8 de Marzo DÍA DE LA MUJER



Hice este pequeño homenaje en el acto organizado por la Fundación Siglo Futuro, y ahora lo comparto con vosotros.




En este mismo instante una música al unísono rodea y circunda nuestro planeta como un abrazo cálido. La melodía tiene clave y voz femeninas, y es posible que su rumor, con suerte, esté llegando hasta lugares en los que las voces de las mujeres son amordazadas; hasta países en los que el oído femenino ha sido ensordecido por muros y paredes; hasta las damas de ojos encarcelados en las finas rejas de tela: barrotes cosidos por ellas mismas en puntada de paradoja.

Sí, sé que en este mismo momento el estribillo coral y políglota se está colando por todas las rendijas de oriente y occidente. Pero nada más lejos de mi intención que pretender irme lejos, porque lo que les pasa a ellas nos pasa, y su triste circunstancia no ha de servirnos para sobresalir en la cruel comparación de “nosotras estamos mejor, hemos conseguido más”, porque todas somos nosotras y no existe un mundo libre y otro preso y mucho menos un primero, segundo o tercer mundo. La tierra es una unidad y no un queso que se pueda dividir en porciones, (aunque si así fuera y lo hiciéramos nosotras es más que posible que estuviera mejor repartido por aquello de la costumbre).

Cuando Juan Garrido, el presidente de la Fundación Siglo Futuro me pidió que dijera unas palabras de homenaje en este día, mi preocupación no fue la de utilizar mejor o peor el lenguaje sino la de usarlo con honradez intentando ahondar un poco en los “por qué” de lo no conseguido, porque de los logros dan fe hoy en este mismo salón valiosas mujeres que deciden y dirigen.

Es cierto que en la parte pública se han conquistado parcelas y creado infraestructuras que ayudan, protegen y permiten el desarrollo de la mujer en pie de igualdad con el hombre; es cierto que los cimientos que las sostienen llevan escritos nombres propios tan valerosos como el de Flora Tristán, Alexandra Kollontai, Concepción Arenal… y también otros anónimos con rúbrica de sangre y fuego como el de las mujeres que murieron en el incendio de la fábrica textil neoyorquina que hoy tanto se habrá recordado.

Esos logros son visibles y pertenecen al exterior y nos enorgullecen, pero me preocupa que hayan ido por delante y que aún nos quede pendiente la revolución individual. Me inquietan los retrocesos, las involuciones interiores; lo que está en nuestras cabezas; lo que ocurre en lo privado, en el recinto de lo doméstico.

Tal vez hayamos creado buenos recipientes, pero puede que nos falte todavía elaborar y pulir el contenido, ¿cómo explicamos si no la misoginia, o mejor dicho el odio?, ¿qué respuesta damos a la esclavitud sexual, a las relaciones de poder…? Sólo alguien que considera inferior a la mujer se atreve a lastimarla. ¿Cómo permitimos entonces sin considerarlo enfermedad que ese sentimiento germine y se desarrolle como una venenosa enredadera? Las muertas, las asesinadas no pertenecen al ámbito privado e impune sino al social. Las cifras ya hace tiempo que dan titular de genocidio. Al menos hasta que sepamos prevenir vamos a hacer el duelo en colectivo.Es común todavía que al entrar en un despacho y ver a una mujer tras la mesa creamos que es la secretaria o la ayudante de un hombre. Esa percepción de que la mujer es siempre subalterna en lo público y satélite en el amor aún impregna el aire que respiramos y eso hay que cambiarlo, y para hacerlo el análisis ha de comenzar por nosotras mismas: debemos examinar las actitudes que nos hacen preferir las distintas variantes de la sumisión por comodidad por cobardía…; hemos de estudiar lo que nos lleva a colocar en el lugar equivocado el triunfo o el fracaso; lo que nos conduce a vivir en el deseo de los otros; a preferir las pautas del rol a ser persona; a elegir el pensamiento ajeno en vez del propio; a dejar que decidan por ti.

Me gustaría recordar a las mujeres y a los hombres que están en política que no han optado a un puesto de trabajo que les proporcione un sueldo y un status al que aferrarse, sino a una misión encomendada. Un gobernante es un administrador de justicia y sirve a, no se sirve de. Creo también que un político debe indagar en los sentimientos de las personas y tenerlos muy en cuenta y saber de qué están hechos, porque son los que nos conducen a las urnas; los que nos empujan a elegir estudios y profesiones que parten primero de un sueño; los que nos inducen a la rabia o a matar tras sentirnos fracasados, despreciados, marginales…

Una sociedad sana ha de vertebrar y enlazar todo cuanto sirve para el desarrollo de la persona al completo y arrancar la mala hierba que nos empuje a las relaciones desiguales. Y como decía Benedetti una sociedad sana tiene que defender la alegría.

Me gustaría acabar cerrando en círculo repitiendo de nuevo la hermosa frase del escritor afgano Khaled Hosseini pronunciada por uno de sus personajes, Babi en “Mil soles espléndidos”:

"Porque una sociedad no tiene la menor posibilidad de éxito si sus mujeres no reciben educación, Laila, ninguna posibilidad”.

Pili Zori


2 comentarios:

  1. Qué guapa estás en la foto, Pili!!!
    Me ha gustado mucho tu exposición, seguro que conseguiste emocionar y concienciar a todos l@s presentes...

    Un beso.
    Marta Torrequebrada

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    1. Gracias querida Marta, la belleza me la pones tú con tu límpia y transparente mirada, tú si que eres guapa por dentro y por fuera. Pili Zori

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