas paralelas, (los ecos de sociedad de la época), que ya nos dice, como en una especie de clave cifrada, lo que vamos a encontrar. La parte interior de la puerta, la de la zona privada es un bellísimo poema de mi querido amigo poeta y escritor Fernando Borlán que también anuncia lo que ocurre en la trastienda.
Dentro de estas dos grandes partes la novela a la vez se subdivide en compartimentos o habitaciones, como el lector prefiera, todos ellos anunciados por Mario Benedetti en sus puertas interiores porque desde mi juventud siempre hallé entre las páginas de este escritor todo lo que buscaba.
Pero una novela es un edificio que si está bien construido además de puertas también tendrá ventanas por las que el lector pueda asomarse y mirar más allá. Dichas ventanas ha de abrirlas él.

Los lugares escogidos para el desarrollo de toda la trama han sido varios: Madrid, Edimburgo, Portugal y especialmente Guadalajara, todos ellos entornos mágicos para mí. Y quise prestárselos a los personajes para que en ellos fueran felices.Con mi ciudad tenía una deuda, no siempre me he llevado bien con ella. Ahoa la vuelta de años y viajes no hay nada mejor para mí porque en ella estáis vosotros.

Pili Zori


Y ahora me gustaría añadir a este comentario las palabras que pronunció mi querido amigo y gran escritor Paulino Aparicio Ortega el día que se presentó esta novela. Me conmovieron profundamente.
Los comentarios de Fernando Borlán, Blanca Calvo y Angelines Yagüe quedaron reflejados en prensa y podéis consultarlos como internautas:


Para la presentación del libro de Pili Zori Campos "Hija de…"

En el libro que se presenta en este acto hay una cosa que quiero reseñar: soluciones posibles. La propuesta de la autora nos dice que reconstruir el edificio desde los puros escombros es difícil, pero también viable. De esta manera, entre las páginas, aletea un olor de esperanza que comparto plenamente.
En cualquier ruina es dado percibir, porque a salvo está aún en las más desesperadas circunstancias, un muñón de inocencia. Desde fuera se aprecia esto casi siempre, desde dentro pocas veces; esa es la gran tragedia de tener los ojos empañados.
Una sociedad que demanda la carne lujosa y triste de los que ofrecen su intimidad al peso, es la ventana múltiple que manejamos con el mando, queriendo contrarrestar en algún caso, nuestra vida, triste, también a veces y menos lujosa.
Frente a esa autocomplacencia la novela nos muestra la lucha callada y altruista de un grupo que no vende nada, sólo la tenacidad de proclamar la vida sin falsos paraísos.
Vender lo que sea forma parte de la estructura de nuestra sociedad, da lo mismo flores que letrinas, dá lo mismo vísceras que todavía viven, conciencias que no vivieron nunca.
La historia de la familia que se nos presenta es lo de menos. Tantas hay iguales que podrían ser intercambiables. Los únicos argumentos que se necesitan es que las audiencias les señalen como (famosos). Ni siquiera es necesario tener motivos; se puede llegar a serlo por cosas tan increíbles y tan ajenas al mérito personal, que desmenuzarlo es labor de sociólogos. Baste decir que lo que cerrado queda en un espacio doméstico, se convierte en universal al ser repetido en muchos sitios. Y ese es otro de los aciertos de la novela. Su pasión por el cine muestra citas continuas. El teatro también asoma la cabeza. Hay una detallada visión de directora con los actores y con los ambientes, y una cuidada puesta en escena.
En todas las redenciones hay una inmolación. En esta también. Gabriel, uno de los personajes, tiene la grandeza muda, paciente e insumergible de las boyas, y como ellas sirve de asidero a los desesperados y tiernos náufragos que las mareas arrojan a las playas de la vida y de la muerte, porque vida y muerte es lo que se ventila entre las páginas. El mar no conoce, ni razona, ni tiene piedad. La vida se le parece como metáfora: el gran teatro donde cruceros de placer comparten escenario con naufragios atroces, y con gentes que apuestan todo lo que tienen para salir de una pobreza sin horizontes.
Como todos los asideros reales Gabriel fue deriva y hundimiento, desesperación, impotencia, fatalidad… También él se vio incurable y fue señalado así por los otros. Su muerte en las graderías de un plató, marca otra situación emergente que la novela subraya; la de la culpa como búsqueda, y como pago pendiente hacia uno mismo.
La autora de ficción, Eugenia Ánade, no encuentra otra salida a su culpabilidad que escribir la historia. La palabra alcanza así su significación más sublime: ordenadora, expiatoria, terapéutica. La más potente herramienta de todas, y también la más humana.
Alguien que desde la palabra destruyó, de una manera premeditada y metódica, desde esa misma palabra deja el mar tranquilo, con sus avales intactos y su clara, inmensa, claridad de agua siempre despierta.
Uno de los aciertos de la novela, radica en enseñarnos a los personajes con su tamaño real, las imágenes que muestra la pequeña pantalla no se corresponden casi nunca con ese supuesto. Juan, uno de los protagonistas de la historia lo reconoce claramente en el inicio de la misma cuando el encuentro casual, si es que el azar tiene un efecto en la vida tan decisivo (fuera de las loterías y las quinielas), que creo que no, pone en contacto a dos desconocidos en el tobogán de un metro.
Él, la reconoce del mundo televisivo y teledirigido de una pantalla cada vez más plana. Ella, de nada absolutamente: sombras de al lado que duran unos minutos, como todo el que viaja a menudo en este medio sabe de sobra.
Puede leerse en la página 18:
” Parece menudita” observó “Será porque al traspasar la barrera de la pantalla ocurre una transformación inexplicable de… ¿ternura? Eso es, ternura, sucede cuando ves al personaje volverse de carne y hueso, seguro que todos parecen más pequeños."
Pequeño o grande, bueno o malo, engreído o humilde, en un golpe de vista primero que nada legitima porque expresa sólo lo que uno es.
La autora cree en el ser humano. En toda su escritura está enraizada esa creencia, admirable por otra parte cuando el alma anda ya con las medias suelas que diría Joan Manuel Serrat: voz del alma en la primavera de muchos.
Cuando alguien sale de una pesadilla saca de paso a mucha gente que la sufre. El que la vida se recoloque en torno obedece a una ley de espacios, porque también desde el presente el pasado se modifica. Y hasta puede crearse.
El que la historia termine con amores que no estaban es absolutamente comprensible: el viento escribe las arenas a cada paso.
Don Antonio Machado lo expresó desde su magisterio de poeta grande:

"¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,
hombre de España: ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana –ni el ayer- escrito.
.
Para terminar voy a decir a la autora, una cosa que siempre digo a los escritores, uniendo en este caso a la fórmula, el gran afecto que le profeso:
Querida amiga Pilar: enhorabuena por tu novela. Y gracias por escribir.
Paulino Aparicio Ortega

"El inventario" de Albert García Espuche

Estamos leyendo en el club de literatura El Inventario de Albert García Espuche. Y ya en el prólogo la propia novela se autodefine como inclasificable. Hoy la literatura se expresa de formas muy variadas y cada vez que le levantas la tapa a uno de los cofres que la contienen puede que te encuentres con estilos y renovaciones formales sorprendentes: el arte busca caminos, y en este caso me sedujo que el autor escogiera un recurso aparentemente sencillo: toda la novela está narrada como un acta notarial, y es precisamente esa engañosa sencillez la que convierte al ejercicio en algo muy difícil ya que Espuche no se sale en ningún momento de la herramienta elegida aunque ésta le limite porque va a marcar un tono y un ritmo constantes y por tanto arriesgados. La novela narrada en tercera persona nos habla de Françes Lentisclà, un notario barcelonés del siglo XVII que existió en la realidad, Albert García Espuche buceó en sus legajos y los transcribió con exactitud para nosotros realizando así una doble labor: la de transportarnos a ese tiempo y de paso compartir y conservar junto a nosotros uno de los legados más pormenorizados y verídicos que se puedan transmitir, intuyo que esa fue su intención: la honestidad, y lo imagino tan fascinado y respetuoso con los papeles del cuidadoso notario que a veces lo veo entre las líneas suplantando físicamente a Lentisclà de tanta empatía, de tanto situarse en su lugar. A mí me colocó de inmediato en la Calle Montcada a mediados del siglo XVII y fue como ir de escaparates, si se me permite la pequeña frivolidad, porque si algún logro tiene la novela es la hondura que adquiere y que el lector deduce tan sólo con el contraste de los datos, así al lado de las descripciones de las tiendas suntuosas en manjares, telas y abalorios se contrapone la hambruna, el esclavismo, la prostitución, la pena de muerte convertida en espectáculo, las arbitrarias condenas a galeras… el lector ve como el autor toma postura, y a mí me ha conmovido por completo la sensibilidad de su mirada, su particular enfoque y sobre todo la humildad de no dejarse ver en ningún momento y que la complicidad surta su efecto y creamos ilusamente que a las conclusiones estamos llegando nosotros solos sin que él nos lleve. La novela presenta montones de curiosidades como el negocio de la nieve, el gran gasto de velas en el que no pensamos tan acostumbrados a la electricidad y los cambios que produjo su llegada. Nos habla de la peste y de las distintas reacciones que provocaba, era tan brutal la huída que los gobernantes tenían que ofrecer collares de oro a los galenos para que se quedaran… A mí la novela me ha hecho viajar hasta ese tiempo y comprender muchos de los comportamientos catalanes actuales. En aquella época reinaba en España Felipe IV, el Rey Planeta ayudado por el Conde Duque de Olivares, Cataluña era un principado que estaba harto de tener en sus tierras tropas francesas y castellanas por la guerra de los 30 años, ese estado de cosas provocó el malestar de 500 segadores que amotinados entraron en Barcelona el jueves de Corpus Cristi más tarde se recordaría como corpus de sangre: en la revuelta muere el Virrey, Conde de Santa Coloma, habría que esperar hasta 1659 para que se firmara la Paz de Los Pirineos, el principado cedería el condado de Rosellón y la mitad del de Cerdaña… En fín podría estar detallando y pormenorizando toda la noche pero ya lo hace con maestría la novela que si algo nos revela con sus datos es el amor por el detalle, al fin y al cabo trata del arte y la ciencia de ordenar como ya han dicho otros.

En la primera sesión en la que ponemos en común cien páginas leídas en casa y en solitario muchas de mis compañeras de club se quejaron considerando la novela plana y farragosa por la profusión de nombres, son lectoras avezadas, no en vano llevamos juntas doce años desmenuzando y escudriñando libros de literatura y si alguien entiende de cata es un miembro de club de lectura, así que sus opiniones para mí son muy dignas de tener en cuenta. Una compañera dijo: <<¿Y si se desarrollara aquí, en Guadalajara, os gustaría más?>> Lo discutimos, y pensamos que tal vez nos quedaba lejos no sólo el tiempo histórico también la geografía y las costumbres, nosotras somos del interior, y quizá eso marque diferencias y distancias, las mismas que podría marcar cualquier otra comunidad y sin embargo el sentimiento con esas otras comunidades no es de rechazo ni de unos hacia otros ni de otros hacia unos, esas reflexiones nos llevaron al tiempo actual y a los resquemores y rivalidades que se han producido hacia Catalunya en los últimos tiempos, y estuvimos dilucidando si en realidad son sentimientos creados artificialmente, campañas orquestadas, o cortinas de humo que encubren otras cosas que si las viéramos nos rebelarían. Una compañera nada sospechosa porque es enormemente avanzada y progresista compartió que hacía unos días que había estado con una amiga en Barcelona, recorriendo entre otras la calle Montcada que nos describió como bellísima, y nos dijo que en un museo tuvieron un percance porque ningún rótulo estaba escrito en castellano, la persona responsable a la que se dirigieron alegó que en Francia tampoco hay carteles en castellano, (en fin sin comentarios).
Concluimos que la política verdadera no se dirime en los platós de televisión ni es cosa sólo de periodistas, en muchos casos voceros del amo que les alimenta y no intelectuales independientes que cumplen la sagrada misión de informar y hacer pensar, y añadimos que no hay que olvidar nunca que la persona que tienes enfrente primero es persona, después además puede ser un adversario nunca un enemigo, un adversario que ante un mismo problema ve una solución diferente a la que ves tú. Seguimos analizando que este era un tiempo enconado de filias y fobias y que no debemos dejarnos arrastrar por los bajos instintos y las malas emociones y nos reímos del rifi rafe que tuvo que experimentar en el museo nuestra amiga esperando que Albert García Espuche, que además de escritor e historiador es un afamado arquitecto especialista en historia moderna y contemporánea de Cataluña y Barcelona y Director del Centro de Exposiciones de cultura contemporánea de Barcelona y comisario de muchas muestras no tuviese nada que ver con esa exclusión puesto que esta novela la hemos podido leer en castellano. No podemos juzgar a toda la embajada por un solo embajador y como demócratas que somos nos alegramos de las idiosincrasias y las defendemos porque nos enriquecen no porque nos separen. Terminamos el coloquio poniendo un hermoso broche: el poema de Miguel Hernández Vientos del pueblo que se explica por sí solo.
A mí me gustó especialmente la novela tal vez porque soy de temperamento nervioso y la caricia de la mirada parsimoniosa me recordaba a uno de mis directores de cine favoritos Luccino Visconti que se recrea del mismo modo con la cámara. Pero sopesando el criterio de mis compañeras también es cierto que ser historiador no siempre te convierte en escritor de literatura y que ser lectora empedernida no exime de discernir, y la literatura es un arte en el que hay que conjugar muchas cosas, por muy vanguardista que se sea y por mucha profundidad que se ponga en las frases, hacer literatura es crear un mundo con su rotación y su traslación no sólo describirlo, es elegir una atmósfera, un ambiente, la composición que va a tener, el ritmo y el tono que va a llevar, y la trama con sus elementos sorpresa, su nudo su desenlace, y todo ello engarzado con buena prosa y un lenguaje preciso siempre al servicio de la historia que se está contando, esos son los elementos de su albañilería, elementos que tenga el estilo que tenga la novela son imprescindibles, si no están el edificio se derrumba . No es la primera vez que se hace esta crítica en el club, ya nos pasó con Los Demonios de Teresa de Beatriz Monçó, la novela era un alarde de erudición histórica mal rematado que se estancaba en el desarrollo y que no ataba sus nudos, al menos esa opinión quizá subjetiva pero sí colectiva sacó el club. Y recuerdo que con Memorias de Adriano de M. Yourcenar sucedió un poco lo mismo, en los tres casos fueron considerados documentos históricos de grandísimo valor pero no novelas con toda la grandeza que encierra esa palabra. Intentamos disfrutar y escudriñar novelas sin maldad y como a los seres que amamos aceptamos que tengan cualidades y defectos.
Hasta el próximo encuentro,
Pili Zori