"Regiones devastadas" y "Mujer de aire", de ENRIQUETA ANTOLIN

"Regiones devastadas" y "Mujer de aire",  de Enriqueta Antolín.

Ambas novelas corresponden a la trilogía que comienza con "La gata con alas", en la primera se desarrolla la infancia de la protagonista, en la segunda -"Regiones devastadas"- la adolescencia, y en "Mujer de aire" aparece como broche de ciere y desenlace Dora con 39 años y narra desde la cama de un hospital su propio balance.

Una carpeta gris lacrada por su padre descansa sobre la mesilla y un nuevo propósito de memoria y vida surgirá paradójicamente desde los efluvios oníricos provocados o no por la anestesia ¿ordenan o desordenan sus evocaciones?, ¿el sinsentido cobra sentido? el destino tiene curiosas formas de expresarse.

Las dos novelas -para mí constituyen un sólo volumen- son un homenaje, una recuperación de la dignidad, y una confesión en la que se alternan los sentimientos ambivalentes de huída y también los de compromiso, las ganas de vivir en la ignorancia sin problemas y al mismo tiempo la necesidad de saber y el deseo y deber de resarcir la injusticia, de devolver la verdad a quienes les fue arrebatada por calumnia. 

Y al mismo tiempo el amor y el desamor en el que fluctúa dicho balance vital y en el que presente y pasado se conectan.

En España siempre decimos que en los casos de separación o divorcio hay dos versiones como mínimo y que se debe escuchar a ambas partes, pues bien -aunque yo haya traído a colación el ejemplo cogido por los pelos, puesto que en la novela nadie habla de divorcio ni de separación voluntaria-, eso es lo que con la mejor de las intenciones hacen los libros que nos hablan de lo que sucedió durante la dictadura: sacar a la luz lo que tantos años se mantuvo en el oscurantismo, sin más, y no hay por qué alterarse, y que conste que no me excluyo del consejo, ¿acaso no es cierto aquello de "La verdad os hará libres"?, pues no nos ceguemos con las cerrazones porque no se puede tapar el sol con un dedo y a los hechos hay que llamarlos por su nombre y no se hunde el mundo.

Desde nuestra perspectiva de este 2025 que ya se acaba, leo los comentarios o estudios que se hicieron en el tiempo en el que ambas novelas fueron escritas, finales de la década de 1990, y no me queda más remedio que sonreir irónicamente, porque algunos de esos artículos elaborados por hombres tenían un tufillo mal disimulado de prepotencia en el que trataban de dirigir a las mujeres escritoras hacia el redil "ortodoxo" para corregir su estilo en pro de la "buena" literatura. Dicho de forma sencilla: acusaban a las autoras de ser sentimentaloides, victimistas..., ellos no comprendían aún que estaban asistiendo a una nueva forma de narrar propiciada por voces que pertenecían al mundo privado e íntimo que era el que habitaban las mujeres -y no hablo de trabajar o no fuera de la casa sino de una manera de escribir, de ser y de sentir distinta más introspectiva-, en ese momento las mujeres salían a la claridad del día como una explosión, los clubes de lectura se llenaron de ellas que los han mantenido y cuidado hasta nuestros días.

Las autoras pisaban fuerte, aún teniendo que aguantar que las acusaran de escribir para mujeres, dicho de forma peyorativa naturalmente, o que eran "mujer de..." si sus parejas también publicaban desde hacía más tiempo. Ese era el título implícito y subalterno que recibían.

Menos mal que con el paso de los años se descubrió que había varias clases de inteligencia y que la emocional era la más importante puesto que es la base en la que se sustentan las demás,  es la que nos lleva a elegir amigos, estudios, trabajos, compañero o compañera de vida, unas veces con acierto y otras sin él.

En fin, que los sentimientos nos conducen, y pobre del que no los tenga o los menosprecie.

Por suerte ya nadie se plantea aquello de literatura hecha por y para nosotras, hoy no se hacen distinciones. Pero sí, hubo que abrir boquete, por no decir brecha.


Enriqueta Antolín, al igual que su esposo Andrés Berlanga, ya no están entre nosotros, fueron periodistas y escritores de ficción, dos grandes de la literatura.

***

Cada uno de los libros del trío se puede leer con independencia y por separado, pero sí es recomendable continuar la lectura.

Más adelante si consigo encontrar la primera entrega "La gata con alas" me zambulliré en ella como si fuera una precuela.

En "Regiones devastadas" la figura del narrador habla en segunda persona, confieso que no me suele gustar dicha herramienta, me parece forzada y artificial dado que alguien se dirige al o a la protagonista para contarle cosas que él o ella ya conocen porque las viven o vivieron en carne propia, algo así como cuando me digo a mí misma ¿pero Pili, qué has hecho? y de sobra sé lo que ha ocurrido.


Explicado de forma muy simple, aunque tal vez no sean necesarios mis incisos y aclaraciones, añadiré que la tercera persona, mi preferida, es ese diosecillo que todo lo ve: puede contemplar lo que sucede delante de sus ojos, a cada lado, a su espalda y también por encima de su cabeza, es decir: conoce todo sobre los personajes, su pasado, su presente e incluso el futuro, lo que sienten piensan, disfrutan y padecen, crea y describe la acción, aunque los protagonistas y secundarios dialoguen y eso sí lo hagan por sí mismos, es el que llamamos narrador omnisciente, y puede opinar sobre lo que ocurre dentro de las páginas e incluso juzgar. 

La narración en primera persona sin embargo sólo puede contar lo que el personaje ve, piensa, siente o padece a través del yo subjetivo o del nosotros y si quiere transmitir lo que sucede a su espalda o cuando no está presente necesita la ayuda de otros personajes para que se lo digan o actúen ante él.


En el caso de "Regiones devastadas" sin embargo sí adquiere sentido el uso de la segunda persona, es decir, el "tú", puesto que la protagonista es la misma que ahora, siendo adulta, ya le puede explicar y entregar gran parte de las respuestas a la niña y a la adolescente que fue y se crió y creció en la oscuridad y en el silencio de los adultos sin entender lo que ocurría a su alrededor, el por qué de la ausencia de su padre, la muerte de su profesor de instituto más querido, las medias palabras..., mientras recorremos parte de la postguerra -desde 1950 a 1954  y ya en "Mujer de aire" los años posteriores hasta llegar a la democracia en nuestro país.

El fidedigno retrato que nos muestra de la ciudad de Toledo en aquellos años, cuya vida cotidiana era trasladable a cualquier capital del centro, es magnífico, y también el de Madrid. 

He tenido la misma sensación que experimenté cuando leí "Suite francesa" de Irène Némirovski: la de estar recibiendo la historia en el momento en el que ésta se está produciendo. 

Enriqueta Antolín creó los personajes maravillosamente perfilados tanto física como anímicamente, con pinceladas muy certeras, la madre, Rita, el abuelo... Salen los temas tabú femeninos de la época... 

Tanto Regiones devastadas como Mujer de aire son espejos que nos reflejan e identifican.

El lenguaje de aquel tiempo requiere un oído social muy agudo y Keti Antolín lo clavó.

Escogió describir la feria y su alegría frente a las vidas truncadas que también la merecían.

Fue una escritora de la generación del 68, valiente y adelantada, con una mirada tremendamente aguda.  

Ambas novelas son un canto y un requiem lleno de sinceridad y ternura. Y al leer sus libros el homenaje se lo haremos también a ella.

Espero que estéis muy bien, gracias por las visitas, vuestra cálida compañía me arropa.

Un abrazo, cuidaos mucho.

Pili Zori

"El otro lado del lienzo", de PILI ZORI

Dafne, mujer de enigmático origen y adolescencia truncada por la muerte de sus padres adoptivos, comienza a tener sueños extraños.

Tras un largo e inútil pregrinaje de médicos y psicólogos  decide ponerse en manos de Mauricio Sénder, doctor en psiquiatría.Él dará con la clave: 

¿Es posible vivir en dos tiempos? ¿Quattrocento? ¿Novecento? ¿Dafne y Ornella son la misma persona?

Un viaje hasta el siglo XV nos dejará en la Florencia de Lorenzo Medici.

Bajo el Barnizado mundo del Magnífico se esconden las conjuras, las bajas pasiones y el crimen. Sólo un pintor y una mujer desafiarán las fronteras temporales para continuar con algo que jamás debió ser interrumpido.

En el ambiente histórico del renacimiento se desarrolla esta novela de personajes fronterizos, cuya fuerza es la amistad y la pasíon.

Pili Zori

***

Los encuentros con clubes de literatura son distintos a las presentaciones de un libro, dado que se suelen hacer en exclusiva para ellos una vez leída la novela. 

Por esa razón a menudo quienes no forman parte de dichos clubes y leen el libro en solitario me piden que de algún modo les cuente lo que en ellos sucede para que puedan acercarse a lo que allí expongo y los componentes del club comparten conmigo. 

Como es natural no son contenidos fijos ya que tras mi introducción surgen preguntas y aportaciones a veces similares en todos ellos y otras de cariz muy distinto aunque nos hagan desembocar en el mismo mar, pero por diferentes meandros o derroteros.

Lo cierto es que quizá por algún pudor absurdo, hasta ahora no he reseñado esta novela, y me instan a que, puesto que analizo y comparto las de otros escritores en mi blog y también en el espacio que me da facebook, por qué no hacerlo con las mías, que además están disponibles en el préstamo individual de la Biblioteca de Dávalos y también en el colectivo de los lotes para clubes.

Así que intentaré trasladar aquí, con mayor o menor acierto lo que en ellos ocurre, aunque como imaginaréis, el lenguaje oral, y la presencia en grupo, generan cálidas energías.

Suelo comenzar así:          

Al igual que vosotros también formo parte de un club de literatura desde hace tres décadas, ¡nada menos!, y no sabría decir qué me proporciona más identidad si pertenecer al grupo o ser escritora, ya no se leer un libro sin compartirlo.  

En un club de lectura se dan cita personas de todas partes de la ciudad, con distintas adscripciones, estatus, ideologías..., pero en él esos detalles no cuentan porque lo que de verdad importa es lo más valioso que tenemos: nuestras opiniones, sentimientos, reflexiones…, y sin apenas notarlo obtenemos desarrollo personal y también literario mientras se produce una corriente de afectividad grande.

Los clubes de literatura son escuelas de democracia, porque cada persona necesita decir lo que piensa y siente al hilo de lo que le suscita lo que lee y hace un esfuerzo importante para no herir con sus palabras, pero sin dejar de ser ella misma.   

No tenemos que olvidar que en los años setenta del siglo XX este precioso encuentro que tenemos hoy habría sido considerado una reunión ilegal. 

Un Club de lectura es un delicadísimo tesoro que debemos cuidar y proteger. 

Cuando acabó la dictadura franquista y se abrieron de par en par las puertas a la etapa histórica que nacía, las mujeres acudieron en tropel como una exhalación a conquistar el espacio público que les correspondía por derecho, al igual que surgieron escritoras con nuevas voces, distintos estilos, diferentes miradas que provenían del mundo interior, de estar con vecinas dentro de las casas, con mentalidad de “Entre visillos”, como diría Carmen Martín Gaite, y aunque trabajasen o estudiaran fuera del hogar, seguían sintiéndose satélites del astro masculino en cualquier ámbito. Y llenaron clubes y talleres de todo tipo con hambre y sed de cultura compartida.

Y es que un libro es como un gorrión que aletea en el cuenco de tus manos, parece tan tuyo que terminas pensando que lo has escrito y proyectas en él tus inquietudes, lo que te preocupa, lo que te llena, lo que te falta, lo que te gusta, lo que no…, cada lector hace sus subrayados personales que le añaden hermosos epílogos enriquecedores. 

Una novela de papel es el objeto de deseo más interactivo que existe, vas leyendo hacia delante en caricia, siempre con el contacto de la piel de los dedos, de las manos, te detienes, vuelves hacia atrás, si se cae al suelo no se rompe… 

De todas las artes la literatura es la más accesible, no puedes poseer una escultura de Miguel Ángel, o un cuadro del Museo del Prado, pero un libro sí, y si te acercas al hogar en el que descansa junto a otros: La Biblioteca Pública, te sale gratis. Para mí es el máximo hallazgo. 

En cuanto a la creación, con un bolígrafo y folios, o con un teclado levantas universos que antes no existían y en ellos haces que vivan personajes a los que concedes el soplo de la vida, y da lo mismo si existieron o no fuera de las páginas porque en su mente y en su corazón no estabas, por tanto pasan a ser ficción aunque tires del hilo de los hechos. 

Eso sí, lo que debe estar impecablemente documentado es el ambiente, la vida cotidiana, la línea de pensamiento, la comida, las costumbres de la época…

Decía Marina Mayoral que hay dos clases de escritores, los que tiran de sus propias experiencias y los que crean personajes, ambas formas se pueden considerar literatura con mayúsculas, yo pertenezco a la segunda, los veo, sé a lo que huelen, lo que sienten, lo que piensan…, y no tengo que estar de acuerdo con ellos, de hecho a veces algunos se desarrollan -aunque les dé capones-, más de lo que yo en principio tenía pensado y sin embargo otros que iban para protagonistas pasan a ser secundarios. Son misterios que hay que respetar en el proceso. 

En los sueños nocturnos, cuando duermes, puedes crear ciudades, volar, cantar a lo grande, tener pesadillas terroríficas…, pues bien, algo parecido nos sucede a quienes escribimos, y de ese lugar en el que todo es posible surge la literatura, no basta con la imaginación es algo más profundo que probablemente aúne herencias de otros seres y otros tiempos en nuestra memoria ancestral. 

Un arquitecto primero ve el edificio en su cabeza y después lo levanta, un escultor le arranca al mármol lo que sobra y aparece la figura que tenía concebida en la imaginación, lo mismo sucede con un pintor, alguien con un trozo de tela imagina y visualiza cómo va a ser un traje o un vestido, otros realizan una deliciosa comida transformando los ingredientes en la elaboración sin tener conocimientos de química…, la vida es arte puro y a ella le gusta que la miren, que la observen, que le presten atención, que sepan escucharla.

De algo intangible como puede ser un sentimiento brota lo tangible como las lágrimas, convivimos con lo sobrenatural a diario.  

Una vez le preguntaron a Almudena Grandes que cuánta parte de autobiografía contenían sus novelas, y ella respondió con otra pregunta ¿Qué es lo autobiográfico? ¿Lo vivido?, ¿lo pensado?, ¿lo soñado? 

En mi caso es mi mirada, si construyo un ladrón lo perfilaré como lo veo. Escribo desde mi modo de contemplar el mundo, y es la entrega más íntima que alguien puede dar. Lo demás tan sólo es el relato de los hechos, pero lo que en realidad importa es lo que se deduce de ellos. En alguna entrevista me preguntaron qué es para mí la literatura y de inmediato respondí: Alimento para el hambre, agua para la sed, y un refugio al que acudo para volver de él siendo mejor.

Para muchos lectores la literatura es una forma de evasión, de entretenimiento, para otros, si la lectura es compartida, puede ser también un modo de socializar, hay quienes buscan respuestas, otros, identificación, reafirmaciones, conexión, aprendizaje… Todas las opciones son válidas, el lector es soberano y elige.

Para mí es mi vida, mi brújula, mi estabilidad, mi concentración, mi estructura, mi razón de ser. 


Me considero una escritora existencialista, es decir: me interesan la introspección -cómo es el personaje por dentro y de qué manera le afecta el exterior-, el amor y el desamor como motor que mueve el mundo, la amistad, la vida, el dolor, la muerte, los claroscuros..., todos somos capaces de lo mejor y lo peor. 

En definitiva: Me interesa comprender. 

¿Qué busco al plasmar esas inquietudes en la trama, argumento y tono de un libro cuando lo escribo? Tal vez mi trocito de eternidad, sin que suene pretencioso. Somos efímeros, incluso nuestras vestimentas viven más que nosotros, y quizá por esa causa hacemos tantas fotos: para dejar constancia de nuestro paso por la tierra. 

***

La composición de El otro lado del lienzo es compleja, pero no por ello difícil de leer, decidí romper las barreras temporales para crear la sensación en el lector de que está frente a un juego de espejos, quería que sintiera que los acontecimientos suceden al mismo tiempo en ambos periodos históricos Quattrocento siglo XV y novecento, siglo XX, para ello necesitaba crear paralelismos, y así es como Dafne recibe la orientación de Antonio Benavent cuando queda huérfana abruptamente en la recién estrenada adolescencia. 

Son importantes las personas que se cruzan en nuestros caminos, en nuestro paso por la vida, a veces en momentos o periodos muy cortos, pero fundamentales para que nuestras existencias no se tuerzan, y Benavent, director de un banco, enseña los rudimentos prácticos para que Dafne aprenda a manejar su pequeña herencia -la crematística a la que es tan ajena todavía-, su peculio personal, y a protegerse de las posibles adversidades que una muchacha tan joven pueda encontrar en una gran urbe: Madrid en los años setenta del siglo XX. 

En “el otro lado” Giovanni Filipepi, director de una sucursal en Florencia se comporta de igual modo con Ornella también huérfana y vemos como de la vulnerabilidad siempre nace la fortaleza. Las coincidencias no quedan ahí: Ambas son mujeres genuinas que se han creado a sí mismas. Las dos dibujan y pintan, Dafne además trabaja en la hostelería, en el restaurante Samarkanda, y Ornella a su vez domina el arte de la alta cocina medieval en su trattoría.

Era necesario estructurar para que los lectores pudieran orientarse aunque yo jugara con osadía a ser Albert Einstein con la relatividad del tiempo, y para ello, y puesto que Botticelli está considerado el pintor de los mitos, me serví como era de esperar de la mitología puesto que ese era su lenguaje. Y ahí aparece el pobre y andrajoso Caronte navegando en el río de las lágrimas mientras mira en las ondas que dibujan sus remos todo lo que acontece en la eternidad de sus cristalinas aguas y en las dos orillas. Así generé las separaciones, los imaginarios tabiques líquidos que distribuyen a lo largo de las páginas las diferentes escenas y etapas cuando él aparece.

Como veis cada personaje tiene su misión en la obra y en este caso necesitaba un puente firme y ahí entra Mauricio Sénder, era imprescindible que él manejara disciplinas diferentes, que no fuera un psiquiatra cerrado y en exceso ortodoxo sino una especie de oráculo de Delfos para así continuar con los símbolos de la bella y significativa mitología, con los enigmas que impregnan cada página, tenía que ser alguien abierto a diferentes disciplinas e investigaciones sin miedo a mezclarlas aunque para ello fuese tildado de ornitorrinco por su rareza adelantada.

En nuestro 2026 hay más apertura, neurocientíficos que conjugan psique y cuerpo, en la actualidad no consideramos una única inteligencia sino varias que se sustentan en la emocional… y muchas de las facetas que escribí por intuición hoy se corroboran normalizadas.

Sentí a Botticelli tan triste, empobrecido y enfermo en el final de sus días que quise regalarle un amor tan poderoso y fuerte que fuera capaz de atravesar los márgenes del tiempo como lo hicieron sus pinturas y la fuerza del espíritu que impregnó en ellas y por eso le soñé a Ornella, pensé que la merecía. ¿Ella y Dafne son la misma persona? De nuevo quienes leen deciden. Esa respuesta por honestidad la dejé abierta, aún queda mucho por estudiar y descubrir sobre la memoria ancestral.

El largo periodo de investigación fue tan apasionante que tuve que ponerme orejeras, para que no se desbordase como un tsunami ese océano de pasmosa información sobre la cuna de la cultura y los negocios que fue Florencia en aquel periodo tan rico y modernizador en el que Lorenzo y Giuliano Medici –mecenas impagables para unos, o mafiosos sin derecho a redención, para otros- cambiaron el mundo dando paso al desarrollo y proliferación de las artes más sublimes con su patrocinio, después de ellos sobrevino el estrepitoso declive de la estirpe, de toda la dinastía.

El otro lado del lienzo es una novela coral cuya envoltura es la hermosa Florencia que dio cobijo a la valentía e innovación de las artes y también a las bajas pasiones y el crimen.

Para no hacerte spoiler tendrás que leerla.

Un Abrazo

Pili Zori

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P.D.

El otro lado del lienzo quedó finalista en tres concursos literarios:

En 2017 en el "Premio de novela Fernando Lara". 

En 2013 En el "Certamen de novela Azorín".

Y en 2012 En el "Premio de narrativa Ciudad de Badajoz".

"Almas grises", de PHILIPPE CLAUDEL

Almas grises, de Philippe Claudel

Es cierto que Almas grises funciona perfectamente con los mecanismos de la novela negra: crimen, búsqueda de culpables para resolver el caso, varios personajes bajo sospecha, tirón de la manta social para comprobar qué se sumerge debajo…, pero la excusa del formato sirve para mucho más. 

A mi juicio la novela es existencialista, profundamente ética y pacifista y nos habla de la condición humana, y de la ambivalencia y ambigüedad que hace que seamos capaces de lo mejor y de lo peor. Trata sobre la vida y la muerte, el remordimiento, la culpa, la cobardía, la negligencia, el silencio...

La maestría consiste en que P. Claudel alcanza la belleza más sublime dentro de lo más sórdido y sabe perfilar la mezquindad -al mismo tiempo que lo heroico- en el interior de cada ser, y nos señala y apela, y nos muestra tal y como somos por dentro, a la vez que nos mira desde fuera, en lo público y en lo privado, y la imagen que nos devuelve el espejo es atroz como lo fue el retrato de Dorian Gray. 

La novela es de corte pesimista, con todo el honor y gloria de las tragedias griegas o Shakesperianas, pero siempre pienso que en literatura el pesimismo no es derrotista sino un grito de advertencia que alberga la esperanza, el aviso de hacia dónde nos pueden conducir el desprecio, la amargura, la ira, las sociedades estratificadas, dispuestas en vertical por orden de escalafón, y el invento de la creencia de que deben existir las clases superiores, educadas para ello, y Claudel nos aproxima de tal manera al meollo que da vértigo, de hecho no creo que sea baladí que el narrador no tenga nombre porque el detalle hace que te sientas identificado, que seas él.

El tono de las páginas a menudo es sarcástico y sienta un poco mal la colleja que te asesta desde ellas y que parece expresar “Anda, mal pensada, juzgadora, criticona, para que veas que de quien menos te lo esperas… No te muevas sólo por filias o fobias". 


Creo que es muy bueno que nos conozcamos a fondo, individual y colectivamente, y que nos muestren los ejemplos, sólo así podremos elegir el bien o el mal sin dejarnos llevar por los bajos instintos que los “listos” saben azuzar como un resorte.

Cada día es más difícil desbrozar la maleza para que la verdad esté limpia.

Me viene a la cabeza el poema de mi querido León Felipe

Yo no sé muchas cosas es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre
los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
Pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.
León Felipe.

Almas grises es un retrato fidedigno y en él queda plasmado un pueblo entero, extrapolable a cualquier localidad del mundo, los únicos toques de color, en toda la obra, son los vestidos de la maestra y su cuaderno rojo, todo lo demás es grisura, en este caso ese color representa la mediocridad.

El autor escoge una estructura magnífica: una localidad separada de otra por una colina, en un lado se están exterminando a mansalva personas sin rostro, esa es la deshumanización asesina que justifica el "yo cumplo órdenes y en este contexto tengo licencia para matar". Ha estallado la primera guerra mundial, en el otro se han librado de participar en la contienda por la llegada de una fábrica, allí se produce el asesinato por ahorcamiento de una niña de apenas ocho años, Belle de Jour, que aparece en el canal, y a esa muerte impune de la inocencia sí le ponemos cara.

Las distintas reacciones ante el hecho nos permitirán conocer la mezquindad, y cómo se priorizan otros intereses en la investigación. 

A veces la cobardía por el deseo de no ser expulsado del grupo de poder, por no ser mal mirado, por miedo..., hace que se guarde silencio ante la injusticia, ante el crimen, finalmente en la novela no importa quién o quienes han sido los asesinos sino el cúmulo de micro maldades, por acción o por omisión, que entre todos cometen, cometemos, y por esa razón encubridora digo que ya que sabemos que podemos pecar y escurrir el bulto no se trata de que seamos héroes como individuos sino de crear sistemas de vida que nos defiendan incluso de nosotros mismos, y que fomenten la igualdad de oportunidades para todos, debería existir una ley que condenase el desprecio en toda la extensión de su significado.

Lo que descubres al final de la novela es escalofriante y horrible, al menos para mí.

El autor antes de dedicarse por completo a la escritura fue profesor de antropología cultural y literatura, y en su tiempo libre enseñaba y daba clases a niños con alguna discapacidad y también a presos, y se deduce que ese magma nutre su comprensión y también su compasión hacia todo ser humano, Claudel no juzga, sólo comprende, y siembra la duda razonable para que no condenemos a la ligera, naturalmente como a menudo reitero: comprender no es justificar, y quien la hace ha de pagar las consecuencias, pero entender que no hay garantía de que siempre vayamos a estar en el lado de los buenos es más que suficiente para prevenir y legislar.


La prosa de P. Claudel es impresionante y apabulla todo lo que cabe en apenas doscientas páginas, nada menos que la vida y la muerte y el modo de afrontarlas. Hay que transitar por los renglones despacio, para que ninguna de las palabras, símbolos, metáforas, alegorías... ni de las imágenes que crea con ellos se nos escapen o pasen inadvertidos. P Claudel además es cineasta, alpinista, igual que Erri de Luca -como dije en su momento, el alpinismo te enseña a colocar cada paso con extrema precaución dado que de frente tienes una pared y debjo el abismo, y ese cuidado el cerebro lo traslada a cómo eliges y colocas cada palabra al escribir-, Claudel también es amante de la gastronomía, disciplinas todas ellas que enriquecen su profunda literatura.

Sé que tal vez sobra lo que a continuación voy a decir, porque el lector es soberano, pero tampoco estorba: una novela no es una historia como la que te pueda contar una vecina o una amiga, no va el asunto de de trama, trama y poca hondura, de "a ver qué pasa", todo se elige: las palabras-como anteriormente he dicho, la forma de intrigar, la intención, el diseño, como quien engarza una joya y le da forma única con los mismos materiales con los que otro orfebre realiza otra distinta. En eso consiste ser creador: en construir un mundo que antes no existía y llenarlo de seres a los que los escritores dan el soplo de la vida.

No hay nada nuevo bajo el sol, pero la forma personal y única de contar, de adentrarse, abre y traza caminos entre la selva para que divises el mar, y lo que tú ves en un libro con la imaginación, es distinto a lo que está viendo otra persona aunque parezca igual y en eso consiste la magia y por ello haces la novela tuya.

Tal vez esta obra sea agridulce y deprimente, pero, por ello mismo, es necesaria. Cuando todo se resuelve dentro de un libro y acaba bien nos quedamos tranquilos y tan a gusto, pero cuando no es así el dilema continúa fuera de las páginas e invita a que queramos buscar soluciónes.  

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Recordad siempre que las bibliotecas públicas compran los libros para ti, y que el más hermoso de los refugios es gratis. El universo entero cabe en el cuenco de tus manos mientras las hojas de los libros aletean en ellas.

Cuidaos mucho. Feliz domingo.

Pili Zori

LOS DOMINGOS, película de Alauda Ruiz de Azúa

Los Domingos

Si aún no la habéis visto AVISO: CONTIENE SPOILERS.

El martes pasado fuimos al cine a ver la película de Alauda Ruiz de Azúa: Los domingos.

No quise ver ninguna entrevista previa -hecha a la directora o a los actores-, para no añadir o restar criterio a mi mirada virgen, las obras han de expresarse y valer por sí mismas sin necesidad de recibir explicaciones sobre ellas, después de verlas ya puedes enriquecerte con las opiniones, juicios, reflexiones y criterios de los demás y formar el poliedro si así lo consideras. La sinopsis sí la leí, y de paso me dijeron que estaba teniendo un gran éxito.

Partiré de la actitud honesta de confesar que a priori el tema no me “llamaba”, no comprendo ni comparto la clausura, siempre la he considerado un escondite, equivocadamente o no, sigo pensando que si me dan a elegir prefiero las labores más arriesgadas, sociales y comprometidas de Teresa de Calcuta o las del Padre Ángel, dentro del mundo, y no la vida contemplativa haciendo bizcochos y elevando rezos fuera de él, pero respeto cualquier opción libremente elegida, faltaría más. 

Como a menudo reitero: siempre habrá santos ateos, santos creyentes, y mala gente en ambas partes, tampoco entiendo la necesidad del celibato. 

Aclaro aunque no haga falta que no soy atea, pero no profeso ni practico ninguna religión, en nuestro país muchas personas consideran que fe es igual a catolicismo. 

Alauda Ruiz de Azúa cree que dentro de las personas creyentes existen muchas y variadas sensibilidades. Estoy de acuerdo.


Imagino que la directora sintió curiosidad –como buena escritora de cine- por ese mundo y las controversias familiares que pudo suscitar querer entrar en él, inspirada en algún ejemplo concreto: adolescente conocida que tomó dicha opción, y Alauda, tras investigar quiso canalizar la información obtenida a través de sus herramientas creativas como cineasta, y después deseó compartirlas en la pantalla como quien las arroja al ruedo diciendo: ahí os lo dejo a ver qué os parece y qué opináis. Pero que las obras sean abiertas en teoría, es eso: pura teoría porque depende de dónde pongas la cámara las conclusiones cambian, nada es aséptico, ni siquiera la libertad de los debates puesto que se enfocan a través de preguntas concretas, las que sí pueden ser plurales, dentro de ese orden elegido, son las respuestas.  

Alauda Ruiz de Azúa, es atea y a menudo cuando te aproximas a un tema que difiere o queda lejos de ti tienes tantos deseos de no faltar al respeto, que generas una especie de síndrome de Estocolmo que desvirtúa o convierte lo expuesto en lo contrario de lo que pretendías, porque nada es aséptico. 

Dicho en términos simples: te vuelves más papista que el Papa sobre un asunto que en principio no te atañe, pero que querías comprender más a fondo. 

Por ello no es extraño que se hayan producido -frente a este largometraje- reacciones de todo tipo, como la que expresó un espectador a mi lado: “Esto es un mitin ultra católico que conviene y afianza al sector más retrógrado de nuestra sociedad, precisamente en este momento de avance ultraderechista”. 

Otros sin embargo celebraron el canto a la vocación religiosa contra viento y marea, incluso bajo presiones familiares. 

Tampoco entiendo por qué si abandonas el mundanal ruido también has de renunciar a tus seres queridos.

Y en cuanto a la familia de la protagonista Ainara (Blanca Soroa) -aunque es más correcto decir que es una película coral que todo el grupo protagoniza a la vez-, y sus distintos posicionamientos, me dolió profundamente el trato que recibe al final, Maite, la tía (Patricia López Arnáiz, magistral en su interpretación) para mí, es la buena de la película en cuanto a sus intenciones, todas ellas de amor hacia la sobrina que necesita una madre en este momento crucial de su vida, y aunque a veces parezca entrometida, impulsiva y pasional, es bondadosa, mira de frente y cree estar remando a favor de obra, al igual que Pablo, su marido, (Juan Minujín) un hombre dulce y comprensivo y un padre entregado. 

Maite queda como alguien que lo tiene todo y no lo aprecia ni se conforma y por ello al final lo pierde. Pero no creo que sea ilícito el deseo de mantener la llama viva de su relación y que lo haga aunque sea con la torpeza de poner a prueba el interés del otro confesándole dos besos tontos –nunca lo son y siempre te equivocarás al querer provocar celos-, después veremos cómo ella misma hace de espejo con la sobrina al acusar de relación sexual otros dos besos que la chica intercambia en su dormitorio con el chico del coro, Ainara se defiende a su vez alegando que sólo fueron dos besos, pero lo cierto es que ambos se habían quitado ya las camisetas cuando fueron interrumpidos por la nueva mujer del padre.

Como veis todos tenemos luces y sombras, nos mentimos a nosotros mismos e intentamos dar una imagen salvable. 

La elocuencia de los silencios familiares es importante en la película, aunque de antemano aclaro que en mi opinión no hay que estar soltando todo el día incontinencias verbales, la intimidad e introversión de padres, hijos, hermanos, abuelos…, también hay que respetarla, guardarla y cuidarla, al igual que la distancia entre coches, o de lo contrario estaríamos todo el día accidentados o a choquetazo limpio. 

Alauda Ruiz de Azúa

El padre, Iñaki, (Miguel Garcés) anda mal de dinero por haberse metido en la construcción de un restaurante del que presume de haberlo recubierto con maderas nobles, finalmente la casa de la abuela Dolores (Maribel Rivera) que es herencia de ambos hermanos se la embolsa él, ya que la madre no había testado confiando en que se avendrían.

En el desenlace Maite va al notario, parece un acto más testimonial que de papeleo, para que quede constancia de que rompe con su hermano y con toda su familia. 

Para muchos espectadores queda como una persona rencorosa y resentida, para otros -como también escuché ya fuera del patio de butacas- como un acto de justicia y de defensa: “Si es que está visto que no puedes ser buena” -dijeron-. Y esas conclusiones tan diametralmente opuestas son las que me ponen nerviosa, ¿cómo podemos hacer juicios tan antoagónicos?, ¿lo uno o lo contrario?, y sé que cada cual arrima el ascua a su sardina, y que tiodo es interpretable y subjetivo, pero tal vez mi desasosiego ante estas contradiciones se deba a que pertenezco a una generación y dentro de dicha generación a un sector en el que siempre se decía: “Defínete”. 

A lo largo de la película vemos sucesivas pinceladas subliminales en las que el espectador intuye que al progenitor le viene de perlas que su hija se meta monja, así no tiene que ocuparse de su manutención, ni de que vaya a la universidad… Naturalmente son sentimientos bajo candado que nadie enfrenta ni se dice a sí mismo. 

El padre cumple con todos los convencionalismos que se esperan de él como cabeza de familia, pero la conexión afectiva real no está, y brilla por su ausencia.

Sabemos que es viudo y que la esposa dejó mucho que desear según dice la abuela, por tanto no es difícil comprender que Ainara, eje en torno al que gira esta historia, se rompa frente al altar, y entre sollozos exclame repetidamente ¡Dios mío! ¡Tú eres mi padre!

Si esta adolescente está buscando un escondrijo, un refugio, un espacio de seguridad, un cobijo…, o a Dios, es algo que el espectador decide, al igual que si dichos sentimientos u objetivos son o no compatibles. Todo el mundo tiene derecho a amar a Dios a su manera, ya se canalizará o traducirá ese amor por sí solo. Como a no creer en Él.  

La película está escrita in media res, y la mirada es externa, por tanto desconocemos cómo se ha gestado la supuesta vocación de esta criatura de16 años, con toda la vida por delante aún sin escribir, ni si ha sido inculcada o inoculada por el colegio religioso al que va, o por los encuentros en los ejercicios espirituales del convento de clausura, aunque el detalle sería lo de menos dado que habría muchísimas vocaciones tras las convivencias, y no es el caso, ni en la pantalla, ni fuera de ella, al revés, a menudo los colegios de curas y monjas han sido viveros de ateos descreídos a causa de los malos ejemplos de sus tutores, o simplemente las evoluciones de cada cual han ido a parar a otras vías. De modo que nada es idealizable y tampoco denostable. 

La dirección es magnífica, las interpretaciones extraordinarias, la fotografía de Bet Rourich, bellísima, pero el tema no me ha dicho nada, no he conectado. Sin embargo me encantó Conclave.

Me gusta escuchar a todo el mundo, si el tono es razonable y tranquilo, incluso en la discrepancia, porque de todo y de todos se aprende.

Feliz fin de semana. Cuidaos mucho.

Pili Zori

CUADERNO DE NOTAS: ¿Preguntas sin respuestas?

 El pasado miércoles al hilo de la lectura de las primeras cien páginas de la novela que estamos compartiendo en el club, “Un destino propio”, de la escritora María Montesinos, una compañera exclamó indignada:

-¿Quién empezó a discriminar a las mujeres, y por qué? y ¿cuándo y cómo se estableció que se acatara esa injusticia?

Las páginas nos hablaban de la creencia –entre las familias campesinas- que dictaminaba que no hacía falta que las niñas estudiasen, y entre las de “clase alta” que su destino era un buen casamiento por conveniencia que aumentara prestigio y peculio a la familia.

Otra compañera -no cito literalmente pero, sí en esencia-, añadió que no estaba justificado decir que eran otros tiempos porque también en dichas épocas existieron personas que lucharon por cambiarlas. En otros tiempos –agregó- la plebe iba a contemplar cómo ardían en la hoguera los disidentes o las mal llamadas brujas y también hubo quienes se opusieron a dicha aberración, por tanto no vale la excusa de ampararse en el bulto.

Así mismo comentó -remitiendo a la serie “La edad dorada” que tanto nos ha gustado a las dos-, la paradoja de que los primeros ricos no aceptasen a los nuevos considerándolos advenedizos para darse importancia, destacar, sobresalir…, cuando de todos es sabido que Estados Unidos se creó con la llegada de inmigrantes europeos, y que en el fondo lo que subyace y sostiene a esas élites es el dinero, “poderoso caballero”, por mucho que alardearan de títulos nobiliarios ya que también esos barnices fueron concedidos, en origen, por dinero, y 

¿Cómo fueron adquiridas dichas fortunas? 

Un compañero del club explicó que tal vez dicha conformidad -con el orden establecido que se imponga en cualquier momento histórico- se deba a que la mayoría de las personas no quiere meterse en conflictos y los grupos sociales se adaptan y acomodan ante la clase dirigente para estar tranquilos. 

Hablamos, además, de ese concepto linajudo y endogámico de sentir que provienes de una “buena familia” y nos reímos con una compañera que comentó como anécdota que cuando era joven un engolado le preguntó que a qué familia pertenecía y ella contestó con su apellido: A los …. de toda la vida. 

¿Qué se entiende por buena familia? 

Desde ahí derivamos hacia la actualidad y a por qué se está votando a personas como Trump, Milei…, y alguien comentó: porque no les gustaba lo anterior. 

En ese momento me quedé pensativa y no dije nada, mientras otra compañera añadía, sí, pero ya se están arrepintiendo. 

Lo curioso es que algunos inmigrantes asentados en los Estados unidos también se consideran los buenos y rechazan a los que llegan ahora alegando que vienen a robar y a violar, en fin, te quedas estupefacta, también en la serie “La edad dorada” algunos personajes de las élites afroamericanas eran despectivos y clasistas. Recalco la palabra algunos, porque la lucha por la igualdad ha seguido hasta nuestros días. 

Tal vez dichos inmigrantes creían que votando a Trump obtendrían empleo y casa y serían considerados norteamericanos de primera división, así debería de ser, puesto que trabajan y viven allí, pero se ve que no escuchan con atención a Mister Donald y la opinión supremacista que tiene sobre ellos. 

En fin, no creo que la solución, por muy defraudado que estés, sea votar al de enfrente sin conocer a fondo su programa, tenga los planes que tenga para ti.

Otra compañera, finalmente, enfocó el coloquio atribuyendo a problemas neurológicos lo que llamamos maldad.

*** 

En este punto me aparto de las páginas del libro y de nuestra conversación en el club de literatura y comienzo a pensar en voz alta a título personal.

Es muy difícil para mí comprender la política y los entresijos que hay entre sus capas de cebolla, tampoco entiendo las matemáticas -por falta de buena base en la infancia-, e imagino que a muchas más personas les ocurre algo similar, en cuyo caso, 

¿Cuál es la opción?, ¿regirte por filias o fobias?, ¿comportarte como un cliente a ver dónde te dan más?

No entiendo nada, a veces el panorama me recuerda al cuento del emperador que iba desnudo y nadie se atrevía a decírselo hasta que la ingenuidad de un niño dejó clara la situación. 

Veo a los representantes europeos rindiendo pleitesía a Trump y a sus caprichos, salvo China, y me pregunto por qué. 

Hasta el vasallaje tiene un límite de dignidad, por muy poderoso que se crea quien tienes enfrente y por muy en deuda que te sientas con él. 

Si para ser humano todo se reduce a que te enseñen a pensar y a la educación que recibas, entonces:

¿Dónde queda la parte innata?, ¿la voz interior de la conciencia que nos hace distinguir el bien del mal?

¿La persona es buena por naturaleza?, ¿o no?

¿La empatía va en el A.D.N. o hay que aprenderla?

¿El sentido de la justicia es consustancial o lo confundimos con la venganza? 

¿La lealtad es una trampa que te pone orejeras?

Sabemos que tenemos claroscuros y que somos capaces de lo mejor y de lo peor, pero dando por hecho que lo distinguimos y que cuando caes, o eliges el mal sentimiento, la reacción impulsiva y equivocada –perdón por simplificar tanto el argumento- en el fondo eres consciente y lo sabes, aunque no hayas sido capaz de evitarlo, porque se te han apoderado los instintos bajos y ha estallado la ira, o la soberbia, la chulería, la vanidad, el egoísmo, “ande yo caliente…” la envidia, el placer de ganar…

Si esa clase de sentimientos se superponen por encima de la bondad y la razón sin que intervenga la voluntad, entonces va a ser que lo malo es lo innato.

Que alguien me explique el cinismo de algunos políticos que se ocultan en los disfraces de las palabras para encubrir lo que de verdad les importa: caerte bien para obtener su beneficio

¿O es que se creen sus propias mentiras?

Cómo es natural dejo a salvo las honrosas excepciones que por suerte son muchas y esperanzadoras, pero el problema es este capitalismo voraz que sólo encumbra y enriquece a unos pocos a costa de todos los demás en la moderna esclavitud.

A veces miro a la sociedad mundial como si fuera un sólo cuerpo, un único organismo y alucino: le duelen tantos miembros de pies a cabeza que es imposible no sentir lástima, está enferma de tristeza, de placebos mortíferos, de explotación, de malas formas, de agresividad… Se mueve a la deriva y aunque todavía hay parcelas de paz y belleza la rabia y la injusticia se extienden y lo salpican todo. Y no entiendo lo que pasa, ni sé cómo ofrecer resistencia, ni consigo vislumbrar el cambio ni la vida de otra manera.

Pienso que sólo comprendemos cuando algo que nos hacen nos afecta personalmente, bien a lo emocional, bien al bolsillo, cuando hacen daño a alguien de tu familia, a un ser querido…, y creo que explicando con ejemplos claros y sencillos lo que les ocurre a otros como si te sucediera a ti, tales como:

¿Qué te parecería que no te dejaran vestirte como quisieras, que no pudieras estudiar o elegir por amor a tu marido, que se burlaran de tus opiniones y las menospreciasen?

 Tal vez así comprenderíamos en carne propia lo que se siente como si lo experimentáramos, y sería extensivo a multitud de ejemplos a seguir, pero está visto que siempre me voy por la didáctica como una ilusa. No sé si daría resultado.

Hace poco un compañero de mi hija le espetó algo así como que si no hubiera que pagar impuestos y ese dinero lo tuviera él, se lo distribuiría mucho mejor y con mayor rendimiento.

Mi hija le preguntó:

 -¿Y cómo vendrías al trabajo con tu coche, dado  que no habría carreteras? 

¿Dónde te harían una intervención quirúrgica de gran importancia si tienes un accidente?

¿O una operación a corazón abierto?, ¿acaso sabes lo que vale? 

¿Podrías llevar a tus hijos al colegio pagando cada mes con tu sueldo?, querrás que vayan a la universidad, o que puedan estudiar lo que deseen, ¿no es así? ir de viaje por avión o por tren para ver a tu familia, y continuó enumerando. -Al parecer, el chico se quedó con cara de póker. 

Si no pagamos lo grande entre todos no podemos sobrevivir. Por eso duele tanto cuando algún político o allegado mete mano a las arcas, porque es nuestra hucha, y la hemos encomendado con confianza y con el sudor y el sacrificio de nuestro trabajo.

Como es lógico también enorgullecen los logros en medicina, en educación, en ciencia…, porque sentimos que hemos contribuido a que alguien ha salvado la vida gracias a nosotros. Nos alegra que nuestras ciudades sean más hermosas y habitables, que nos protejan en la vejez, y sobre todo que nos rindan cuentas de lo que hacen con lo que les damos. 

Nunca notamos cuando está cambiando una era ni hacia dónde vamos, ni por qué se originan los nuevos ciclos.

Somos pobre gente de a pie, puede que errática y confundida y que quizá se da importancia y se cree más de lo que es, pero estoy convencida de que si se mira por el bien común todos salimos ganando, y por mucho que nos hagan la envolvente dos más dos siempre serán cuatro.

Aunque peque de simplona no se me ocurre nada mejor que aquello de no matarás, no robarás, no mentirás, no codiciarás los bienes ajenos, y da lo mismo la medida, si es mucho como si es poco, no se mata, no se roba, y no se miente, así de sencillo porque el daño es irreparable y la credibilidad y confianza se rompen para siempre y la herida social no cicatriza.

En fin, la vida es lo que es y no lo que queremos que sea, por mucho celofán idealista que le pongamos.

Si tenéis más y mejores respuestas para que entendamos lo que ocurre, estaré profundamente agradecida.

Seguiremos defendiendo la alegría a pesar de los pesares.

Un abrazo, cuidaos mucho.

Pili Zori

FURIA, serie de TV

 Para no desvelar no os la comento con los detalles de cada capítulo, ni del entrelazado, así que lo haré sobre el trasfondo y no con el argumento ni con las tramas, dado que es una serie coral y en cada compartimento brilla con luz propia la protagonista que lo desarrolla, pero ya os adelanto que  merece muchísimo la pena, y que suscita buenas conversaciones, porque además estéticamente es una belleza: un elenco de actrices ante las que descubrirse, cada una con sus claroscuros, impresionantes todas en sus matices, en especial con los que disimulan, pero los espectadores ven, esas ambivalencias, siempre dan talla a los buenos intérpretes capaces de mostrar varios sentimientos encontrados a la vez con los micro gestos, el tono de la voz, la tristeza bajo la risa, la envidia... 

La serie también tiene buenos contrafuertes interpretados por los magníficos y generosos actores que acompañan y no han tenido inconveniente en representar la mezquindad en una sociedad que apoya y aprueba sus actitudes rindiéndoles pleitesía.

El director desenmascara, da vuelta a la tortilla de los poderes que algunos hombres creían inamovibles por su posicion preponderante y coloca en su lugar los motivos del legítimo resentimiento de cada una de ellas.

Habla de las engañifas que les han vendido en un mundo "ideal" que es irreal y vulnerable.

Explica una clase de injusticias muy silenciadas que apenas nadie pone en cuestión, y expresa dónde y cómo deberían estar bien colocadas y a la vista para dejarlas en evidencia, porque ya va siendo hora de escucharlas y entenderlas.

En definitiva, Furia muestra lo que se encuentra por debajo de la superficie y todas las mentiras e imposturas de quienes se creen sus propios embustes, "vanidad de vanidades, todo es vanidad."

La serie es un regalo, un traje hecho a la medida para cada una de las actrices "maduras" a las que a menudo han querido marginar como decadentes, en contraste con las jovenes que también  tienen luces y sombras, porque las de menor edad, a su vez, tienen mucho que decir -en este nuevo tiempo de redes- con sus grandezas y sus miserias, que aquí no se salva nadie, puesto que todas ellas son productos de un sistema inhumano -que es el que en realidad está  puesto en cuestión- a pesar del hermoso colorido con el que lo envuelven, son juezas y parte, frágiles y fuertes al mismo tiempo en su resistencia, productos de nuestra sociedad absurda y aislante en la que estamos imbuidos todos sin excepción, mujeres con motivos de sobra para reventar, para desatar la furia. 

En cada episodio puedes reconocer la mentalidad de muchas "famosas o conocidas" en las que seguramente el creador se ha inspirado, y la esclavitud que también impone el dinero. La libertad es complicada.

Furia es un homenaje realista y comprensivo aunque no compasivo, porque en él subyace mucha porquería -bajo la glamourosa manta de la que tira- acumulada en el corazón de esas mujeres y sobrellevada con dolor y resentimiento.


La serie refleja nuestro mundo actual, por arriba y por abajo, y en él no queda títere con cabeza, como debe ser en un buen análisis:

Apariencias, desconexión entre "clases" -porque aunque nos estemos rozando y conviviendo muy de cerca los unos con los otros- las clases sociales siguen existiendo, y dichas máscaras, dichas simulaciones son las verdaderas protagonistas de lo que explota, porque el malestar acumulado estuvo silenciado mucho tiempo, heroicas unas y advenedizas y aprovechadas otras, estén en el entorno que estén, bien sea desfavorecido o de privilegio.

El guión nos habla de los conceptos esnobistas -arte sin fondo- sobre la cultura irreal, es decir: el postureo. Nos cuenta el vacío, que no se cura con yoga, pero se amortigua con placebos, de nuevo la serie expone todos los consuelos y alegrías artificiales, enseña el nivel de inmadurez que se da en algunos ámbitos, habla del culto al dinero como único objetivo, y de la sufrida y dura supervivencia.

Tal vez el espectador desearía un final más catártico que dé paso a un cambio, pero es precisamente esa frustración y el mal sabor que le queda, los que quizá sirvan para que desde la pantalla nos traspasen el relevo, porque si alguna solución hay está aquí afuera. Si la serie terminara a nuestro gusto pensaríamos que todo está arreglado, pero en un desenlace así los poderes se mezclan entre ellas, o cambian de manos y todo sigue igual. El sarcasmo está servido.

Los diálogos son para subrayarlos, a ver si me entretengo en apuntar algunas frases. Hay personajes de aparición breve, pero no secundaria, como por ejemplo las dos camareras. Debería salir en el cartel el elenco completo, Ana Torrent, no está, sin ir más lejos, y borda su papel.

La serie me ha remitido en cierto momento a la película "Parásitos", y también a alguna que otra de Buñuel como "El discreto encanto de la burguesía" o "El ángel exterminador", y ahí reside el aviso, porque cuando se genera un sistema monstruoso y despectivo por quienes se sitúan por encima de los demás, es lo que puede ocurrir: ¿Quién parásita a quién?

Me ha gustado mucho, y el problema es que te ves reflejada no sólo en lo bueno. Así que todas y todos salimos a la palestra. Esa, entre otras, ha sido mi impresión. 

Furia además tiene un humor corrosivo y agridulce extraordinario, es una perfección en todos los sentidos, no te cansas de verla, y en ella está escrito lo que se dice y lo que no y el iceberg es profundo y transparente aunque las aguas sean turbulentas.

Felicito a Félix Sabroso y a todo el equipo técnico y artístico. 

Podéis encontrar los ocho episodios en HBO.


Cuidaos mucho, un abrazo enorme, gracias por las visitas, las atesoro con gran ilusión. Os q m

Pili Zori

LA EDAD DORADA, serie de TV

 LA EDAD DORADA

He terminado las tres temporadas. Es una superproducción espectacular del mismo creador de Downton Abbey, en esta ocasión sitúa la historia en Nueva York a finales del siglo XIX. 

El elenco de actores y actrices es superlativo, podéis buscarlo en internet y así no llenamos renglones y más renglones con fichas técnicas y artísticas, y de paso veis las fotografías de los interpretes con su aspecto natural y actual. Y sí, Louisa Jacobson (Marian), es hija de Meryl Streep.

La serie, además del despliegue de documentación rigurosa, milimétrica y fidedigna en decorados, vestuario, arquitectura, carruajes.., para crear la atmosfera consigue que los espectadores nos encontremos inmersos en aquella sociedad de rancio abolengo encorsetada y enjaulada en su mareante baile, real y metafórico, de vueltas y más vueltas que giran siempre sobre los mismos anclajes, una "alta" sociedad pretenciosamente aristocrática que no quería saber ni admitir que comenzaba su decadencia.

El mundo nuevo y el viejo estaban en pugna con sus opresivas normas victorianas importadas desde Gran Bretaña, rebuscadas y retorcidas para construir seres exclusivos que a su vez  excluían, aquella atmosfera represora y reprimida no se sostenía y fue inevitable la explosión bajo tanta falsedad.

La serie consigue plasmar con maestría en cada episodio la tensión latente de la amenaza de la caída.

 A aquellos cuatrocientos escogiditos hoy casi nadie los recuerda, ni uno más  ni uno menos, la cifra se debe tan sólo a que ese era el número de asistentes que cabían en los grandes salones de baile, pensados para que en ellos se vieran y se dejasen ver los negociadores de la vieja y nueva era que avanzaba imparable y arrolladora como un tren, nunca mejor dicho: ferrocarriles, minas, industrias..., y todas las empresas de servicios que se creaban alrededor, y por supuesto la Banca, crecida y engordada.

No bastaba el lenguaje del dinero que siempre se expresa por debajo de los mármoles y escalinatas de las grandes mansiones construidas con él, había además que exhibirlo y blanquearlo en alardes que otorgaran prestigio. 

Las reuniones sociales a cargo de las mujeres, -siempre por delegación masculina, me temo-, propiciaban las relaciones y el tráfico de influencias dentro de las reglas no escritas que al parecer perpetuaban ellas. Pero los roles entre hombres y mujeres estaban acordados y repartidos. 

Aunque la serie dibuje maquiavélicas y con voz propia a las esposas de los magnates no creo que la tuvieran, la generación siguiente fue la que rompió con tanta asfixia, como suele suceder. 

No en vano la fragilidad de las tres décadas, en las que duraron las vacas gordas, queda en evidencia, de hecho la etapa no fue denominada como la edad de oro, sino dorada, por la fina pátina que cubría el oropel. 

En este caso está más que justificada la trama decimonónica y el modo de narrar por entregas dejando en cada capítulo el detalle sin resolver que propicia la intriga que engancha para que quieras seguir viendo el siguiente episodio.

Hablo de folletín sin considerar el término de forma peyorativa, sino fiel al modo de escribir propio de la época al que el creador de la serie, guionistas y directores se han ceñido.

No puedo evitar que me moleste que la parte pérfida, manipuladora, fría y ambiciosa se la lleven sólo las mujeres de "poder" a las que siempre tiene que poner en su sitio el marido, cuando es obvio que ambos forman tandem y se necesitan para  lograr la consolidación de la hegemonía que buscan. 

Ellas se ocupan de las relaciones como eficientes anfitrionas, y ellos de los negocios, aunque en la serie las veamos como arribistas ambiciosas y manipuladoras sin escrúpulos. Son  capaces de poner en el tablero a sus propios hijos para subir en el escalafón y asentar la preponderancia. Alegan que lo hacen así porque quieren lo mejor para sus vástagos. 

La verdad es que resultan odiosas con sus cuellos estirados y el peso de sus collares estranguladores como argollas.


Aunque como veréis hay instantes en los que la señora Russell nos conmueve. Sus sentimientos nobles están muy escondidos, es cierto, pero los tiene, ella ama a su marido, considera que son equipo y desconoce que ha traspasado los límites.

Muchas personas conciben a los ricos como si nacieran así, forrados de dinero desde el origen linajudo de su estirpe, y dan por hecho que gracias a su magnanimidad hay trabajo, y que de ellos depende nuestro bienestar, pero las grandes casas las construyen también los arquitectos, albañiles y todos los gremios humanos necesarios, al igual que quienes fabrican los raíles y quienes los colocan en la vía.., no hay que olvidarlo porque partiríamos de una premisa falsa y el bienestar lo generamos todos y todos somos necesarios.

Como es natural esa época -de pelotazo enorme- también tuvo sus partes buenas ya que en un mundo nuevo queda todo por hacer.

De modo que las grandes fortunas dieron de sobra para mecenazgos, apoyo y fe en los inventos y sus patentes y sueldos mayores para los inmigrantes europeos.

Llegó la luz eléctrica que también transformaría la vida por completo, y alrededor de estas grandes ingenierías las ciudades se conectaron, las distancias se acortaron y los puentes eliminaron las discriminaciones ya que todos los cruzaban rompiendo así los guetos y apartheid al mezclarse entre sí, y el imparable nuevo mundo generó una prosperidad nunca antes conocida. 

En mi opinión, y aunque me ha impactado mucho, vuelvo a repetir, el guión, por ponerle alguna pega, sin embargo me parece de trazo grueso y superficial, no profundiza, y a pesar de que el argumento está muy bien contado, lo hace de forma demasiado esquemática -dado que aparecen todos y cada uno de los acontecimientos de ese periodo-: los movimientos sindicales, las bancarrotas, el capitalismo a ultranza -por mucho que lo barnizasen con glamouroso humanismo-, incluye también a las élites negras afincadas en el norte con las mismas tontunas clasistas que las de los blancos, habla de los incipientes deseos femeninos de trabajar en algo que no fuera tan sólo peinarse, vestirse, decorar, chismorrear y dar órdenes a los miembros del servicio, muestra los divorcios, inevitables por mucho que doliesen las habladurías, evidencia la hipocresía de los convencionalismos insostenibles... En fin, deja todo dicho, pero no lo desarrolla, parecen titulares para trailer, la serie es de mirada exterior. 

Admito que tal vez lo que ocurre es que echo de menos la introspección, y como aclaro y reitero a menudo mis impresiones son subjetivas, y quizá sobren estos matices que hago porque la serie es bellísima e impecable en todos los sentidos, pero, aunque las comparaciones son odiosas, no puedo evitar quedarme con "La edad de la inocencia", la película de Martin Scorsese tiene mucha más hondura, tanto en lo privado como en lo público, y la intimidad emocional está muy bien plasmada.

María Montesinos en su novela "Un destino propio" también refleja de modo magistral, en nuestro país, el mismo tiempo con iguales turbulencias y convencionalismos, además de adelantos y acontecimientos nuevos. 

Es curiosa la conexión mundial. También en Comillas -como nos cuenta la autora-, se iluminó con luz eléctrica y por primera vez un hotel en el que se daría cobijo al rey, y allí se reunía la crème de la crème española con sus casamientos por conveniencia, el negocio del matrimonio era similar en todas partes, al igual que las férreas y fiscalizadoras costumbres. Al fin y al cabo: cadenas de hierro, cadenas de oro, cadenas de plata.

Mira que somos torpes y nos empecinamos en complicarnos la vida con ataduras, soberbias y vanidades. ¿Acaso alguien sabe definir qué es un buen partido y quién garantiza que de ello dependa la felicidad de una unión, de una familia?

No sé si actualmente seguirá habiendo equivalencias tan endogámicas, imagino que sí, pero al menos para nuestra generación, fue una suerte poder elegir pareja sin imposiciones y que aquel tiempo por fortuna se hiciera añicos. 

Si tenéis curiosidad, hay documentales en youtube sobre las familias en las que se inspira la serie, existieron en la vida real, los Astor, los Vandervilt, los Rockefeller... Algunas de sus mansiones permanecen hoy convertidas en museos, hoteles o instituciones, como la Biblioteca Pública de Nueva York..., otras se arruinaron o destruyeron por abandono o porque su mantenimiento era imposible. Así, si viajáis hasta la Gran manzana -tras ver La edad dorada- podéis incluir como itinerario alguna visita a dichas edificaciones.

Es una obra preciosa, os la recomiendo. A ver qué os parece, y qué reflexiones, pensamientos y sensaciones os suscita.

Un abrazo, deseo que os encontréis muy bien en este caluroso agosto lleno de preocupantes incendios. Cada día tengo más claro que la naturaleza está harta de nosotros, la plaga humana, y nos quema, nos inunda o nos devuelve como un escupitajo las porquerías con las que le perforamos el cielo.

Cuidaos mucho.

Hasta el próximo encuentro.

Pili Zori