"LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA", película de Julián Schnabel

Una excepcional película que deja boquiabiertos tanto a espectadores como a cineastas por la originalidad necesaria, y subrayo la palabra “necesaria” porque Julian Schnabel, el director del film no busca sólo la innovación formal y estética, en este caso el formato no es simple ornamento porque resulta imprescindible para explicar el contenido.
La película está basada en el libro del mismo título que el propio Jean Dominique Bauby escribió (interpretado magistralmente por Mathieu Almaric) y cuenta el último tramo de su existencia. El 8 de Diciembre de 1995 el prestigioso redactor jefe de la revista Elle sufrió un infarto masivo que le paralizó por completo. Cuando despertó a los veinte días sólo podía parpadear con el ojo izquierdo, el cerebro y su capacidad de razonar no sufrieron daños.
Julian Schnabel antes de dedicarse al cine fue un reconocido pintor y escultor, creo que saber este dato es importante porque sin la destreza de dichas disciplinas la película no habría podido llevarse a cabo ya que está planteada desde el interior de Bauby, a través de su mirada subjetiva, por tanto veremos del exterior sólo lo que él puede contemplar a través de su ojo.

El director nos introduce dentro del protagonista y nunca antes un espectador había podido experimentar tan literalmente el “ponte en mi lugar.” Cuando Bauby cierra el párpado dejamos de ver lo de fuera y escuchamos sus pensamientos y nos adentramos en su imaginación, en su creatividad y en sus recuerdos, esas son las cuatro alas de la mariposa emprendiendo su alto vuelo, y la escafandra el síndrome de cautiverio. El cuerpo inmóvil de Jean Dominique es la  prisión, pero la llave para que la mariposa pueda entrar y salir de la cárcel, con el leve aleteo de ese párpado, es el lenguaje.
Gracias a un alfabeto con las letras más usuales y la paciencia de él y la de los interlocutores llegará a comunicarse acoplando ritmos y consiguiendo un nivel de compenetración máximo, pero el hallazgo más insólito es que logrará escribir un libro a golpe de pestañeo que le permitirá decir todo lo que no les había expresado a la madre de sus hijos,  a sus tres pequeños, a su nueva pareja, al padre, a los amigos...
La dificultad interpretativa fue máxima. Cada uno de los actores tuvo que hablar pegado al objetivo de la cámara contando tan sólo con los matices de su rostro en primer plano, sin la ayuda del cuerpo, a plena sinceridad y sin un resquicio que les permitiera utilizar recursos interpretativos. El trabajo de Enmanuelle Seigner, en el papel de Céline Desmoulins, la ex pareja de Jean Dominic Bauby, es digno de admiración, al igual que el de las doctoras Henriette Durand (Maríe Josée Croze), Claude (Anne Consigny) la ayudante y transcriptora del libro, como principales, y el de todo el elenco de secundarios: Patrick Chesnais, interpretando al doctor Lepage, Niels Arestrup, en el papel de Roussin el hombre secuestrado que ocupó su lugar en el avión y que le aconseja que se agarre a lo humano que lleva dentro, Olatz López Garmendía, en el de Maríe López, la sensual logopeda, Marina Hands, la antigua novia que le llevó a Lourdes, con la que Bauby rompe bajo las intermitentes luces de la Virgen bendecida, Isaach de Bankolé el amigo que le lee libros y le compra un gorro
Nunca antes se había explicado de manera tan humanizada el encuadre y el fuera de campo; Bauby no puede ver lo que se sale del pequeño rectángulo de su visión inamovible, así que cuando su interlocutor se levanta, nosotros, colocados tras su pupila al igual que él, vemos un trozo de cintura, o una mano… Tan sólo en escasas ocasiones Schnabel concede a los espectadores el alivio de sacarlos de la escafandra para que miren la escena desde fuera. Ese cambio de la primera persona narrativa por la del narrador omnisciente es un regalo para que podamos ver lo que ocurre desde lejos con el entorno completo. Un detalle de honradez que agradecí fue que Schnabel se pusiera al servicio de la historia desde el comienzo sin intentar enganchar al espectador complaciéndole o allanándole el terreno, digo esto porque el arranque es difícil: al principio no sabemos si en la pantalla hay un desenfoque hasta que a Bauby le sellan el párpado derecho para proteger su córnea, sólo entonces comprendemos que la visión binocular no conjuntaba y que por eso veíamos doble y borroso, el director podría haberlo advertido a través de la explicación de algún personaje, pero no lo hace a propósito, la molestia unida a la claustrofobia a la que nos somete consiguen el efecto buscado: que experimentemos todos los miedos de Jean Dominique Bauby, sus limitaciones y sufrimientos, sólo así tomaremos conciencia de lo importante que es el respeto a la autonomía, a que no decidan por ti sin consultarte. No es casual, aunque lo parezca, que el protagonista escoja finalmente la Y para decir yo. A partir de esa reafirmación, de esa pequeña letra con aspecto de tirachinas de lanzamiento comenzará un canto a la vida, el más hermoso quizá que he escuchado, y la mariposa volará poquito a poquito hasta llegar a la editorial.
Julián Schnabel
Hay escenas inolvidables como la que vemos a través del recuerdo del protagonista en el que afeita a su padre, (ante Max Von Sydow siempre hay que descubrirse) en el espejo de la cómoda: el progenitor tiene incrustadas en el marco fotos del hijo, el rostro de Max queda al lado del de Jean Dominique, y el actor compone de tal manera el gesto, al mirarse para comprobar el rasurado, que el parecido que consigue es consanguíneo, el logro de interpretación es pasmoso y  sin embargo apenas dura unos segundos. Más tarde en esos maravillosos cierres de círculo que estructuran la película lloraremos con él al ver y escuchar cómo le explica a su hijo a través del teléfono el paralelismo de sus cautiverios: él no puede salir de su habitación y la impotencia que le impide ver a Jean Dominique le parte el alma, así que repito: bendita la hora en la que Ingmar Bergman nos presentó a este sueco grande de rostro tan versátil al que le falta pantalla cada vez que sale de tanto como la llena.
Toda la película es táctil, piel con piel: el rehabilitador en la piscina con él protagonista en brazos y la cuidadosa delicadeza de quien sabe que sostiene una vida que depende por completo de su responsabilidad para no ahogarse, la cercanía de las doctoras, la compenetración de su ayudante que termina respondiendo a sus pensamientos sin necesidad de usar el alfabeto, cabeza con cabeza. Las manos tocan constantemente y los rostros entran en el aura del otro rompiendo su burbuja… (a pesar de que al principio y por contraste la falta de empatía hacia él de los médicos parecía marcar distancias insalvables, uno de ellos se permite hablarle de su vacaciones en una estación de sky mientras le suelta a bocajarro que le va a ocluir un ojo, aunque el film resulta tan positivo que Bauby es esponjoso y termina esquiando en su imaginación y diciendo: “ese soy yo”), el largometraje hace hincapié en los besos de sus hijos a los que no puede corresponder… en el movimiento de las bocas, de las sonrisas, de los dedos, de todo lo que él no puede mover, siempre mostrado en detalle… Sería extraordinario que cuando hiciera falta supiéramos aproximarnos hasta ese nivel casi microscópico que nos permitiera volcarnos en el otro.
Cada vez que llora la pantalla se empaña y dejamos de ver.
La música de Paul Cantelón nos orienta al cortarse abruptamente cuando al protagonista le sacan de su ensoñación moviendo la silla de ruedas, o le giran para cambiarle…
Los enlaces son perfectos como en el pasaje en el que le ponen el suero alimenticio y de inmediato imagina un festín para compensar que no degusta, que no mastica, come con gula suculentos bocados junto a Claude, la mujer más próxima a su alma ya que la transcribe.
Es tan impactante la imagen del acantilado de hielo que se derrumba asociada a cuando él al fin se abre y asistimos a toda la dificultad y el esfuerzo ímprobo y triunfal de la mariposa que rompe la crisálida, que ante nuestros ojos se abre una gran esperanza de futuro contra el desamparo.
La película enseña tanto sobre cómo querríamos ser tratados en una situación similar, da tantas pautas sobre las infinitas posibilidades de avanzar en la recuperación -si se ponen los medios al alcance- o al menos en el bienestar… Gracias a ella sabemos que es fundamental conocer la importancia que cobra cualquier pequeño gesto de consideración o consulta si estás viendo por ejemplo el televisor a la espera de un gol y un enfermero te lo apaga… que te lleven a la iglesia o a Lourdes si no quieres ir, si no crees en ello, o al contrario, que no lo hagan si lo deseas… en definitiva el film subraya el valor de la comunicación, su necesidad perentoria.
La película finalmente es un hermoso réquiem, una bellísima despedida de alguien que aún no quería marcharse, pero al que le dio tiempo de legar su corazón diseccionado en páginas con su propio escáner y la batuta de sus pestañas.
No he tenido la suerte de leer el libro, pero agradezco mucho que Schnabel quisiera hacer su homenaje personal junto a su equipo y compartirlo con nosotros, y es de recibo aplaudir al gran guionista Ronald Haewood, (creador de “El pianista”, entre otras), al director de fotografía Janusz Kaminski, colaborador habitual de Spielberg, y a la montadora Juliette Welfling que si siempre es valiosísima la labor de montaje, en este caso cobra importancia capital.
Pocos premios son tan merecidos como los que consiguió esta obra de arte, original, innovadora y útil por su belleza aplicable.
Un abrazo y hasta el próximo encuentro.

Pili Zori

6 comentarios:

  1. Hola Pili,
    He estado esta tarde viendo esta maravillosa película junto a mi hermana y a ambas nos ha gustado mucho.
    A priori puede parecer un película lenta, pero ¿no es si no “lenta” la vida en tal estado?...Acostumbrados al ritmo frenético de vida que llevamos, un día de vida sin podernos mover, debe ser muy lento…
    Me parece apropiadísimo el término médico que asignan a esta situación: “Síndrome de Cautiverio”. Encerrado en su propio cuerpo, sin poder sacar nada fuera, sin poder expresar ni con la mirada, ni con los gestos, ni con la voz, ni con la sonrisa todo lo que se lleva en el interior, sólo acompañado de su imaginación y su memoria. Pero no hay que resignarse, y con ayuda todo se puede conseguir; hasta encontrar un medio para expresarse como lo hizo este hombre. Trabajo arduo, pero gratificante, una vez conseguido y automatizado (como todos los métodos).
    Quisiera comentar el papel del amor en este caso. Cuando al parecer su actual pareja era quien más le quería, queda demostrado que no es así cuando ni siquiera va a verle, y no me vale que “no podía verle así”. Si hay amor, se tiene que poder con todo, si no, me parece en cierto modo egoísmo. Esas palabras tan frías de: “quiero verte tal como eras antes”….caen como un jarro de agua fría, tal como tuvieron que caerle a su ex – mujer, soportando esos sentimientos que a ella le fueron negados, y sin embargo ahí está, al pie del cañón, demostrando muchísimo más amor y respeto.
    Las imágenes durante toda la película son un maravilla te hacen meterte en situación por completo. Al principio es desconcertante, pero supongo que al igual que el propio protagonista, nos vamos acostumbrando a la misma óptica que él. Y en contrapunto, las imágenes tan amplias que se muestran cuando las escenas corresponden a su pasado antes del infarto, la visión de las calles de París desde el asfalto hasta el cielo….capacidad de visión que pierde al estar dentro de la escafandra.
    Pero hasta de las escafandras se puede salir, con la ayuda de la memoria y la imaginación, dando paso a la mariposa. Pasando de la destrucción (las imágines del deshielo asoladoras), y terminando con la reconstrucción (dando marcha atrás a lo antes destruido).
    Por eso pienso que es muy justo el papel que se le da a la memoria y a la imaginación. Son compañeras de viaje en nuestra vida, nos acompañan en momentos de soledad y nos salvan, como en el caso del personaje.
    Recomendaré la película.
    Un beso.
    Marta

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  2. Gracias a las dos por verla y por dejar esta reflexión tan sensible, honesta y sincera. Siempre enriqueces este blog con tu inteligencia y tu bondad querida Marta.

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  3. Lo que dice la parte de la mujer no esta bien ubicada en el libro la mujer no lo visita

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    1. Gracias por tu matiz, no he leído el libro, como dije en el comentario, sólo vi la película, tal vez el director se permitió esa licencia deseable y quiso que la esposa le visitase.Un abrazo.

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  4. Es una excelente punto de vista analizamos esta película en mi Carrera con el MSc: Paúl Puma tome una su criterio como el mas acertado es un excelente punto de vista de la PELÍCULA...
    Saludos..

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